El susurro
16 de octubre de 2025
16 de octubre de 2025
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gustavo Hernández tuvo un gran debut en el largometraje en 2010, estrenada en el Festival de Cannes de esa edición, con La Casa Muda, una película grabada en una sola toma y con una cámara de fotos. Creó un gran revuelo e incluso se llegó a rodar un remake norteamericano llamado Silent House.
En El Susurro, Gustavo Hernández se mete de lleno en el más puro terror. Mezcla el rodaje de películas snuff con otros elementos, típicamente de terror, para ofrecernos algo demencial, con aquel toque que el cine latinoamericano de género sabe dar, eso sí, con elegancia, con lo que evitaremos, en bastantes ocasiones, dejar de mirar la pantalla.
Lucia y Adrián son dos hermanos que huyen de un padre algo especial. Evidentemente si escapan no es por su bondad. Se dirigen a una mansión que se parece a la casa de los horrores. Por mucho que lo intenten, una tremenda maldición familiar saldrá a la superficie.
Muchas veces hemos comentado que las películas de terror, vamos a llamarlo extremo, deben tener como premisa principal que sean entretenidas. El Susurro, sin llegar a ser extrema del todo, lo consigue con creces, a eso contribuye también, su justa duración y una dirección que no se anda por las ramas, es decir, va mostrando lo que nos interesa sin perderse en subtramas y mandangas de estas. Vamos a ver lo que vamos a ver; concisión, una historia potente y un rodaje sin concesiones.
Gustavo Hernández sabe lo que está haciendo sin pasarse en la exposición. Habrá algunos que pensarán que se ha quedado corto. En nuestra opinión si pusiéramos en una balanza terror chungo y terror “normal”, los platillos estarían en el justo equilibrio. Esto, que puede parecer una tontería, atraerá a todo tipo de público. Esto es un logro, sin duda.
El guionista, Juma Fodde, hilvana una trama no muy novedosa pero que cumple con los estándares del terror. Nos va mostrando, como el que pone el anzuelo a un pez, poco a poco una historia. Al principio no nos lo creemos, pero conforme va avanzando ya nos topamos de lleno con aquello que cíclicamente va apareciendo en el mundo del terror.
La fotografía de Santiago Guzmán es oscura y densa, lo que permite enseñar lo que les interesa. Cuesta encontrar algún plano nítido de cualquier tipo de atrocidad que se os ocurra. Para eso está la imaginación y, para lo contrario, más presupuesto, con lo que hay que valorar el jugo que se saca a lo que se tiene.
En las interpretaciones tenemos que valorar el trabajo de los actores que encarnan a los dos hermanos. Empezamos por Ana Clara Guanco, en un papel dual en el que tiene que apechugar como madre. Comedida y eficiente. Seguimos con Marcelo Michinaux, un jovencísimo actor al que le evitan casi todo el diálogo. También nombrar, interpretando a un oscuro padre, a Luciano Cáceres.
El Susurro, como obra global, nos parece un soplo de aire fresco dentro del género de terror latinoamericano que tiene muchos seguidores, como todos sabemos. Estamos ante una película para disfrute de todos los amantes del cine de terror.
https://www.terrorweekend.com/2025/10/el-susurro-review.html
En El Susurro, Gustavo Hernández se mete de lleno en el más puro terror. Mezcla el rodaje de películas snuff con otros elementos, típicamente de terror, para ofrecernos algo demencial, con aquel toque que el cine latinoamericano de género sabe dar, eso sí, con elegancia, con lo que evitaremos, en bastantes ocasiones, dejar de mirar la pantalla.
Lucia y Adrián son dos hermanos que huyen de un padre algo especial. Evidentemente si escapan no es por su bondad. Se dirigen a una mansión que se parece a la casa de los horrores. Por mucho que lo intenten, una tremenda maldición familiar saldrá a la superficie.
Muchas veces hemos comentado que las películas de terror, vamos a llamarlo extremo, deben tener como premisa principal que sean entretenidas. El Susurro, sin llegar a ser extrema del todo, lo consigue con creces, a eso contribuye también, su justa duración y una dirección que no se anda por las ramas, es decir, va mostrando lo que nos interesa sin perderse en subtramas y mandangas de estas. Vamos a ver lo que vamos a ver; concisión, una historia potente y un rodaje sin concesiones.
Gustavo Hernández sabe lo que está haciendo sin pasarse en la exposición. Habrá algunos que pensarán que se ha quedado corto. En nuestra opinión si pusiéramos en una balanza terror chungo y terror “normal”, los platillos estarían en el justo equilibrio. Esto, que puede parecer una tontería, atraerá a todo tipo de público. Esto es un logro, sin duda.
El guionista, Juma Fodde, hilvana una trama no muy novedosa pero que cumple con los estándares del terror. Nos va mostrando, como el que pone el anzuelo a un pez, poco a poco una historia. Al principio no nos lo creemos, pero conforme va avanzando ya nos topamos de lleno con aquello que cíclicamente va apareciendo en el mundo del terror.
La fotografía de Santiago Guzmán es oscura y densa, lo que permite enseñar lo que les interesa. Cuesta encontrar algún plano nítido de cualquier tipo de atrocidad que se os ocurra. Para eso está la imaginación y, para lo contrario, más presupuesto, con lo que hay que valorar el jugo que se saca a lo que se tiene.
En las interpretaciones tenemos que valorar el trabajo de los actores que encarnan a los dos hermanos. Empezamos por Ana Clara Guanco, en un papel dual en el que tiene que apechugar como madre. Comedida y eficiente. Seguimos con Marcelo Michinaux, un jovencísimo actor al que le evitan casi todo el diálogo. También nombrar, interpretando a un oscuro padre, a Luciano Cáceres.
El Susurro, como obra global, nos parece un soplo de aire fresco dentro del género de terror latinoamericano que tiene muchos seguidores, como todos sabemos. Estamos ante una película para disfrute de todos los amantes del cine de terror.
https://www.terrorweekend.com/2025/10/el-susurro-review.html
8 de junio de 2026
8 de junio de 2026
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
No esperaba altas expectativas hacia esta película "El Susurro".
Yo pensaba que era una película de Estados Unidos sin fijarme que trabajaba Luciano Cáceres y era una película uruguaya.
La película es aburrida, horrible y muy desagradable.
No la pude soportar de lo mala que era y solo la salva la actuación de Luciano Cáceres pero por lo demás es un bodrio.
Cero estrellas.
Yo pensaba que era una película de Estados Unidos sin fijarme que trabajaba Luciano Cáceres y era una película uruguaya.
La película es aburrida, horrible y muy desagradable.
No la pude soportar de lo mala que era y solo la salva la actuación de Luciano Cáceres pero por lo demás es un bodrio.
Cero estrellas.
17 de octubre de 2025
17 de octubre de 2025
3 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Susurro quiere ser muchas cosas: un cuento familiar maldito, un thriller rural, una película de vampiros y hasta un comentario sobre la violencia audiovisual. Pero entre tanta ambición, acaba siendo más eco que grito. Gustavo Hernández —el mismo que sorprendió con La Casa Muda y consolidó su marca en Virus 32— entrega aquí un film correcto, bien rodado, pero demasiado cómodo dentro del molde.
La trama tiene todos los ingredientes del terror latinoamericano reciente: bosque, trauma, religión, herencia oscura, y un pasado que se resiste a morir. Pero cada giro suena ya conocido, cada sombra parece prestada. Lo que en sus mejores momentos podría ser una fábula gótica sobre la culpa y la sangre se convierte en una sucesión de tópicos que nunca llegan a inquietar del todo.
El ritmo es lento, pero no de ese lento que hipnotiza —sino del que adormece. Las escenas se repiten en su tono y sus intenciones, como si el film dudara entre provocar miedo o emoción, sin atreverse del todo a ninguna de las dos. El resultado es una historia que se toma demasiado en serio a sí misma, mientras el espectador espera que pase algo que la saque del piloto automático.
Y es una lástima, porque el punto de partida —esa mezcla de vampirismo, herencia maldita y red de snuff films— tenía potencial para una locura fascinante. Pero Hernández prefiere mantenerse dentro de los límites seguros del género, sin el riesgo ni la furia que lo convirtieron en una voz distinta en el terror rioplatense
La trama tiene todos los ingredientes del terror latinoamericano reciente: bosque, trauma, religión, herencia oscura, y un pasado que se resiste a morir. Pero cada giro suena ya conocido, cada sombra parece prestada. Lo que en sus mejores momentos podría ser una fábula gótica sobre la culpa y la sangre se convierte en una sucesión de tópicos que nunca llegan a inquietar del todo.
El ritmo es lento, pero no de ese lento que hipnotiza —sino del que adormece. Las escenas se repiten en su tono y sus intenciones, como si el film dudara entre provocar miedo o emoción, sin atreverse del todo a ninguna de las dos. El resultado es una historia que se toma demasiado en serio a sí misma, mientras el espectador espera que pase algo que la saque del piloto automático.
Y es una lástima, porque el punto de partida —esa mezcla de vampirismo, herencia maldita y red de snuff films— tenía potencial para una locura fascinante. Pero Hernández prefiere mantenerse dentro de los límites seguros del género, sin el riesgo ni la furia que lo convirtieron en una voz distinta en el terror rioplatense
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