Days
6,6
456
Drama
Kang vive solo en una casa grande. A través de los ventanales, mira hacia los árboles golpeados por el viento y la lluvia. Siente un dolor extraño de origen desconocido que apenas puede soportar y que afecta a todo su cuerpo. Non vive en un pequeño apartamento en Bangkok donde prepara platos tradicionales de su pueblo natal. Cuando Kang se reúne con Non en un cuarto de hotel, ambos hombres comparten su soledad.
8 de mayo de 2021
8 de mayo de 2021
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vi esta película en primera fila porque ya no quedaban más entradas, así que me pareció muy apropiado que el personaje protagonista sufriera dolores de cuello y espalda. Me permitió crear una conexión solidaria con él. También lo menciono para aplaudir que vaya tanta gente a ver esta película y prevenir que mis comentarios serán poco fiables ya que la vi con una perspectiva muy distorsionada, como si estuviera hablando con Pau Gasol.
No sé muy bien cuál será el significado profundo de esta película, cosas de la soledad y demás, yo simplemente os comento algunas cosas que vi y sentí. Primero de todo, planos largos, bastante largos. Conté 46, que uno más o menos sale alrededor de 2min 45seg por plano. Todos estáticos excepto cuatro, pero por suerte para la narrativa en la mayoría salen uno o dos personajes haciendo cosas, aunque sea mirar por la ventana. Los planos más trepidantes son de unos 20 segundos, los más largos de 10 minutos o más.
Como se puede imaginar, todo un ejercicio de paciencia especialmente si no habéis visto Satantango de forma sincera, en cuyo caso ya todo os da igual. La espectadora a la izquierda se fue en el quinto plano y el de la derecha aguantó hasta el treinta sin usar el móvil para distraerse un poco. Justo entonces el personaje en pantalla también sacó el móvil y, en el estado semiconsciente en el que me hallaba tuve la fugaz certeza de que el personaje y el espectador estaban chateando en ese preciso instante. La magia del cine!
No sé muy bien cuál será el significado profundo de esta película, cosas de la soledad y demás, yo simplemente os comento algunas cosas que vi y sentí. Primero de todo, planos largos, bastante largos. Conté 46, que uno más o menos sale alrededor de 2min 45seg por plano. Todos estáticos excepto cuatro, pero por suerte para la narrativa en la mayoría salen uno o dos personajes haciendo cosas, aunque sea mirar por la ventana. Los planos más trepidantes son de unos 20 segundos, los más largos de 10 minutos o más.
Como se puede imaginar, todo un ejercicio de paciencia especialmente si no habéis visto Satantango de forma sincera, en cuyo caso ya todo os da igual. La espectadora a la izquierda se fue en el quinto plano y el de la derecha aguantó hasta el treinta sin usar el móvil para distraerse un poco. Justo entonces el personaje en pantalla también sacó el móvil y, en el estado semiconsciente en el que me hallaba tuve la fugaz certeza de que el personaje y el espectador estaban chateando en ese preciso instante. La magia del cine!

Más cosas mágicas: hay un plano de una fachada con muchas ventanas. Creo que el hecho destacable de esos minutos es que aparece un gato en una de ellas, yo lo vi brevemente, pero lo que más impresión me dio es que al cabo de un rato mirando ventanas me fijé en la de abajo a la izquierda y creí ver una cara, no sé si de verdad o una cara de Bélmez, pero tenía una expresión rara y me pegó un buen susto. Para que veáis que las pelis lentas no están exentas de emociones fuertes. De hecho ya antes un personaje se lía a cuchillazos con un calabacín, no con saña sino por puro arte culinario, pero temí que se le escapara y se cortara un dedo. Poco después, al otro personaje casi lo fríen en una sesión de acupuntura con calor y electricidad (electromoxibustión?).
Otra de las magias del cine es que a veces parece que las cosas te pasen a ti. Por ejemplo, ves un masaje bien hecho a conciencia y en pantalla grande y no te lo están haciendo a ti pero casi, y cierta fantasmal sensación de masaje te entra. Al menos así me ocurrió hasta que la cosa escaló. No es que tenga problemas con los finales felices, pero soy de pezones sensibles.
Otra de las magias del cine es que a veces parece que las cosas te pasen a ti. Por ejemplo, ves un masaje bien hecho a conciencia y en pantalla grande y no te lo están haciendo a ti pero casi, y cierta fantasmal sensación de masaje te entra. Al menos así me ocurrió hasta que la cosa escaló. No es que tenga problemas con los finales felices, pero soy de pezones sensibles.

Cuando los planos se alargaban tanto que ya había observado detenidamente todos los píxeles de la imagen varias veces, me entretuve mirando las sombras que, al llegar algo de luz desde atrás, mi cabeza y otras prójimas cabezas de la primera fila proyectaban bajo la pantalla.
En definitiva, una experiencia serena y meditativa muy recomendable para apaciguar la mente.
Gustará a: solitarios, gente con las cervicales hechas polvo, meditadores
No gustará a: traductores, gente de masculinidad frágil, Paul Rubell
En definitiva, una experiencia serena y meditativa muy recomendable para apaciguar la mente.
Gustará a: solitarios, gente con las cervicales hechas polvo, meditadores
No gustará a: traductores, gente de masculinidad frágil, Paul Rubell
2 de octubre de 2020
2 de octubre de 2020
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El nuevo trabajo del veterano cineasta malasio Tsai Ming-Liang, tan apreciado por los festivales europeos, que se presentó en el Festival de cine de Berlín de este año, es una película curiosa y original, que no tiene subtítulos por expreso deseo del director, y que una vez vista la película entiendes esa decisión, ya que realmente no son necesarios y además hay muy pocos diálogos, y que formó parte de la sección Zabaltegi-Tabakalera del Festival de cine de San Sebastián 2020.
Una propuesta que está filmada por una sucesión de planos fijos, y algunos en movimiento en la parte central, y que requiere la atención por parte del espectador para poder entender lo que nos están contando, en algunos casos por pequeños detalles, en esas dos historias paralelas de dos personas diferentes: Non, un hombre joven, que vive en una casa en el campo en donde no tiene agua caliente, y uno más mayor llamado Kang que vive en una gran ciudad.
Me costó entrar en la película, en esos planos fijos iniciales tan largos en los que aparentemente no pasa nada, aunque en realidad sí suceden cosas, y no hay ninguna escena innecesaria, lo que vamos comprendiendo con el paso de los minutos, pero que al principio descoloca, sobre todo en la inicial de ese hombre que está sentado en la terraza sin casi moverse mientras está lloviendo de manera intensa. Poco a poco el cineasta asiático nos va presentando a cada uno de los dos personajes de manera paralela, y vemos una evolución y se pone de manifiesto y refleja bastante bien las diferencias entre las clases sociales, el campo y la ciudad, y tiene una segunda mitad magnífica, con un buen final, después de habernos presentado unas situaciones que buscan la reacción del espectador, que sufre o se siente inquieto por detalles que en ese momento no comprende.
Una propuesta que está filmada por una sucesión de planos fijos, y algunos en movimiento en la parte central, y que requiere la atención por parte del espectador para poder entender lo que nos están contando, en algunos casos por pequeños detalles, en esas dos historias paralelas de dos personas diferentes: Non, un hombre joven, que vive en una casa en el campo en donde no tiene agua caliente, y uno más mayor llamado Kang que vive en una gran ciudad.
Me costó entrar en la película, en esos planos fijos iniciales tan largos en los que aparentemente no pasa nada, aunque en realidad sí suceden cosas, y no hay ninguna escena innecesaria, lo que vamos comprendiendo con el paso de los minutos, pero que al principio descoloca, sobre todo en la inicial de ese hombre que está sentado en la terraza sin casi moverse mientras está lloviendo de manera intensa. Poco a poco el cineasta asiático nos va presentando a cada uno de los dos personajes de manera paralela, y vemos una evolución y se pone de manifiesto y refleja bastante bien las diferencias entre las clases sociales, el campo y la ciudad, y tiene una segunda mitad magnífica, con un buen final, después de habernos presentado unas situaciones que buscan la reacción del espectador, que sufre o se siente inquieto por detalles que en ese momento no comprende.

La película está abierta a la imaginación de cada espectador, y es ideal para un debate posterior, ya que se pueden sacar muchas conclusiones de cada uno de esos planos fijos (en algunos casos alargados en exceso, en lo que es el principal aspecto negativo del largometraje).
Entre los aspectos positivos destaco el trabajo en la dirección por parte de Tsai Ming-Liang, la dirección de fotografía de Chang Jhong-Yuan, y las actuaciones ya que los dos intérpretes están magníficos, en especial Lee Kang-Sheng, ya que no es fácil mantenerse tanto tiempo en algunos planos fijos con lo que está sucediendo a su alrededor. Una película no apta para todo tipo de público, pero que gustará a los aficionados al cine más independiente, en donde se cuentan muchas cosas sin necesidad de muchos diálogos, y que requieren la imaginación y concentración por parte del espectador. Una de las películas que pude ver en la pasada edición del Festival de cine de San Sebastián.
Entre los aspectos positivos destaco el trabajo en la dirección por parte de Tsai Ming-Liang, la dirección de fotografía de Chang Jhong-Yuan, y las actuaciones ya que los dos intérpretes están magníficos, en especial Lee Kang-Sheng, ya que no es fácil mantenerse tanto tiempo en algunos planos fijos con lo que está sucediendo a su alrededor. Una película no apta para todo tipo de público, pero que gustará a los aficionados al cine más independiente, en donde se cuentan muchas cosas sin necesidad de muchos diálogos, y que requieren la imaginación y concentración por parte del espectador. Una de las películas que pude ver en la pasada edición del Festival de cine de San Sebastián.

LO MEJOR: La dirección. Contar una historia sencilla sin necesidad de subtítulos y con pocos diálogos.
LO PEOR: Algunas escenas están excesivamente alargadas.
Pueden leer esta crítica con imágenes y contenidos adicionales en: http://www.filmdreams.net
LO PEOR: Algunas escenas están excesivamente alargadas.
Pueden leer esta crítica con imágenes y contenidos adicionales en: http://www.filmdreams.net
20 de septiembre de 2020
20 de septiembre de 2020
4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya tenía yo la mosca detrás de la oreja después de visionar el tráiler sin diálogos de ésta película taiwanesa que inauguraba la sección Zabaltegi del Zinemaldi y opta al premio Sebastiane que concede la asociación LGTBI Gehitu y la verdad es que seguirla hasta el final en la sesión del Trueba, a las diez y cuarto de la noche, es una gesta que no todo el público, crítica incluída, puede resistir.
El director malayo y residente en Taiwán Tsai Ming-Liang, pone a prueba los nervios y la paciencia de los espectadores con ésta historia minimalista y contemplativa sobre la soledad de dos hombres que ni siquiera en su encuentro íntimo, intenso y hermoso, eso sí, son capaces de salir de su estado de aparente apatía emocional en el que se encuentran. No sabemos nada de ellos ni de los porqués de sus acciones, pero es que tampoco sus acciones nos dicen mucho más sobre ellos de lo que vemos en la pantalla.
La sucesión de planos fijos y largos, que digo largos, larguísimos, puede llegar a ser agotadora puesto que nunca sabemos lo que va durar cada uno de ellos y después del primer toque de atención justo comenzar la película con un plano interminable en el que “Kang” ve llover por la ventana, uno cree que ya está preparado para todo lo que pueda suceder, hasta que “Non” se pone a lavar la comida y pelar un pepino con la misma parsimonia que todo lo demás. Es en ese mismo momento cuando das gracias al señor, aunque seas ateo convencido, de que no se le haya ocurrido cocinar un cardo con borraja o unas alubias con sacramentos orientales.
El director malayo y residente en Taiwán Tsai Ming-Liang, pone a prueba los nervios y la paciencia de los espectadores con ésta historia minimalista y contemplativa sobre la soledad de dos hombres que ni siquiera en su encuentro íntimo, intenso y hermoso, eso sí, son capaces de salir de su estado de aparente apatía emocional en el que se encuentran. No sabemos nada de ellos ni de los porqués de sus acciones, pero es que tampoco sus acciones nos dicen mucho más sobre ellos de lo que vemos en la pantalla.
La sucesión de planos fijos y largos, que digo largos, larguísimos, puede llegar a ser agotadora puesto que nunca sabemos lo que va durar cada uno de ellos y después del primer toque de atención justo comenzar la película con un plano interminable en el que “Kang” ve llover por la ventana, uno cree que ya está preparado para todo lo que pueda suceder, hasta que “Non” se pone a lavar la comida y pelar un pepino con la misma parsimonia que todo lo demás. Es en ese mismo momento cuando das gracias al señor, aunque seas ateo convencido, de que no se le haya ocurrido cocinar un cardo con borraja o unas alubias con sacramentos orientales.

No se puede negar cierta similitud con la manera de hacer cine de Kim Ki Duk y aunque esté bastante lejos de atraparnos como en sus conocidas “Hierro7” o “Primavera, verano, otoño...”se puede apreciar un fino tacto para llevar a cabo una película que, no obstante, puede llevar a la desesperación a cualquier espectador occidental que se interese por la historia y decida asomarse a la pantalla.
27 de septiembre de 2020
27 de septiembre de 2020
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película comienza y vemos a un hombre sentado en su sillón que observa apesadumbrado el paisaje a través de su ventana. Gesto invariable, sin sonreir, sin llorar, sin apartar la vista, cual estatua. Postura de derrota y al mismo tiempo crispada, como si sus músculos renunciasen a entregar las armas, como si su propio cuerpo obligase a su mente a no rendirse.
Se trata de un plano fijo de muchos minutos, no sabríamos decir cuántos, pero muchos. La mente del espectador, al igual que la del protagonista, quisiera renunciar y abandonar la película, pero el cuerpo nos pide que nos quedemos, que nos relajemos, que nos dejemos llevar. Esto no se debe a que inconscientemente queramos ver qué ocurre a continuación, seguir el relato, si es que hay intriga alguna. Sino que queremos entrar en la película, formar parte de ella, sentirla en vez de verla.
Hace tiempo que el cine de Tsai Ming-Liang se ha ido volviendo cada vez más austero, más críptico y misterioso. El plano que abre la película parece casi corto comparado con el que cerraba su anterior trabajo de ficción, Stray dogs: Dos actores en contraplano ante un muro que observan durante veinte minutos para dejar al espectador plantado ante un final abierto. Veinte minutos de un mismo plano pueden parecernos excesivos, pero nunca innecesarios. La única necesidad que debe saciar el arte es la capacidad de expresión de su creador, no las que el espectador exija.
Se trata de un plano fijo de muchos minutos, no sabríamos decir cuántos, pero muchos. La mente del espectador, al igual que la del protagonista, quisiera renunciar y abandonar la película, pero el cuerpo nos pide que nos quedemos, que nos relajemos, que nos dejemos llevar. Esto no se debe a que inconscientemente queramos ver qué ocurre a continuación, seguir el relato, si es que hay intriga alguna. Sino que queremos entrar en la película, formar parte de ella, sentirla en vez de verla.
Hace tiempo que el cine de Tsai Ming-Liang se ha ido volviendo cada vez más austero, más críptico y misterioso. El plano que abre la película parece casi corto comparado con el que cerraba su anterior trabajo de ficción, Stray dogs: Dos actores en contraplano ante un muro que observan durante veinte minutos para dejar al espectador plantado ante un final abierto. Veinte minutos de un mismo plano pueden parecernos excesivos, pero nunca innecesarios. La única necesidad que debe saciar el arte es la capacidad de expresión de su creador, no las que el espectador exija.

El director utiliza planos tan largos porque hoy se expresa a través de las emociones, no de los diálogos. "No necesitábamos voces, teníamos rostros" bramaba a una pantalla la fantasmagórica Norma Desmond de El crepúsculo de los dioses. Se trata, por tanto, de un cine donde los actores son esenciales, donde su actuación no puede basarse en una falsedad, en una farsa. No puede, en definitiva, basarse en un texto de ficción. Si existiera algún texto en el guión, éste serviría únicamente como acomapañamiento, como guía para alcanzar una meta fundamental: que los actores sientan el personaje y su situación como reales y que esa aceptación florezca en sus caras, en sus gestos y movimientos.
Si el recorrido entre el pensamiento y la reacción del personaje tarda tanto es porque no estamos observando actuaciones, sino sentimientos reales. Al mismo tiempo que el actor se desenvuelve en pantalla, el espectador se deja invadir por el silencio, se adentra en la atmósfera de la película, es consciente del paso del tiempo pero no de cuánto tiempo ha pasado, pues el tiempo ya no cobra importancia alguna. Tan gratificante resulta entretenerse con una película de ritmo frenético y acción constante como descubrir la fascinación por la quietud, rendirse a la calma y a la pureza.
Si el recorrido entre el pensamiento y la reacción del personaje tarda tanto es porque no estamos observando actuaciones, sino sentimientos reales. Al mismo tiempo que el actor se desenvuelve en pantalla, el espectador se deja invadir por el silencio, se adentra en la atmósfera de la película, es consciente del paso del tiempo pero no de cuánto tiempo ha pasado, pues el tiempo ya no cobra importancia alguna. Tan gratificante resulta entretenerse con una película de ritmo frenético y acción constante como descubrir la fascinación por la quietud, rendirse a la calma y a la pureza.
Pureza es una palabra clave a la hora de definir Rizi. No sólo porque se trata de una obra que evita todo adorno, sobrecarga o complemento inútil. También porque se trata de un cine extraído en bruto de dos fuentes distintas. Por una parte, al cine de rostros ya mencionado. Es decir, el cine mudo cuando comenzaba a dar mayor peso a las actuaciones y no a la composición del plano. Un pequeño guiño que encontraremos en la cajita de música, que reproduce la melodía de Candilejas, film sonoro del mayor icono del cine mudo, Chaplin. Por otra parte, es un cine completamente digital e incluso futurista, donde la imagen se ve enormemente influída por la tecnología que la crea.
Ming-Liang logra, en conclusión, adaptar la base primigenia del arte cinematográfico a los formatos actuales hasta el punto de emocionar y fascinar sin necesidad de añadir absolutamente nada más.
hommecinema.blogspot.com
Ming-Liang logra, en conclusión, adaptar la base primigenia del arte cinematográfico a los formatos actuales hasta el punto de emocionar y fascinar sin necesidad de añadir absolutamente nada más.
hommecinema.blogspot.com
17 de mayo de 2021
17 de mayo de 2021
3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
"¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si alguien me lo pregunta no lo sé". Pareciese que últimamente el cine contemporáneo nos enfrenta constantemente a esta pregunta. El cine, no obstante, cuando propone estas preguntas nos ofrecen sus respuestas particulares. Cada película es una particular forma de respondernos a la pregunta del tiempo, no explicándola sino mostrándola. La etiqueta "slow cinema" sin embargo parece querer eliminar dicha pregunta, en cambio, nos ofrece una respuesta común, generalizada. Cuando un tiempo asume ya su respuesta pierde su carácter de pregunta y, como diría un célebre filósofo alemán, la pregunta es la piedad del pensar.
Cuando vi esta película sentí algo similar a eso, como si la pregunta se hubiera dado por supuesto, como si se hubiera conformado al refugio de un "estilo" que ya todos conocemos. Tsai Ming Liang nunca fue sencillamente un cineasta "del tiempo", en sus películas el tiempo se materializaba en atmósferas inquietantes y cuasi fantasmagóricas en el que cuerpos vacilantes cargados de deseo se acercaban a sus amantes como si fueran los espíritus mismos de una fuerza mítica encarnada o como si fueran piezas de alguna suerte de alegoría oriental. En Goodbye Dragon Inn, por ejemplo, la duración se veía ritmada por esos fantasmas de un tiempo mítico del cine que una sencilla frase de la película los delataba "este cine está maldito". La duración del plano se componía con los ligeros movimientos dentro de él ( la extraordinariamente lenta cadencia con la que fumaba uno de los "fantasmas" más lacónicos y esquivos del film, la cojera con la que recorría todas las habitaciones del cine la encargada del local...). Ahí el tiempo se filmaba, se construía, era un tiempo de fantasmas en el que uno ingresaba como se ingresa en una inquietante pieza musical que no acabamos de comprender pero que nos "dice" algo.
Aquí, en cambio el tiempo acontece, como si fuera sencillamente el paso del reloj. Como si antes que filmarse se registrase, como si la cámara se plantase delante de unos personajes que no nos esconden ningún misterio salvo el de ser objetos filmados que "duran" o que son "durados" a través de la cámara que es la que realmente dura. La duración solo parece esconder una respuesta que resulta casi cursi: "lo duro de la soledad" (la coda del final hace un eco redundante que en su cursilería sorprende de un director como Tsai Ming Liang). Cuando uno se enfrenta a esos planos largos en este film no puedo evitar sentir que lo que la duración me repite en cada segundo es esa respuesta un tanto remilgada que se sabe demasiado bien a sí misma. La duración ya no esconde nada, la duración ya no es pregunta.
Cuando vi esta película sentí algo similar a eso, como si la pregunta se hubiera dado por supuesto, como si se hubiera conformado al refugio de un "estilo" que ya todos conocemos. Tsai Ming Liang nunca fue sencillamente un cineasta "del tiempo", en sus películas el tiempo se materializaba en atmósferas inquietantes y cuasi fantasmagóricas en el que cuerpos vacilantes cargados de deseo se acercaban a sus amantes como si fueran los espíritus mismos de una fuerza mítica encarnada o como si fueran piezas de alguna suerte de alegoría oriental. En Goodbye Dragon Inn, por ejemplo, la duración se veía ritmada por esos fantasmas de un tiempo mítico del cine que una sencilla frase de la película los delataba "este cine está maldito". La duración del plano se componía con los ligeros movimientos dentro de él ( la extraordinariamente lenta cadencia con la que fumaba uno de los "fantasmas" más lacónicos y esquivos del film, la cojera con la que recorría todas las habitaciones del cine la encargada del local...). Ahí el tiempo se filmaba, se construía, era un tiempo de fantasmas en el que uno ingresaba como se ingresa en una inquietante pieza musical que no acabamos de comprender pero que nos "dice" algo.
Aquí, en cambio el tiempo acontece, como si fuera sencillamente el paso del reloj. Como si antes que filmarse se registrase, como si la cámara se plantase delante de unos personajes que no nos esconden ningún misterio salvo el de ser objetos filmados que "duran" o que son "durados" a través de la cámara que es la que realmente dura. La duración solo parece esconder una respuesta que resulta casi cursi: "lo duro de la soledad" (la coda del final hace un eco redundante que en su cursilería sorprende de un director como Tsai Ming Liang). Cuando uno se enfrenta a esos planos largos en este film no puedo evitar sentir que lo que la duración me repite en cada segundo es esa respuesta un tanto remilgada que se sabe demasiado bien a sí misma. La duración ya no esconde nada, la duración ya no es pregunta.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Mentiría en cambio si todo me pareciese mal, por supuesto. Toda la escena del hotel tiene algo de inquietante y una progresión erótica que marca un importante punto de inflexión en el film. La primera vez que se escucha la caja de música me pareció también interesante. Una música que se repetía y que no se sabía en que momento iba a finalizar, alejándose por tanto del "motivo" para mantener esta calma tensa y erótica entre las dos figuras.
Más allá de esa escena mentiría si retengo alguna más. Quizás sea problema mío que no logré "entrar" en este ritmo de la película. Pero quizás esperaba otra cosa de Ming-Liang que pretender del espectador que simplemente se adaptase al naturalismo extremo de preparaciones de cenas. Esperaba más composición, no solo espacial sino temporal y no sencillmanete un relato cuasi documental de dos figuras solitarias en el sentido más literal en que una cámara de cine puede presentarlas.
Más allá de esa escena mentiría si retengo alguna más. Quizás sea problema mío que no logré "entrar" en este ritmo de la película. Pero quizás esperaba otra cosa de Ming-Liang que pretender del espectador que simplemente se adaptase al naturalismo extremo de preparaciones de cenas. Esperaba más composición, no solo espacial sino temporal y no sencillmanete un relato cuasi documental de dos figuras solitarias en el sentido más literal en que una cámara de cine puede presentarlas.
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