La chica zurda
7,1
2.551
Drama
Una madre soltera y sus dos hijas regresan a Taipei tras varios años viviendo en el campo para abrir un puesto en un bullicioso mercado nocturno. Cada una a su manera, tendrán que adaptarse a este nuevo entorno para llegar a fin de mes y conseguir mantener la unidad familiar. Tres generaciones de secretos familiares empiezan a desvelarse después de que su abuelo tradicional le diga a la hija menor, que es zurda, que nunca use su «mano del diablo». (FILMAFFINITY) [+]
28 de mayo de 2026
28 de mayo de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cine de barrio, de relaciones familiares, de vecindario y de trabajadores que viven siempre a contrarreloj.
La chica zurda construye un retrato íntimo y cotidiano con una precisión admirable: personajes, espacios y rutinas se sienten creíbles desde el primer minuto, como si la cámara simplemente hubiera entrado en una vida que ya estaba en marcha.Aunque la protagonista infantil funciona como punto de entrada, el verdadero relato se encuentra en las contradicciones, silencios y asuntos pendientes de los adultos.
El tono es el de un drama ligero, sin caer en tragedias ni golpes de efecto; lo que importa es conocer a los personajes, entrar en su familia y descubrir sus secretos, sus preocupaciones y esa mezcla de cansancio y ternura que define su día a día.
El guion orbita constantemente alrededor de la idea de sacrificio laboral por la familia. Las tres protagonistas viven condicionadas por sus trabajos y por los desplazamientos que estos exigen, y esa presión moldea su forma de relacionarse. Aquí la maternidad aparece tratada con una honestidad poco habitual: sin idealización, sin dramatismos, como una responsabilidad que se ejerce entre turnos, reproches silenciosos y una sensación permanente de estar llegando tarde a todo. La figura del padre ausente —tan presente en el cine reciente— vuelve a aparecer aquí, pero lo hace con una grieta que aporta profundidad: es en lo que no se dice, en lo que no se cuenta, donde la película construye su mayor verdad.
La chica zurda construye un retrato íntimo y cotidiano con una precisión admirable: personajes, espacios y rutinas se sienten creíbles desde el primer minuto, como si la cámara simplemente hubiera entrado en una vida que ya estaba en marcha.Aunque la protagonista infantil funciona como punto de entrada, el verdadero relato se encuentra en las contradicciones, silencios y asuntos pendientes de los adultos.
El tono es el de un drama ligero, sin caer en tragedias ni golpes de efecto; lo que importa es conocer a los personajes, entrar en su familia y descubrir sus secretos, sus preocupaciones y esa mezcla de cansancio y ternura que define su día a día.
El guion orbita constantemente alrededor de la idea de sacrificio laboral por la familia. Las tres protagonistas viven condicionadas por sus trabajos y por los desplazamientos que estos exigen, y esa presión moldea su forma de relacionarse. Aquí la maternidad aparece tratada con una honestidad poco habitual: sin idealización, sin dramatismos, como una responsabilidad que se ejerce entre turnos, reproches silenciosos y una sensación permanente de estar llegando tarde a todo. La figura del padre ausente —tan presente en el cine reciente— vuelve a aparecer aquí, pero lo hace con una grieta que aporta profundidad: es en lo que no se dice, en lo que no se cuenta, donde la película construye su mayor verdad.

El film también aborda con naturalidad el consumo de drogas como algo nornalizado. No lo convierte en un conflicto central ni en un elemento moralizante; lo muestra como parte del paisaje social del barrio, un síntoma más de la precariedad emocional y económica que atraviesa a los personajes. Es un tratamiento sobrio, sin subrayados, que encaja con la mirada realista del conjunto.
El reparto coral funciona con una naturalidad sorprendente. Las interpretaciones son contenidas, muy creíbles, y los secundarios aportan siempre desde la autenticidad. Da la sensación de que no ocurre nada especialmente trascendental, pero la película avanza con un ritmo precioso, sostenido por la humanidad de cada gesto.
La parte técnica es limpia, luminosa y muy agradable de ver. Sentimos el sabor de la comida, el olor de la calle, el amargor de un beso rápido. Hay un gusto evidente por crear escenas con una banda sonora llamativa, planos cercanos al asfalto y una coreografía visual que resuelve con soltura un montaje complejo en calles estrechas y locales cerrados.
El reparto coral funciona con una naturalidad sorprendente. Las interpretaciones son contenidas, muy creíbles, y los secundarios aportan siempre desde la autenticidad. Da la sensación de que no ocurre nada especialmente trascendental, pero la película avanza con un ritmo precioso, sostenido por la humanidad de cada gesto.
La parte técnica es limpia, luminosa y muy agradable de ver. Sentimos el sabor de la comida, el olor de la calle, el amargor de un beso rápido. Hay un gusto evidente por crear escenas con una banda sonora llamativa, planos cercanos al asfalto y una coreografía visual que resuelve con soltura un montaje complejo en calles estrechas y locales cerrados.

También destaca cómo el film trata el reproche soterrado y el resentimiento silencioso, elementos que se intensifican con el choque cultural europeo que atraviesa la historia.Puede parecer por momentos que no hay una resolución clara, pero sí la hay: discreta, coherente y emocionalmente honesta. Hay transformación, hay voluntad de progresar y hay una fuerza que emerge precisamente de la adversidad.Una película pequeña en apariencia, pero grande en sensibilidad.
2 de junio de 2026
2 de junio de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película Taiwanesa de la cual no sabía nada más que uno de sus guionistas. Desde los que no tenemos ni idea de cine hasta los que se dan de críticos eruditos nos guiamos siempre de los prejuicios. Si tal película tiene cierto productor o director de fotografía ya es suficiente para fijarte en ella. Este es el caso que me ocurre a mí y supongo que a muchos otros con Sean Baker y La Chica Zurda.
Entramos de lleno en el día a día de una familia de clase media baja de china, o mejor dicho Taiwán. Una sociedad bastante abierta, o eso es lo que quiere intentar hacernos ver el relato. Pero según nos adentramos en el vamos viendo todas las costumbres arcaicas siguen presentes. Puede que la más inocente o más simple sea la del uso de la mano izquierda. Cierto es que gran parte de la película se cuenta desde un punto de vista de una niña de 5 años por lo que tiene sentido que el titulo haga referencia a ese problema. Eso sí, el resto de problemas de la sociedad taiwanesa actual, y la del resto del mundo, son incluso más relevantes y son el pilar central de la película.
Entramos de lleno en el día a día de una familia de clase media baja de china, o mejor dicho Taiwán. Una sociedad bastante abierta, o eso es lo que quiere intentar hacernos ver el relato. Pero según nos adentramos en el vamos viendo todas las costumbres arcaicas siguen presentes. Puede que la más inocente o más simple sea la del uso de la mano izquierda. Cierto es que gran parte de la película se cuenta desde un punto de vista de una niña de 5 años por lo que tiene sentido que el titulo haga referencia a ese problema. Eso sí, el resto de problemas de la sociedad taiwanesa actual, y la del resto del mundo, son incluso más relevantes y son el pilar central de la película.

Como he dicho, Baker y compañía se aprovechan de las vivencias de 3 mujeres, aunque son algunas más si nos ponemos a contar, para criticar todas esas cosas lacras que seguimos arrastrando en el siglo XXI.
La película juega bien no contándotelo todo a la cara, sino que te lo va mostrando poco a poco. Incluso llegando al final puedes pensar que sabes cómo va a terminarla y nos encontramos con un giro que no me había esperado para nada. Por ese final y por la sorpresa de encontrarme una película bastante amigable y disfrutable le doy tanta nota.
Otros aspectos que me gustan de la película también es el cómo graba algunas escenas cotidianas. No marca demasiado el estilo, pero sí que tiene momentos que destacan. Alguna que otra localización siento que no aporta demasiado y lo repiten demasiado, como la entrada a la casa de los abuelos, pero no me llega a sacar de la película.
Lo que sí que me saca en varios momentos es el doblaje al castellano. Muy floja en muchos momentos y con varios personajes.
La película juega bien no contándotelo todo a la cara, sino que te lo va mostrando poco a poco. Incluso llegando al final puedes pensar que sabes cómo va a terminarla y nos encontramos con un giro que no me había esperado para nada. Por ese final y por la sorpresa de encontrarme una película bastante amigable y disfrutable le doy tanta nota.
Otros aspectos que me gustan de la película también es el cómo graba algunas escenas cotidianas. No marca demasiado el estilo, pero sí que tiene momentos que destacan. Alguna que otra localización siento que no aporta demasiado y lo repiten demasiado, como la entrada a la casa de los abuelos, pero no me llega a sacar de la película.
Lo que sí que me saca en varios momentos es el doblaje al castellano. Muy floja en muchos momentos y con varios personajes.
En general es una buena película. Una historia cruda pero amigable, personajes buenos y malos pero que con sus tonos más alegres la convierten en una película fácil de ver.
1 de febrero de 2026
1 de febrero de 2026
7 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otra madre soltera...ahora en Taiwán.
"La chica zurda" (2025) me deja en ese purgatorio cinematográfico donde la belleza visual no logra ocultar un vacío emocional que bosteza. Su propuesta es una mezcla de realismo y color, pero yo diría que es más bien un ejercicio de estilo que se ahoga en su propia estética callejera de Taipéi.
La chica zurda (Left-Handed Girl, 2025), dirigida por Shih-Ching Tsou y coescrita por el oscarizado Sean Baker, es un drama de 108 minutos que explora la vida de tres mujeres de una misma familia en los márgenes de la sociedad taiwanesa.
Argumento
La historia sigue a Shu-Fen (Janel Tsai), una madre soltera que regresa a Taipéi desde el campo con sus dos hijas para intentar sobrevivir regentando un puesto de fideos en un bullicioso mercado nocturno:
I-Ann (la hija mayor): Trabaja en una tienda de nueces de betel y mantiene una relación clandestina y complicada con su jefe.
I-Jing (la hija menor): Una niña de cinco años cuya zurdera es vista como un estigma por su abuelo tradicionalista, quien la llama la "mano del diablo".
"La chica zurda" (2025) me deja en ese purgatorio cinematográfico donde la belleza visual no logra ocultar un vacío emocional que bosteza. Su propuesta es una mezcla de realismo y color, pero yo diría que es más bien un ejercicio de estilo que se ahoga en su propia estética callejera de Taipéi.
La chica zurda (Left-Handed Girl, 2025), dirigida por Shih-Ching Tsou y coescrita por el oscarizado Sean Baker, es un drama de 108 minutos que explora la vida de tres mujeres de una misma familia en los márgenes de la sociedad taiwanesa.
Argumento
La historia sigue a Shu-Fen (Janel Tsai), una madre soltera que regresa a Taipéi desde el campo con sus dos hijas para intentar sobrevivir regentando un puesto de fideos en un bullicioso mercado nocturno:
I-Ann (la hija mayor): Trabaja en una tienda de nueces de betel y mantiene una relación clandestina y complicada con su jefe.
I-Jing (la hija menor): Una niña de cinco años cuya zurdera es vista como un estigma por su abuelo tradicionalista, quien la llama la "mano del diablo".

El conflicto estalla cuando la presión económica, los secretos familiares y la superstición chocan, obligando a las tres a redefinir su unidad frente a una sociedad patriarcal que las margina.
Son destacables varios ejes simbólicos:
La zurdera como metáfora: Funciona como un símbolo del no encajar. Al igual que I-Jing es reprendida por usar su mano izquierda, la familia entera vive "a contrapié" de las normas sociales y las expectativas de género.
Al igual que en las obras de Sean Baker, la película interpreta la pobreza no como un drama trágico, sino como una rutina llena de vitalidad, color y "trapicheos" necesarios para la supervivencia. Es un realismo periférico.
Explora cómo las cicatrices emocionales de la madre se proyectan en las hijas, revelando que la precariedad no es solo económica, sino también una falta de apoyo afectivo generacional.
Una madre soltera que regresa a Taipéi con sus dos hijas para abrir un puesto de comida, enfrentando la pobreza, la tradición patriarcal y la superstición, especialmente cuando el abuelo prohíbe a la hija menor usar su "mano del diablo".
Son destacables varios ejes simbólicos:
La zurdera como metáfora: Funciona como un símbolo del no encajar. Al igual que I-Jing es reprendida por usar su mano izquierda, la familia entera vive "a contrapié" de las normas sociales y las expectativas de género.
Al igual que en las obras de Sean Baker, la película interpreta la pobreza no como un drama trágico, sino como una rutina llena de vitalidad, color y "trapicheos" necesarios para la supervivencia. Es un realismo periférico.
Explora cómo las cicatrices emocionales de la madre se proyectan en las hijas, revelando que la precariedad no es solo económica, sino también una falta de apoyo afectivo generacional.
Una madre soltera que regresa a Taipéi con sus dos hijas para abrir un puesto de comida, enfrentando la pobreza, la tradición patriarcal y la superstición, especialmente cuando el abuelo prohíbe a la hija menor usar su "mano del diablo".
La película destaca por ser un retrato íntimo y resiliente de la familia femenina en un entorno urbano vibrante.
Tras vivir en el campo, una madre y sus hijas se instalan en Taipéi para abrir un puesto en un mercado nocturno, enfrentando conflictos familiares y la adaptación a la ciudad.
La trama aborda las tensiones generacionales, enfocándose en la prohibición del abuelo de usar la mano izquierda (considerada "la mano del diablo") a la hija menor, reflejando prejuicios históricos en Taiwán.
Se explora la lucha de mujeres por salir adelante contra normas tradicionales y patriarcales.
Identidad y Tradición: La película analiza las cicatrices emocionales y la búsqueda de identidad frente a las expectativas familiares.
A pesar de la tensión y el sufrimiento, se retrata un lazo amoroso sincero entre la madre y sus hijas.
La dirección de Shih-Ching Tsou es elogiada por mostrar la cara oscura de la sociedad de una manera bella y colorida, con un estilo influenciado por Sean Baker.
Tras vivir en el campo, una madre y sus hijas se instalan en Taipéi para abrir un puesto en un mercado nocturno, enfrentando conflictos familiares y la adaptación a la ciudad.
La trama aborda las tensiones generacionales, enfocándose en la prohibición del abuelo de usar la mano izquierda (considerada "la mano del diablo") a la hija menor, reflejando prejuicios históricos en Taiwán.
Se explora la lucha de mujeres por salir adelante contra normas tradicionales y patriarcales.
Identidad y Tradición: La película analiza las cicatrices emocionales y la búsqueda de identidad frente a las expectativas familiares.
A pesar de la tensión y el sufrimiento, se retrata un lazo amoroso sincero entre la madre y sus hijas.
La dirección de Shih-Ching Tsou es elogiada por mostrar la cara oscura de la sociedad de una manera bella y colorida, con un estilo influenciado por Sean Baker.
Lo bueno: La capacidad de Shih-Ching Tsou para capturar la "verdad" femenina y el choque generacional con una naturalidad que a veces asusta.
Lo malo: Ese ritmo de tortuga con asma y una estructura de situaciones que, según algunos críticos en YouTube, carece de un rumbo claro. Es cine contemplativo para quien tiene mucho tiempo que perder, pero para mí, es una calidez que se diluye demasiado rápido.
Lo visual es un banquete neón, una explosión cromática de mercados nocturnos que intenta venderte profundidad a través de fideos humeantes y planos caleidoscópicos que, sinceramente, terminan mareando.
Lo musical es igual de pretencioso: una atmósfera sonora que busca el "minimalismo emocional", pero que a ratos parece que se olvidaron de encender los altavoces, dejándote solo con el ruido del tráfico de una ciudad que, simplemente "se te come".
Como dice la frase que ya circula por los foros de 35 Milímetros: "Cansadas de ser derechas". Lástima que la película no sepa qué hacer con esa rebeldía una vez que la cámara deja de grabar.
Lo malo: Ese ritmo de tortuga con asma y una estructura de situaciones que, según algunos críticos en YouTube, carece de un rumbo claro. Es cine contemplativo para quien tiene mucho tiempo que perder, pero para mí, es una calidez que se diluye demasiado rápido.
Lo visual es un banquete neón, una explosión cromática de mercados nocturnos que intenta venderte profundidad a través de fideos humeantes y planos caleidoscópicos que, sinceramente, terminan mareando.
Lo musical es igual de pretencioso: una atmósfera sonora que busca el "minimalismo emocional", pero que a ratos parece que se olvidaron de encender los altavoces, dejándote solo con el ruido del tráfico de una ciudad que, simplemente "se te come".
Como dice la frase que ya circula por los foros de 35 Milímetros: "Cansadas de ser derechas". Lástima que la película no sepa qué hacer con esa rebeldía una vez que la cámara deja de grabar.
"Cansadas de ser derechas". Huuum.
7 de junio de 2026
7 de junio de 2026
Sé el primero en valorar esta crítica
Sin duda una bella película llena de sensibilidades.
Podemos decir que todo gira entorno a una niña pequeña zurda, pero, cada rama de ese árbol, tiene mucha vida y mucha historia.
Un drama familiar, con varias generaciones, con circunstancias económicas y sociales, y también con tintes de supervivencia en una sociedad que machaca sin piedad.
Uno de los papeles más importantes, el de la hermana mayor que poco a poco va centrando la atención de toda la película, llegando a unos últimos 15 minutos sublimes, como los que hacía mucho tiempo que no se veían en una película.
Tradiciones y mitos chinos riegan la película pero totalmente comprensible para nuestra cultura occidental. El cine es universal, y si está bien contado, en todas partes se entiende.
Gratisisma sorpresa.
Podemos decir que todo gira entorno a una niña pequeña zurda, pero, cada rama de ese árbol, tiene mucha vida y mucha historia.
Un drama familiar, con varias generaciones, con circunstancias económicas y sociales, y también con tintes de supervivencia en una sociedad que machaca sin piedad.
Uno de los papeles más importantes, el de la hermana mayor que poco a poco va centrando la atención de toda la película, llegando a unos últimos 15 minutos sublimes, como los que hacía mucho tiempo que no se veían en una película.
Tradiciones y mitos chinos riegan la película pero totalmente comprensible para nuestra cultura occidental. El cine es universal, y si está bien contado, en todas partes se entiende.
Gratisisma sorpresa.
11 de marzo de 2026
11 de marzo de 2026
2 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por muchos colores bonitos, giros de cámara y dobles intenciones la crueldad expresa que se hace sobre la pobre niña es terrible, normalizando continuamente hechos aberrantes que la lastran, dejando ver su sufrimiento en su caída moral y su mirada perdida.
Esta pelicula es un canto a la degeneración moral que rodea a la inocencia, pervirtiendo al humano, que no le queda mas que sonreir entre tanta miseria, como si así la vida fuera vivida en lugar de pisoteada.
Una pelicula que produce una gran disonancia cuando uno la ve desde los ojos de la infancia de la que a mi parecer es la protagonista.
Esta pelicula es un canto a la degeneración moral que rodea a la inocencia, pervirtiendo al humano, que no le queda mas que sonreir entre tanta miseria, como si así la vida fuera vivida en lugar de pisoteada.
Una pelicula que produce una gran disonancia cuando uno la ve desde los ojos de la infancia de la que a mi parecer es la protagonista.
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