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Rusia Rusia · Stalingrado
Críticas de Ferdydurke
Ordenadas por:
1.065 críticas
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2
10 de febrero de 2018
113 de 184 usuarios han encontrado esta crítica útil
(Esta crítica me va a costar la vida hacerla. La lucha entre las risas y las lágrimas, al recordar lo visto, va a suponer un enorme obstáculo para que fluya con soltura mi prosa y su desmesura. Coraje. Lo intentaremos)
El soberano sueco fue saludado por los soldados con siete salvas.
Hay muchas formas de aproximarse a los acontecimientos históricos más señeros. Por ejemplo:
- Con sarcasmo feroz y compasivo humanismo. "Senderos de gloria". Viva.
- Con humor salvaje y libertario. Esperpéntico y voraz. "M.A.S.H". Bravo.
- Con mirada documental, muchos testimonios y largas horas de observancia pasmada. "Shoah". Bien.
- A través de series que recreen esos hechos con atenta exhaustividad. Ya sean documentales o ficcionales.
Pero sobre todo hay un modo que triunfa como la cerveza y agrada a toda la platea. La solemnidad sentimental propagandística patriotera patotera. O digámoslo de otra forma: el espectáculo circense que traduce la Historia a una gran farsa, gran guiñol o monstruos de feria que maquillados casi parecen superhéroes (de la Marvel). O casi mejor: como el concierto de un solista genial, elegido, iluminado y bendecido por la gracia de Dios que nos salva a todos del mal, la oscuridad y el miedo.
No sé por qué pero empiezo a tener la extraña sensación, dos y dos suelen ser más que tres, de que el Imperio Británico que parecía muerto y enterrado está renaciendo de entre sus cenizas como el ave Fénix. El caso es que han puesto la maquinaria de propaganda a todo trapo. ¿Quieren lavar su imagen por los últimos acontecimientos y sus dudosas actitudes como serviles del amo americano y tahúres en el espacio europeo? ¿Nada que ver?
Juntemos varios hechos (artístico-peliculeros).
- Dunkerque. Nolan. Los ingleses somos héroes y salimos de todos los atolladeros con el apoyo de nuestro hermoso pueblo.
- The Crown. Serie sobre la corona británica de alta calidad pero de evidente regodeo patrio y ensalzador de su máxima mandataria regia que casi ya a los cien nos llega. La condenada.
- Casi que la última de Branagh, aunque de producción americana, en su sorprendente desenterramiento in extremis de su diosa literata popular Christie y de sus, por añadidura indirecta, patentados métodos filosófico deductivos inductivos. Por no hablar de la un poco más fuera de fecha aunque en la misma línea cachondo histórica de cuchufleta, la recordada "El discurso del Rey".
Hagiografía o loa o genuflexión o felación serían términos ralos, chabacanos, cortos.
Nos muestran a Winston como un superhéroe de tebeo (grotesco). Por muchos momentos, aquello parecía una película de Spiderman o Superman más que el retrato de un alcohólico y rechoncho gobernante/gerifalte.
"Sobre ti recae el peso del mundo". Le comenta su santa esposa. Y claro, no pude evitar pensar en frases como "un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Es decir, reducen un asunto de una envergadura monstruosa, la Segunda Guerra Mundial en sus inicios, a las bravatas, ocurrencias y barrabasadas del bueno de Winston. La reduccion infinita de un problema gigantesco supone un proceso (anti)intelectual de simplificación, puerilidad y mala intención que casi no se puede creer (¿por quién nos toman, a nosotros, a todos, nada menos?).
Vayamos al spoiler que hay mucho más.
Nos sacan a Winston con todas las cualidades tópicas (hasta el vómito) de los grandes hombres que en el mundo han sido, mala leche, brillantez, espontaneidad, valor, generosidad, improvisación, gruñón, cachondo, enfadado, salvaje, libe y muy hermoso (en espíritu, como un mesías que nos redime).
Hasta sus, al parecer, abundantes y celebradas cagadas nos (casi) enseñan. Del cerdito (así se tratan en la tierna intimidad los sempiternos enamorados, entre mimos y delicados gruñidos -los dioses cuando se visten de humanos también son vulgares, como todos, aunque no lo parezca) todo tiene provecho y gozo.
Y hay que arroparle, darle un coro, una claque que le inspire, apoye, aliente y aplauda. Algún mediador que insista en su humanidad y cercanía, que resalte el aspecto más sentimental del brutal titán.
Para esa digna, encomiable función tenemos a la secretaria. No se puede ser más guapa, pundonorosa y buena. Le mataron al hermano y por su país ella daría su misma mano. Quiere a Winston como al Papa o a su papa. Enamorada de su fulgor y verdad, de su talento y grandeza hasta las trancas de su bella alma. Si ella le adora tanto, que es tan pura y plena, cómo tú no, truhan.
Y la santa parienta. Que no, que aquí no es un simple florero, que le da los mejores consejos y le recuerda, en los raros momentos de flaqueza del gran hombre, lo mucho que vale y lo importante que es para el futuro del mundo libre. Por si se le ha olvidado ya que anda tan ocupado que no tiene descanso ni un segundo.
Y también tiene sus enemigos (de pega, pura fachada, todos en el fondo del fondo de sus corazones le quieren mucho, así es, algunos tardaron más en darse cuenta, eso es todo), intrigas y dudas.
Y unas naciones y compays presidentes de otros países que le dejan tirado para que él tenga que luchar solo contra los malos (hay que ver... ).
A la heroica Gran Bretaña la abandonaron a su suerte Francia y los USA (y Holanda y Bélgica y... ). Así que ella/ellos tuvieron que ganar la guerra solos contra los nazis demoníacos.
¿Y los rusos algo hicieron? ¿O no? Parece que no, aquí ni se les nombra. ¿Para qué, si fueron pura comparsa, chirigota gaditana, solo pusieron los muertos, más de veinte millones, dicen? Eso fue después, casi al final, cuando Winston ya se había hecho cargo y tomado las riendas del caballo. Él solo y sus súbditos fieles. Ya, por entonces, estaba todo ganado.
¿Y los rumores que dicen que hubo al principio ciertas dudas respecto a una posible alianza con los nazis diabólicos? Nada, imposible, Winston dijo que no y no, y a callar, que a los malos ni agua. Ya los conocía. No se equivocaba. Los vio venir con su habitual perspicacia y lucidez.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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3
23 de abril de 2018
95 de 149 usuarios han encontrado esta crítica útil
La Madre Rusia ha vuelto, ha resurgido de entre los muertos. Y con ella, la terrible Guerra Fría tan querida que nos llena de bonita nostalgia y recuperada alegría.
Nuestro enemigo favorito está otra vez al/en frente. Hay que ir a por ellos. No podemos quedarnos quietos. Que no escapen vivos. O nos arrepentiremos.
Si hace nada nos llegaba del Reino Unido una sátira despiadada sobre el pasado nefando comunista de los rusos, "La muerte de Stalin", ahora mismo son los americanos del norte los que nos regalan un generoso muestrario de los horrores rojos. No les falta de nada a estos rusos remozados (hijos y nietos de los otros), crímenes atroces, pasiones ominosas, familiares abyectos, depravaciones de todas las clases, traiciones a borbotones, corrupción, asesinatos, puterío, rameras, sicarios, putas, carniceros, en fin, el juego completo por el mejor precio, lleve dos y le regalamos nosotros mismos un beso en todos los morros.
En cambio, están para salvarnos de la quema los yanquis buenos, siempre al rescate tan bien predispuestos. Un primor y un destello. Un fulgor y un falansterio. Guapos, con valores, nadadores, modestos, unidos, morales, decentes, inteligentes, con derechos, principios, sin muertos, atropellos, malos rollos ni sexo turbulento o pecaminoso.
Jennifer Lawrence enfadada, fría, siniestra, bella, buena, decidida, verdadera.
Joel Edgerton, sosias del inefable Wahlberg, como si fuera su hermano gemelo, es un morrosco de medio pelo que da el pego.
Y el brutote Matthias Schoenaerts, el legendario Jeremy Irons, la glacial y épicamente sórdida siempre Charlotte Rampling.
Comienza bien, con empaque , poderío y tronío. Escenario frío. Cine pulp, de género, de serie b; folletón de espías hecho con dinero y medios. Un camelo. Nos lo creemos. Todo. O casi. Ya veremos. Media hora. Al menos.
Una graciosa escuela de entrenamiento o más bien burdel de entretiempo. Natación. Escarceos. Un jefe putrefacto. Que nuestra admirada/deseada protagonista duda y se nos quiere hacer santa.
Se pasa de Moscú a Budapest, y de allí a Londres. Cada vez interesa menos. Corren los minutos y se hacen eternos. Nos amenizan la función con algún descabello, tortura o navajazos a contrapelo que suenan como hermosos instrumentos de viento.
La trama se resuelve. Juego de manos. Birlibirloque. Demasiado tarde. Nada nos dice. Se perdió el hechizo. Vimos la tramoya. Las bambalinas. Es todo un cuento. Tramposo. Maniqueo. Efectista. Truculento. Vacío. Bello. Huero. Sin derrotero. Nada. Tristes espejos. Truco del almendruco banal y torticero.
El oso rojo estaba borracho y no daba tanto miedo.
Yo apostaría por los buenos patriotas del norte de América que seguro que son más listos, pundonorosos y enteros y salvan el mundo del peligro de los bellacos del nuevo milenio, iguales a los del viejo, que vuelven a asomar el hocico y quieren montar un Cristo; arrebatarnos la paz, robarnos el merecido sosiego, detener el buen progreso.
La Historia se repite. El eterno retorno. Se vuelven a enfrentar los dos imperios, los de las laureadas barras y estrellas y los rojos ominosos, los honrados y los necios.
Viva América. Y viva Rusia también manque pierda.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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3
5 de marzo de 2016
71 de 106 usuarios han encontrado esta crítica útil
El rato, la primera media hora, dedicado al cine de género puro, el de atracos concretamente, tiene un pase, bueno, merece la pena, es aceptable y entretenido.
La hora restante, empantanada en las fétidas aguas fecales de la política-jodienda española, es un barullo confuso (narrativamente), obvio (ideológicamente), ridículo, pesado, bastante pedestre y lamentable.
En general, es una peli pasable, floja, que saca pecho en la acción, que se engalana con los argentinismos, la femme fatale y algún chiste medio decente, pero que se viene abajo con todo lo demás; con esa solemnidad meliflua de gerifaltes penosos que no hay quien se los crea, esos polis indigentes y esos políticos de alquiler que tratan de dar empaque a una especie de denuncia o sátira más infantil (intelectualmente), adocenada y previsible que cualquier telediario de Tele 5 (uno de los paganos de esta obra que se autopromociona con descaro inusitado).
Los Coronado, Álvarez, Arévalo y demás estrellas, buena gente de nuestro cine, tratan de sacar adelante (sin ningún éxito, con una seriedad impostada y risible) personajes que parecen más copiados, en los modos y maneras acartonados y rimbombantes, del cine yanqui que algo parecido a la fauna patria, menos engolada y mucho más hortera y chapucera, que domina nuestros destinos españoles con olímpica desvergüenza. En comparación con las Barberá, Camps o Fabra (hablamos de Valencia, la creme de la creme del latrocinio, pero sin olvidar que cada parte de la piel de toro es/ha sido/será saqueada a modo por otros similares; cambian las siglas, apenas, solo en el grado, el expolio) estos personajes de ficción son ositos de peluche inflados y enfáticos, como becarios sin esperanza, monaguillos con ínfulas o periodistas deportivos hablando de árbitros, un espectáculo triste y apesadumbrado, gente maja y sin ningún peligro.
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Ferdydurke
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7
17 de enero de 2016
39 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ella habla, mucho; él escucha (eso parece). Ella canta, baila, se ilusiona; él la acompaña. Ella expresa su alegría, sus dudas, sus esperanzas; él asiente comprensivo. Ella, a veces, quiere discutir; él le da la razón siempre.
Parecen felices. Eso parece.
Él cita a Kant y lee a Dostoievski; ella idolatra a Jennifer Aniston y devora los libros de Anna Gavalda.
No deberían entenderse. Pero se quieren. Posiblemente. Eso creen.
Bueno, en realidad, pese a su envoltura blanda y dulzona y la apariencia engorrosa de comedia romántica superficial o, lo contario, drama amoroso con ínfulas intelectuales, es puro artificio, juego, lucha de conceptos a campo abierto, arte marcial. La filosofía de cada día traducida en arquetipos muy conocidos, ideas encarnadas más que personajes con chicha. Un maniqueísmo poco disimulado.
Ella sería la honradez, la franqueza, el sentimiento, "el pueblo", una heroína del amor, quijotesca e idealista, como escapada de una novela de Corín Tellado, de esas en las que una humilde y buena chica se enamoraba de un arquitecto o abogado de postín, pasaba mil penalidades y era recompensada con boda y niños. Suma a la intuición femenina, la bondad maternal y la generosidad pundonorosa.
Él mezcla muchas cosas más bien vidriosas. El intelectual encerrado en su castillo de marfil que desconoce todo lo ordinario, ni tiene tele ni sabe nada de la cultura popular; el prototípico, topiquísimo, hombre con miedo al compromiso ("capullo o cobarde", tú eliges), egoísta y corto de miras, y, como remate, por si no tenía poco, el apático, el abúlico, el del spleen, el extranjero siempre, el que las ve pasar y nunca se entera. Además de, por supuesto, el elitista displicente, el intelectual parisino cargante.
Ella es la vida, la materia, el futuro. Él es el espíritu cansado, agónico, sepulcro blanqueado, máscara o sombra.
Está claro a favor de quien está la película.
Estructurada a través de varios estupendos momentos musicales, tres actuaciones de ella, un baile y alguna canción susurrada, la película sorprende, positivamente, por lo pausada, elegante e inteligente que es, por el buen gusto y la mirada calma, por cómo se maneja un material complicado con virtuosas manos de pianista exquisito.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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7
4 de noviembre de 2017
40 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
Algunas personas no deberían haber nacido. Por dos posibles razones:
- Por el mal extraordinario e irreparable que producen en su entorno.
- Por el mal extraordinario e irreparable que les produce su entorno.
Víctimas y victimarios condenados sin solución. Desde antes de aparecer (en escena), desde antes de nacer. Nuestra voluntad da igual. No cuenta. Todo está decidido. No sabemos ni cuándo ni por quién ni desde dónde, pero es un hecho evidente, e injusto.
Nietzsche, si mi memoria no me traiciona, lo decía de otra manera, él hablaba de que los actos que realizamos o cometemos, aunque sean crímenes nefandos, eso en esta caso no varía el sentido, son sola una pequeña, ínfima y prácticamente invisible parte de una cadena de hechos que se suceden en el tiempo y no tienen ni principio ni fin. Causas y efectos que se enredan, dan la vuelta y pierden en un laberinto inextricable e imposible de desanudar. Por lo tanto, desde ese punto de vista es una idiotez, una barbaridad, el enjuiciar, la legalidad, la penalidad, el meter a la cárcel o condenar a quien sea esta vez. Es imposible, ridículo además, determinar la criminalidad de nadie, su auténtica responsabilidad.
Esta película es especial, increíblemente intensa, ambiciosa y hermosa. Dudo un poco más sobre sus resultados. Logra crear un espacio tranquilo, profundo y denso, cuestionador, y eso es de un valor incalculable, por escaso y precioso, lo quizás más problemático sea averiguar cómo se llega a conseguir ese efecto, si es todo pleno o hay más de un rasguño, desperfecto, desvarío o mal defecto. Diría que está, como es normal, un tanto desequilibrada, que sigue diferentes surcos según se mueve y no siempre tienen estos salida ni son los más adecuados, ya que están preñados de pistas falsas, contradicciones y pequeños exabruptos.
Pero dejemos las pegas y vayamos a lo bueno o más complejo. A sus muchos planteamientos y vericuetos:
- La Justicia es una trama falsa, llena de mentiras y espantajos. Una representación torticera. Una pantomima. Una farsa en la que es imposible distinguir lo espurio de lo verdadero, en la que la estrategia legal (sea eso lo que Dios quiera, más bien trapicheo, trueque y negocio de mercaderes funestos) siempre se impone a la justicia, el rigor o la humanidad. Un trampantojo enrevesado, obtuso y malintencionado.
- Si Dios, debemos darle un nombre a ese vacío en el cielo, es el juez supremo, los jueces con toga de la tierra son sus delegados, y los hombres cuando actúan, sus emisarios. Tres planos diferentes para una misma conclusión. La justicia divina como designio inescrutable y absurdo. La judicial como ciego azar interpretado por necios y malvados. La más humilde y ciudadana a expensas de fuerzas superiores que nos controlan, desbaratan y gobiernan.
- Relaciones paterno filiales. Imposibles. O, siendo generosos, muy dificultosas. Una distancia radical separa las dos generaciones. Una necesidad truncada por diferentes anhelos y un mismo agujero (de feroz, fría desesperación). Separación, incomunicación, abuso, desconcierto, también algo de cariño, y mucho miedo.
- La invención de relatos. Hay cuentos buenos y cuentos malos. Los buenos suelen ser los que más nos creemos, no los mejor contados. Es decir, nosotros ponemos, a través de nuestros deseos, lo que no está en los hechos. Nos mentimos, creamos los sucesos, los adoptamos y deformamos para quedarnos satisfechos. Actúan esos relatos como tranquilizantes, consoladores y, sobre todo, tremendos simplificadores de unos elementos indescifrables, terriblemente complejos.
La realidad o el criminal (¿chivo expiatorio?) en el hecho judicial son unas vasijas vacías que deben ser rellenadas por el resto de los actores en juego. Esa vasija no tiene criterio, peso ni verdad, es una construcción del cuerpo penal, lo mismo que el mundo real es una elaboración de toda la sociedad. El pacto es tácito y nada tiene que ver con los ideales o los hechos materiales. Es otra cosa: suma caótica de intereses, encontronazos, cegueras, perdiciones, redenciones, inmolaciones, chapuzas y casuales colisiones.
- La identificación entre el bien y el mal, entre el representante de la ley y el posible asesino. Son lo mismo. Coinciden en lo humano y lo indefenso ante el mismo destino, en el dolor compartido y el abismo.
- Pena de muerte. Sí o no. ¿Es necesario eliminar a seres que en el caso de que sigan vivos son potencialmente susceptibles de aumentar su número de crímenes? ¿O por el contrario, a pesar de todo lo anterior, hay que tener más fe en el hombre y pensar que es posible el libre albedrío, la reinserción o resurrección, el cambio, el arrepentimiento o la transformación sanadora?
La película plantea todo lo mentado, y más, para no acabar de pronunciarse claramente al respecto de ninguna cuestión. Lo cual, evidentemente, es un gran acierto (con la otra cara al acecho, el peligro ya citado de la confusión inane y relamida). Esa espectacular ambigüedad deja al espectador todo su lugar (zona difícil pero estimulante y enriquecedora), él puede ahora llenar a su gusto su vasija más querida, el cine, el arte, lo que sea que tanto nos engatusa.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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