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Reino Unido Reino Unido · Birmingham
Críticas de Peaky Boy
Ordenadas por:
92 críticas
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8
28 de diciembre de 2012
322 de 344 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mamá, me duele la cabeza, creo que no podré ir hoy al colegio. ¿Cuántas veces habrá oído esa frase una madre, cada vez que se ha acercado con cariño a despertar a su hija? A la hora del desayuno, es la barriga la que se resiente cuando tiene que beberse toda la leche, sin embargo, no parecía molestarle cuando comía todas las galletas de chocolate. De camino, mientras pasean madre e hija de la mano, la pequeña afirma con total convicción, que acaba de ver un precioso poni rosa galopando por la carretera. Y en el colegio, cuando la profesora la descubre repitiendo a voz en grito las palabrotas que ha oído en el patio de los mayores, ella niega rotundamente o dice no recordar haberlas pronunciado. No hacemos caso en esas ocasiones, en las que la imaginación de los pequeños, y la inquietud por lo desconocido, los lleva a explorar nuevas formas de expresión, contemplar las reacciones de los adultos y calcular donde esta el límite de sus acciones.
Ahora, cuando las palabras que salen de la inocente boca de una adorable niña, se unen para formar una acusación terrible contra un adulto, olvidamos los dolores de cabeza imaginarios y los burros rosas, y las aceptamos por ciertas e irrefutables, buscamos el castigo, represalia y condena más implacable posible y, como una avalancha de nieve, nos volvemos más y más poderosos en nuestro avance destructivo. “Los niños nunca mienten”
Thomas Vinterberg, crea un reflejo de la sociedad actual, donde la sobreprotección da paso a una histeria colectiva, fruto de la paranoia y progresiva degeneración o animalización de la raza humana. Desde el primer momento nos mete en la piel de Lucas, un ciudadano modelo, que ha aprendido a separar su fracaso matrimonial, de su vida laboral como docente en una guardería. Los niños le adoran, su hijo quiere mudarse a vivir con él, y una nueva mujer aparece en su vida. Una apacible vida, conseguida durante años de esfuerzo, y que pronto penderá de un fino hilo en el momento en que se disponía a recoger los frutos. La tensión creada por Vinterberg irá en aumento durante la película, haciéndose insoportable por momentos, golpeando al espectador que sentirá desde el principio, que es él mismo el protagonista de esa pesadilla que por lo creíble, se vuelve más intensa. Ritmo lento que juega con una cámara oscilante, y lo suficientemente penetrante para no permitir el aburrimiento en ningún momento.
Brillantemente interpretada por Mads Mikkelsen, que ya se ganó al jurado de Cannes, y Annika Wedderkopp, quien, con su simpática mueca, consigue plasmar la ternura e inocencia, que las exigencias del guión requieren como necesarias.
Peaky Boy
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8
2 de marzo de 2013
165 de 193 usuarios han encontrado esta crítica útil
El trabajo de Park Chan-wook, se volvió muy popular desde que su cinta cumbre, “Oldboy”, se convirtiera en una obra de culto de talla mundial. Sus películas empezaron a entrar en un circuito comercial muy extenso, dando lugar a una expansión del cine coreano en el mercado occidental.
Motivos no faltaban para temer un nuevo desastre, una nueva alma robada por el poderoso espíritu de Hollywood, una deshonrosa mancha en una carrera cinematográfica brillante. Agarrado a la butaca, sin llegar a apoyar mi espalda en el respaldo del asiento, me preparo para lo que será un reto complicado; el guionista no proporcionaba mucha seguridad, Wentworth Miller, el geniecillo tatuado de la serie Prison Break, escribió en 2010 un guión inquietante que no llegó a ser producido.
Park, cogió el libreto, llamó a su fiel cinematógrafo Chung-hoon Chung, y juntos empezaron a hacer lo que mejor se les da, turbar al espectador. El comienzo de la película deja ver que han dado vía libre al realizador, unos planos muy detallados y un estilo narrativo armónico pero constante, hacen que me relaje y adopte una postura más receptiva. La presentación de los personajes es delicada, una pieza de piano que comienza paciente, sin querer mostrar anticipadamente ni una sola nota. Mia Wasikowska estremece y encanta a partes iguales en el papel de India Stoker, una introvertida joven que tras la muerte de su padre en un accidente, ve como un tío del que nunca había oído hablar y con el que cree no tener nada en común, se instala en su casa junto a ella y su madre, Nicole Kidman. India pronto comenzará a darse cuenta de detalles siniestros en la personalidad del tío Charlie, detalles que parecen pasar completamente inadvertidos por su madre, que se muestra cada vez más cariñosa con el recién llegado.
La atmósfera creada por el director es claustrofóbicamente erótica, un ejercicio estético brillante, acompañado por un sonido insistente que acentúa la tensión de este thriller psicológico de forma gradual conforme se acerca el momento del desenlace. Una serie de guiños nos recuerdan a la antes mencionada Oldboy, esa forma de apretar el lápiz en la mano, nos hace asomar una sonrisa nerviosa, un preparatorio estudiadamente improvisado de lo que se avecina. Impecable fotografía que alterna una gran variedad de planos, encuadres y juegos de luces. Fantástico el timing, aprovechando cada minuto del metraje, sin apresurarse, siendo fiel a su estilo pausado y sin dejarse llevar en ningún momento por explosiones de júbilo, o bruscos sobresaltos que tanto gustan en el cine occidental. Transgresora, fiel a sus principios e inconformista, todo un éxito artístico que se exhibe sin miedo a ser tachada de exagerada. Pese a ello, es mucho más contenida de lo que cabría esperar.
Peaky Boy
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7
8 de septiembre de 2013
98 de 110 usuarios han encontrado esta crítica útil
La fórmula 1 ha cobrado gran protagonismo en la última década convirtiéndose en todo un fenómeno de masas. En España, la aparición del bicampeón mundial, Fernando Alonso, fue el detonante para que las cadenas televisivas no dejasen de retransmitir a todas horas carreras, entrenamientos y clasificaciones de los grandes premios. Esto dio pie a que el aclamado documental Senna, 2010, basado en uno de los incidentes más trágicos sucedidos en este deporte, la muerte del piloto Ayrton Senna, resultase todo un éxito en nuestro país. El filme relataba, mediante el uso de imágenes inéditas extraídas del archivo de la federación internacional del automóvil, la abrupta relación y la desavenencia existente entre el piloto brasileño y su rival directo Alain Prost.
Una rivalidad similar es la que se muestra en Rush. A todos aquellos que ya conozcan la historia, les gustará poder recrearla de una manera bastante fiable, los que por el contrario no sepan qué sucedió, cuentan con el aliciente de contemplar uno de los duelos más apasionantes de la historia del deporte, y uno de los desenlaces más reñidos de todos los tiempos. Teniendo en cuenta el gran número de espectadores que no habrán oído hablar de este campeonato en concreto, se ha decidido omitir cualquier tipo de información que pueda desvelar antes de tiempo el desenlace, dejando de esta manera intacto el factor sorpresa.
Biopic sobre los pilotos de carreras James Hunt y Niki Lauda, en el que se muestra la relación que mantuvieron tanto dentro como fuera de los circuitos. Una enemistad amistosa (valga el oxímoron) que llevaron al límite en cada carrera, sin dejar de lado en ningún momento el mutuo respeto que se profesaban. Por un lado el apuesto, mujeriego y temerario Hunt, un soñador y competitivo piloto con un don especial para las relaciones personales, ¡todo el mundo quiere a James! Por otro lado Lauda, un austriaco introvertido, metódico y calculador, un formidable conductor y técnico que siempre mira dos veces antes de pisar, tratando de minimizar al máximo el error humano y el riesgo de cada trazado. Dos polos opuestos que quedan perfectamente definidos con dos de sus frases más relevantes en la película,
James Hunt: “De qué sirve el éxito si no puedes disfrutarlo”
Niki Lauda: “La felicidad es el enemigo, te debilita”
Uno de los aciertos del director ha sido el no demonizar a ninguno de los pilotos, haciendo que la carga dramática no ciegue al espectador y pueda disfrutar con imparcialidad de la historia. Ron Howard representa mejor que nadie al Hollywood moderno, el pelota de la clase que siempre deja la manzana en el escritorio de la profesora, un director capaz de realizar cualquier película con el fin de agradar a productores. Esta actitud sumiso-ambiciosa le ha llevado al ostracismo crítico, pero también a firmar grandes taquillazos.
Un realizador que posiblemente se haya encontrado a sí mismo representado en la figura de uno de los protagonistas de la cinta, un hombre inteligente y calculador que, al igual que Niki Lauda, nunca desató ovaciones del público, un director a la sombra de los James Hunt de la gran pantalla que prefieren dar espectáculo y calidad a su trabajo, antes que obtener grandes resultados en taquilla. Pocas de sus películas se han visto bien acogidas por la crítica, a excepción, casualmente, de otro biopic en el que relató la fascinante entrevista que el expresidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, tuvo tras el escandaloso Watergate, El Desafío: Frost contra Nixon, 2008.
Es esta rivalidad entre los personajes, mezclada con el toque reality show que toda historia verídica aporta, la baza comercial de la cinta. Este dato junto al buen momento por el que pasan los deportes de motor y la aparición de uno de los nuevos bad boys de Hollywood, el australiano y hombre del año en 2010 y 2012, Christopher Hemsworth, AKA Thor, pueden aportar a la cinta los elementos clave que le faltaron a otras grandes películas del género que nunca llegaron a triunfar, como Grand Prix, 1966 o Las Veinticuatro Horas de Le Mans, 1971. No obstante, el gran protagonista de la obra es Daniel Brühl, un Niki Lauda muy conseguido que paga su falta de carisma con un particular exceso de arrogancia.
Anthony Dod Mantle, especialista en vestir a monas de seda hasta el punto que dejen de parecer monas, plantea una vertiginosa y atractiva fotografía que se muestra deslumbrante sobre todo en la parte final del metraje. Una imagen que se combina a la perfección con el estrepitoso ruido de la ignición de motores y el chirriar de los neumáticos en el asfalto, el olor a goma quemada apagado por la incesante lluvia llega a hacerse patente en ciertos momentos, transportándonos directamente a los evocadores años 70 como la edad de oro de la fórmula 1. Un ejercicio audiovisual impactante que aplica el realismo y la energía que el gran guion de Peter Morgan merecía. El guionista se erige como el mayor aliado de Howard, consiguiendo narrar perfectamente aquel Campeonato de 1976, un certamen digno de mención, si no en los libros de historia, al menos en el sempiterno séptimo arte.
Peaky Boy
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6
3 de julio de 2013
136 de 192 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo primero que ha de decirse para arrojar luz sobre la obra de Marc Forster, es que la Z que aparece en el título, viene de Zombi. Dato que al parecer no ha debido quedar demasiado claro, dada la cantidad de críticas que se han hecho denunciando la falta de realismo de la historia.
Guerra Mundial Z, o Guerra Mundial Zombi para que no haya lugar a dudas, una superproducción con un presupuesto de doscientos millones de dólares y con Brad Pitt como protagonista. Indicadores más que suficientes de que no estamos ante una cinta independiente, con una serie de mensajes ocultos, diálogos con segundas intenciones, escenas fuera de cámara y sangre a borbotones, de eso ya se encargaron grandes obras del género como, Yo anduve con un zombie, 1943, del mítico director de serie B, o serie Z (esta ya no es por Zombi), Jaques Tourneur, en la que, como muchas otras, los zombis no eran mas que representaciones metafóricas de la podrida sociedad.
Este Blockbuster para toda la familia, que mezcla acción y terror light de forma muy efectiva, es la adaptación de la novela de Max Brooks, Guerra Mundial Z: Una historia oral de la guerra zombi, donde poco queda de aquel mito haitiano, en el que un hechicero vudú, mediante una serie de ritos mágicos conseguiría resucitar a un muerto, que quedaría posteriormente a su disposición, obedeciendo su voluntad como esclavo.
Historia de tintes apocalípticos en la que el planeta Tierra se ve amenazado por un virus de muy rápida propagación, que va convirtiendo a sus habitantes en agresivos caníbales. Lejos quedaron aquellos seres torpes y lentos, con los que el cine siempre había representado a los muertos vivientes, recordemos aquella carismática interpretación de Bela Lugosi en la considerada como la primera película de zombis, La legión de los hombres sin alma, 1932. Los actuales monstruos son extremadamente fuertes y veloces, más parecidos a los representados por Francis Lawrence en Soy Leyenda, 2007. Con un panorama así, es imprescindible la intervención de un héroe que consiga la salivación del mundo (Estados Unidos), un Brad Pitt, que ha dejado de lado al chico cool y guaperas arrogante que, por otro lado, tanto nos gustaba, para empezar a aceptar que el paso del tiempo afecta a todo el mundo. Interpretando un papel mucho más maduro, que consigue una gran empatía con un espectador convencido de que nada de lo que pase en derredor tiene verdadera importancia, siempre y cuando Gerry Lane consiga escapar.
Gerry es un experto en zonas de conflicto que trabajaba para la ONU hasta que se retiró de forma voluntaria para dedicarse a su familia y a las tareas del hogar. Cuando la situación se complica, su antiguo jefe se pone en contacto con él para que lidere la misión de reestablecimiento del orden, a cambio de mantener a su familia a salvo en un refugio protegido y abastecido en medio del océano. Sólo un país, Israel, ha sido capaz de prever semejante ataque, con una explicación, cuando menos ingeniosa, y preparando la ciudad como si de una gran fortaleza se tratase, que pondrá a prueba a los violentos depredadotes (mucha atención pues aquí presenciaremos una de las escenas más espectaculares que se han visto en mucho tiempo)
El trabajo de Forster ha sido el esperado, poca opción ha tenido el realizador viendo la irrisoria lista de productores y productores ejecutivos que encontramos tras los créditos. Un director que comenzó haciendo cine independiente, pero que poco a poco se ha ido convirtiendo en el chico para todo de Hollywood, un hombre que pasa inadvertido, trabaja bien y de forma profesional, y al que no le importa dejar de lado su opinión artística en pro de las exigencias de grandes productoras.
El nivel de tensión mantenido durante todo el filme es bastante alto, Forster no da tregua al espectador mediante el uso de persecuciones trepidantes y un endiablado ritmo que solo se verá interrumpido en escenas del más absoluto silencio en las que, el pisar un cristal o el sonido de una lata rodando, mantendrán los nervios a flor de piel. La banda de rock británica MUSE, será la encargada de acompañar y marcar el ritmo de la acción, rompiendo con esos silencios incómodos.
A modo de conclusión, si sois aficionados al cine de acción, y os apetece pasar un rato entretenido, Guerra Mundial Z es vuestra película. Si por el contrario es el cine de autor lo que os gusta, entonces quedaros con George A. Romero.
Peaky Boy
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7
6 de mayo de 2013
90 de 108 usuarios han encontrado esta crítica útil
La cinta comienza con fuerza, unos planos detalle de un Ryan Gosling, que llena la pantalla con su sola presencia, desvelan ciertas maneras de la fuerte personalidad del protagonista. El primer plano secuencia ya nos deja muy buenas sensaciones, un travelling de seguimiento que nos muestra el avance tranquilo de un conductor de atracciones de riesgo. En el momento en el que el ídolo se encuentra con la moto, ambos se unen en un mismo sujeto y no se separaran a lo largo de toda la historia, la primera de las tres diferentes historias que componen la cinta, y en mi opinión, la mejor. Pero éste es sólo el principio de un ejercicio estético de fotografía deslumbrante a cargo de Sean Bobbitt. Por su parte, Gosling está alcanzando un nivel interpretativo asombroso, destacaré, sin querer hacer comparaciones odiosas, que esa forma de comerse la pantalla con una sola mirada, esa compenetración mágica que hay entre actor y cámara, unido a la forma tan característica de hablar, me recuerdan mucho a cierto genio que conquistó la gran pantalla en los años 40.
Un artista circense, rebelde y mujeriego, se entera de que ha sido padre. De inmediato, decide cambiar de vida y aceptar la responsabilidad de la paternidad. El problema es que educar a un niño, requiere de unos ingresos económicos de los que no dispone en ese momento, así que con la ayuda de un antiguo atracador que conoce en un lugar más allá de los pinos, comenzará a asaltar bancos para ganar algo de fácil y rápido dinero.
Y así entramos en la segunda historia, la del policía que le persigue, (Bradley Cooper), un joven, novato en el cuerpo, que se ve de repente convertido en héroe local gracias a una pequeña tergiversación de lo sucedido en un arresto. Su nuevo estatus de “Súper Poli” llama la atención de un grupo de agentes corruptos que deciden incluirlo en su círculo. Es el propio cabecilla de esta banda, (Ray Liota), quien logra sacar lo mejor de esta segunda parte. Una actuación brillante de todo un veterano, tanto dentro como fuera de la historia, que conseguirá atemorizar a su compañero de tal manera que a éste no le quede otra salida que la de romper el código de honor tras una huida a toda prisa, en un lugar más allá de los pinos.
La tercera y última parte nos muestra el final de un ciclo y el comienzo de otro. Un final para atar cabos, para buscar respuestas a muchas preguntas que nos habrán surgido durante las casi 2 horas y media de película. El karma vendrá a rendir cuentas en este último acto, un final a la altura del magnífico comienzo y que cerrará por completo una puerta, dejando siempre una ventana abierta. En un lugar más allá de los pinos.
El director Derek Cianfrance, consigue reafirmar su original y personal estilo, imprimiendo a la cinta una carga emocional considerable y disimulando de forma más que adecuada los errores o desaciertos que la misma pueda tener.
Peaky Boy
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