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Salvatore Giuliano

Drama Biografía de Salvatore Giuliano (1922-1950), un mítico bandido e independentista siciliano. Pero lo que a Rosi le interesa de verdad es centrar la atención sobre el endémico atraso de Sicilia, sobre las relaciones entre mafia, bandolerismo, poder político y poder económico, es decir, sobre las causas de lo que los italianos llaman el "problema meridional". (FILMAFFINITY)
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8
20 de febrero de 2010
31 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Excepcional película de reconstrucción histórica a cargo de Francesco Rosi gracias a la cual vería la luz una nueva corriente cinematográfica: el cine político italiano, que contaría entre sus filas autores de gran importancia, como Pontecorvo, Lizzani, Petri o Bertolucci.

Rosi elabora una profunda encuesta investigadora sobre la realidad siciliana de posguerra tomando como eje la muerte del célebre bandido Salvatore Giuliano, héroe popular, antiguo separatista y pelele de mafiosos y políticos conservadores en su lucha por desactivar al Partido Comunista en la isla. Así, un personaje como Giuliano sólo le interesa a Rosi como un medio a través del cual mostrar los conflictos de fondo que se libraban en la Sicilia de entonces, conflictos de los que Giuliano era más una consecuencia que una causa. El filme narra una historia compleja, con numerosos saltos temporales y haciendo uso ocasional de la voz en off, para situar al espectador en los acontecimientos de la época. En una primera parte se centra en mostrar el clima reinante en la isla, con la ocupación militar de por medio, para después, y al hilo de un juicio posterior a los bandidos, investigar la muerte de Giuliano y apuntar qué puede ocultarse tras la misma. Es llamativa la decisión de no mostrar nunca al supuesto protagonista con vida; tan sólo lo vemos al principio, en un hermoso picado que nos lo muestra muerto, y al cabo de la hora de metraje, cuando su madre identifica el cadáver (que es enfocado en un escorzo parecido al del "Cristo muerto" de Mantegna). El resto del tiempo Giuliano está presente en espíritu, ya que aunque nunca se hace visible, todo el mundo, espectadores incluidos, percibe su presencia.

Eficazmente rodada e interpretada, destacan secuencias como la inicial, con esa muerte tan escenográfica, de una estética muy cuidada, y que como se verá no es un capricho del director, sino una decisión consecuente. Muy notables también las secuencias de la ocupación militar de los pueblos sicilianos, que recogen fielmente la angustia de las mujeres a las que les son arrebatados sus maridos, así como la dedicada a la célebre matanza de Portella della Ginestra. A ello cabe añadir un guión de enorme solidez, tanto por lo que explícitamente cuenta como por lo que implícitamente sugiere al espectador, que terminada la película sigue cavilando posibilidades. Además, el filme gana enormemente en veracidad al haberse rodado en los lugares exactos en los que se desarrollaron los acontecimientos históricos.

Por todas estas razones, una obra imprescindible que nadie debe perderse.
8
9 de diciembre de 2010
26 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con esta película de Francesco Rosi (nacido en 1922) se inicia en Italia el género conocido como cine político, que alcanzará su máximo desarrollo en los 70, con autores, además del propio Rosi, como Elio Petri o Damiano Damiani. Pero no se queda ahí el alcance de esta película, ya que puede afirmarse que ha tenido una gran influencia en el cine de tema político a nivel mundial: de "Z" (1969) de Costa-Gavras a "JFK" (1991) de Oliver Stone, por poner solo dos ejemplos destacados, tienen una fuerte deuda en lo formal con este filme.

El tema es la historia del bandido siciliano Salvatore Giuliano: sus conexiones políticas y las circunstancias que condujeron a su muerte en 1950. Lejos de procurar un acercamiento romántico a la figura del buen ladrón que roba a los ricos para dar a los pobres (como sí se encuentra, en cambio, en la novela que Mario Puzo escribió sobre el personaje, llevada luego al cine por Michael Cimino), la película se presenta como una investigación, a medio camino entre la ficción y el documental. El director procura conseguir la mayor objetividad posible, por lo cual se limita a presentar hechos, dejando que sea el espectador el que saque sus conclusiones. La objetividad se refuerza evitando mostrar al protagonista, a quien solo se le ve la cara en fotografías y después de su muerte; también por medio de los frecuentes planos picados (entre ellos, el inicial del descubrimiento del cadáver de Giuliano); y mediante la voz en off, utilizada de forma muy similar a como años atrás la empleó Visconti en “La terra trema” (una película en la que Rosi trabajó como ayudante de dirección).

El centro de interés de la película no es la personalidad de Giuliano, sino la forma en que fue manipulado para servir a intereses políticos: el ataque de Rosi, en concreto, va dirigido contra los democristianos, que gobernaban Italia en la época de Giuliano y continuaban en el poder cuando se estrenó la película. Es también una reflexión sobre los problemas crónicos de Sicilia (el subdesarrollo, el bandolerismo, la corrupción política y la implantación de la Mafia) y, por extensión, de todo el sur de Italia.
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La narración no es lineal: se alternan escenas que relatan la carrera de Giuliano hasta su muerte con otras que detallan lo ocurrido después de su fallecimiento, con especial interés en el juicio desarrollado en Viterbo por la masacre de Porta della Ginestra, el principal crimen político llevado a cabo por Giuliano y sus hombres. Esto puede hacer que resulte algo difícil de seguir, aunque no cabe duda que esta estructura discontinua responde a una necesidad de la historia y no es un mero capricho del director.

Pocos personajes tienen un verdadero relieve dramático, a excepción de Gaspare Pisciotta, el lugarteniente de Giuliano, que interpreta Frank Wolff. Son muy destacables las escenas de masas, como por ejemplo la de la masacre de Portella della Ginestra. Hay una clara voluntad de estilo que choca un poco con la voluntad de ser objetivo a ultranza del autor. Muchos de los planos tienen una calidad casi pictórica: como, por ejemplo, el mencionado por Quatermain80: el escorzo del cadáver que recuerda al “Cristo muerto” de Andrea Mantegna.

La denuncia política que hace el autor en esta película puede resultar casi ingenua en estos tiempos (aunque lo relacionado con Giuliano sigue siendo un misterio sin resolver de la historia de Italia), pero la película mantiene su fuerza, a pesar de los años transcurridos. Eso sí: el afán de objetividad del director hace que el filme marque siempre las distancias con el espectador, que no encuentra asideros para implicarse emocionalmente con lo narrado.

En resumen, una película sumamente interesante, aunque su estilo narrativo y la austeridad de su puesta en escena exigen un esfuerzo extra por parte del espectador. Un esfuerzo que, indudablemente, vale la pena hacer.
9
3 de febrero de 2011
17 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Consecuencia del moviemiento neorrealista, a principios de la década de los sesenta del pasado siglo se desarrolla en la cinematografía italiana una corriente que utilizando técnicas documentales o semidocumentales, anuncia lo que posterioremente durante finales de los sesenta y la década de los setenta se plasmaria en el llamado "cine político". Unas de sus mejores muestras lo constituyen este "Salvatore Giuliano" de Francesco Rosi y "La batalla de Argel" de Pontecorvo.
El alejamiento de la cámara de lo filmado (planos picados o panorámicas amplias) reflejan y acentúan la objetividad del relato de los hechos; asimismo la utilización de escenarios reales y de la gente que en ellos vivía durante buena parte del relato apuntala la visión documental e hiperrealista del film. Destacar igualmente que a pesar de dar nombre a la película, Giuliano, aparece más como un concepto que como un hombre, únicamente se le aprecia físicamente con nitidez muerto y su paso en vida por la pantalla es fugaz e inasible (quizá también como los intereses cambiantes que lo alentaban). En suma, una visión del paisaje humano y del entremado sociopolítico que explican o al menos apuntan claves para ello, la realidad del Sur de Italia.
8
3 de noviembre de 2014
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
En el contexto de la II Guerra Mundial, con la llegada de los aliados a Italia en 1943, personas en Sicilia comenzaron a tener ideas separatistas, iniciando un conflicto entre las fuerzas del orden y quienes buscaban independizarse de Italia.

Salvatore Giuliano (Pietro Cammarata) fue una de esas personas, el film es una curiosa biografía que se centra en su figura pero que no muestra su vida, su presencia en pantalla es mínima, muestra más los sentidos de su lucha y de sus acciones.

La película empieza mostrando el cuerpo inerte de este hombre en una calle siciliana, a partir de ese punto, veremos dos líneas paralelas, una que mediante flashbacks va retratando como se llegó al asesinato de Giuliano, y otra donde se realiza un juicio que intenta esclarecer dichos acontecimientos.

Francesco Rosi ganaría el premio a Mejor director en la edición 12 del Festival Internacional de Berlín en el año 1962, al ver esta obra uno corrobora dicho galardón. Una ejecución de primer nivel, que muestra muy bien los distintos planos, teniendo una utilización del espacio magnífica.

Los movimientos de cámara son elegante, hay varias tomas geniales, con muchos extras que se denotan totalmente reales y no maquetados. Técnica y estéticamente es una genialidad, visualmente es hermosa.

Salvatore Giuliano va más allá de ser una película biográfica que quiera enaltecer la figura de su protagonista, se enfoca en aspectos de la sociedad siciliana y su desencanto por el abandono sufrido en dicha época, así como la corrupción y la agresión de las fuerzas el orden. Un trabajo recomendable.
8
21 de julio de 2019
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
La forma de rodar y sobretodo de narrar, con vocación cuasi obsesiva por la ultra-veracidad, otorgan un carácter singular y fuerte personalidad a este film. Las imágenes son magníficas y, a través de flashbacks y elipsis que espetan al espectador a realizar un ejercicio de atención constante, se nos narra con minuciosidad una historia que terminamos por conocer a la perfección, aunque se nos exige seguir atando cabos incluso tras su visionado. De carácter austero pero tratado con elegancia, todo en ella, el guión, las interpretaciones y los lugares —que son los mismos donde tuvieron lugar los hechos que se narran—, tiene la intención de transmitir la máxima credibilidad. Y lo logra.

Al refinamiento técnico de los planos se suma el excelente uso de los ya mencionados flashbacks, recurso que en aquel momento todavía no había sido tan explotado y que aporta un cierto aire innovador al trabajo. El resultado es algo así como una crónica pormenorizada de unos sucesos, ofrecida con claridad a través de la pantalla. Sin embargo, en mi opinión, la historia se resiente por la carencia del punto de vista subjetivo de los personajes. No hay momentos de intimidad o franqueza, en los que sentimientos o pensamientos se desaten y podamos saber lo que sus protagonistas viven; sentir lo que ellos sienten. Podemos intuirlo, claro, por la sucesión de hechos, tratando de ponernos en su lugar, pero difícilmente llegaremos a alcanzar la cercanía de una historia contada en primera persona. Aunque es cierto y conviene destacar este aspecto, que la narración evoluciona de una cierta frialdad inicial hasta lograr arrastrarte con ella al centro de los hechos, a medida que estos van desplegando toda su complejidad e intensidad.

En cualquier caso su propuesta es una decisión totalmente premeditada y, en cierta medida, otorga notoriedad a la película, pues abre una vía de cine social hiperrealista, cuyo testigo recogerían otros directores dando continuidad, junto a Rosi, a sus planteamientos. La subjetividad del film llega entonces por otros caminos, como el punto de vista de la cámara o través de algunos diálogos, escogidos e insertados en el momento adecuado. A pesar de su vocación documental y de no tratarse de una película panfletaria, sus simpatías se inclinan, como las mías, hacia el lado de la justicia social entendida a través de los ojos de los "de abajo". Por eso se trata de un documento histórico riguroso y a la vez, de un acto de denuncia y divulgación de una realidad que merecía (y merece) ser dada a conocer a los ojos del mundo.
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