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Críticas de Hermione Granger
Ordenadas por:
21 críticas
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9
10 de julio de 2007
222 de 237 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vi esta película con la expectación que me produce siempre cualquier trabajo de David Lynch. En este caso y a mi entender, nos plantea una interesante reflexión sobre la belleza. En personas “normales” el aspecto físico se convierte generalmente en una primera capa que a veces dificulta el conocimiento auténtico del otro. Se interpone. Aquí, cuando la deformidad es llevada al extremo, ya no hay interposición. Uno habla directamente al alma de J. Merrick y a su vez es respondido directamente por ella. El yo, despojado de todo aquello que es pasajero y tantas veces superficial (una mueca, un gesto, un rostro terso y joven), queda al desnudo frente al interlocutor. Surge así un curioso cruce entre el espantoso rostro de Merrick y su mundo interior tan frágil y rico frente a los infames seres de alma negra y rostro mundano, aparentemente normal, que rodean al personaje. Y el espectador no queda indiferente. Se elige ser víctima en lugar de verdugo.
El doctor y su mujer simbolizan el equilibrio entre ambos mundos. Su casa es un pequeño paraíso que Merrick añora desde el primer momento en que es invitado a ella. La sociedad es hostil y solo una excelente Anne Bancroft, en su papel de actriz, es capaz de llegar de manera especial al corazón de nuestro protagonista. Al fin y al cabo ella también usa una máscara cada noche, en cada actuación. Con ella vive uno de los momentos más emotivos de la película, un homenaje a Shakespeare que viene a ser un homenaje a lo eterno, a la palabra sublime que perdura a través del tiempo.
También nosotros, en cierto modo, huimos del espejo. Lynch, sin embargo, juega siempre con él.
Hermione Granger
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10
10 de enero de 2009
179 de 194 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando era una niña (hace muchos años), en un album de piano de título tan impreciso como “Piezas célebres”, que de alguna manera había ido a parar a mi casa, encontré una obra llamada “Tema de Lara”. Yo no sabía qué era “Lara” ni había oido jamás hablar de Zhivago. Empecé a tocarla de forma titubeante e inmediatamente mi madre acudió junto al piano. Por su expresión sólo le falto decirme lo de “tócala otra vez”. Me explicó el origen de esa pieza y en mi mente se quedaron grabadas dos imágenes que asocié a aquella música desde ese momento: un doctor (al que suponía idealista y entregado a los demás) y una estepa cubierta de nieve.

Años más tarde, en una tienda que ya no existe, encontré una colección de mecanismos para cajas de música, que se accionaban por medio de una manivela. Todos reproducían la música de alguna película. Compré dos: El padrino y Doctor Zhivago. Esta última se la regalé a mi madre y me dije que había llegado la hora de leer el libro. Nunca quise ver la película. A priori, con ese halo de superproducción, no me interesaba demasiado. Sin embargo disfruté mucho con Pasternak.

El día de Reyes, por fin Yuri tuvo ojos y voz, tras tantos años vagando sin forma por mi pensamiento. Le ví cabalgar por la estepa nevada en busca de Lara, luchar en silencio contra la vida con las mejores armas que un hombre de esa categoría puede tener. Por fin entendí la emoción contenida de aquella música, la promesa de felicidad que anuncian sus notas.

Poco puedo añadir sobre Doctor Zhivago tras leer la critica de Servadac. Después de tantos años evitándola (¿cuántas veces hemos tenido la cinta en la mano y la hemos vuelto a dejar en la estantería de la tienda?) al final, desprevenidos ante su belleza, nos encontró ella a nosotros.

Un hallazgo, un regalo. Eso es Doctor Zhivago.
Hermione Granger
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6
20 de mayo de 2008
133 de 169 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando una ve esta película en su adolescencia quiere ser Karen Blixen y visitar Kenia, encontrarse con un Denys parecido a Robert Redford y vivir un apasionado romance. Siempre lloraba cuando la veía.
Con el paso de los años, no puedo evitar mirar con cierto sarcasmo esa idealización: en África, aparentemente, no hay mosquitos, cualquiera planta café y le crece, en el corazón de la sabana siempre hay un momento para una cena con vino, velitas y cubertería de plata, los leones obedecen al látigo de una aristócrata danesa y en una mañana uno puede aprender a manejar una avioneta.

Aún así, las primeras impresiones de fascinación que sentí por esta película perviven todavía en mi memoria y si me dejo llevar, casi logro sentir la misma emoción de hace tiempo, con la diferencia de que una ya no se cree los cuentos y ha perdido la esperanza de encontrar alguna vez un lugar como ese, un paraíso (que aún no es un parque nacional) donde apenas ha llegado la civilización y un masai fiel te sigue a todas partes.
Luego te desperezas, te frotas un poco los ojos y ves una típica historia de amor en la que la chica quiere compromiso y el chico quiere libertad. Ambos sufren, porque seguramente se quieren de verdad, pero tienen formas diferentes de entender la vida. Un lugar común, vamos, pero en un entorno de incomparable belleza en el que la música, todo hay que decirlo, ayuda bastante. Inolvidable J. Barry...

Debo estar ya mayor para el romanticismo.
Hermione Granger
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8
18 de febrero de 2007
92 de 112 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay algo que agradezco profundamente a este director: asume que su público es inteligente; pero no al estilo Woody Allen, buscando siempre una sonrisa cómplice (nada más lejos de esa verborrea continua). Simplemente muestra las imágenes y deja que nosotros hilemos la historia. No explica nada, porque aparentemente todo se explica por sí mismo. Llevar eso a cabo sin caer en lo pretencioso, en lo críptico o en lo pedante, me parece, hoy por hoy, un malabarismo.
Él deja surgir la emoción de una forma maravillosa, como una pequeña semilla que crece poco a poco a medida que avanza la película. Construye la historia de tal manera que lleva al espectador a confundir aquello que parece azaroso y lo que está hondamente pensado. Tanto que cuando uno va extrayendo las claves de la película (incluso varios días después de haberla visto, sigue evolucionando en nuestra mente) siente al final una enorme recompensa.
Gracias Kim.
Hermione Granger
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8
14 de abril de 2007
93 de 119 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vi esta película con la expectación que produce el que Macarrones la hubiera puesto verde un día. Desde luego..., hay que merendar bien antes de ir al cine, que luego pasa lo que pasa.

Ahora sé que nunca conseguiré ver a un actor que me transmita mejor lo que Erland Josephson en su plegaria. Tampoco nunca tendrá el tronco seco de un árbol la carga simbólica que tiene aquí.

Aparte de esto, la lista de prodigios de la película podría ser larga como ella misma, pero intentaré resumir:

1. La mezcla de sueño y realidad ¿dónde están los personajes?¿dónde estamos nosotros?
2. El comienzo, con los personajes tan lejanos en un fondo boreal infinito
3. La gente marchándose a pie, en bicicleta, en coche ¿a dónde? No parece haber un pueblo en muchos kilómetros
4. El niño sin habla, casi sin rostro, sin mirada, pero absolutamente presente
5. El cartero filósofo, portador de todos los mensajes
6. El interior de la casa, a veces más gélido que esa playa en la que nunca me bañaría

Ver esta película y emocionarse con ella nos hace mejores personas, seguro.
Hermione Granger
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