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España España · www.manderlay.es
Críticas de manderlay puntoes
Ordenadas por:
44 críticas
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8
24 de julio de 2006
86 de 94 usuarios han encontrado esta crítica útil
Basado en una novela del magnífico escritor, alcohólico, gay y depresivo Tennesee Williams ("un tranvia llamado deseo", "la gata sobre el tejado de zinc", etc...), escrito después de que su hermana Rose, afectada de esquizofrenia paranoide, fuera lobotomizada con permiso de sus padres al no responder a los tratamientos farmacológicos. Tennesse jamás perdonó tal hecho a sus padres y las consecuencias que supuso, ya que Rose quedó idiotizada para el resto de su vida.

En 1959 el director Joseph Leo Mankiewizc ("La condesa descalza", "Eva al desnudo", "Carta a tres esposas", "La huella"), otro personaje controvertido de Hollywwod tuvo la idea de convertirla en película y quiso contar para ello con nada menos que Monty Cliff, Elisabeth Taylor y Katharine Hepburn.

En el propio guión del film participó Tennesee, conviertiéndose este en un guión oscuro, retorcido, enrevesado y poético.

Mankiewizc, como sabemos, es un gran director de actores, no en balde sabe rodearse de los mejores, especialmnete de actrices de gran caracter, y aquí el lucimineto de la gran Liz Taylor es espectacular. Seria algo así como la joven sobrina del personaje de Katharine Hepburn, ingresada en un psiquiatrico preparandose para que un Monty Cliff neurocirujano y enamorado de ella solo al verla tenga que operarla. Sebastian, su primo, falleció el último verano, para desdicha de su delirante madre(Katharina Hepburn). El conflicto de Edipo, pero al revés, es decir, adoración extrema de una madre por su hijo está llevado al extremo y la interpretación de burgesa delirante de Hepburn es genial. Todos esos elementos, una preciosa fotografia en B/N, unas imágenes que hablan por sí mismas, especialmente en el tremendo desenlace donde nos entermanos de como fue la muerte del no tan maravilloso Sebastian, el papel que jugó su madre, etc.. hacen del film una obra extraña y francamente interesante de ver.
manderlay puntoes
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7
18 de marzo de 2007
62 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil
This is Spinal Tap es una hilarante película del director Rob Reiner, protagonizada por los cómicos cine-televisivos y grandes amantes del hard rock: Michael McKean, Christopher Guest y Harry Shearer. En todo momento podemos ver en ella un homenaje en tono de comedia de todos los tópicos, estereotipos y ridiculeces que se pueden dar en una legendaria banda de rock llena de egos, de sinsentidos y de fantasias , ese maravilloso circo del que tanto disfrutamos algunos, y entre ellos, los propios protagonistas del film. Desde los supuestos orígenes de la banda en los sesenta, pasando por sus monumentales conciertos, sus peleas por las portadas censuradas, el escenario de la última gira, el intervencionismo de una de sus novias.. Todo ello se nos narra en forma de documental, con suculentas entrevistas, grabaciones de los conciertos y temas hard-rockeros con letras tan estúpidas (o no) como las de algunas bandas de la época. En Spinal Tap podréis ver lo que nunca supimos de esas bandas que adoramos y estoy convencido que la realidad más de una vez superó a la ficción. Al ver a Spinal Tap ningún amante del hard rock/heavy podrá dejar de pensar en Black Sabbath y sus peculiares miembros, en Kiss y sus no menos peculiares componentes, a los Sweet, con su patética imagen, a los Manowar (que sólo hace falta verlos) y a otras muchas bandas del hard rock y hair-metal que luego triunfó en los 80. Como anécdota decir que resultó tan verosímil esta divertida farsa que los propios actores y miembros de la banda giraron después de la película y realizaron un disco con la banda sonora del film "This is Spinal Tap" (1984) y reparecen en 1992 con "Break like the wind", ábumes que se encuentran, como el propio film, entre los discos de culto de friki hard-rockeros de todo el mundo. Otra anécdota es la aparición del cantante hard-rockero Paul Shortino (en el papel de "Duke Fame")

Imprescindible para rockeros con sentido del humor
manderlay puntoes
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8
7 de febrero de 2006
55 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película palestina sobre un par de jóvenes que deben cometer un ataque suicida contra un bus israelí. Ese podría ser el resumen del film, pero es mucho más. La película no pretende en ningún momento buscar y definir cual es el prototipo de suicida, la especificidad psicológica de una persona que es capaz de llevar a cabo tal acto atroz, sino simplemente intenta buscar qué historia puede haber detrás de ese alguien. Película que se posiciona por tanto en la búsqueda profunda del porqué, desde una perspectiva socio-lógica, es decir, buscando qué circunstancias particulares (y ni no sólo y estríctamente psicológicas, ni mucho menos) pueden darse para que haya algunas personas dispuestas a ello.

El film puede leerse también, si se desea, simplemente como un thriller, una película de suspense que tiene al espectador en tensión durante todo el metraje, por desgracia estamos demasiado familiarizados con las imágenes de cámara al hombro para este tipo de historias y hartos de noticarios que nos bombardean con imágenes que de tan reales se convierten en falsas, en esta película el lenguaje cinematográfico (la ficción cinematográfica) cobra total sentido y nos mete por completo dentro de la historia.
Por cierto, impresionaba oir la respiración del público...
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
manderlay puntoes
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8
30 de mayo de 2007
41 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muchas son las cosas que se pueden destacar de este film. En primer lugar el hecho ser el primero en tratar de forma explícita, siendo en todo momento una película comercial, la adicción a la heroína y acercarse sin tapujos al síndrome de abstinencia, lo cual, dicho sea de paso, permitió a Sinatra desarrollar un papel que le llevó a estar nominado para el Oscar de ese año. Pero empezando por el principio sería casi un pecado no mencionar los créditos creados por el gran Saul Bass (habitual en muchos filmes de Preminger o de otros maestros como Hitchcock. Destacar también la banda sonora, la música de jazz que acompaña a Frankie en todo momento (incluso en su subconsciente?), esa música que el mismo interpreta con la batería (su gran pasión) cuando las drogas o su mujer le dejan. El montaje, típico en el Hollywood de la época y de Preminger en particular, es un montaje casi invisible, donde no se producen a penas rupturas visuales en los tránsitos narrativos, todo fluye con aparente normalidad para que nos centremos en la historia, en la propia narrativa, dejando para una segundo o subsiguientes visionados el ir descubriendo la maestría con la que un director de corte clásico va resolviendo cada detalle. Pero si algo cabe destacar de la película es que todo y abordar de forma clara y explícita la adicción a la heroína de su protagonista y siendo este un tema central no es el único elemento dramático en la narrativa del film. La película, que podría entrar en la categoría de lo que se dio en llamar “film noir” da una importancia decisiva al contexto, al entorno hostil (social, económico y familiar), el chantaje (mafioso y amoroso) y las propias pasiones amorosas, que son, en esencia, el tema de fondo de la película, alejándose a su vez, de cualquier postura moralista sobre el uso, abuso, o pesadilla de la adicción a la heroína, postura que desafortunadamente sí hemos visto en otras películas mucho más recientes y "llamativas". Y excepcional Novak, voluptuosa y sensual como siempre y maternal como nunca
manderlay puntoes
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8
16 de julio de 2006
41 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Last Waltz es un film documental dirigido por Martín Scorsese durante el concierto de despedida de The Band. Scorsese en ese momento ya era un director de prestigio, venía de haber dirigido 6 films (entre ellos Taxi Driver en 1976) que lo habían convertido en uno de los directores más interesantes y prometedores del momento. Y como no podía ser menos, en un film documental sobre algo que amaba y conocía, su talento vuelve a brillar. Scorsese no quería realizar un simple documental sobre una de las bandas más influyentes del panorama rock americano de los 70 sino, como buen cineasta, pretendía algo más. Si lo que pretendía era testimoniar una época, un estilo de hacer música, transmitirnos su amor hacia ese forma de “vida” y hacernos partícipes de ello, creo que lo consigue. A través The Laltz Waltz se nos trasmite buen rollo, se nos transite diversión, se nos transmite amor por el rock y se nos muestra a nuestros “héroes” rockeros como seres sencillos y humanos, que disfrutan haciendo su música y que saben cuando ha llegado el momento de bajarse del autocar. El rockero no es en este caso un ser superior al que hay que mostrar con planos picados para aumentar sus “dimensiones”, aquí el “artista” se nos muestra en primer plano, y el espectador es el que decide que le transmiten esos primeros planos. Interesa el artista, pero interesa la persona, interesa ver la sonrisa de Robbie Robertson, interesa ver los gestos de Bod Dylan cuando en el pasaje final del show se incorpora al escenario y sin grandes aspavientos sonríe a sus excompañeros y comienza a rockear, interesa ver a Neil Young, con la armónica bajo sus greñas, acústica en mano, agradecer a la banda el poder tocar con ellos esa noche. En definitiva, a través de los gestos, interesa ver si son “auténticos” o no, si disfrutan en un escenario, si sienten la música o no. Y difícilmente la respuesta del espectador puede ser otra que un rotundo sí.

Es probable que The Band supiera cuando bajar del carro, ellos formaban parte de una generación, representada 10 años antes en el festival de Woodstock, que probablemente ya habían dado lo mejor de sí mismos. 26 años después se trata de un film nostálgico pero también de reconocimiento a unas personas que o bien mucho nos engañaron, o bien amaban lo que hacían, y eso a los que realmente nos gusta el rock es lo que más nos interesa. Una generación que creía en la contracultura o cuando menos en otra cultura, una cultura popular, de una época, el rock’n’roll. Como nos recuerda Robbie Robertson, muchos habían quedado por el camino, y quizás después de 16 años de giras, de música, de carretera y de excesos, lo mejor era dejarlo ahí (aunque no hace muchos años realizaran un nuevo disco, para deleite de los nostálgicos).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
manderlay puntoes
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