La feria de las quimeras
21 de marzo de 2016
21 de marzo de 2016
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Pierre Chenal, desconocido, por injustamente olvidado, pese a ser el realizador de un puñado de títulos del mejor negro francés, entre ellos la primera adaptación cinematográfica en 1939 de “El cartero siempre llamada dos veces” de M. Cain, además de ser capaz de conciliar una modesta producción con un resultado interesante como lo demuestra en esta “Feria de las quimeras”. Con aires del denostado realismo poético y ecos de la Bella y la Bestia y del mito de Eros y Psique, la película rezuma esa atmósfera insana e irreal que solo en los cuentos posibilita el entrecruce de la ingenuidad y lo perverso, ambiente muy logrado por Chenal a través de una iluminación expresionista y encuadres wellesianos -en particular en el tramo final-, donde Von Stroheim clava su papel de monstruo patético, redentor de una feriante lisiada encarnada por la gélida Madeleine Sologne. En una suerte de corte de los milagros, nadie es quien parece: los benefactores, los indefensos, los inocentes, los ciegos y los videntes juegan un lance ambiguo a favor de sus intereses que en sí mismos se tornan equívocos y fatídicos para ellos mismos. Tan interesante descubrirla como difícil de encontrar.
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