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Rusia Rusia · Stalingrado
Críticas de Ferdydurke
Ordenadas por:
1.065 críticas
7
21 de noviembre de 2013
265 de 288 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película dialéctica: Tesis, Antítesis y Síntesis.
Tesis: Cortejo o asedio.
La primera parte se hace eterna y, por momentos, insufrible. Consiste en asistir, una vez más, al enésimo diálogo merluzo; al infinito tema: chico( guapo, cómo no) conoce chica( guapa, cómo no); le da la murga hasta el umbral de la tortura, y ella resiste numantinamente mientras que, al mismo tiempo, le hace mohines, le pone caritas de arrobo y, en el fondo, se derrite por sus huesos. Aquí, además, hay un plus de amaneramiento y extrema autoconsciencia. El espectador desea que acabe la mostrenca conversación y a ver qué pasa. Pues sí, termina afortunadamente, llegan a la casa, la conversación se va adensando y...
Antítesis: Reverso oscuro o quiebra.
La segunda parte es el opuesto de la primera; el juego permanece pero los papeles han cambiado; el tono ya no es el mismo: hemos pasado de la comedia banal a la situación absurda y desasosegante; de la esperanza al desquiciamiento; del humor al terror psicológico( recuerda, por ejemplo, a los ambientes tensos y enfermizos de Polanski). Lo que estaba soterrado sale a la luz; la supuesta inocencia se transforma en lucha de poder, amenazas y estallidos de violencia. Se han quitado las máscaras y ya van en serio.
Síntesis: Dolor, desesperación y aprendizaje.
Y llegamos al gran final que acaba de dar sentido a lo anteriormente esbozado; concreta lo sugerido y cierra todos los caminos y temas abiertos. Los grandes finales son los que dan coherencia y sentido a lo anterior, y éste lo hace de forma implacable, hermosa y necesaria.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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7
6 de febrero de 2018
130 de 149 usuarios han encontrado esta crítica útil
(Seguro que hay spoiler. No lo pude evitar)
Cuento perverso y sofisticado de una exquisitez y belleza que extasían, hipnotizan y arrebatan.
La neurosis, el perfeccionismo, el miedo a la vida y el juego del cazador y la caza.
Modisto enmadrado (la madre muerta) y hermanado (la hermana viva) hasta el delirio se refugia del mundo a través del trabajo.
Solo necesita una modelo/musa/amante/criada/madre/enfermera/matrona/dominatrix/víctima para soportar una vida que a duras penas aguanta, amurallado tras infinitas puertas, histerias y férreo control.
El deseo de orden frente al caos vulgar del mundo. El afán de belleza contra la agresiva fealdad de la vida. El silencio, la buena educación (casi siempre), las buenas formas, la buena vida y la apariencia de seguridad esconden a un niño pequeño, castrado (se supone que por su mamá y, también, su hermana), asustado, débil, temeroso, incapaz de hacer frente a los hechos de manera natural, sana o flexible.
Por otro lado, es una reflexión sobre el precio que hay que pagar para lograr desarrollar un oficio con verdadera pasión y excelencia, la vida misma, todas las fuerzas vitales sacrificadas en el altar del arte textil, de los grandes vestidos.
Película compleja, sutil, elevada, llena de capas, insinuaciones y vericuetos. Con dos líneas paralelas y recurrentes que a veces (muchas) se cruzan, la miniatura psicológica llena de matices y minucias, y la gran creación de hermosos vestidos, es decir, la intimidad y el trabajo alimentándose continua y mutuamente.
Es una gran sinfonía, musicalmente deslumbrante (banda sonora original y piezas clásicas y románticas en feliz comunión) y fotográficamente impecable, una delicada ópera llena de temas y detalles, de forma y fondo entrecruzados y enlazados, de voces, solistas y coro, de melodías, crescendos, clímax y reposos.
Un cine gozoso, culto, elegante, cuidado. Una calidez esmerada y educada que contrasta con el clima actual de sonrojante monserga ideológica y enorme zafiedad estética.
Quizás su peligro radique en la tentación de caer en la autocomplacencia formal, que esta se coma la historia y que los personajes desaparezcan aplastados bajo el peso de tan bello despliegue de alardes técnicos y barrocos.
A veces eso pareciera. Pero no llega a tanto. No malogra la obra.
El cazador cazado. La joven aprendiza (Pigmalión) se venga, lo envenena y así se lo queda. Matrimonia y lo tiene atrapado entre sus garras humanas abyectas (Misery).
La película juega con el espectador, con los tópicos melodramáticos y maniqueos habituales. Al principio, ella es una pobrecita utilizada por dos hermanos sin escrúpulos, engañada, seducida y seguramente abandonada. Primero ella es agasajada, tentada, escogida y manipulada, y después es simplemente una pieza más de la industria familiar. Otra chica más de las, parece (eso se sugiere al principio, como Fermín de Pas en La Regenta o Cayetano Salgado en Los gozos y las sombras, ambos con amantes sucesivas y madres de aúpa también), muchas que han estado en esa situación de rehén de lujo. Le valen hasta que se cansa o aburre de ellas y las echa.
Pero se da la vuelta. Esta no es como las demás. Y lo caza. Lo pesca. Lo secuestra. Lo destruye e inutiliza. Lo apresa y tortura. Ahora él es el pobrecito.
Pero tampoco. Porque lo sabe y se presta. Ya no hay víctimas ni victimarios. Ni buenos ni malos. Todo queda empatado. Neutralizado. Siniestro y hermoso.
Ese final es perverso, clínico, enfermizo, malévolo, juguetón, viscoso, inteligente, metafórico, fabulesco y cachondo.
Aunque también pueda ser banal, idiota, inverosímil y fuera de lugar.
O las dos cosas a la vez.
O alguna.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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6
27 de marzo de 2017
110 de 124 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mucho me temo que esta crítica ya la hice. Si Álex se repite con recurrente contumacia, yo solo le imito. A mismas películas parecidos comentarios. Uno tiene un par de ideas, y exagero, que medio trata de disimular y más bien no. Se acaba notando la falta de variedad, la insistencia, el recochineo, la pesadez y escasez de ingenio, para qué hablar más, la total falta de originalidad. Y yo lo confieso. Ahora espero el perdón y la penitencia. Ya me contaréis.
Mientras tanto, a todo aquel que me haya leído en otras ocasiones (esa inmensa mayoría silenciosa, como zombis a punto de arrancar) con suma atención y ahora note el fallo, le pido disculpas, no volverá a pasar, nunca jamás.
Vamos... Lo hemos dicho siempre y a las pruebas no remitimos. Álex, nuestro querido y tan prolífico director de cine ya no tan joven, es un autor, cojonudo, un verdadero hacedor.
¿Por qué? Por dos razones fundamentales: por su innegociable y machacona visión del mundo, la tiene y no la cambia; y por su estilo engolfado, libre, desmañado, ese humor negro y ese carnaval esperpéntico contado con la ingenuidad de un adolescente y el ímpetu de un joven sin cansar.
Y "El bar" lo vuelve a confirmar. Desde todo punto de vista.
- Tesis. "Somos unas ratas. El resto es mentira", dice el profeta tan fibroso, justiciero y charlatán. En esas estamos. Peores que las ratas. Más retorcidos, miserables y ruines. Igual de sucios y mugrientos. Solo hace falta quitarnos la primera capa del barniz de la civilización y las buenas maneras para encontrar, de sopetón, a nuestra verdadera esencia, un egoísmo pulverizador, una estupidez atorrante, una pequeñez galopante. Tratamos de vivir cara al sol (que diría, por ejemplo, el ínclito en su día y ahora más olvidado Sánchez Mazas, a pesar de "Soldados de Salamina") y respirando aire puro, pero nuestro lugar está en el subsuelo, entre la mierda y las cucarachas.
- Estilo. Confirma la máxima de su cine. Su caducidad supersónica, antes de empezar ya se está desintegrando. cayéndose a cachos de incoherencia y falta de sentido. Suelen comenzar bien estos experimentos del Profesor Bacterio, avanzan con garbo y buenas hechuras, pero casi siempre hay un momento, un clic, un chisporroteo o pequeña explosión que provoca la caída de todo el edificio cinematográfico, la voladura destruye la historia y nos quedamos con las cenizas y las ruinas. Si aquí, en este bar madrileño, había un prólogo, tres actos (bar, sótano y alcantarilla, los pasos rituales del inevitable y desolador descenso a los infiernos) y un epílogo, diría que llega bien hasta el segundo tramo, es a partir de ese instante difuso cuando se empiezan a acumular las inconsistencias, insensateces y suma de delirios chapuceros, y ya, pobre espectador, te da todo un poco igual. Hasta llegar al final.
- Resumen: Vivimos en un mundo en el que los poderes públicos (los medios, el estado, las fuerzas de seguridad, los que mandan o dirigen) son el horror. Rodeados de un azar caprichoso y cruel (el virus del demonio en este caso, el que sea), y entre seres humanos abyectos y ridículos. ¿Qué se puede hacer? Luchar, perseverar, mantener cierta pureza, honradez o bondad. Y ya verás.
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Ferdydurke
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7
6 de noviembre de 2014
92 de 103 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una exquisitez y una preciosidad.
Esto es cine; transformar una nadería, una anécdota banal, en una pieza perfecta, de buena orfebrería, en la que encajan todos los elementos con precisión absoluta. Dar sentido al caos, crear personajes de la nada, con aristas y sustancia, llevar una trama con tiento y delicadeza, narrar con calma y fuste. Bien interpretada y dirigida. Con buena fotografía y banda sonora, un todo armónico en el que nada chirría ni sobra. Una pieza de cámara cuidadosa y sensible.
Matrimonios infelices y soledades compartidas. Un hombre y tres amores. Una serie de encuentros y desgracias unen y desunen las vidas mínimas de personajes cotidianos y ordinarios. Dolores soterrados, amores anhelados, rabias, pasiones, adaptaciones ..., de todo un poco.
Película muy pequeña y humilde muy bien hecha.
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Ferdydurke
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5
23 de octubre de 2015
104 de 130 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tócala otra vez, Sam. Variaciones sobre el mismo tema. Una vez más. Más de lo mismo. Meursault, Raskolnikov... Me repito, me indigesto, me atraganto.
Cambiar de ropa al muñeco para seguir en el mercado, trampeando; más pícaro que Lazarillo, más tahúr que Lonnegan. Un vendedor de crece pelo.
La lista interminable: Kant, Kierkegaard, Husserl, Sartre... El asombro te invade. Filosofía en prime time, en cine comercial, para todos los públicos, sin rombos ni suicidios de espectadores cabreados. ¿Cómo es posible? ¿A qué se debe esta clase maestra del erudito, este didactismo tan estupendo? Rápidamente lo entiendes. Es solo calderilla, vaguedades, tópicos intelectuales, frases sueltas cogidas de aquí y de acullá, pura banalidad (del bien y del mal). Como si hubiera saqueado un libro de esos de las cien mejores citas de la historia del pensamiento, como si lo hubiera robado en unos grandes almacenes o lo hubiese fotocopiado clandestinamente. A eso añádele algún momento de piano, Bach sonando por allí, y ya. Estás metido en un parque temático supuestamente cultural. Mareado ante tanto nombre rutilante y fraseo inclemente.
Una vez pasado el susto, nos vamos a la trama y los personajes. Y ahí la cosa empeora. No porque no tenga interés, que sí que lo tiene, sino por cómo lo resuelve y lo desarrolla; con una desgana, inercia y trampa que ni el escritor más arrabalero, desalmado y desahuciado sería capaz por un mínimo de respeto que tuviera a sus lectores. Es decir, cuando se intenta engarzar el pensamiento con la acción, enraizarlo en la trama, el ridículo se hace el dueño, el disparate y la necedad los amos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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