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Críticas de miguel
Ordenadas por:
24 críticas
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9
22 de octubre de 2005
112 de 161 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cine actual es un desierto. Es una pantalla en blanco sobre la que suceden cosas extrañas, ajenas al ser humano. Y cada vez esto es más cierto. George Lucas y Robert Rodriguez han rodado sus últimas películas sobre fondos azules. ¿Por qué? ¿En serio el cine necesita saltos de tres metros, llenar la pantalla de ejércitos digitales, de maniobras imposibles? ¿Qué es el cine? Dudo que hoy en día alguien pueda darme una definición acertada. ¿Acaso el cine es drama, comedia, es género? ¿No se puede alejar el cine de los géneros, de las historias? ¿Acaso de la misma forma que hay un arte literario, un arte musical, no puede haber un arte cinematográfico?

Por otro lado está el problema generacional. La generación de entreguerras tuvo el surrealismo y el expresionismo. La generación que vivió en su niñez el drama de la Segunda Guerra Mundial tuvo la Nouvelle Vague. En los 70 el cine se abrió a otros continentes, se universalizó. Ahora en pleno siglo XXI todo parece inventado ya. La gente idolatra a Tarantino, Rodriguez o Jackson cuando su cine es decididamente manierista, les llega con mejorar técnicas anteriores para hacer un discurso sobre la nada. Mi generación, la que entra en la mayoría de edad a principios de este siglo, se encuentra en un grave problema, el de la indefinición, el de la incapaz de encontrar un significado a su periplo vital, una identidad que lo haga único. De hecho, últimamente se ha puesto de moda eso de decir "vuelven los 70", "vuelven los 80", "vuelve el cine épico" o "vuelve tal y cual". Todo se ha convertido en un eterno retorno, sin que la sociedad avance.

Y entre todo este lío aparece Gerry y nos devuelve la esperanza. O por lo menos hace que nos fijemos en este grave problema. En Psicosis ya empezó Van Sant a elaborar su discurso. Es inutil volver sobre las formas del pasado, porque son ajenas a nosotros, pertenecen a un mundo que no conocemos, cualquier intento de copiarles será a peor (ahí están Gladiator, Troya o los miles de remakes que se hacen hoy en día para corroborarlo). ¿Cual es el camino a seguir? Van Sant no lo conoce. Por eso su película es tan limpia, por eso no hay drama, no hay plot, no hay nada. Simplemente ha querido alejarse del cine anterior y crear una base para que alguien detrás suya construya algo. Y a partir de Gerry se pueden construir muchas cosas.

Por lo tanto, yo reniego de todos aquellos que creen en el cine como algo muerto, que no cambia. El cine evoluciona, no solo técnicamente, sino moralmente. Ideas visuales o narrativas que antes eran válidas quizás ahora no lo son. Gerry es el primer paso para seguir construyendo la historia del cine. Una historia que debe seguir siendo gloriosa.
miguel
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10
22 de octubre de 2005
151 de 242 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno se pregunta por qué hay tanto interés en cargarse a Gus Van Sant. ¿Por qué se le critica por cosas que a él no le interesan? Mucha gente se queja de que apenas cuenta algo en sus películas ¿Y qué? ¿Realmente es fundamental hacerlo? No creo que Gus Van Sant pretenda hacer un drama al uso. ¿Por qué entonces quejarse de que no es tal? ¿Es que solo hay una forma de hacer cine?

Para mí en el cine, solo existe un dogma, el de la VERDAD. A lo largo de la historia del cine, desde Flaherty, todos los grandes cineastas, fuesen cuales fuesen sus estilos, se han caracterizado por situar a su protagonista, como ser humano, en un mundo comprensible (física y moralmente) para el espectador. Roberto Rossellini decía "el principio de lo verdadero es uno simple, mientras que los errores toman múltiples formas". Eso puede ser una definición sobre una base cinematográfica, a partir de ahí se pueden construir multitud de películas.

Hoy en día hay pocos directores que se guíen por este principio. Ahí siguen luchando hasta el último aliento Godard, Rohmer, Chabrol, Oliveira, incluso Bergman, y especialmente Abbas Kiarostami. Estos centauros cinematográficos, a pesar de la indiferencia que público y crítica (la mayoritaria) les profresan, siguen creando, innovando, evolucionando el cine. Pero nadie se puede olvidar de Gus Van Sant, un hombre que parece más interesado en lo que se puede construir a partir de sus películas que en sus películas en sí. Su obra, desde Psicosis, parece convertida en una labor de concienciamiento del espectador. De decirle que existe un camino más allá de lo que estamos acostumbrados a ver. De decirnos a nosotrosque, como espectadores (y algunos también como creadores) que heredaremos el cine, debemos buscar nuestra propia identidad, para que el cine no decaiga.

Y así llegamos a Last Days, la mejor, la más emocionante, bella y radical de sus obras. La deconstrucción narrativa y temporal es total, pero la belleza de la exposición es incomparable. El ser humano enfrentado a una naturaleza que le supera es el auténtico protagonista. Hablarán cuando se estrene del problema adolescente, de las drogas, de Kurt Cobain, pero la película va muchísimo más allá de eso. Es universal. El plano en el que Blake escapa de la casa y sus amigos para simplemente quedarse mirando el lago y el bosque es de una belleza primorosa, de una sencillez y verdad aplastante. Cuando Blake toca sus canciones, cuando rompe su guitarra, parece que es la naturaleza la que grita, el celuloide que se rompe.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
miguel
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10
16 de octubre de 2005
79 de 108 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando The brown bunny fue visionada en el Festival de Cannes de 2004 (¿o era 2003?), se le colocó el título de peor película de la historia del festival, ¿por qué? Porque decían que no contaba nada y encima era pornográfica. ¿No cuenta nada este The brown bunny? ¿Importa realmente? Se trata simplemente de un viaje, como el de Matt Damon y Casey Affleck en Gerry o el de John Wayne en Centauros del desierto. Vincent Gallo, al igual que Gus Van Sant, es lo suficientemente inteligente para saber que el cine evoluciona y que los esquenas que servían hace 20, 30 o 50 años hoy ya no son válidos. Al año vemos pasar cientos de películas que intentan ser (sin conseguirlo) iguales a las que había hace 50 años, solo que mejorando los aspectos técnicos.

Entonces aparece The brown bunny. Una película en la que apenas se habla. Una película en la que la mayoría de las escenas se ven a través del parabrisas de una camioneta. No se cuenta nada. ¿Qué se puede contar? ¿Qué tiene que contar el ser humano del mundo actual? Cada vez hay más depresiones y suicidios en todo el mundo. La gente se comunica menos, se cierra sobre sí misma. Es el reverso tenebroso de la era tecnológica. En este sentido, el hecho de que un hombre (o mujer) desconocido se acerque en una solitaria de área de servicio a besar a un extraño es uno de los momentos más bellos y sentimentales del cine americano actual. Es más bien un deseo que una realidad.

Gallo ha apreciado esta situación. Como entiende que el hombre actual poco sabe de anillos, de galaxias lejanas, de superhéroes, se ha dedicado a filmar esa nada en la que nos encontramos suspendidos, ese vacío moral y sentimental que persigue a la sociedad contempóranea. Muchos le han crucificado por ello, ved en esto la validez de su propuesta.
miguel
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10
16 de noviembre de 2005
61 de 79 usuarios han encontrado esta crítica útil
Olvidaos de cualquier inclinación política que puedan tener, pues una película puede ser apreciada positivamente aunque no comparta con vosotros ideología. Olvidaos de quien es Godard, pues las obras maestras trascienden a sus autores. Olvidaos de la época en la que se hizo la película por lo que acabo de decir. Olvidaos también de la Nouvelle Vague, porque es un movimiento que habla de la libertad y por lo tanto cualquier dogma es inexistente (salvo el del buen gusto). Olvidaos incluso de que estais asistiendo a una película.

La chinoise demuestra lo que el cine, como arte, puede llegar a conseguir. No hace falta seguir los diálogos, ni comprender las imágenes, solo asistir a una experiencia sugestiva en la que los sonidos golpean a las imágenes. Imágenes limpias y sencillas, como si el film fuera realizado en el Renacimiento. Es una película para ver una y otra vez, para comprenderla cada vez más, para atender, si se quiere a sus diálogos y alcanzar el summun del orgasmo cinematográfico que nos propone el que posiblemente es el mejor director vivo, Jean-Luc Godard. Todo cabe en su película, a pesar de que el ámbito de acción se reduce a un pequeño apartamento parisino: el fracaso de las ideologías, la necedad del amor, la incomunicación del ser humano, la insolidaridad...

Godard dijo hace poco: "Matar a un hombre para defender una idea no es defender una idea, es matar un hombre". Fue en su última obra maestra, Notre Musique. Pocas veces se ha definido el mundo y el ser humano de una forma tan genial y sencilla. Quizás esta idea comenzó en La chinoise, una de las películas más geniales del que quizás ha sido el último director capaz de cambiar la historia del cine. ¿Cómo? Haciendo, como dice él, "políticamente cine", a golpe de obras maestras, de cine sincero, complejo, poético, intenso, dramático, combativo, intransigente...
miguel
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9
16 de noviembre de 2007
53 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
No es un drama, ni una película bélica. No es una ficción documental y no pretende que su historia se ciña a la más absoluta verdad. Valorarla como tal me parece que no tiene sentido

Es una película acerca de cómo los medios para acercarse a un conflicto bélico se pueden tergiversar interesadamente y de cómo es imposible mantener una equidistancia total con el objeto filmado (aquí la guerra, en La dalia Negra el cine clásico). Lo de De Palma es una tremenda reflexión cinematográfica (crítica) antes que un panfleto antibush. De Palma simula diferentes formatos (videodiario, videoconferencia, youtube, documental) para deconstruír el discurso acerca de la verdad que plantean estos medios. Es decir, nos acercan más a la verdad y nos permiten una vía de información alternativa a las versiones oficiales, pero también están sujetos a su grado de manipulación. Por eso los excesos dramáticos desvelan la falsedad (ficcionalidad) de este supuesto documento que se acerca a la verdad (algo que obviamente no es la intención del director.

Imprescindible.
miguel
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