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Cuba Cuba · Barcelona
Críticas de Luisito
Ordenadas por:
1.800 críticas
7
22 de febrero de 2020
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En una época que no se puede comparar en nada con la actual (por la dureza de las condiciones de la vida) lo que mejor le sienta a la película es el tono de humor que siempre destila. Incluso cuando nuestro protagonista pisa el suelo de la cárcel todo parece una broma, y eso de estar preso lamentablemente es algo que en la vida real ocupaba la mayor parte de tiempo de su triste existencia. Efectivamente, el incidente que provocó este hombre, sumando en la fórmula muchísima suerte con un maravilloso ingenio, pasó en la realidad, en una Prusia que se erigía como potencia militar y en la que a la práctica las ciudades funcionaban como Estados con mucha independencia. Ser alcalde significaba mucho más que serlo ahora.

En todo caso, que sea una comedia es inevitable, y suerte tenemos que no sea un drama en el que se describan las injustas leyes que llevaban una y otra vez a este hombre a la cárcel con penas desmesuradas. Suerte tenemos de no ver el hambre en sus ojos, las penalidades en prisión y el aniquilamiento de la libertad una vez fuera de la cárcel. Y es que nuestro capitán Kopenick finalmente sólo quiere un pasaporte, unos sellos, documentos con los que poder moverse en esa Prusia que también considera su tierra pese a que es deportado de una ciudad tras otra por tener antecedentes penales.

En un contexto tan bien descrito en "El capitán Kopenick" nos hacemos a la idea de la importancia de tener un buen uniforme, que es lo que te une al poder central y te da el estatus social conveniente. Eso, por no hablar de "haber hecho el servicio", una constante en la película, que demuestra la extrema militarización de una sociedad que le daba más importancia a la guerra que a la paz. Cuestión de momentos históricos. Y es ahí donde aparece nuestro falso capitán para llevar a cabo los actos con los que pasará a la historia casi sin querer: obras de teatro, literatura y mucho cine y televisión; ahí queda para la cultura popular.

¿Genio fortuito?; ¿sinvergüenza con todas las letras?; ¿cumbre de la merecida justicia poética de los desdichados?; en todo caso, una historia que merecía ser contada así de bien, porque creo que no lo había dicho aún, esta versión cinematográfica es muy buena.
Luisito
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9
19 de febrero de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La sensibilidad con la que están filmados muchos de los mejores momentos de "La posada de Osaka" es algo que muy pocos directores de cine son capaces de hacer sin caer en una cantidad de errores enormes. Heinosuke Gosho sabe tocar las teclas adecuadas para crear una historia que da vida a muchas otras, siempre a partir de los movimientos y los ojos de un personaje que por necesidad acapara la mayoría de minutos y sobre quien recae todo el peso del largometraje. Se trata de una verdadera joya, una película que fluye como un río, con caudales distintos según el tramo aunque siempre sin brusquedad, con múltiples personajes que son capaces de transmitir sus dramas con el mismo interés cada uno.

Podría decirse que es una película en la que nada pasa y en la que también pasa de todo.

Heinosuke Gosho es uno de los directores más desconocidos en occidente, mucho más que Naruse incluso, sin embargo vale muchísimo el esfuerzo que convenga para buscarlo. "La posada de Osaka" está a la altura de cualquier otro drama de esa misma época, momentos difíciles para una sociedad que empezaba a arrancar sus motores pero que aún arrastraba el pesado lastre de una guerra perdida. El protagonista va a caer a una posada, por fortuna para los espectadores, en la que entabla relaciones con todos aquellos con quienes se encuentra, especialmente del sexo femenino y de quienes de forma incondicional conoceremos sus problemas. Algunos son dramas, otros son verdaderas tragedias. Pero por delante de todo, destila una humanidad que va por delante y que es la fuerza que crea el camino y la moral correctos.

No todos son idealistas, también estamos rodeados de maldad y de ruindad. Esa posada es el ejemplo perfecto de lo que supone hacer una extrapolación de una pequeña (minúscula) parte del mundo: efectivamente, el mundo es así.

Gosho no se cansa de tropezar una y otra vez. El resultado final supone un equilibrio perfecto, es cine de calidad, en cada esquina, en cada minuto: desde la geisha alcohólica y enamorada a la dueña de la posada, todos aportan alguna cosa que vale la pena. Perderse y descubrir a Heinosuke Gosho es lo mejor que le puede pasar a cualquier cinéfilo.
Luisito
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6
19 de febrero de 2020
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Las infinitas opciones de futuro que nuestra protagonista podría tener a sus poco menos de veinte años quedan reducidas a la nada una vez pisa el suelo de la cárcel de mujeres a la que entra probablemente sin merecerlo. Los ingleses (y no sólo ellos) siempre dicen que las leyes son las leyes, son cosas que no se discuten y que hay que aceptarlas sin posibilidad de quejarse. Lo digo porque la diferencia entre ser acusada de cómplice de robo de 40 dólares o serlo de 35 la lleva a pisar la cárcel, entre uno y diez años según vaya la revisión del caso. Podrían haber sido unos cuantos billetes menos, pero no, esa fatal casualidad acaba definiendo su futuro.

John Cromwell sabía que estaba enseñándonos una injusticia humana tremenda, de manual, en 1950 y hoy setenta años después, su película es lamentablemente universal. La película es buena por muchos motivos, aunque lo que me parece más destacable es que pocos dramas carcelarios de mujeres se han hecho con tanta sensibilidad. Toda la morralla setentera (y en adelante peor) dedicada a este subgénero específico se hizo con la intención de calentar al personal masculino a través de un erotismo penoso. Aquí el director opta por una estrategia pocas veces vista, para empezar por ejemplo, la directora es una persona que cree en la reinserción. El contrapunto es la siguiente al mando, la arquetípica funcionaria mala malísima, todo un hueso. El choque de titanes no impide que las reclusas acaben perdiendo siempre, una vez tras otra.

Entras con carita de inocencia y sales peor de lo que eras. No queda otra que sentir tristeza por esa involución. Aunque tal vez, sólo digo tal vez, el último tramo se produce con demasiada brusquedad.
Luisito
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8
17 de febrero de 2020
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Puede no parecer gran cosa cuando se plantea, puede que no resulte demasiado atractivo si se lee la sinopsis: un choque generacional como otros tantos que el cine ha planteado entre padre e hijo, sus consecuencias, con gritos, lágrimas, reproches y mucha incomprensión. Me encuentro defendiendo a "Nunca canté para mi padre" con mucho gusto, aunque a mí me gusta más ese título alternativo de "Mi padre... un extraño"; creo que explica más, que señala mejor el camino.

El duelo interpretativo entre Melvyn Douglas y Gene Hackman es estelar, ambos están tocados por la varita mágica, aunque hay que reconocer que el papel del padre es mucho más agradecido para cualquier actor. No es que sea un padre, es un dinosaurio, más que eso, es un agujero negro supermasivo que lo succiona todo.

La reflexión que me veo obligado a hacer cómo una película, por previsible que sea, por mucho que trate un tema tan manido, se convierte en una gran obra. La magia, la alquimia del cine, funciona en una presentación de los personajes que te atrapa hasta no soltarte ya gasta su final: hago referencia a una primera media hora tan bien hecha que cualquier elogio es pequeño. Queda claro quién es el padre, cómo es, y queda claro cómo es el hijo. Uno supera al otro, ninguneado durante su vida, o más bien manipulado, tristemente dirigido. Las quejas y los lamentos tarde o temprano han de aparecer, son muchos años malviviendo así.

Lo que más triste me parece es la ausencia absoluta de autocrítica del padre. Como hijo, como padre, es algo que personalmente lamento y que es fundamental para crecer como persona: hacer autocrítica.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Luisito
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8
13 de febrero de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ver una película de Naruse es darse un buen homenaje. Su filmografía está repleta de buenos títulos, es uno de los directores japoneses que más buenas películas tiene, una detrás de otra, no falla. "Nubes de verano" cuenta con el aliciente de ver el desarrollo de una historia en color, una historia que es en apariencia de lo más corriente, con un tema recurrente tanto en él como en el mismo Ozu, subrayando una y otra vez la distancia generacional entre los personajes y el choque por los consecuentes cambios de mentalidad. Máximo respeto, sí, siempre, pero distintas maneras de vivir el paso del tiempo.

A ello se le suma la distancia entre el campo y la ciudad, las consecuencias de mirar adelante y caminar hacia el futuro en la cresta de la ola (eso por parte de las generaciones más nuevas) en contraste con quienes sólo ven la tierra, siendo un campesino en esencia alguien aferrado a sus tierras (evidentemente, una mentalidad más propia de las viejas generaciones).

De ese choque nace una película que cuenta con muchísimos personajes, pero Naruse obra el milagro: el hilo no se pierde jamás, no es necesario poner demasiada atención, el maestro nos lo pone fácil a través a menudo de unas elipsis tan elegantes que es para quitarse el sombrero. Entre tanto personaje me resulta maravilloso no echar de menos a Hideko Takamine, que deja su paso a una extraordinaria Chikage Awashima. Ella es el hilo conductor, es quien pone los puntos sobre las íes, es quien media en un matrimonio, quien aconseja a todos y quien sufre sabiéndose ninguneada por el orden establecido en el campo. Y qué decir de su búsqueda de la felicidad: una maravilla.

Dos horas de una película que por suerte no se decanta hacia lo trágico, en esta ocasión el espectador es un privilegiado observador de los cambios de la vida en el campo: tractores y bueyes, bicicletas y coches, un tren que separa las tierras, el trigo, el arroz, el sake y el cochino dinero. Y además en un color maravilloso. Una película sin aristas, una nueva buena película de Naruse, una notable película, imprescindible para los seguidores del cine japonés.
Luisito
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