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Críticas de Estepario
Ordenadas por:
23 críticas
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3
30 de enero de 2013
53 de 77 usuarios han encontrado esta crítica útil
No importa si el guión es más predecible que un tiro oblicuo en el vacío, es Tarantino.

No importa si la mitad de la película es pura violencia hollywoodense (dosis necesaria del subconsciente colectivo), es Tarantino.

No importa si se violan las leyes de la física y un disparo en una dirección hace volar a la hermosísima dama en la dirección contraria, es Tarantino.

No importa si la estupidez de los personajes es, recurrentemente, pieza clave de toda causa (y es que es más fácil crear un tonto que un inteligente), es Tarantino.

No importa que la historia se desarrolle superfluamente en torno a la (¡núnca narrada!) historia de amor entre dos admirables y superemotivos personajes, es Tarantino.

No importa si el desarrollo de la historia son un conjunto de hermosos y memorables "Momentos Kodak" (indudablemente, para la posteridad, al lado de los molinos del Quijote), en vez de un desarrollo verosímil e inteligente, es Tarantino.

No importa si los bravos y supermalos pistoleros aún no pueden superar su shock a la hora de disparar, y un admirable pero triste letargo les impide entrar en acción justo cuanto nuestro buen Django desenfunda su gloriosa arma y acomete contra sus adversarios, es Tarantino.

Y es que no importa si hay más violencia que emotividad, más disparos que diálogos inteligentes, más sangre que reflexiones, más héroes que humanos, más explosiones que realismo, más tontos que inteligentes, más hazte la fama y échate a..., más críticos obsecuentes, más sobrevaloración, más perros comiendo negros, más látigos marcando negras, más y más sangre (¡explícito, explícito, qué se vea todo, por favor!), más superexplosiones (¡Oh!), más superdiálogos con superbuscaproblemas, más pochoclo, más Hollywood, más ficha de director, no, por supuesto que no importa, es Tarantino.
Estepario
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9
17 de agosto de 2010
17 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿En qué proyectamos nuestra vida? ¿Cuál es nuestra felicidad? ¿Nos moldemos a la sociedad? ¿Somos libres? ¿Hacemos lo que realmente disfrutamos? ¿Se justifica vivir una vida sin ninguna razón para vivir? ¿Por qué no nos dedicamos simplemente a ser felices?

Y mientras nos preguntamos, nos vamos amoldando. Damos raíces a los bienes materiales. Despreciamos a lo distinto. Somos incapaces de comprender los gustos ajenos, de apreciar la belleza que nos rodea, y de comprender la forma en que la aprecia cada uno. Y las preguntas se nos olvidan, más allá del recuerdo de ese sueño que siempre añoramos.


John Lennon dijo: "La vida es eso que nos pasa mientras estamos ocupados haciendo planes".

Cada día me parece más cierto.
Estepario
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6
16 de enero de 2014
10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
La primera vez que vi 'Amanecer', hace ya unos años, lo hice por recomendación de esta página. Al igual que ahora, la película gozaba de una puntuación excepcional, alabada por la crítica que parecía que estábamos ante el Quijote del cine. Bajo tanta recomendación no tenía más opción que verla. Es cierto que a veces, cuando uno espera mucho de una película, las expectativas pueden llegar a no satisfacerse. Esto ocasionaría, acaso, que uno juzgue lo visto desde una perspectiva errónea. En todo caso, lo cierto es que mi primer visionado dio como resultado una gran decepción, reflejada por la nota que le coloqué en aquel entonces: un 5.

¿Qué me decepcionó? Sencillamente fue lo plano que es su historia. En efecto, 'Amanecer' en la narrativa no es más que una simple y cursi historia de amor. Es sólo eso, una historia de amor entre dos personas; y no lo digo despectivamente, sino digo realmente lo que es. Es cursi por cómo se desarrolla la historia: el esposo que reencuentra el amor en su esposa, que de nuevo vuelven a ser sumamente felices, que reencuentran lo bello de la vida en cada rinconcito - en esencia, que todo es amor y felicidad, sonrisas. Y en esto seamos sinceros, no puede negarse que efectivamente la historia no sea así, cosa que suele estar generalmente muy en contraste con la realidad, no importa de cual época se trate.

En cuanto a lo técnico, el cómo se narra la historia, la genialidad de Murnau es totalmente innegable. Usa técnicas maravillosas, explotando al máximo los recursos disponibles en aquellos tiempos. Sus movimientos de cámara, la selección y superposición en contraste de distintos planos, su duración; todo es destacarle. No es, como he leído en algunas críticas, una película lenta ni mucho menos. La duración de sus planos es, creo yo, la necesaria para transmitir lo que se quiere. En resumen, no hay nada que renegar en este aspecto, y al contrario, yo creo que es uno de los puntos más fuertes y destacados que tiene la obra.

Ahora bien, antes de hacer esta crítica he vuelto a ver la película. Esperaba, como ya me ha pasado, ver quizás ahora las cosas desde otra perspectiva, y por qué no, subir algún que otro punto mi anterior votación. Sin embargo, perdónenme, pero no pude dejar de seguir notando lo mismo. Sólo pude subir un punto. La historia, a mis ojos, sigue siendo completamente cursi. Lo admito, tiene momentos destacables en la narrativa, como pueden ser los tramos iniciales y finales. Pero en el medio, en la ciudad, las secuencias las veo muy planas y simples, con un intento de sumar comedia en una suerte de 'sketchs'. Esta parte no me parece mala, por así decirlo, pero debo decir que me parece muy plana y que no amerita para nada que se alabe a esta película como se lo hace acá.

Entonces, me pregunto, ¿Por qué gusta tanto? ¿Por qué se tiene a 'Amanecer' en el altar? Creo que la respuesta es sólo una: por la universalidad de su historia de amor. Y es que si hay algo que conmueve a todo el mundo, a todo el público, son las historias románticas; son intemporales y universales. Es esa historia de amor, de 'esperanza' en el matrimonio, de su felicidad, de sus aventuras, junto con su notable apartado técnico, lo que atribuyo a tanta adoración por 'Amanecer'. Temas que, como digo, conmueven en general a todo tipo de público, como algo innato a nosotros. Porque en el fondo quisiéramos que nuestra historia de amor sea esa, esa felicidad y bienaventuranza que se nos muestra, esa esperanza, ese hijo, esa, llanamente, 'linda y buena vida'. Y claro, no hay que olvidar también que la película es de 1927, es muda, es clásica, de culto... si entienden lo que digo.

En todo caso, espero con esto haber justificado mi nota. Perdonen si ofendí a alguien, pero así es como veo las cosas. En lo personal preferiría que esta obra no sea considerada una cumbre de cine, pues creo que en éste existen muchas otras películas cuya inmortalidad y trascendencia alcanzan cotas mucho más profundas en cuanto a legado artístico. En definitiva, le pido al cine mucho más, porque sé que lo hay y que, por sobre todo, puede darlo.
Estepario
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8
26 de febrero de 2013
15 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una historia sencilla, pero una dirección soberbia, hace que Ceylan traspase la pantalla y nos haga sentir las vicisitudes de una jornada laboral en la piel de sus participantes. Una jornada en Anatolia, pero que traspasa sus límites. Una jornada como cualquier otra, pero que encierra el milagro de esta proyección: que los momentos impactantes no se encuentran en situaciones increíbles, grandes o magnánimas. Es que aquí no hay situaciones súper-desarrolladas, grandes diálogos, momentos dramáticos, giros imprevistos de guión... La cámara simplemente se encarga de acompañar, sin menospreciar cada momento, cada detalle; porque el imprevisto de las situaciones determinará lo que queda, lo que se aprecia o desprecia, pero lo que al fin se recuerda...

Porque a veces, en la cotidianidad más pura, mas rutinaria, simplemente basta un soplo del viento para levantar la pluma. Para derramar las lágrimas de aquél ojo desolado. Eso es lo que nos hace, lo que nos puede hacer sentir escalofríos; la verdad que nos puede sacar del cuento de hadas, la mirada que nos puede penetrar y hace gritar nuestro vacío existencial, el vaso del amor compartido con los que sólo ven pero no tienen, en la hermosura de la flor más bella, el hijo que llora con la mirada, quebrando, doliendo, golpeando más fuerte que una piedra en el ojo... La empatía como fuerza motora de toda relación humanitaria...

¿Qué somos sino? No hace falta la alfombra roja, las luces, el destello de la cámara, la adulación, el discurso, el alago, los aplausos de fondo, el diploma, el cuadro. Al final, lo que nos queda son esos pequeños momentos. Los que se nos pasan mientras esperamos (o no) que pasen. Esas pequeñas situaciones, imprevistas, dolorosas, alegres, pero que pueden llegar de imprevisto, en cualquier día, en cualquier instante.

Supongo que era eso Ceylan. Perdóname si te malinterpreté. Pero es lo que me has dejado en tu más de dos horas de detalles. En saber que estaba viendo algo sencillo, una historia simple, pero que en el fondo de eso se trata. De apreciar que ahí también puede a ver algo. Del nuevo día. Del misterio del qué traerá la marea. Porque quizás, algún día, de ese imprevisto, en ese día cualquiera, "Uno podrá decir 'Una vez en Anatolia...'". Una vez que vale la pena filmar.
Estepario
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6
12 de enero de 2014
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
'La fiebre del ajedrez' es una de las primeras filmaciones hechas sobre ajedrez. El corto se centra en el torneo de Moscú de 1925, uno de los primeros en tener relevancia internacional. En efecto, en el mismo participaron grandes figuras de la época como el vigente campeón mundial Capablanca, junto con Lasker (ex-campeón mundial), Marshall, Tartakower, Reti, Rubinstein y Bogoljub (quién ganaría el torneo), entre otros.

Desde el punto de vista narrativo, 'La fiebre del ajadrez' relata humildemente, a través de una historia de amor, cómo el ajedrez se estaba volviendo una auténtica obsesión en la reciente Rusia soviética. Un amor al juego que, en vista de la amada, se contrapone a su amor conyugal. Las imágenes son claras: el ajedrez es todo, es la 'fiebre' del momento. De hecho, históricamente los rusos pronto empezarían un dominio del juego que daría lugar a grandes campeones mundiales como Alekhine, Botvinnik, Tal, Smyslov, Karpov y Kasparov. Esta 'fiebre' llegaría incluso a un estatus de representar su superioridad intelectual (esto es, del comunismo como gobierno) a través de su superioridad en el ajedrez, punto que tendría su auge políticamente en el campeonato mundial de 1972 entre Fischer y Spassky.

En resumen, creo que este cortometraje gustará a todos aquellos aficionados al ajedrez. Contiene auténticas reliquias como imágenes del torneo de Moscú del 1925 y una pequeña actuación del gran Capablanca. Un film que enriquece por su contenido histórico, a la vez que se disfruta por la sencillez y encanto de su historia. Y todo bajo esa 'fiebre', esa pasión que, para muchos, representa el ajedrez.
Estepario
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