Manas
7,3
188
Drama
Isla de Marajó, selva amazónica. Marcielle (Tielle) vive a orillas del río con su padre, su madre y sus tres hermanos. Impulsada por las palabras de su madre, idolatra a su hermana mayor, que supuestamente escapó de su realidad 'encontrando un buen hombre' en las barcazas que surcan la región. A medida que Tielle madura, sus visiones idealizadas se hacen añicos, dejándola atrapada entre dos entornos abusivos. Cada vez más preocupada por ... [+]
22 de junio de 2025
22 de junio de 2025
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Isla de Marajó, selva amazónica de Brasil. En una de las tantas comunidades rurales que viven en las márgenes de la ribera del río, vive Marcielle (Jamilli Correa), la joven protagonista del filme. Reside junto con sus padres, Marcílio (Rōmulo Braga) y Danielle (Fátima Macedo), además de sus dos hermanos menores.
Marcielle tiene 13 años, comienza el periodo de pubertad, los cambios en su cuerpo comienzan a manifestarse, en un lugar sumido en la religión y la ignorancia. Una amiga de su edad está embarazada, otra se va a los barcos a vender productos, aunque detrás de eso hay un evidente abuso sexual de hombres mayores que se aprovechan, ella quiere aportar dinero a la casa.
Manas es el primer largometraje de Brennand Fortes, con guion escrito en conjunto por cinco personas y parte de una terrible historia acontecida en esta zona de Brasil, abusos intra-familiares y explotación sexual infantil, son parte de la terrible muestra que hace la realizadora, desde la mirada de su pequeña protagonista.
Marcielle tiene 13 años, comienza el periodo de pubertad, los cambios en su cuerpo comienzan a manifestarse, en un lugar sumido en la religión y la ignorancia. Una amiga de su edad está embarazada, otra se va a los barcos a vender productos, aunque detrás de eso hay un evidente abuso sexual de hombres mayores que se aprovechan, ella quiere aportar dinero a la casa.
Manas es el primer largometraje de Brennand Fortes, con guion escrito en conjunto por cinco personas y parte de una terrible historia acontecida en esta zona de Brasil, abusos intra-familiares y explotación sexual infantil, son parte de la terrible muestra que hace la realizadora, desde la mirada de su pequeña protagonista.

La directora filma con gran precisión y cuidado, sin caer en el morbo, lo turbio se insinúa, no se muestra, porque nada es lo que parece, aprovecha al máximo el contexto en el que se desarrolla la obra. Marcielle se va descubriendo, va comprendiendo porque la ausencia de su hermana mayor, que desde el inicio de la película se menciona, pero no se sabe donde está.
Gran propuesta que puede ser difícil de ver, no por su narración, que es idónea, sino por su contenido, hiriente y complejo de una realidad aun existente.
Gran propuesta que puede ser difícil de ver, no por su narración, que es idónea, sino por su contenido, hiriente y complejo de una realidad aun existente.
24 de febrero de 2026
24 de febrero de 2026
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Manas narra la historia desde la perspectiva de Tielle y sigue su proceso de crecimiento y descubrimiento. Conforme avanza hacia la madurez, entiende que la aparente vía de escape no significa libertad, sino que forma parte de un sistema de explotación profundamente asentado. La violencia, aunque muchas veces no se manifieste de manera directa, está presente de forma constante y estructural en lo cotidiano.
El eje del conflicto trasciende lo personal: Tielle comienza a cuestionar el destino que le han marcado y, especialmente, el que podría repetirse en su hermana menor. Ese impulso de protección aporta una fuerte dimensión ética al relato. No se trata de una redención idealizada, sino de un doloroso despertar de conciencia.
El guion adopta un tono pausado y contemplativo, evitando exageraciones dramáticas. Esta elección refuerza la sensación de verdad, aunque en ciertos momentos pueda generar distancia emocional.
La directora opta por un estilo naturalista, cercano en ocasiones al documental. La cámara se posa en los rostros, en los silencios y en la densidad del entorno, sin subrayados melodramáticos. El paisaje amazónico adquiere entidad propia, no como fondo exótico, sino como un espacio que determina las decisiones y la vida de quienes lo habitan. El ritmo lento responde a esa voluntad introspectiva y puede exigir paciencia al espectador.
La interpretación de Jamilli Correa como Tielle destaca por su contención y sinceridad. Su evolución se expresa en matices mínimos, en gestos y miradas que transmiten temor, desencanto y firmeza. El resto del elenco, mayoritariamente no profesional o poco conocido, aporta una veracidad notable, construyendo relaciones familiares creíbles y opresivas donde lo más potente es aquello que no se verbaliza.
La fotografía captura la grandeza de la Amazonia sin idealizarla, contraponiendo la amplitud de los paisajes a la sensación de encierro interior. El sonido ambiente —agua, insectos, motores— crea una atmósfera envolvente, mientras que la música apenas interviene. El resultado es una propuesta sobria y coherente en lo técnico.
En conjunto, Manas se presenta como un drama social firme y honesto sobre la explotación y los destinos impuestos a muchas mujeres en contextos marginales, sin caer en el sensacionalismo ni ofrecer salidas fáciles.
Resumen de la crítica escrita por Pablo Veiga Carpintero
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
El eje del conflicto trasciende lo personal: Tielle comienza a cuestionar el destino que le han marcado y, especialmente, el que podría repetirse en su hermana menor. Ese impulso de protección aporta una fuerte dimensión ética al relato. No se trata de una redención idealizada, sino de un doloroso despertar de conciencia.
El guion adopta un tono pausado y contemplativo, evitando exageraciones dramáticas. Esta elección refuerza la sensación de verdad, aunque en ciertos momentos pueda generar distancia emocional.
La directora opta por un estilo naturalista, cercano en ocasiones al documental. La cámara se posa en los rostros, en los silencios y en la densidad del entorno, sin subrayados melodramáticos. El paisaje amazónico adquiere entidad propia, no como fondo exótico, sino como un espacio que determina las decisiones y la vida de quienes lo habitan. El ritmo lento responde a esa voluntad introspectiva y puede exigir paciencia al espectador.
La interpretación de Jamilli Correa como Tielle destaca por su contención y sinceridad. Su evolución se expresa en matices mínimos, en gestos y miradas que transmiten temor, desencanto y firmeza. El resto del elenco, mayoritariamente no profesional o poco conocido, aporta una veracidad notable, construyendo relaciones familiares creíbles y opresivas donde lo más potente es aquello que no se verbaliza.
La fotografía captura la grandeza de la Amazonia sin idealizarla, contraponiendo la amplitud de los paisajes a la sensación de encierro interior. El sonido ambiente —agua, insectos, motores— crea una atmósfera envolvente, mientras que la música apenas interviene. El resultado es una propuesta sobria y coherente en lo técnico.
En conjunto, Manas se presenta como un drama social firme y honesto sobre la explotación y los destinos impuestos a muchas mujeres en contextos marginales, sin caer en el sensacionalismo ni ofrecer salidas fáciles.
Resumen de la crítica escrita por Pablo Veiga Carpintero
Si te ha gustado, puedes leer la crítica completa en nuestra web Cinemagavia
3 de mayo de 2026
3 de mayo de 2026
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La naturaleza en la selva amazónica puede resultar brutal por su descomunal poderío, pero eso es algo que los nativos aceptan con espontaneidad mientras viven rodeados de los suyos, inocentes, sin comparativas. ¿Pero qué pasa cuando las personas de una cultura de raíces milenarias crecen, descubren otros mundos, viven otras experiencias, chocan con otras realidades y algunos lazos afectivos se convierten en cadenas?
La brasileña Marianna Brennand Fortes se hace las mismas preguntas en su ópera prima; no solo como indagación antropológica de los precolombinos que siguen habitando esas tierras en la desembocadura del río, en la Isla de Marajó, si no como mujer que podría estar inserta en el raquítico desarrollo de una civilización que fue avanzada en su tiempo y que a día de hoy arrastra retraso y desigualdad, multiplicados los problemas si perteneces al sexo femenino.
Tielle, la tercera de una familia con principios religiosos que espera su quinto hijo, afronta la adolescencia con el referente de su hermana mayor, que un día huyó de casa; y con el máximo interés, a medida que despierta su conciencia, en que la más pequeña tenga una vida mejor, en la que no quepan la ignorancia, la miseria, los abusos ni el desencanto.
La brasileña Marianna Brennand Fortes se hace las mismas preguntas en su ópera prima; no solo como indagación antropológica de los precolombinos que siguen habitando esas tierras en la desembocadura del río, en la Isla de Marajó, si no como mujer que podría estar inserta en el raquítico desarrollo de una civilización que fue avanzada en su tiempo y que a día de hoy arrastra retraso y desigualdad, multiplicados los problemas si perteneces al sexo femenino.
Tielle, la tercera de una familia con principios religiosos que espera su quinto hijo, afronta la adolescencia con el referente de su hermana mayor, que un día huyó de casa; y con el máximo interés, a medida que despierta su conciencia, en que la más pequeña tenga una vida mejor, en la que no quepan la ignorancia, la miseria, los abusos ni el desencanto.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La obra de Marianne utiliza un ritmo in crescendo y evoluciona desde el encantamiento de la colorida jungla y sus silbidos hipnóticos a un final, necesario y brutal, que apaga la luz y el sonido.
9 de marzo de 2026
9 de marzo de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Idea motora. Ante la autoridad sin límites del hombre de la casa, la huida es una solución, pero si esa se frustra ¿Qué hacer? ¿Someterse? ¿Rebelarse? ¿Pedir ayuda?
Como se lleva al cine. Situando la situación en Brasil, en la isla de Marajó, en una región sin red de electricidad, en donde los botes y los barcos son la manera de moverte y los generadores de diesel permiten mantener la bombilla encendida. El padre patrón tiñe de bondad y cariño los abusos de una autoridad absoluta e incontestable. Las mujeres de esa familia tienen que buscar la manera de sobrevivir y alejarse de esa violencia familiar en una región en donde el Estado tiene una presencia casi testimonial
Guion, dirección, interpretación, música. El guion sigue la estela de otras películas y narraciones del abuso infantil. La originalidad radica en su puesta en escena en ese ambiente acuático, donde los hombres tienen trabajos remunerados y las mujeres luchan para proteger a sus hijas del entorno hostil en el que viven. Las interpretaciones son correctas, transmitiendo su vulnerabilidad o su poder, sobresaliendo Fátima Macedo en su papel de madre. La dirección sabe aprovechar el fascinante entorno de la isla, con una utilización repetida de primeros planos de Jamilli Correa, la hija de 13 años.
Lo que más me ha interesado. Como se presenta el dilema a las que se enfrentan las mujeres que viven en ese entorno hostil en donde los hombres ejercen un poder absoluto o están desaparecidos.
Lo que menos me ha interesado. El enamoramiento de la cámara de Jamilli Correa.
Las imágenes que quedan en mi memoria. Las escenas de interior, como el padre corta la cuerda que hace permite el uso de las hamacas, como el padre no duda en insultar a su hija por un comportamiento que considera pecaminoso, mostrándose completamente indiferente y ajeno a su propio comportamiento, cruel e inmoral. La escena de la comunidad religiosa.
Conclusión. Una película que nos relata el abuso cotidiano de una padre autoritario y cruel con las mujeres de su familia y de su entorno. Nos relata su falta de excepcionalidad, su aceptación, su inevitabilidad, y como las mujeres tienen que elegir entre sobrevivir sometidas y humilladas, intentar proteger a sus hijas e hijas, huir o romper todas las reglas.
Como se lleva al cine. Situando la situación en Brasil, en la isla de Marajó, en una región sin red de electricidad, en donde los botes y los barcos son la manera de moverte y los generadores de diesel permiten mantener la bombilla encendida. El padre patrón tiñe de bondad y cariño los abusos de una autoridad absoluta e incontestable. Las mujeres de esa familia tienen que buscar la manera de sobrevivir y alejarse de esa violencia familiar en una región en donde el Estado tiene una presencia casi testimonial
Guion, dirección, interpretación, música. El guion sigue la estela de otras películas y narraciones del abuso infantil. La originalidad radica en su puesta en escena en ese ambiente acuático, donde los hombres tienen trabajos remunerados y las mujeres luchan para proteger a sus hijas del entorno hostil en el que viven. Las interpretaciones son correctas, transmitiendo su vulnerabilidad o su poder, sobresaliendo Fátima Macedo en su papel de madre. La dirección sabe aprovechar el fascinante entorno de la isla, con una utilización repetida de primeros planos de Jamilli Correa, la hija de 13 años.
Lo que más me ha interesado. Como se presenta el dilema a las que se enfrentan las mujeres que viven en ese entorno hostil en donde los hombres ejercen un poder absoluto o están desaparecidos.
Lo que menos me ha interesado. El enamoramiento de la cámara de Jamilli Correa.
Las imágenes que quedan en mi memoria. Las escenas de interior, como el padre corta la cuerda que hace permite el uso de las hamacas, como el padre no duda en insultar a su hija por un comportamiento que considera pecaminoso, mostrándose completamente indiferente y ajeno a su propio comportamiento, cruel e inmoral. La escena de la comunidad religiosa.
Conclusión. Una película que nos relata el abuso cotidiano de una padre autoritario y cruel con las mujeres de su familia y de su entorno. Nos relata su falta de excepcionalidad, su aceptación, su inevitabilidad, y como las mujeres tienen que elegir entre sobrevivir sometidas y humilladas, intentar proteger a sus hijas e hijas, huir o romper todas las reglas.
5 de abril de 2026
5 de abril de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Manas transcurre en un Brasil que queda lejos de cualquier postal: entre tablas, barcas y el afluente del río, la película construye un mundo donde la geografía misma parece una condena. La distancia entre el norte y el sur no es solo física sino profundamente social y económica, y el dinero aparece como el verdadero verdugo de una comunidad precaria que sobrevive sobre el agua. En ese paisaje, el destino tiene un cauce duro y difícil de vencer.
En ese entorno, el hombre se muestra como un animal feroz, salvaje, que ejerce el abuso de manera sistemática y generacional. Pero lo que más golpea no es la violencia en sí sino la complicidad: quienes deberían proteger dan la espalda, por miedo, por conveniencia, por preservar su propio bienestar. Esa omisión consciente resulta más perturbadora que el abuso mismo, porque lo perpetúa y lo normaliza, convirtiéndola en una herida que se hereda y no termina.
Es cine que denuncia, pero que elige hacerlo desde la observación y la contención. No exagera porque la realidad que retrata es suficientemente cruel por sí sola. Expone una situación violenta con una sutileza que, paradójicamente, la hace más difícil de ignorar. Una película incómoda y necesaria, que deja más preguntas que respuestas y que no da tregua mucho después de terminada.
En ese entorno, el hombre se muestra como un animal feroz, salvaje, que ejerce el abuso de manera sistemática y generacional. Pero lo que más golpea no es la violencia en sí sino la complicidad: quienes deberían proteger dan la espalda, por miedo, por conveniencia, por preservar su propio bienestar. Esa omisión consciente resulta más perturbadora que el abuso mismo, porque lo perpetúa y lo normaliza, convirtiéndola en una herida que se hereda y no termina.
Es cine que denuncia, pero que elige hacerlo desde la observación y la contención. No exagera porque la realidad que retrata es suficientemente cruel por sí sola. Expone una situación violenta con una sutileza que, paradójicamente, la hace más difícil de ignorar. Una película incómoda y necesaria, que deja más preguntas que respuestas y que no da tregua mucho después de terminada.
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