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España España · OVIEDO
Críticas de ALESNAKE
Ordenadas por:
162 críticas
1 2 3 4 10 20 33 >>
4
30 de agosto de 2016
78 de 116 usuarios han encontrado esta crítica útil
-Entre Kurosawa, Miyazaki y Méliès. "Kubo" es un entretenimiento brillante y de factura extraordinaria, pero con una historia que no está a la altura. Podría haber sido una obra maestra, se queda en un esfuerzo increíble.
-Travis Knight se pasa a la dirección de lo último de Laika. La forma y el concepto se retroalimentan en cierto modo, pero su alma no me cautiva como el de trabajos anteriores. Hay curiosidad, mimo, pero no magia.

Travis Knight es un animador del estudio Laika. Ha sido parte fundamental en la creación de los mundos de "Coraline", "Norman" y "Los Boxtrolls". Ahora se ha convertido también en director, para narrar una aventura fantástica totalmente imbuida por el espíritu del Japón Feudal y con un mensaje tan influido por Miyazaki como por Kurosawa. La historia de Kubo, un joven narrador de historias que tras un giro del destino deberá enfrentarse a todo tipo de criaturas en la búsqueda de una armadura mágica con la que vencer a las fuerzas del mal. Chris Butler y Marc Haimes escriben el guión para una historia de Shannon Tindle y el propio Haimes. Por último la deliciosa música corre a cargo del compositor ganador del Oscar, Dario Marianelli ("Atonement"). Un nuevo estreno del estudio Laika, en busca constante de nuevas historias e ideas y lejos de secuelas y repeticiones, es siempre una fecha obligatoria en el calendario de un amante de la animación. Por esa razón he ido al cine con ganas de descubrir un nuevo mundo en Stop-motion y alucinar con sus maravillas visuales y emocionales. Voy a contaros que ocurrió. Si vais a pestañear, hacedlo ahora.
Me ha defraudado mucho la primera película de Travis Knight como director. Lo último de Laika es una aventura muy entretenida para niños y mayores, pero sin el calado emocional, la madurez, ni la sencilla complejidad de obras anteriores. Tiene eso sí, su imaginario infinito, su capacidad de deslumbrar con cada hoja y cada gota en movimiento y una esencia mística con algo de melancolía, que nos acompaña toda la película. Los primeros minutos son muy interesantes. El punto de partida y la extraordinaria escena en la que Kubo cuenta la historia de su padre con sus papeles y la guitarra mágica, me mantienen entusiasmado y sorprendido. Pero cuando la aventura comienza, todo se vuelve esquemático, previsible y desaprovechado. Aunque el Stop-motion funcione como un elemento narrativo y dramático ingenioso, no hay mucho más que un apartado visual deslumbrante. Y hablo de una maravillosa dirección de arte, una animación soberbia, unos diseños imaginativos, etc. Sin embargo todo resulta desaprovechado y vacío al estar al servicio de un argumento de videojuego basado en jefes finales. Y el guión nos habitúa al recurso fácil, dejando personajes que entran por los ojos pero carecen de carisma o un desarrollo a la altura, diálogos planos y poco inspirados, así como resoluciones francamente simples. Las ideas y mensajes que van surgiendo con el transcurso de los minutos lo hacen con una pasmosa sutileza y al mismo tiempo una fuerza evidente. Aquí la película demuestra ser diferente a todo lo que el género entrega, y también nos lleva a reflexiones maduras que varían según la edad y el tipo de público.
Finalmente Laika y Travis Knight entregan una aventura entretenida, con un apartado visual maravilloso y algunas reflexiones fascinantes. No obstante su trama es de lo más lineal y previsible, las partes superficiales del guión (y algunas más profundas) dejan mucho que desear y en general todo me sabe a poco. Creo que todo podría ir más allá, como ocurrió con "Coraline"; y creo que las partes estructurales de la película son endebles y no permiten que los pequeñas virtudes lleguen a cautivarnos. "Kubo" es una apuesta muy interesante de la animación, tiene mucho que ofrecer y es diferente en un género en el que prima la reiteración. Pero he salido frío de la sala.
ALESNAKE
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4
9 de diciembre de 2016
79 de 121 usuarios han encontrado esta crítica útil
Crítica de “Hacksaw Ridge” (Hasta el último hombre)

-Gibson continúa filmando su propia expiación en la piel de otros personajes. Su garra y su nervio siguen intactos, pero con eso no se gana una guerra.
-El drama academicista, el tributo simplista y el belicismo llameante conviven en una película que casi todo lo que tiene de espectacular, lo tiene también de tosca, trivial e inconsistente.

Gibson ha vuelto, si no habíais leído nada parecido estáis algo perdidos últimamente en lo que a cine se refiere. El eterno salvaje incorregible tras renacer como tal en “Blood Father”, ha regresado tras las cámaras para contarnos la odisea de un soldado diferente, cuya única arma eran sus creencias y su inmenso valor. El personaje es Desmond Doss, un joven médico militar adventista que participó desarmado en la Batalla de Okinawa, en la II Guerra Mundial, y salvo 75 vidas. La película hace referencia constante a ese “milagro”, porque incluso siendo esta una historia real, parece una ficción en toda regla. El guion lo firman Robert Schenkkan (“The Pacific”), Randall Wallace (“Pearl Harbor”) y Andrew Knight (“The Water Diviner”), y en el reparto encabezado por Andrew Garfield, encontramos también -entre otros- a: Vince Vaughn, Hugo Weaving, Teresa Palmer y Sam Worthington. Veamos si Gibson se reintegra a filas con suficiente artillería o si debió quedarse beodo en la moqueta.
El cineasta opta por una estructura clásica para contarnos la historia del soldado Doss, no obstante hay dos partes bien diferenciadas, una primera de presentación y posterior entrenamiento militar, una segunda de guerra. Comenzamos con una presentación de la infancia del personaje y los elementos que dieron lugar a los valores que posee en su madurez. Gibson nunca ha sido sutil y en esta ocasión la brocha gorda domina el lienzo. A la presentación le sigue el entrenamiento en la base militar y los diferentes obstáculos a los que Doss se enfrenta para poder servir en la guerra. Toda esta parte carente de explosiones y cámaras lentas, es puro academicismo, corrección sin ningún riesgo. El cineasta es un narrador excelente y por eso consigue que nos mantengamos interesados por lo que pasa aunque el guion apenas tiene las agallas o la habilidad para ir más allá de lo puramente superficial. Pero aparte de una dirección elegante, un hábil control del ritmo y un montaje impecable; la primera hora destaca por sus secundarios. Sí, es cierto, Garfield es una elección de casting soberbia, siempre se le ha dado bien mostrar un gran abanico de emociones. Pero lejos de su -ciertamente- entrañable y permanente expresión melindrosa del primer tramo, otros actores como Hugo Weaving o Vince Vaughn se comen sus respectivas escenas mejorando mucho lo que la película tiene que ofrecer por si misma. Porque sin el polémico director tras las cámaras y sin el trabajo del reparto, estaríamos ante otra apuesta bélica del montón, un telefilme no demasiado brillante.
Parte de la culpa es de un guion simplón, plano y obvio, que además trivializa algunos temas de forma desaconsejable. Aquí no hay lugar para al sutileza, el matiz, el punto de vista o el tono grisáceo. El mayor problema es una vertiente pacifista que no solo no se desarrolla dramáticamente, sino que se contradice súbitamente en la segunda parte, eliminando cualquier rastro del aparente carácter antibelicista de la película. Al final, la propuesta termina siendo un mero tributo para un héroe singular, una especie de enaltecimiento patriótico. Lo que no deja de ser es una competente propuesta bélica que destaca por la increíble pericia de Gibson para la narración y por una dirección llena de potencia visual. Que precisamente alcanza sus mayores cotas en la hora final, toda ella sangre y fuego, épica sangrante, como todo su cine. Un impresionante y visceral destello infernal que es cuanto menos discutible. Por eso de que la fe en dios y los valores pacifistas (y ligera superioridad moral...) del protagonista acaban haciendo que sus compañeros renueven sus ganas de trinchar japoneses convirtiéndose en letales armas divinas de matar, también porque Gibson continúa filmando la violencia con evidente placer y excitación, lo que nunca ha dejado de ser inquietante, pero por primera vez es incompatible con las aspiraciones de su película. En los últimos minutos hay dos escenas bastante innecesarias y la cinta termina derivando hacia lo mesiánico, en especial en un plano final entre la revelación y el despropósito.
“Hacksaw Ridge” no será recordada por su atrevimiento, tampoco por su simplista dimensión dramática ni por su vena mesiánica o su paradójico mensaje antibelicista. El nuevo filme de Mel Gibson, su quincuagésimo renacer redentor, será recordado por unas escenas de batalla tan poderosas como sobrecogedoras, pues son de las mejores que el género ha dado en los últimos años. Es donde el cineasta está más cómodo, donde puede dar rienda suelta a sus problemas no resueltos con la violencia, que para fortuna del espectador, concuerdan a la perfección con sus alucinantes soluciones visuales. Gibson puede quedarse, pero la próxima vez es mejor que cambie la biblia por su rifle. Al fin y al cabo la mona siempre es mona, incluso si se viste de púrpura.
ALESNAKE
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2
25 de octubre de 2016
86 de 136 usuarios han encontrado esta crítica útil
-Rutinaria, soporífera, torpe y muy tonta. Una película que cree jugar con el espectador cuando realmente le está aburriendo.
-Mas allá de que la intriga sea previsible, el problema es que a nadie le importa lo que ocurre. Ni siquiera el competente reparto femenino puede hacer que aparte la mirada del reloj.

Mi segunda apuesta en el primer día de la “Fiesta del cine” es un estreno, “La chica del tren”. Las películas del director Tate Taylor siempre suben de nivel gracias a sus intérpretes. “Criadas y señoras” y “I Feel Good” son ejemplos de lo que digo. Su último trabajo es un cambio de registro en toda regla. Un thriller frío basado en el best-seller de Paula Hawkins. La encargada de escribir un guión notoriamente feminista es Erin Cressida Wilson. En cuanto al reparto, lo encabeza un estupendo trío de actrices: Emily Blunt, Rebecca Ferguson y Haley Bennett. Y detrás encontramos otros nombres conocidos como: Luke Evans, Edgar Ramirez, Justin Theroux, Allison Janney y Lisa Kudrow. Ahora veamos todo lo malo que tiene que ofrecer esta propuesta.
Ya desde un primer tramo terriblemente mal enfocado y ejecutado, recibo la película con bostezos a pesar de la energía con la que entro a la sala. Me permito pensar que tras el inicio de la intriga la cosa cambiará, puesto que la presentación de unos personajes planos, grises e insípidos; no me interesa ni un poco. Da la casualidad de que me equivoco, la película no mejora cuando entra en juego la intriga, sino que se vuelve incoherente y juega con una narración incesantemente tediosa. Taylor y Wilson enredan los elementos narrativos en un intento de mantener al espectador en constante tensión, intentando unir los cabos. Pero lo único que consiguen es hacer su película confusa y enmarañada. Además el filme es reiterativo hasta la nausea, contando una y otra vez lo que ya sabemos desde el principio. Y lo que cree que no sabemos hasta que nos lo permita, también lo sabemos, pues no tarda mucho en mostrar sus cartas. Uno de los motivos es que el director maneja los elementos de su intriga sin ningún tipo de habilidad ni sentido del ritmo. A eso hay que sumarle su manifiesta y recalcitrante naturaleza de película “feminista”, que no deja duda alguna respecto a la resolución de la trama. Con ésto claro, la película se desvía hacia el culebrón, dejando el thriller casi moribundo. Lo más gracioso de todo es que los responsables en ningún momento trabajan para un espectador inteligente, y en su pretenciosa arrogancia deciden incluso utilizar trucos de baratillo que irritan más que hacer gracia. Llegados a este punto, entre un guión bastante espantoso y una dirección entre el encargo y el témpano desidioso (excepción, su decente jugueteo con el vouyerismo), el espectador intenta refugiarse en la labor de las actrices, que sin salir de la mera competencia, resulta un refugio aceptable dentro del desastre. Por desgracia, la mera competencia de Blunt, Ferguson y Bennett acaba enterrada bajo la insoportable vacuidad de sus personajes. Al final llega el poco sorprendente giro de guión y un desenlace que da bastante vergüenza ajena, y el fallo no está en que lo pudieras descubrir al principio, o a la mitad. El fallo está en que durante 90 minutos no te ha importado nada de lo que ha ocurrido, y en los últimos 20 tampoco te va a importar.
Película abúlica, lúgubre, taciturna, inane, incompetente, insoportable, insultante, espantosa de principio a fin. Una telenovela de domingo por la tarde que se pierde entre flashbacks y puntos de vista al ser incapaz de desarrollar personajes, estructurar una narración, ocultar sus costuras o contar algo que no sea irremediablemente estúpido de una forma que no sea patética. Es tan mala que casi le cojo manía a Emily Blunt, casi.
ALESNAKE
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4
26 de noviembre de 2017
62 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil
-Remake innecesario. Con adornos pueriles, decisiones fallidas e interpretaciones insípidas.
-No hay nada en la propuesta que invite a subirse a bordo si ya se conoce la historia.

No sé ustedes, pero un servidor echa mucho de menos al Kenneth Branagh previo a los proyectos de encargo, a aquel extraordinario adaptador de Shakespeare. En cuanto tuve noticias de su nueva propuesta, un remake de la fallida pero interesante adaptación que Sidney Lumet hizo de la novela homónima de Agatha Christie, ya dilucidé que sería otra película anodina del cineasta. Una conclusión para la que no se hacía necesario ser el mismísimo Poirot. No obstante, para calmar mi conciencia por el cinismo de mis prejuicios, he decidido viajar en el expreso de Branagh. Una excursión con guion de Michael Green (“Blade Runner 2049”) y en la que Branagh también se coloca delante de las cámaras para encarnar al propio Poirot, que gana mucho protagonismo en esta versión, abandonando el aspecto coral de la historia. El reparto lo completan -entre otros-: Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Derek Jacobi, Daisy Ridley, Josh Gad y Penélope Cruz. Ahora toca subirse de nuevo al Orient Express. Los que sean primerizos pásenlo bien, los experimentados disfruten del leve traqueteo de las vías y que les ayude a conciliar el sueño, el tren -lamentablemente- no va a descarrilar.
Todo comienza con una introducción destinada a presentarnos al detective Poirot y su necesidad de equilibrio. Branagh está extrañamente carismático en el papel, y aunque presenta algunos rasgos característicos del personaje es difícil reconocer al detective de Christie; aquí histriónico y tediosamente nostálgico. Un poco como el Branagh director, que desde un principio deja claras sus intenciones de centrarse más en el personaje y su evolución (lógico siendo la primera de una serie de películas sobre Poirot) así como el conflicto moral del desenlace, que Lumet desaprovechó. El problema principal es que a esa evolución se le ven las costuras incluso si no sabes nada de la historia. No obstante, aún queda el otro elemento de interés, el misterio. Una vez en el tren, tras la torpe presentación de los pasajeros, comienza un viaje que invita al tedio a cualquiera que sepa como se desarrollan los acontecimientos; pues Branagh desecha cualquier cambio atractivo mientras se topa con los mismos obstáculos que Lumet e incluso los acentúa. Me refiero a la falta de tensión y a las actuaciones sin carisma, problemas a los que ahora se añaden un par de escenas de acción metidas con calzador, los subrayado, la caricatura de los personajes y el contradictorio empleo del CGI para la creación de sus impresionantes paisajes exteriores, en 65mm.
Se entiende que Branagh, demasiado nostálgico para salirse del esquema marcado, prefiere que su versión destaque por sus exteriores montañosos con nubes anaranjadas, los constantes travellings y esos impecables planos cenitales. Un aburrido contraste frente a aquella encerrona de Lumet, en la que los exteriores nevados apenas se apreciaban a través de las ventanas, dejando que lo interesante ocurriera en el interior. La comparación desastrosa proviene del elenco de estrellas. En la de Lumet había falta de carisma individual (con excepciones) en pos de una excelente coralidad, aquí simplemente hay un fracaso total. Michelle Pfeifer es la única que destaca, gracias a una escena en el tercio final, mientras el resto se debate entre la caricatura (Depp), la insustancialidad (Dafoe) y el esperpento (Cruz). En la conclusión Branagh amenaza con triunfar, reduciendo el impacto del descubrimiento (que deja mucho que desear) para intensificar como le afecta a Poirot. Sin embargo donde a Lumet le faltó a Branagh le sobra, y cae en la teatralidad y el exceso donde la delicadeza, que no la escasez, hubiera ido mejor. El recorrido final de Poirot a través del Orient Express, filmado en una larga toma con steadicam (la más larga de la historia en 65mm), llega más hondo que toda la verborrea previa.
Después de 40 años desde que Lumet adaptara la magnífica novela de Christie, Branagh presenta su versión. Una película que gustará a cualquier desconocedor de las historias de Poirot, pero que no tiene nada que ofrecer a los que ya conozcan la última parada del viaje. Al cineasta le queda la ventaja de haber logrado un desenlace más acertado que el de Lumet, pero algunos seguimos esperando que Branagh lleve “Macbeth” al cine.
ALESNAKE
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3
25 de septiembre de 2016
57 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil
-Cuando el western moderno en formato homenaje se junta con el cine de acción comercial y pierde la esencia en un banquete de tiros tan cansino como horriblemente planeado y grabado.
-El convincente reparto y un inicio muy sólido, me dan esperanza. Una pena que el filme sea tan plano, estúpido, trivial y se tome la violencia como un elemento estilístico y baladí.

Sturges quiso homenajear a Kurosawa con un “remake” que mudaba los elementos del cine de samuráis al western, un género que gustaba mucho al maestro. Sin ser excepcional, “Los siete magníficos” sí que contenía elementos raros en su ejecución. Y digo raros porque había detalles especiales en el ritmo y en la forma con la que Sturges retrató a sus personajes y la acción. Aunque al final, aparte de ciertas escenas y de los diálogos de McQueen; la cinta pasó a la historia por la magnífica banda sonora de Elmer Bernstein. Pero las cosas no podían quedar así, porque ahora todo tiene que tener una nueva versión. Así que el irregular Antoine Fuqua, antes de dirigir el remake de “Scarface”, se enfrenta al remake del remake de “Los siete Samuráis”. El western se encuentra hora en una forma envidiable, no hay demasiadas apuestas, pero casi todas las que se estrenan resultan excelentes, y cada vez empieza a apostarse más por el género (para alegría de muchos). Algunos no dudan en denominar el fenómeno, a pesar de su lozanía, “la nueva edad de oro”. Además frente a muchos otros géneros, actualmente este no presenta excesivos remakes. “True Grit” de los Coen y “El tren de las 3:10” de James Mangold fueron de los pocos ejemplos y además salieron muy bien. Ahora es Fuqua quien trae de vuelta el género, para ello cuenta con dos guionistas muy diferentes: Richard Wenk (“Homefront”, “The Equalizer”) y Nic Pizzolatto (“True Detective”, “The Killing”). En el reparto el liderazgo lo lleva el serio Denzel Washington en lugar del serio Yul Brynner, y le acompañan nombres de la talla de: Chris Pratt, Ethan Hawke, Vincent D'Onofrio, Byung-hun Lee, Manuel García-Rulfo, Haley Bennett y Peter Sarsgaard -entre otros-. Decidamos pues si Fuqua ha conseguido llevarnos de vuelta al salvaje oeste.
La película empieza con una escena realmente efectiva. Los aldeanos en la Iglesia debatiendo qué hacer frente al hombre que les quiere quitar sus tierras, y la presentación del interesante villano interpretado por Peter Sarsgaard. Se ha sustituido a los forajidos mexicanos por un poderoso caudillo blanco, algo que acerca más la historia al panorama actual americano. Es un principio robusto con el que la película pretende manifestarse como un western más duro que el original. Después de eso vamos a asistir a la presentación de los personajes y la formación del grupo antes de preparar el pueblo para la gran batalla; motivo por el cual existe esta cinta. Fuqua brinda una puesta en escena sólida para esa entretenida primera hora y el reparto hace el resto con simple y llana competencia. Washington y Hawke tiran de esa química que tienen desde hace años, pero en general ningún actor sale de su arquetipo cerrado. Los personajes no tienen ni el mínimo desarrollo, todos son absurdamente planos y se diferencian por su raza, su estilo de matar y algunos rasgos esperpénticos-diferenciadores. El personaje de Hawke es con el que más se puede empatizar porque es el único que tiene algo de desarrollo (no mucho), y casualmente también es el que se lleva las pocas líneas de diálogo decentes de la película.
Y es que el guión además de no tener trama, fondo y/o desarrollo de personajes; prácticamente sólo tiene diálogos de usar y tirar en forma de frases lapidarias que dan la impresión de estar viendo a “Los Mercenarios” en el oeste. Casi tan lamentable como esa espantosa trama de venganza que le meten con calzador al personaje de Washington para acabar por solucionarla con una escena irrisoria que me lleva directamente al villano de Sarsgaard. Es cierto lo que dije de que parecía interesante, el problema es que más allá de su mirada al infinito mientras suda y chupa su cigarrillo; es un villano de pacotilla. No tiene motivaciones, no tiene personalidad y ya en el nivel más superficial, ni siquiera sabe desenfundar. Pero lo peor de esta nueva versión de “Los siete magníficos” es su segunda hora. Una batalla final eterna, genocidio en masa que irrita y satura al espectador. Fuqua se confunde, cree estar dirigiendo una película de John Rambo. La acción es terrible, con escenas indescifrables e imposibles de creer en las que los mejores pistoleros del oeste son meros muñecos de trapo que corren para ser abatidos constantemente por los héroes, estos últimos a prueba de balas incluso corriendo varios kilómetros a campo abierto contra una gatling y diez villanos con fusiles. No hay lirismo ni realismo, y por si fuera poco, Fuqua trivializa esa violencia a niveles casi inquietantes.
Incluso con una puesta en escena tan precisa en su reproducción como carente de personalidad, sus héroes a caballo y el sol brillando a lo lejos; Fuqua no entiende nada de la esencia el género. Parece haberse quedado con un tipo de western donde priman únicamente los diálogos chuscos, las miradas cerradas y los tiroteos infinitos. Y aunque su primera hora puede verse con tolerante entusiasmo porque siempre es un placer ir al cine a ver un western, su segunda mitad es una matanza fea, trivial, alargada e insufrible; que no sé si pide perdón, permiso -tardío- o aplauso, cuando al final suena la legendaria melodía de Bernstein. Señor Fuqua, su película ni es magnífica ni es un western. Puede vestirse de vaquero si quiere, igual que se viste de director de cine, pero ambos sabemos que no es ninguna de las dos cosas.
ALESNAKE
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