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Voto de Virgilio:
9
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9
7,0
607
12 de septiembre de 2010
12 de septiembre de 2010
27 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
Necesaria cinta de Rossellini, que se nutre de los testimonios escritos de Platón, de Diógenes Laercio y de Aristófanes, para narrar los momentos de adultez más relevantes de aquel ¿sabio?* que tal vez fue Sócrates.
En este sentido, el director esboza una adaptación libre desde el punto de vista cronológico: narra momentos típicos de la vida social de la Atenas de finales del siglo V a.c. entre hechos acaecidos en los diálogos platónicos e inserciones del anecdotario elaborado por D. Laercio (como la simpática alusión socrática a la relación causal entre las broncas de su mujer, Jantipa, y las cuestiones meteorológicas). Los diálogos platónicos están tratados con brevedad y síntesis, y podemos encontrar algunos como: "Eutifrón", o de la Santidad, "Hippias Mayor", o de lo Bello"; "Apología de Sócrates", "Critón", o del Deber", "Fedón", o del Alma"; etc. Relacionado con lo anterior, existe un momento crucial de recreación libre por parte del director: uno de los "alumnos" del protagonista le reprocha, a cuenta de las vicisitudes de la gobernanza de la ciudad, que su discípulo Platón defiende que el gobernador de la polis debe ser necesariamente filósofo. Esta teoría es cierta, pero es presentada en el diálogo de madurez "La Replública", o de lo Justo, escrita décadas posteriores a la muerte de Sócrates. En ese momento, al parecer, Platón sólo era un jovencillo aspirante a poeta que acababa de conocer el método de su maestro.
En lo tocante al apartado técnico, destaca la excelente y austera recreación del demo ateniense, resguardado y regido desde lo alto por la magnánima Acrópolis, con la figura escultórica de la diosa Atenea al frente. Destaca, así mismo, la dirección de actores, apreciable en una obra sustentada por la conversación entre iguales. Conviene tener presente que la película fue producida para la televisión, motivo por el que no encontraremos grandes pretensiones, ni soberbias, ni fastuosos artefactos de pirotecnica; la recreación de la supuesta vida de Sócrates precisa de simplicidad y naturalidad en lo formal.
El visionado de esta obra se me antoja obligatorio, por cuanto traslada al séptimo arte momentos cruciales del origen y configuración del Hombre occidental, tal y como lo hemos entendido desde la Grecia Clásica hasta nuestros días. La Filosofía, la razón occidental, nace con el pensamiento sistematizado de Platón, cuyo legado no es más que la prolongación de las reflexiones de su maestro, del "mejor (hombre) de cuantos hemos conocido en nuestro tiempo; y, por otra parte, el más sabio, el más justo de todos los hombres"**.
* El perfil histórico de la figura de este personaje ha sido y sigue siendo polémico dadas la excesiva idealización con la que su alumno Platón lo describe en sus diálogos y el denigrante trato de Aristófanes en sus obras, en las que califica a Sócrates de poco menos que bufón de tres al cuarto.
** PLATÓN, "Fedón".
En este sentido, el director esboza una adaptación libre desde el punto de vista cronológico: narra momentos típicos de la vida social de la Atenas de finales del siglo V a.c. entre hechos acaecidos en los diálogos platónicos e inserciones del anecdotario elaborado por D. Laercio (como la simpática alusión socrática a la relación causal entre las broncas de su mujer, Jantipa, y las cuestiones meteorológicas). Los diálogos platónicos están tratados con brevedad y síntesis, y podemos encontrar algunos como: "Eutifrón", o de la Santidad, "Hippias Mayor", o de lo Bello"; "Apología de Sócrates", "Critón", o del Deber", "Fedón", o del Alma"; etc. Relacionado con lo anterior, existe un momento crucial de recreación libre por parte del director: uno de los "alumnos" del protagonista le reprocha, a cuenta de las vicisitudes de la gobernanza de la ciudad, que su discípulo Platón defiende que el gobernador de la polis debe ser necesariamente filósofo. Esta teoría es cierta, pero es presentada en el diálogo de madurez "La Replública", o de lo Justo, escrita décadas posteriores a la muerte de Sócrates. En ese momento, al parecer, Platón sólo era un jovencillo aspirante a poeta que acababa de conocer el método de su maestro.
En lo tocante al apartado técnico, destaca la excelente y austera recreación del demo ateniense, resguardado y regido desde lo alto por la magnánima Acrópolis, con la figura escultórica de la diosa Atenea al frente. Destaca, así mismo, la dirección de actores, apreciable en una obra sustentada por la conversación entre iguales. Conviene tener presente que la película fue producida para la televisión, motivo por el que no encontraremos grandes pretensiones, ni soberbias, ni fastuosos artefactos de pirotecnica; la recreación de la supuesta vida de Sócrates precisa de simplicidad y naturalidad en lo formal.
El visionado de esta obra se me antoja obligatorio, por cuanto traslada al séptimo arte momentos cruciales del origen y configuración del Hombre occidental, tal y como lo hemos entendido desde la Grecia Clásica hasta nuestros días. La Filosofía, la razón occidental, nace con el pensamiento sistematizado de Platón, cuyo legado no es más que la prolongación de las reflexiones de su maestro, del "mejor (hombre) de cuantos hemos conocido en nuestro tiempo; y, por otra parte, el más sabio, el más justo de todos los hombres"**.
* El perfil histórico de la figura de este personaje ha sido y sigue siendo polémico dadas la excesiva idealización con la que su alumno Platón lo describe en sus diálogos y el denigrante trato de Aristófanes en sus obras, en las que califica a Sócrates de poco menos que bufón de tres al cuarto.
** PLATÓN, "Fedón".
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