Sin amor (Loveless)
2017 

7,0
6.100
16 de septiembre de 2021
16 de septiembre de 2021
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Michael Haneke, a día de hoy más un género cinematográfico en sí mismo que un genio imprescindible para entender el cine de nuestro tiempo, tiene ya otro dignísimo sucesor (y no son pocos a estas alturas) en el director ruso Andrey Zvyagintsev. Lo que nos presenta en “Sin amor (Loveless)” es una obra maestra con todas las de la ley y una referencia del cine contemporáneo instantánea, la mejor de su ya de por sí exitosa filmografía, un escarbar en las miserias de nuestra sociedad con ecos expresos y confesos a Haneke por cada rincón de sus exquisitos y aterradores planos fijos, lentos movimientos de cámara (tan gélidos como la climatología moscovita o sus personajes), fueras de campo y mirada despiadada sobre unos protagonistas sin alma ni la más mínima noción de ética exigible a cualquier ser humano.
La película rusa transmite en todo momento un frío helador en todos los sentidos, tanto en el estético de, insisto, soberbios largos planos secuencia y movimientos de cámara lentos y precisos entre nieve (la huella de Haneke es muy alargada en la cinematografía contemporánea), como en el mensaje que transmiten sus personajes: vacío existencial, superficialidad, falta de amor y de empatía, mero afán de progreso social y consumismo.
La película rusa transmite en todo momento un frío helador en todos los sentidos, tanto en el estético de, insisto, soberbios largos planos secuencia y movimientos de cámara lentos y precisos entre nieve (la huella de Haneke es muy alargada en la cinematografía contemporánea), como en el mensaje que transmiten sus personajes: vacío existencial, superficialidad, falta de amor y de empatía, mero afán de progreso social y consumismo.

Zvyagintsev nos narra la historia de un matrimonio que tuvo que casarse en su momento porque ella se quedó embarazada pero que actualmente se odia de forma abismal y obsesiva. Tan solo verse les produce náuseas. El odio entre los cónyuges es atroz y salta de la pantalla hasta incomodar al espectador en unas secuencias iniciales de una violencia psicológica insoportable. Su odio es absoluto, imposible para cualquier otro que no se conozca tan bien como ellos se conocen. Cada uno ha decidido rehacer su vida al margen del otro con sus respectivas nuevas parejas y acaban de iniciar un procedimiento de divorcio, pero hay algo que los une de forma ineludible para su desgracia: su hijo de 12 años, nunca deseado, nunca querido, y un estorbo especialmente en estos momentos complejos, que les obliga a relacionarse cuando más asco se dan y al que no han querido nunca y, en esta tesitura prejudicial, mucho menos.
Los padres no lo desearon serlo nunca, la paternidad/maternidad llegó por mero accidente, se vieron obligados por las circunstancias y, como consecuencia de ello, ese niño jamás fue querido y ahora entra de pleno en la espiral de odio en la que se ha convertido la vida de toda la familia.
Los padres no lo desearon serlo nunca, la paternidad/maternidad llegó por mero accidente, se vieron obligados por las circunstancias y, como consecuencia de ello, ese niño jamás fue querido y ahora entra de pleno en la espiral de odio en la que se ha convertido la vida de toda la familia.

El niño sufre lo indecible porque se sabe, no solo no amado, sino odiado por sus padres, único obstáculo entre dos seres que solo pretenden destrozarse el uno al otro sin pudor ni límite alguno, la pieza que les impide olvidarse el uno del otro para siempre. Un buen día el niño desaparece y hay que organizar una búsqueda, para lo que el fallido estado ruso no tiene medios ni ganas.
Con unos resortes formales de director privilegiado, el ruso nos adentra en unos personajes nauseabundos, que no tienen cara A, llenos de sombras, criados en el odio familiar desde siempre (brutal la escena con la abuela materna del niño desaparecido, ciertamente antológica), que solo les importa el progreso social y el estatus económico.
Quizás una parábola sobre la actual y despiadada realidad rusa de nuestros días, que no dispone de medios públicos ni para buscar niños desaparecidos, que tienen que encontrar su oportunidad a través de la desinteresada iniciativa privada asociativa.
Un film gélido, certero, incómodo, insoportable a ratos, con un final pretendidamente desconcertante y magistral, donde se muestra que el vacío existencial y la miseria moral se lleva como una pesada mochila por la vida de la cuna a la tumba. Una absoluta obra maestra que demuestra que Haneke es, como decía ab initio, ya un estilo en sí mismo. Imprescindible.
Con unos resortes formales de director privilegiado, el ruso nos adentra en unos personajes nauseabundos, que no tienen cara A, llenos de sombras, criados en el odio familiar desde siempre (brutal la escena con la abuela materna del niño desaparecido, ciertamente antológica), que solo les importa el progreso social y el estatus económico.
Quizás una parábola sobre la actual y despiadada realidad rusa de nuestros días, que no dispone de medios públicos ni para buscar niños desaparecidos, que tienen que encontrar su oportunidad a través de la desinteresada iniciativa privada asociativa.
Un film gélido, certero, incómodo, insoportable a ratos, con un final pretendidamente desconcertante y magistral, donde se muestra que el vacío existencial y la miseria moral se lleva como una pesada mochila por la vida de la cuna a la tumba. Una absoluta obra maestra que demuestra que Haneke es, como decía ab initio, ya un estilo en sí mismo. Imprescindible.
25 de febrero de 2018
25 de febrero de 2018
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
(No concibo una critica sin spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Hay escritores que poseen una gran capacitad descriptiva, leyéndolos podemos imaginar perfectamente aquello que describen en su más mínimo detalle, como si lo estuviéramos viendo, pero algunos narradores van aún más lejos y consiguen además crear un determinado clima, el secreto está en la forma como lo describen, en las palabras que escogen, de forma que generan una predisposición, un estado de ánimo; en el cine la descripción te la da la propia imagen, a veces de forma neutra, en ocasiones buscando la belleza plástica, pero solo en contados casos estas imágenes nos hablan y nos transmiten sentimientos, eso es lo que hace Andrey Zvyagintsev en esta película, sin decirnos nada y desde las primeras secuencias percibimos y entendemos que una sombra de desesperanza se abate sobre nosotros.
En su anterior película, Leviatan, nos mostraba unas desnudas rocas negras bañadas por un mar oscuro bajo un cielo plomizo, unas barcas de pesca abandonadas como despojos de un pasado mejor y un esqueleto de ballena medio enterrado en la arena de la playa, que nos ponían sobre aviso de que los tiempos habían cambiado en Rusia y que ya no había esperanza para los justos y los nobles pero si sufrimiento, dolor e injusticia; la película era sin duda una dura crítica al post comunismo, la constatación de la prepotencia, la corrupción y el robo de lo que era de todos por unos pocos.
En su anterior película, Leviatan, nos mostraba unas desnudas rocas negras bañadas por un mar oscuro bajo un cielo plomizo, unas barcas de pesca abandonadas como despojos de un pasado mejor y un esqueleto de ballena medio enterrado en la arena de la playa, que nos ponían sobre aviso de que los tiempos habían cambiado en Rusia y que ya no había esperanza para los justos y los nobles pero si sufrimiento, dolor e injusticia; la película era sin duda una dura crítica al post comunismo, la constatación de la prepotencia, la corrupción y el robo de lo que era de todos por unos pocos.

En Loveless vemos al inicio un bosque nevado y un rio remansado en unas imágenes tan básicas que casi parecen filmadas en blanco y negro, un árbol medio caído por el peso de sus propias ramas que no puede sostener y su reflejo sobre el agua en un espejo de simetría perfecta que nos hace dudar de lo que es real y lo que no lo es; visiones que podrían parecernos idílicas si no fuera porque en paralelo escuchamos unos agudos golpes metálicos cada vez más fuertes que nos perforan los tímpanos; estamos observando un paisaje pero lo
que sentimos es tensión y un dolor profundo.
leer mas en:
https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=3817260160433300770#editor/target=post;postID=3452859587927783610;
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que sentimos es tensión y un dolor profundo.
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15 de agosto de 2019
15 de agosto de 2019
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Detallada reconstrucción de los esfuerzos de dos padres separados para encontrar a su hijo desaparecido, así como de las causas que provocaron dicha situación. La narración es directa y sin artificios: presentación del niño y de su madre que lo trata sin amor alguno, de la madre que ha rehecho su vida con otro hombre, del padre que ha rehecho su vida con otra mujer y tampoco le hace el menor hace caso; el nudo, con la pormenorizada búsqueda del chico que hace aflorar el lado más miserable de los progenitores y el desenlace. Se agradece que, en medio de tanto trama y miseria moral, la historia discurra de manera lineal, aunque a un ritmo tan lento que yo calculo que es posible dedicarle sólo un 55% de atención sin llegar a perder el hilo de la historia.
No es amena, fácil ni agradable de ver… pero está rodada de una manera que todo es comprensible, en qué punto de la historia te encuentras, qué motiva a los protagonistas y por qué se comportan como se comportan. Efectivamente, destaca por su coherencia y neutralidad: te deja a ti el emitir juicios sobre lo buenos o asquerosos que son los diferentes personajes. También me pareció resultante la imagen que presenta de Rusia y de su sociedad, es de las pocas oportunidades que he tenido de ver de cine social de ese país (habitualmente me llegan sólo películas rusas de ciencia-ficción).
No es amena, fácil ni agradable de ver… pero está rodada de una manera que todo es comprensible, en qué punto de la historia te encuentras, qué motiva a los protagonistas y por qué se comportan como se comportan. Efectivamente, destaca por su coherencia y neutralidad: te deja a ti el emitir juicios sobre lo buenos o asquerosos que son los diferentes personajes. También me pareció resultante la imagen que presenta de Rusia y de su sociedad, es de las pocas oportunidades que he tenido de ver de cine social de ese país (habitualmente me llegan sólo películas rusas de ciencia-ficción).
En la parte decepcionante, sin duda, el final. Puedo perdonar el ritmo somnoliento, pero odio los desenlaces de este tipo que echan por tierra todo el posible buen hacer anterior.
30 de agosto de 2020
30 de agosto de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
No se detiene en puntos medios, refleja la cruda realidad de unos personajes incómodos hasta consigo mismos, egoísmo, falta de humanidad y una búsqueda desesperada del amor, pero no por el amor en sí mismo sino por autocomplacencia y miserablemente. Aunque la víctima real e involuntaria es el hijo, la pareja protagonista también lo es por su propia culpa y falta de escrúpulos. No es una película fácil ni agradable de ver pero mantiene en todo momento la tensión y se la puede calificar de gran cine.
30 de agosto de 2020
30 de agosto de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desaparecido.
Esas teclas del piano sonando ominosamente como su pasado, ese hijo que no quieren, fruto del desamor, la máxima expresión de su fracaso.
Padres normales, desalmados en este caso, egoístas, que quieren una nueva vida en la que el hijo es una molestia. Ambos son explícitos al respecto. La madre a su manera bruta, tan agresiva, implacable y despiadada; el padre más callado, sobrio, contenido, igualmente. Casi toda la información nos la da la madre en sus arranques de furia, casi insoportables, el padre apenas dice nada, por lo que el espectador tiene una visión un tanto superficial y distorsionada, a grandes rasgos, no hay dialéctica posible a través de la cual se opongan dos puntos de vista y se puedan sacar conclusiones, aunque sea a gritos, solo hay una versión desquiciada de la madre, llena de ira y reproche, por lo que uno se acaba haciendo una idea, obvia, pero esta siempre es parcial y enloquecida, ya que proviene de un desahogo burdo y desequilibrado, ahíto de maldad y rabia. El padre casi siempre calla, a pesar de las continuas barrabasadas de ella, por lo que uno tiende a pensar que, como dice el refrán, por lo tanto otorga, pero es más, o menos, que eso, es una forma de ser que parece que rehúye el conflicto, que opta por encerrarse en sí mismo, que no tiene gran capacidad verbal para expresar sus emociones. Sus actos, en cambio, son más explícitos, ahí si encontramos, en parte, la justificación de las acusaciones de ella, pero tampoco del todo, solo como leve aproximación. Por todo ello, la visión de la película sobre el divorcio es sesgada, histérica, gruesa, torcida, de hechos consumados y de mucho odio y frustración repleta.
Esas teclas del piano sonando ominosamente como su pasado, ese hijo que no quieren, fruto del desamor, la máxima expresión de su fracaso.
Padres normales, desalmados en este caso, egoístas, que quieren una nueva vida en la que el hijo es una molestia. Ambos son explícitos al respecto. La madre a su manera bruta, tan agresiva, implacable y despiadada; el padre más callado, sobrio, contenido, igualmente. Casi toda la información nos la da la madre en sus arranques de furia, casi insoportables, el padre apenas dice nada, por lo que el espectador tiene una visión un tanto superficial y distorsionada, a grandes rasgos, no hay dialéctica posible a través de la cual se opongan dos puntos de vista y se puedan sacar conclusiones, aunque sea a gritos, solo hay una versión desquiciada de la madre, llena de ira y reproche, por lo que uno se acaba haciendo una idea, obvia, pero esta siempre es parcial y enloquecida, ya que proviene de un desahogo burdo y desequilibrado, ahíto de maldad y rabia. El padre casi siempre calla, a pesar de las continuas barrabasadas de ella, por lo que uno tiende a pensar que, como dice el refrán, por lo tanto otorga, pero es más, o menos, que eso, es una forma de ser que parece que rehúye el conflicto, que opta por encerrarse en sí mismo, que no tiene gran capacidad verbal para expresar sus emociones. Sus actos, en cambio, son más explícitos, ahí si encontramos, en parte, la justificación de las acusaciones de ella, pero tampoco del todo, solo como leve aproximación. Por todo ello, la visión de la película sobre el divorcio es sesgada, histérica, gruesa, torcida, de hechos consumados y de mucho odio y frustración repleta.

Están de acuerdo en la separación y en que el hijo es un estorbo, eso parece. El chaval capta el evidente, gritado por la madre y asumido por el padre, mensaje y se hace a un lado. Es generoso, tiene amor propio, pundonor, orgullo, infinita desesperación y gran desconsuelo, les hace un favor, lo que ellos querían, que él nunca hubiera nacido. O tal vez no. Seguramente no. La vida siempre se cobra un precio. Nada sale gratis. Por todo lo bueno. También por lo malo. O sí.
Parapolicía, qué maravilla, cuánto orden y concierto, qué eficiencia y disciplina. A falta de la oficial, sin recursos, ni personal ni dinero, la ciudadana y desinteresada, se supone, tan concienzuda y concienciada.
Y la madre de la madre, Stalin con faldas, solitaria, paranoica, tan triste y lejana, perdida en la soledad y la nada, inventándose enemigos para combatir su vacío.
Y los nuevos amantes, la niñata bonita y el galán maduro, las dos caras de la misma moneda, escapar de la familia para redoblar más de lo mismo en otro sitio, variaciones para un idéntico tema.
Parapolicía, qué maravilla, cuánto orden y concierto, qué eficiencia y disciplina. A falta de la oficial, sin recursos, ni personal ni dinero, la ciudadana y desinteresada, se supone, tan concienzuda y concienciada.
Y la madre de la madre, Stalin con faldas, solitaria, paranoica, tan triste y lejana, perdida en la soledad y la nada, inventándose enemigos para combatir su vacío.
Y los nuevos amantes, la niñata bonita y el galán maduro, las dos caras de la misma moneda, escapar de la familia para redoblar más de lo mismo en otro sitio, variaciones para un idéntico tema.

La película es dolorosa, fría, terrible, no juzga, pero sí alienta un sarcasmo helado, malsano, que se deleita esquinadamente, desde una distancia elegante y quirúrgica, observando la ridícula, grotesca naturaleza humana, tan digna de compasión como de condena, tan necia y patética, tan sufridamente herida de muerte. Insectos agitándose a ciegas, para nada. O quizás sea solo el escalpelo clínico de un artista científico.
Gélida, metálica, visualmente bella, blanca-gris-azul-oscura casi negra y solo a a veces un poco más cálida en ciertos interiores y muy pocas ocasiones.
Es cine de calidad que quizás no aumenta la apuesta, se mantiene siempre en el mismo tono medio, medido, hiriente, dolorido, entre sórdido y poético, muy poco sutil en su planteamiento e intenciones crítico morales y más complejo en ciertas reacciones psicológicas, algunos diálogos y especialmente en las soluciones formales, en lo puramente cinematográfico. Tantea el estrambote y a veces se pasa innecesariamente, con la madre sobre todo, ni hablar de la abuela, reiterativa en sus bilis y soliloquios, pero en general todo está en su sitio; narración bien contada y realizada, casi perfecta en todos sus ámbitos y pequeños detalles.
Gélida, metálica, visualmente bella, blanca-gris-azul-oscura casi negra y solo a a veces un poco más cálida en ciertos interiores y muy pocas ocasiones.
Es cine de calidad que quizás no aumenta la apuesta, se mantiene siempre en el mismo tono medio, medido, hiriente, dolorido, entre sórdido y poético, muy poco sutil en su planteamiento e intenciones crítico morales y más complejo en ciertas reacciones psicológicas, algunos diálogos y especialmente en las soluciones formales, en lo puramente cinematográfico. Tantea el estrambote y a veces se pasa innecesariamente, con la madre sobre todo, ni hablar de la abuela, reiterativa en sus bilis y soliloquios, pero en general todo está en su sitio; narración bien contada y realizada, casi perfecta en todos sus ámbitos y pequeños detalles.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La vida que les resta estará marcada por la ausencia delatora, por ese agujero negro de nombre Alyosha que les señala y les atrae irremisiblimente hacia la extinción definitiva, corazón delator, pecado trágico, mancha indeleble, carcoma que les come.
Han conseguido lo que querían, ahora tienen las lágrimas por las plegarias atendidas, un desasosiego persistente, sordo, inmenso, omnipotente.
Más cosas:
- En ningún momento los padres piensan en su hijo, en cómo estará, ni se acuerdan cariñosamente de él o hablan de las razones de su huida, de su responsabilidad, por lo menos no lo verbalizan. Y también es tremenda, en ese sentido, la conversación de la embarazada por teléfono con el protagonista, esa postura tan frívola e idiotizada, tan amoral y desoladora, tan cutre y egoísta.
- El contraste entre la convivencia de las dos parejas antes de y después de la constatación física de la ausencia del niño, hacía mucho que en verdad ya estaba fuera, expulsado por sus padres a fuerza de desprecio y desinterés, depara buenas escenas. Pasan de la pasión al sueño y finalmente al estupor y el desconcierto.
- Y de fondo y al final la guerra y la aparentemente masiva desaparición de niños como centro ponzoñoso de la trama, se trata el asunto como si fuera algo tan habitual que ya es casi rutinario y/o aburrido; el contexto se adhiere a los personajes, la historia y la intrahistoria son vasos comunicantes, sangre de la misma sangre, la metáfora y el nombre, un mundo atroz reflejado en esas vidas miserables, en el cadáver de ese chaval borrado para siempre.
- Personajes de cierto bienestar económico, más que menos atractivos, sanos, capaces, sin aparentes taras ni marginalidades, medianos, consistentes, corrientes, que se comportan tan humana como espantosamente. Esas conversaciones laborales, esos móviles, aterradoramente ordinarios. Por lo tanto, pueden servir como alegoría de casi cualquier cosa, de un país, un momento, de un proceso histórico o hasta del universo entero.
Han conseguido lo que querían, ahora tienen las lágrimas por las plegarias atendidas, un desasosiego persistente, sordo, inmenso, omnipotente.
Más cosas:
- En ningún momento los padres piensan en su hijo, en cómo estará, ni se acuerdan cariñosamente de él o hablan de las razones de su huida, de su responsabilidad, por lo menos no lo verbalizan. Y también es tremenda, en ese sentido, la conversación de la embarazada por teléfono con el protagonista, esa postura tan frívola e idiotizada, tan amoral y desoladora, tan cutre y egoísta.
- El contraste entre la convivencia de las dos parejas antes de y después de la constatación física de la ausencia del niño, hacía mucho que en verdad ya estaba fuera, expulsado por sus padres a fuerza de desprecio y desinterés, depara buenas escenas. Pasan de la pasión al sueño y finalmente al estupor y el desconcierto.
- Y de fondo y al final la guerra y la aparentemente masiva desaparición de niños como centro ponzoñoso de la trama, se trata el asunto como si fuera algo tan habitual que ya es casi rutinario y/o aburrido; el contexto se adhiere a los personajes, la historia y la intrahistoria son vasos comunicantes, sangre de la misma sangre, la metáfora y el nombre, un mundo atroz reflejado en esas vidas miserables, en el cadáver de ese chaval borrado para siempre.
- Personajes de cierto bienestar económico, más que menos atractivos, sanos, capaces, sin aparentes taras ni marginalidades, medianos, consistentes, corrientes, que se comportan tan humana como espantosamente. Esas conversaciones laborales, esos móviles, aterradoramente ordinarios. Por lo tanto, pueden servir como alegoría de casi cualquier cosa, de un país, un momento, de un proceso histórico o hasta del universo entero.
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