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9
4 de julio de 2011
4 de julio de 2011
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película muy personal en la que el mismo John Ford se implicó en la producción, un reflejo onírico de su visión hacia lo que consideraba como paraíso. El director Estadounidense de origen Irlandés consigue crear un universo único en el pueblo Innisfree, sirve de frontera que separa la ilusión de la cruda realidad. La recreación del espíritu Irlandés parece de ensueño y contiene más reminiscencia que realidad.
La grandeza de está película radica en su aparente sencillez, pero todo está construido con una precisión meticulosa, realizada con mucho cariño y determinación. La película hace gala de resaltar sentimientos de felicidad, tolerancia, solidaridad, camaradería y amor. Durante las ultimas décadas del siglo pasado la película ya podría sufrir rechazos minoritarios por su supuesto machismo, pero lo cierto es que hay personas que solo ven lo que les interesa, tampoco hay que pensar que por vivir en pleno siglo XXI somos mejores personas. John Ford no juega en lo políticamente correcto, pues consigue a través del humor, que los malos no lo sean tanto y que los buenos muestren su lado perverso. La película está ambientada en los años 30, por lo que se permite reflejar antiguas costumbres de un pequeño pueblo cerrado en si mismo. Todo queda bordado con precisión narrativa y una dosis acertada de crítica con buen sentido del humor.
La grandeza de está película radica en su aparente sencillez, pero todo está construido con una precisión meticulosa, realizada con mucho cariño y determinación. La película hace gala de resaltar sentimientos de felicidad, tolerancia, solidaridad, camaradería y amor. Durante las ultimas décadas del siglo pasado la película ya podría sufrir rechazos minoritarios por su supuesto machismo, pero lo cierto es que hay personas que solo ven lo que les interesa, tampoco hay que pensar que por vivir en pleno siglo XXI somos mejores personas. John Ford no juega en lo políticamente correcto, pues consigue a través del humor, que los malos no lo sean tanto y que los buenos muestren su lado perverso. La película está ambientada en los años 30, por lo que se permite reflejar antiguas costumbres de un pequeño pueblo cerrado en si mismo. Todo queda bordado con precisión narrativa y una dosis acertada de crítica con buen sentido del humor.

Victor McLaglen, Mildred Natwick & Barry Fitzgerald
La banda sonora despierta alegría, ternura y melancolía, no solo encaja a la perfección, realza la emotividad de las escenas. Melodías rítmicas con elementos celtas que consiguen animar a la persona más impasible. La cuidada fotografía de la película consiguió un merecido Oscar, consigue recrear Innisfree de una forma hipnótica, cada plano está cuidado al detalle y la combinación de colores son de fábula. Una gran película que te deja con la sonrisa tonta en la cara, después de verla tu vida no será igual, aunque perezca algo exagerado en cierto modo es verdad. Innisfree, un lugar de ensueño donde todo el mundo es bueno, los golpes no duelen, el dinero carece de valor y se respira alegría en el viento. Es aquel lugar que buscamos durante nuestro viaje por la vida. The Quiet Man consigue resaltar lo mejor de las personas, una experiencia enriquecedora, una película que perdurará en el tiempo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Hay grandes momentos inolvidables en esta película, uno de ellos la escena del beso en la casa, quien haya visto E.T ha visto la escena, pues le rindieron un simpático homenaje.
El reparto de actores está a la altura y cumple con el prototipo de personajes en una película de John Ford. Todos están cuidados y muy trabajados, hasta el secundario que puede parecer más irrelevante tiene matices y connotaciones que lo hacen un personaje único, con relieve. John Wayne borda su papel, con una presencia majestuosa llena la pantalla creando un recuerdo inolvidable de su terco y nostálgico personaje. Maureen O'Hara interpreta con mucha energía a la joven Mary Kate Danaher; un personaje que acepta el rol social en su pequeño pueblo lleno de tradiciones obsoletas, pero con criterio propio, orgullo e independencia. El pintoresco personaje Sr. Flynn, interpretado por Barry Fitzgerald, nos cautivará desde su aparición; también hay que remarcar la actuación de Victor McLaglen como antagonista de John Wayne, se quedó a las puertas de conseguir un Oscar como mejor secundario. Todo el elenco de personajes son dignos de mención y lo mejor para hacerles justicia, es ver la película.
El reparto de actores está a la altura y cumple con el prototipo de personajes en una película de John Ford. Todos están cuidados y muy trabajados, hasta el secundario que puede parecer más irrelevante tiene matices y connotaciones que lo hacen un personaje único, con relieve. John Wayne borda su papel, con una presencia majestuosa llena la pantalla creando un recuerdo inolvidable de su terco y nostálgico personaje. Maureen O'Hara interpreta con mucha energía a la joven Mary Kate Danaher; un personaje que acepta el rol social en su pequeño pueblo lleno de tradiciones obsoletas, pero con criterio propio, orgullo e independencia. El pintoresco personaje Sr. Flynn, interpretado por Barry Fitzgerald, nos cautivará desde su aparición; también hay que remarcar la actuación de Victor McLaglen como antagonista de John Wayne, se quedó a las puertas de conseguir un Oscar como mejor secundario. Todo el elenco de personajes son dignos de mención y lo mejor para hacerles justicia, es ver la película.
8 de mayo de 2013
8 de mayo de 2013
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Abominable película de "terror" gestada al inicio de la década de los ochenta, también era el inicio de la carrera cinematográfica de Ulli Lommel, un personaje variopinto que debutó como actor en 1960 en la película Fanny Hill de Russ Meyer. En 1969 protagonizó Love Is Colder Than Death, debút del director Rainer Werner Fassbinder con el que ganó un premio actoral en los German Film Awards de 1970. A partir de entonces trabajó con Fassbinder en muchas ocasiones, incluso este le produjo a Ulli Lommel su segunda película, La ternura de los lobos, por la que fue nominado por el Oso de Oro en los premios de la 23 edición del Festival Internacional de Cine de Berlín.
Hay que decir que parecía que Ulli Lommel se codeaba con un emergente grupo de jóvenes cineastas con cierto talento en Alemania, incluso hay que destacar que Ulli Lommel lleva a sus espaldas un amplio recorrido cinematográfico como actor, director, escritor... pero, en algún momento y por el motivo que fuera, Ulli Lommel se desmarcó, continuó su carrera y el resultado salta a la vista desastre tras desastre. La cuestión es que dentro de todo lo underground de su personalidad, se subió al carro del género del terror y su prouesta fue The Boogeyman o Satanás, el reflejo del mal. Película nada original escrita, producida y dirigida por él mismo; a parte de recoger elementos de otras películas de género más logradas, se saca de la manga que a través de un "espejo maldito" el mal encerrado en el sigue persiguiendo a los protagonistas. Explicado así puede llamar la atención, pero la película es horrible, está rodada con ese espíritu trasgresor de un cine con pocos recursos realizado con medios escasos, pero mal, sin talento ni gracia.
Al ver el trailer puede parecer que sea una de esas producciones casposas que encierra un encanto detrás de muchas capas de caspa, pero no nos engañemos; seguro que hay quien le guste la película, algo totalmente respetable, pero aseguro que se trata de una perdida de tiempo. La película está mal interpretada, mal iluminada, los efectos son muy malos, es absurda, aburrida, incoherente, estúpida... en ocasiones no importa que esto le ocurra a una película porque terminas disfrutando de ella, pero este no es el caso. De todos modos y aunque sea contradictorio, rompo una lanza a su favor (una lanza muy pequeña), pues dentro de lo horrible de la propuesta, la verdad, podría ser peor. Una vez termina la película, puedes llegar a generar un recuerdo positivo de su conjunto global, un recuerdo falso claro está, pero se puede llegar a ser benévolo con la película aunque tan sólo sea para echar unas risas cuando la comentes con tus amistades.
Hay que decir que parecía que Ulli Lommel se codeaba con un emergente grupo de jóvenes cineastas con cierto talento en Alemania, incluso hay que destacar que Ulli Lommel lleva a sus espaldas un amplio recorrido cinematográfico como actor, director, escritor... pero, en algún momento y por el motivo que fuera, Ulli Lommel se desmarcó, continuó su carrera y el resultado salta a la vista desastre tras desastre. La cuestión es que dentro de todo lo underground de su personalidad, se subió al carro del género del terror y su prouesta fue The Boogeyman o Satanás, el reflejo del mal. Película nada original escrita, producida y dirigida por él mismo; a parte de recoger elementos de otras películas de género más logradas, se saca de la manga que a través de un "espejo maldito" el mal encerrado en el sigue persiguiendo a los protagonistas. Explicado así puede llamar la atención, pero la película es horrible, está rodada con ese espíritu trasgresor de un cine con pocos recursos realizado con medios escasos, pero mal, sin talento ni gracia.
Al ver el trailer puede parecer que sea una de esas producciones casposas que encierra un encanto detrás de muchas capas de caspa, pero no nos engañemos; seguro que hay quien le guste la película, algo totalmente respetable, pero aseguro que se trata de una perdida de tiempo. La película está mal interpretada, mal iluminada, los efectos son muy malos, es absurda, aburrida, incoherente, estúpida... en ocasiones no importa que esto le ocurra a una película porque terminas disfrutando de ella, pero este no es el caso. De todos modos y aunque sea contradictorio, rompo una lanza a su favor (una lanza muy pequeña), pues dentro de lo horrible de la propuesta, la verdad, podría ser peor. Una vez termina la película, puedes llegar a generar un recuerdo positivo de su conjunto global, un recuerdo falso claro está, pero se puede llegar a ser benévolo con la película aunque tan sólo sea para echar unas risas cuando la comentes con tus amistades.
14 de marzo de 2011
14 de marzo de 2011
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La hora del lobo es una exploración hacia los temores de los seres humanos, un film inquietante y de lo mejor que puede verse en el género de terror. Consigue una veracidad con lo irreal mostrando de forma muy natural una visión de lo increíble. El cineasta Ingmar Bergman consigue transportar en imágenes los entresijos del miedo, deseos, culpa y las represiones más ocultas de una persona a través de encarnaciones antropófagas. Durante la hora del lobo, estando dormido se tienen pesadillas y despiertos... tendremos miedo.
Lo que más llama la atención durante el inicio de la película es su cuidada estética, una calidad muy alta derivada de la fotografía de Sven Nykvist. En uno de los momentos inolvidables e impactantes de la película, cuando ya comienza el delirio, el director de fotografía consiguió un efecto de contraste entre el blanco y el negro abrumador. A partir de ahí, convierte la película en una experiencia enfermiza pero fascinante. Todo la atmósfera de la película es inquietante, aunque realmente es a partir de la hora del lobo cuando la historia se vuelve hipnótica, se despliega toda la galería de espeluznantes personajes haciendo gala de un juego de luces y sombras convulsivo.
Lo que más llama la atención durante el inicio de la película es su cuidada estética, una calidad muy alta derivada de la fotografía de Sven Nykvist. En uno de los momentos inolvidables e impactantes de la película, cuando ya comienza el delirio, el director de fotografía consiguió un efecto de contraste entre el blanco y el negro abrumador. A partir de ahí, convierte la película en una experiencia enfermiza pero fascinante. Todo la atmósfera de la película es inquietante, aunque realmente es a partir de la hora del lobo cuando la historia se vuelve hipnótica, se despliega toda la galería de espeluznantes personajes haciendo gala de un juego de luces y sombras convulsivo.

Liv Ullmann
La película es tan desconcertante como atractiva, tiene muchas matices y relecturas. Provoca real terror, más allá de las situaciones y personajes que se nos presentan, es lo que sugieren las imágenes y sus diálogos, no haría falta decir que no ver la película en versión original es un error. Las actuaciones son esplendidas, el alma interior que reflejan los personajes es algo perturbador y cada plano está pensado para crear un efecto y una consecuencia sobre el espectador. Bergman dibuja los demonios interiores del protagonista pudiendo ser un reflejo de cualquier persona que esté viendo la película, la materialización del vampirismo es vaporosa, embriagadora y delirante hasta llevarte, junto con Max von Sydow hasta el delirio. El contrapunto que presenta el personaje interpretado por Liv Ullmann es tan perturbador y desolador como el resto de estrambóticos y relevantes personajes.
Cada elemento que presenta la película es un instrumento perfectamente afinado, toca las notas precisas para conseguir el efecto que se pretende. Como la banda sonora compuesta por el Sueco Lars Johan Werle, sencilla pero precisa. Acompasa las imágenes con la misma sutileza que está tejido el guión de Bergman, te atrapa como una tela de araña hasta arrojarte a una espiral profunda de la psique humana, donde nadie puede entrar. Todo está relacionado y planteado como una perfecta ecuación, al observar la grandeza con la que se plasma todo ello en pantalla, solo queda pensar que durante la hora del lobo no podremos estar a salvo de nosotros mismos.
Cada elemento que presenta la película es un instrumento perfectamente afinado, toca las notas precisas para conseguir el efecto que se pretende. Como la banda sonora compuesta por el Sueco Lars Johan Werle, sencilla pero precisa. Acompasa las imágenes con la misma sutileza que está tejido el guión de Bergman, te atrapa como una tela de araña hasta arrojarte a una espiral profunda de la psique humana, donde nadie puede entrar. Todo está relacionado y planteado como una perfecta ecuación, al observar la grandeza con la que se plasma todo ello en pantalla, solo queda pensar que durante la hora del lobo no podremos estar a salvo de nosotros mismos.
30 de septiembre de 2012
30 de septiembre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todos tenemos un plan es el debut cinematográfico de Ana Piterbarg, hasta la fecha su experiencia se centraba en dirigir capítulos de series televisivas y también como ayudante de dirección en los largometrajes Adiós querida luna y Los guantes mágicos. Para esta coproducción principalmente entre Argentina y España han contado con un reparto muy interesante y llamativo, el guión lo firma la propia Ana Piterbarg en colaboración con otra guionista Argentina llamada Ana Cohan, que escribió el guión de un largometraje titulado Sin retorno que consiguió buenas críticas. La apariencia que muestra Todos tenemos un plan es la de una buena película, todo apunta hacía lo que parece una película interesante e incluso de las que puede sorprender si no hay expectativas previas, pero solo es la apariencia.
No es que Todos tenemos un plan sea una mala película, pero las intenciones son mayores de lo que al final queda en la película, lo que se nos quiere contar se desborda y las intenciones solo se quedan en eso... por suerte la película tiene elementos muy logrados y no llega a ser una de esas producciones pretenciosas, pero se mueve por esas tesituras. Con un buen inicio, la película nos procura meter en situación con una analogía entre la organización de un panal de abejas y los seres humanos, bien. También se prevé que el ritmo será pausado, así que antes de la presentación de personajes y situaciones el beneficio de la duda se activa, muchas de las piezas que componen la película son de calidad, así que con paciencia vamos viendo como despega el asunto. El problema llega cuando ves que el tiempo avanza y la sensación de apatía aumenta, por suerte la película consigue que mantegas la atención aunque siempre en el límite, pero una vez termina y piensas en ella la cosa se derrumba, lo que queda al final es la sensación de decepción.
Viggo Mortensen es el principal reclamo de la película, sobre todo a nivel comercial, lo cual es una suerte pues realiza una muy buena actuación; de todos modos no se termina de aprovechar muchas de las posibilidades que pudiese haber dado su doble papel. Otra lacra para el personaje principal que interpreta Viggo es lo desdibujado que está en algunos momentos a nivel de guión, pues así como en algunas situaciones está muy bien desarrollado, en otras parece algo absurdo y no llegas a comprender sus motivaciones, bueno, se comprenden pero el resultado en la película es algo irrisorio. Soledad Villamil, una cantante Argentina que está destacando mucho como actriz en teatro y en películas como El secreto de sus ojos, ganadora del Oscar en el 2010 y otras cómo No sos vos, soy yo o El mismo amor, la misma lluvia; realiza una aparición con cierta importancia al principio y con resonancia a ser algo determinante a lo largo de la película, pero luego queda como algo estancado e inservible. Daniel Fanego realiza un buen trabajo, su personaje es el que está más definido, trabajado y con una importancia relevante. Otra buena interpretación también es la de la joven actriz Sofía Gala Castiglione, con un personaje interesante, en el reparto también aparece Javier Godino, actor Español que también trabajó en El secreto de sus ojos.
Otro apartado interesante de la película reside en la fotografía, dirigida por Lucio Bonelli quien a parte de realizar la función de operador de cámara en otras películas, a realizado la fotografía de muchas otras, así como varios cortometrajes, por ejemplo Deus Irae o el largometraje Fase 7 que ganó el premio al mejor guión en el Festival de Sitges del 2010. La fotografía de Todos tenemos un plan muestra un ambiente inquietante, desolador, triste... queda muy bien reflejado el sentimiento dramático del Delta del Tigre y los personajes que ahí habitan. La utilización de los colores y los encuadres están muy bien trabajados, lastima que en muchas ocasiones hay encuadres que no son más que la sucesión de imágenes bonitas, como mucho se podrían utilizar para algún momento reflexivo por parte de los espectadores, pero es lo que falla en la película, parece que deba inducir a la reflexión, pero en realidad está constituida por un cúmulo de situaciones vacuas. Una lastima, la idea está muy bien, el guión es posible que sobre papel sea mucho más de lo que al final queda en la película, pero la sensación que deja sobre los devenires que acontecen es de precipitación dentro de una forma de lentitud contemplativa
No es que Todos tenemos un plan sea una mala película, pero las intenciones son mayores de lo que al final queda en la película, lo que se nos quiere contar se desborda y las intenciones solo se quedan en eso... por suerte la película tiene elementos muy logrados y no llega a ser una de esas producciones pretenciosas, pero se mueve por esas tesituras. Con un buen inicio, la película nos procura meter en situación con una analogía entre la organización de un panal de abejas y los seres humanos, bien. También se prevé que el ritmo será pausado, así que antes de la presentación de personajes y situaciones el beneficio de la duda se activa, muchas de las piezas que componen la película son de calidad, así que con paciencia vamos viendo como despega el asunto. El problema llega cuando ves que el tiempo avanza y la sensación de apatía aumenta, por suerte la película consigue que mantegas la atención aunque siempre en el límite, pero una vez termina y piensas en ella la cosa se derrumba, lo que queda al final es la sensación de decepción.
Viggo Mortensen es el principal reclamo de la película, sobre todo a nivel comercial, lo cual es una suerte pues realiza una muy buena actuación; de todos modos no se termina de aprovechar muchas de las posibilidades que pudiese haber dado su doble papel. Otra lacra para el personaje principal que interpreta Viggo es lo desdibujado que está en algunos momentos a nivel de guión, pues así como en algunas situaciones está muy bien desarrollado, en otras parece algo absurdo y no llegas a comprender sus motivaciones, bueno, se comprenden pero el resultado en la película es algo irrisorio. Soledad Villamil, una cantante Argentina que está destacando mucho como actriz en teatro y en películas como El secreto de sus ojos, ganadora del Oscar en el 2010 y otras cómo No sos vos, soy yo o El mismo amor, la misma lluvia; realiza una aparición con cierta importancia al principio y con resonancia a ser algo determinante a lo largo de la película, pero luego queda como algo estancado e inservible. Daniel Fanego realiza un buen trabajo, su personaje es el que está más definido, trabajado y con una importancia relevante. Otra buena interpretación también es la de la joven actriz Sofía Gala Castiglione, con un personaje interesante, en el reparto también aparece Javier Godino, actor Español que también trabajó en El secreto de sus ojos.
Otro apartado interesante de la película reside en la fotografía, dirigida por Lucio Bonelli quien a parte de realizar la función de operador de cámara en otras películas, a realizado la fotografía de muchas otras, así como varios cortometrajes, por ejemplo Deus Irae o el largometraje Fase 7 que ganó el premio al mejor guión en el Festival de Sitges del 2010. La fotografía de Todos tenemos un plan muestra un ambiente inquietante, desolador, triste... queda muy bien reflejado el sentimiento dramático del Delta del Tigre y los personajes que ahí habitan. La utilización de los colores y los encuadres están muy bien trabajados, lastima que en muchas ocasiones hay encuadres que no son más que la sucesión de imágenes bonitas, como mucho se podrían utilizar para algún momento reflexivo por parte de los espectadores, pero es lo que falla en la película, parece que deba inducir a la reflexión, pero en realidad está constituida por un cúmulo de situaciones vacuas. Una lastima, la idea está muy bien, el guión es posible que sobre papel sea mucho más de lo que al final queda en la película, pero la sensación que deja sobre los devenires que acontecen es de precipitación dentro de una forma de lentitud contemplativa
Mediometraje
1962
10
30 de agosto de 2012
30 de agosto de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Este pasado 29 de Julio del 2012 falleció a los 91 años de edad el cineasta, escritor y fotógrafo Chris Marker, cuyo nombre real era Christian François Bouche-Villeneuve, nacido en Neuilly-sur-Seine, Francia, el 29 de Julio de 1921. Comenzó su trabajo como parte del grupo de la Rive Gauche francesa, un movimiento que prácticamente nació en paralelo con la Nouvelle Vague, aunque con algunas distinciones y formado por varios cineastas como Alain Resnais, Agnès Varda o el propio Chris Marker, considerados teóricamente más vanguardistas con unas formas más cuidadas y retóricas de realizar sus obras.
Chris Marker inició su trabajo en cine a comienzos de los años 50 con Olympia 52, su primer trabajo conservado, un documental del que escribió el guión, dirigió y rodó en 16mm sobre los Juegos Olímpicos de Oslo en 1952. Un año más tarde realizó su obra más influyente, un cortometraje codirigido con Alain Resnais titulado Les status meurent aussi, años después continuó colaborando con Resnais, también escribió guiones para otros cineastas y siguió desarrollando su carrera, Chris Markerse se dedicó principalmente al ensayo fílmico y al documental.
Chris Marker inició su trabajo en cine a comienzos de los años 50 con Olympia 52, su primer trabajo conservado, un documental del que escribió el guión, dirigió y rodó en 16mm sobre los Juegos Olímpicos de Oslo en 1952. Un año más tarde realizó su obra más influyente, un cortometraje codirigido con Alain Resnais titulado Les status meurent aussi, años después continuó colaborando con Resnais, también escribió guiones para otros cineastas y siguió desarrollando su carrera, Chris Markerse se dedicó principalmente al ensayo fílmico y al documental.

Cuando se dio a conocer a escala internacional fue con el cortometraje de ciencia ficción La jetée de 1962, también conocido por ser la inspiración de Terry Gilliam para la película 12 monos de 1995. David Bowie fue otro influenciado en 1993 para el videoclip de la canción Jump, They Say. El cortometraje de menos de media hora de duración se podría definir como un poema visual, el propio Chris Marker lo definió como una fotonovela. Por encima de todo demuestra que con muy poco se puede lograr hacer una película que cuente mucho, siendo la gran particularidad que la película está compuesta por imágenes fijas.
La Jetée es algo extraordinario, cualquiera que disfrute del cine y la ciencia ficción tendría que embaucarse en la experiencia que proporciona esta obra. La cuidadosa elección de las fotografías, la composición de los encuadres y su iluminación están en perfecto orden de sucesión, encadenados por un montaje en conjunto a una narración en off para explicar una historia de ciencia ficción intimista; adentrándose en el terreno del tiempo y la memoria, la búsqueda de la felicidad y el amor. Así mismo Marker lanza su mirada crítica sobre la sociedad llegando al punto de ser un visionario. La banda sonora compuesta por Trevor Duncan intensifica, dentro del contexto de la narración, la sensación y las emociones de La Jetée.
La Jetée es algo extraordinario, cualquiera que disfrute del cine y la ciencia ficción tendría que embaucarse en la experiencia que proporciona esta obra. La cuidadosa elección de las fotografías, la composición de los encuadres y su iluminación están en perfecto orden de sucesión, encadenados por un montaje en conjunto a una narración en off para explicar una historia de ciencia ficción intimista; adentrándose en el terreno del tiempo y la memoria, la búsqueda de la felicidad y el amor. Así mismo Marker lanza su mirada crítica sobre la sociedad llegando al punto de ser un visionario. La banda sonora compuesta por Trevor Duncan intensifica, dentro del contexto de la narración, la sensación y las emociones de La Jetée.
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