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España España · Barcelona
Críticas de davidmdehaza
Ordenadas por:
22 críticas
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8
13 de octubre de 2015
33 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sinécdoque, Cincinnatti. O el triste sentido de una vida entera condensada en una noche. En su última obra, Charlie Kaufman vuelve a jugar con la geometría narrativa. En este caso, la circularidad de “Anomalisa” da forma a una de las más precisas disecciones por planos de los gozos y, sobre todo, las miserias que alberga la cotidianidad en el hombre actual. Poco o nada me detendré en el prodigio técnico que es la película, aunque qué irónico y significativo me resulta el hecho de que una de las obras cinematográficas recientes que retrata de forma más diáfana y cercana la experiencia íntima del ser humano y la ridiculez intrínseca ligada a la misma esté protagonizada por figuras no humanas, en una especie de transmutación de la nueva vieja carne por la vía del stop motion. Así, en un relato que podríamos catalogar como costumbrismo urbanita, “Anomalisa” destila una magia triste, donde lo real y lo pararreal se entrelazan en forma de pesadillas maravillosas al respecto del nuevo hombre-masa y coños mal comidos.

La circularidad viene subrayada por la circunstancia de que “Anomalisa” se abre y se cierra con una carta escrita por una mujer cuyo destinatario es el mismo hombre. Ese viaje radial que plantean Kaufman y Duke Johnson tiene por tanto en su final un eterno retorno a la casilla de salida, una puerta cerrada a la concreción del amor porque el miedo es real y posiblemente definitivo, aunque exista un matiz de esperanza para quien quiera verlo. Es cuanto menos llamativo que haya un remanente de los Joel y Clementine de “Eternal Sunshine of the Spotless Mind” en la relación de Michael Stone y Lisa, los protagonistas de esta pequeña elegía moral, ya que, aunque es cierto que es la voz de ese hombre inútil la que resuena durante todo el metraje, la última palabra la tiene siempre la mujer en lo que parece una discreta obsesión del autor a la hora de revelar al mundo un cierto conflicto interno sobre el macho empequeñecido y ridículo en el casus belli emocional.

En definitiva, “Anomalisa” vuelve a reflexionar sobre la intratable metástasis de la repetición de patrones sentimentales y conductuales y sobre la certeza de que el problema está en los ojos del que mira. Y es que si resulta que las chicas sólo quieren divertirse, qué pena que los hombres hayan olvidado cómo hacerlo.
davidmdehaza
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7
15 de octubre de 2017
30 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cuerpo y el alma. Lo que podemos ver y lo que no. Del cuerpo y del alma nacen respectivamente los, por así decirlo, defectos, de Endre (Morscsányi Géza) y Mária (Alexandra Borbély), los dos protagonistas de “En Cuerpo y Alma”. Él, de unos cincuenta años, divorciado, jefe de personal de un matadero en Budapest, con una paresia completa del brazo izquierdo; ella, de quizás menos de treinta, sobrentendemos que sin relaciones previas, supervisora de calidad recién incorporada a dicho matadero, con una especie de trastorno de espectro autista con evidentes dificultades socio-conductuales.

El cuerpo y el alma, el paradigma de los opuestos vitales complementarios. La fotografía y su negativo, lo indivisible pero incoalescente. Es este juego de opuestos el que pavimenta no sólo la progresión en la relación de los dos personajes, sino la forma en la que la directora húngara Ildikó Enyedi ejecuta la narración de su película, con la interposición de las composiciones oníricas que finalmente resultan cruciales para el devenir de la historia y las crudas imágenes de la realidad en el matadero.

Ahí, en un matadero, epítome de lugar donde se pone fin a la vida, empieza por así decirlo también la vida para Mária y Endre, dos personas a simple vista (en cuerpo) opuestas, como hemos dicho, pero de alguna forma unidas por una hiperconsciencia (en alma) de sí mismos, de su falibilidad, emparentadas en una cierta atonía vital, cuyo encuentro sirve para ordenar los factores necesarios para su progresión personal interna. Porque, ciertamente, “En Cuerpo y Alma” es una fábula sobre la superación de quien parece abandonado a su suerte emocional, que encuentra milagrosamente un tono dulce y agradablemente cómico en algunas escenas que, replanteadas de otra manera, resultarían casi crueles. Se podría decir que hay algo de Aki Kaurismaki en la cinta de Enyedi, a propósito de esa forma de narrar la cotidianidad con un marcado contraste de tonos: amargura, emoción y una pequeña alegría interna.

El cuerpo y el alma. Lo que podemos tocar y lo que no. Lo palpable y lo intangible, aquello que vertebra el amor o lo que entendemos como amor. Porque “En Cuerpo y Alma” es también, y probablemente aquí radica su más llamativa virtud, un cuento anómalo y bellísimo sobre los inescrutables caminos del amor, con una solución metafórica audaz e inaudita para explicar eso en realidad tan inexplicable que es la atracción entre dos personas: la sincronía de los sueños; la magia entrando por la ventana mientras la razón sale por la puerta.

El enfrentamiento pacífico entre razón y magia, tanto en las formas como en el motor de esta historia, es quizás lo que hace tan especial a la ganadora del Oso de Oro de este año en el Festival de Berlín. Razón y magia en plena revolución: la esencia de la vida, en definitiva. Y cuando alguien es capaz de capturar la poesía de lo imperfecto con gestos e imágenes, con palabras y silencios, con luz y oscuridad, toca reconocer con una discreta sonrisa de reconciliación con el cine que estamos ante una pequeña, cautivadora y maravillosa película.
davidmdehaza
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8
13 de octubre de 2015
21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Mountains may depart" narra veinticinco años en la vida de tres amigos, una mujer y dos hombres, cuyas rutas tomarán caminos distintos a partir de un hecho a priori moderadamente banal, pero a la postre trascendente. Lo que inicialmente es un triángulo amoroso jovial, despreocupado, que recuerda vagamente al de “Banda Aparte” de Jean-Luc Godard, se torna violento e inmanejable cuando aparecen los celos y el ansia de posesión. A partir de aquí, se construye un drama fluido, precioso, moralmente interesantísimo. Ideas a propósito del determinismo, la libertad (emocional pero también económica), la evolución/involución tecnológica o el anhelo de las raíces son tratados de forma tan sensata como inteligente mediante un trazo sencillo, sin saturar en exceso la trama propuesta.

Asimismo, la inclusión de pequeños momentos explosivos de catarsis lúdica, a veces abiertamente cómica, contribuye a que una obra de calado densísimo en su trascendencia personal como es esta, sea ligera en sus formas. Un suspiro de cine total, con una de las escenas de apertura más euforizantes y preciosas que recuerdo haber visto últimamente en una sala. Cabe destacar que se aloja en los primeros minutos de “Mountains May Depart” la que seguramente sea una de las imágenes más bellas de todo el Festival de San Sebastián 2015 para quien esto firma: un gran plano general picado en el que los tres protagonistas en plena juventud se disponen formando un triángulo, como el que forman sentimentalmente, en paralelo a una orilla de la playa mientras se disparan fuegos artificiales. Esta imagen, una metáfora brillante de la eclosión dramática de la película, vale como apertura de un camino donde la sincronía entre lo formal y lo narrativo es verdaderamente irreprochable.
davidmdehaza
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8
13 de octubre de 2015
15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ni una sola intersección desajusta el equilibro tonal de la preciosa “Our Little Sister“. La última película de Hirokazu Kore-Eda continúa la senda temática propuesta en “Still Walking” y en “De Tal Padre, Tal Hijo“, e incide en el retrato costumbrista de familias con pequeños y medianos conflictos en su seno abiertos a partir de un hecho no esperado, aquí manifestado mediante la irrupción de una muchacha en la vida de tres hermanas que conviven juntas y con las que compartía progenitor. Como suele ser habitual en Kore-Eda, resulta difícil ya no empatizar, sino finalmente casi llegar a enamorarse de la galería de personajes, principales y secundarios, que habitan en esta sencilla historia sobre la familia y su herencia emocional, la muerte y el perdón.

Qué naturalidad y qué maestría la del cineasta japonés a la hora de enseñar cuán fácil parece hacer las cosas bonitas cuando se hacen bien. Qué forma de mostrar afecto hacia esos personajes, y qué manera de presentarlos, de dibujarlos, especialmente a las cuatro hermanas protagonistas, con apenas un pequeño detalle: una mirada, una sonrisa, una cierta manera de vestir. Es además “Our Little Sister” un pequeño prodigio narrativo, de una fluidez y liviandad que empiezan a parecer realmente inimitables, donde el poso melodramático que inundaba “De Tal Padre, Tal Hijo” desaparece, encontrando un tono más amable, más cercano a “Still Walking“, por ejemplo. No sé si mucha gente admitirá que “Our Little Sister” es su película favorita del festival, pero estoy bastante seguro que prácticamente nadie podrá decir que no le ha gustado. Y si alguien te lo dice, llama urgentemente a un médico, porque esa persona va por ahí andando sin el corazón en su sitio. En definitiva, la expresión “reconciliarse con la vida” adquiere todo su sentido tras ver cine así.
davidmdehaza
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9
13 de octubre de 2015
14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
La muy notable “Trois Souvenirs De Ma Jeunesse“ presenta a modo de flashback la vida pretérita de un antropólogo, deteniéndose especialmente en su adolescencia y juventud, etapa capital en la que conoció al amor de su vida. Desplechin recupera a un personaje recurrente en su obra, Paul Dédalus (interpretado por el diosal Mathieu Amalric en su etapa adulta), para elaborar un cuidado discurso que teoriza sobre la probabilidad del amor total en la vida del hombre, a través de sus acciones de juventud y sus reflexiones de madurez, ambas superpuestas para el espectador por la vía de la narración en off.

La inversión y reversión de roles de los personajes en su relación de pareja durante el transcurso de la obra resulta capital para entender esta geneaolgía del amour fou, como una pulsión / pasión contradictoria y absurda, devastadora y maravillosa. Los jóvenes y bellos Paul y Esther (los debutantes Quentin Dolmaire y Lou Roy-Lecollinet) se desean, se odian, se cuidan y se desgastan el uno al otro; asumen prácticamente todos los roles posibles en una relación, alternando sus ubicaciones en la escala de dominación emocional. La caída del Muro de Berlín, momento elegido como trasfondo histórico señalado en el film, apuntala mediante su simbología el devenir de esta apasionada y apasionante historia: ciertos sentimientos parece que nunca podrían derruirse, y ahí están, cayéndose a pedazos de un día para otro, aunque por la ley de la memoria histórica emocional, su recuerdo se hará eterno. Preciosa y de algún modo reconfortante película, que se cierra con la mirada directa de Esther a la cámara, a nosotros, en un gesto de complicidad y advertencia que supone una de la más bellas y prodigiosas rupturas de la cuarta pared vistas en este siglo.
davidmdehaza
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