Retrato de una mujer en llamas
2019 

7,4
16.730
Drama. Romance
Francia, 1770. Marianne, una pintora, recibe un encargo de una condesa que consiste en realizar el retrato de bodas de su hija Héloïse, una joven que acaba de dejar el convento y que tiene serias dudas respecto a su próximo matrimonio. Marianne tiene que retratarla sin su conocimiento, por lo que se dedica a investigarla a diario. (FILMAFFINITY)
3 de octubre de 2019
3 de octubre de 2019
262 de 285 usuarios han encontrado esta crítica útil
Increíble película, de esas que no se ven más que una vez al año. Dos actrices en estado de gracia, con un feeling en pantalla brutal, me acaban de contar la más bella historia de amor que yo recuerdo en mucho tiempo. Todo con una filmación fría a la vez que invasiva, misteriosa pero a la vez transparente.
Y la verdad es que tras dos o tres miradas entre la pintora bohemia y empoderada y la prisionera brava e impertinente ya nos damos cuenta de la pasión ardiente entre dos seres cuyo amor está prohibido. Lo que más me ha gustado es la tensión sexual durante la primera hora y pico de metraje, y por supuesto los dos momentos musicales potentísimos (uno, por partida doble, en el segundo epílogo de la película).
La película se agarra a la idea de que un recuerdo vivo de algo perfecto siempre será mejor que malvivir por amor en un romance condenado al fracaso social y a la huida. Se apoya para ello en escenas oníricas bellísimas y en el mito de Orfeo, el hilo conductor de la película cuando las protagonistas se asoman al abismo del futuro.
Y la verdad es que tras dos o tres miradas entre la pintora bohemia y empoderada y la prisionera brava e impertinente ya nos damos cuenta de la pasión ardiente entre dos seres cuyo amor está prohibido. Lo que más me ha gustado es la tensión sexual durante la primera hora y pico de metraje, y por supuesto los dos momentos musicales potentísimos (uno, por partida doble, en el segundo epílogo de la película).
La película se agarra a la idea de que un recuerdo vivo de algo perfecto siempre será mejor que malvivir por amor en un romance condenado al fracaso social y a la huida. Se apoya para ello en escenas oníricas bellísimas y en el mito de Orfeo, el hilo conductor de la película cuando las protagonistas se asoman al abismo del futuro.

En definitiva, ya no se hace cine así, preciosista, que cuenta una historia con silencios, contenida y paciente. En pleno siglo de fakenews y velocidades de vértigo, donde lo viejo es lo de esta mañana al levantarnos, se nos muestra lo despacio que va el enamoramiento de verdad. Que el gran amor se cocina a fuego lento. Y que si es verdadero, creará un recuerdo absoluto para siempre, pase lo que pase.
22 de octubre de 2019
22 de octubre de 2019
142 de 156 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hubo un tiempo en el que el matrimonio se forjaba en la distancia, con los títulos nobiliarios, las credenciales económicas y la pintura como únicos requisitos para el compromiso. Desde nuestra era de la imagen y la inmediatez, sorprende pensar que nuestros antepasados se sirvieran de una sola imagen, pintada a mano, para sellar un contrato de por vida. Ahora, que no damos un paso sin antes haber rastreado todas las fotos en redes sociales de nuestros futuros pretendientes. De ese punto de partida nace ‘Retrato de una mujer en llamas’. El de una artista en el siglo XVIII que recibe el encargo de pintar el retrato de bodas de una joven que no quiere casarse. Por ello, debe hacerlo a escondidas, observando su rostro a hurtadillas.
De esa intimidad, de los paseos diarios al borde de los acantilados, de conversaciones a distancia corta y de profundas miradas, surge el amor prohibido. Y lo hace con la tranquilidad que a veces provoca saber que no hay mayor conflicto que el destino impuesto. Porque Céline Sciamma prefiere detenerse en el microuniverso de estas dos mujeres antes que recrearse en las consecuencias de un contexto hostil. Ya existen muchas películas que han denunciado la ausencia de libertades. No tantas que exploren el amor entre dos mujeres en su vertiente más recóndita.
De esa intimidad, de los paseos diarios al borde de los acantilados, de conversaciones a distancia corta y de profundas miradas, surge el amor prohibido. Y lo hace con la tranquilidad que a veces provoca saber que no hay mayor conflicto que el destino impuesto. Porque Céline Sciamma prefiere detenerse en el microuniverso de estas dos mujeres antes que recrearse en las consecuencias de un contexto hostil. Ya existen muchas películas que han denunciado la ausencia de libertades. No tantas que exploren el amor entre dos mujeres en su vertiente más recóndita.

La directora ha confesado que necesitaba mostrar una relación lésbica con la mirada de una lesbiana. Dice que películas que admira, como ‘La vida de Adèle’, no enseñaban un auténtico sexo entre mujeres. Para ello, se vale de una puesta en escena sobria, de la ausencia prácticamente total de banda sonora, y de unos planos que detallan gestos, sonrisas y miradas, reivindicando el arte manual, el cortejo de la palabra y el gozo de la paciencia. Lo hace prácticamente sin la presencia de hombres, reflejando una comunidad de mujeres en mutuo apoyo. Una rareza que tarde o temprano dejará de serlo en la historia del cine.
Y si la película ya cautiva con ese gusto por el detalle, con ese don de la palabra, con esa lucha entre el deber y la emoción, es con el plano final que termina de conmover.
Y si la película ya cautiva con ese gusto por el detalle, con ese don de la palabra, con esa lucha entre el deber y la emoción, es con el plano final que termina de conmover.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Zoom in desde la distancia mientras observamos a una impresionante Adèle Haenel cambiando de registro en un palco con la apabullante melodía de verano de las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Tan solo un rostro. El epílogo perfecto de otro final previo con el mito de Eurídice de fondo. Melancolía de un amor imposible pero cuya llama permanecerá siempre viva.
29 de octubre de 2019
29 de octubre de 2019
92 de 128 usuarios han encontrado esta crítica útil
El último y premiado film de la directora francesa Céline Sciamma propone una mezcla de géneros entre el cine de época (una pintora en el siglo XVIII) y el drama social y romántico (una relación lésbica) que, en mi opinión, no funciona del todo bien pese a las críticas tan favorables recibidas en el festival de Cannes.
Como film de época sólo funciona en el aspecto formal, sobre todo gracias a la hermosa fotografía de Claire Mathon y especialmente cuando usa las velas y el fuego como únicas fuentes de luz. Sin embargo se resiente y resulta anacrónica en el tratamiento que hace de las relaciones entre los personajes utilizando un tono cotidiano impropio de la sociedad todavía feudal del siglo XVIII, especialmente en la relación entre señora y criada y con los habitantes del pueblo. O dicho de otro modo, los personajes hablan y actúan como si fueran contemporáneos, un error bastante común en muchos films de época.
Como película de romance y drama social resulta demasiado fría acercándose más a algunos preciosistas pero distantes films británicos. En mi opinión le falta fuerza a una historia de amor que a mi no me llega a cautivar ni emocionar como por ejemplo en "La vida de Adèle", por citar otra historia de amor lésbico. La apenas utilización de banda sonora (y cuando se hace es otro anacronismo cuando las mujeres del pueblo cantan una tonada moderna) contribuye a esa sensación de distanciamiento y falta de empatía con los personajes que me ha producido su visionado.
Como film de época sólo funciona en el aspecto formal, sobre todo gracias a la hermosa fotografía de Claire Mathon y especialmente cuando usa las velas y el fuego como únicas fuentes de luz. Sin embargo se resiente y resulta anacrónica en el tratamiento que hace de las relaciones entre los personajes utilizando un tono cotidiano impropio de la sociedad todavía feudal del siglo XVIII, especialmente en la relación entre señora y criada y con los habitantes del pueblo. O dicho de otro modo, los personajes hablan y actúan como si fueran contemporáneos, un error bastante común en muchos films de época.
Como película de romance y drama social resulta demasiado fría acercándose más a algunos preciosistas pero distantes films británicos. En mi opinión le falta fuerza a una historia de amor que a mi no me llega a cautivar ni emocionar como por ejemplo en "La vida de Adèle", por citar otra historia de amor lésbico. La apenas utilización de banda sonora (y cuando se hace es otro anacronismo cuando las mujeres del pueblo cantan una tonada moderna) contribuye a esa sensación de distanciamiento y falta de empatía con los personajes que me ha producido su visionado.
21 de octubre de 2019
21 de octubre de 2019
65 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película que captura la esencia de los profundos sentimientos que sienten dos mujeres atrapadas en un tiempo que no es el suyo, el amor que surge entre ellas y la indeleble huella que les deja para siempre. Destila belleza y delicadeza desde el primer fotograma al último, componiendo un todo armonioso y profundo, pero sin demasiados concesiones al sentimentalismo, con una explosiva y peculiar mezcla de frío y calor. Con el acierto de incluir a una tercera mujer (incluso una cuarta), ajena al tema central, pero que consigue otorgarle más cromatismo y realismo a toda la historia.Tiene momentos mágicos, cómo la canción de la fiesta en el fuego de un grupo exclusivo de mujeres, repleta de lírica, de poesía. Un película pictórica, con secuencias que por momentos parecen cuadros en imperceptible movimiento. Técnicamente es prodigiosa, tanto la fotografía como el sonido, que te transporta a esa época.
Mujeres con un talento fuera de lo normal, con personalidad y con una gran sensibilidad, tanto el de la directora como el de las dos actrices protagonistas. No hay mejor feminismo ni más incontestable que ese. La mayoría de las críticas que he leído describen acertada y brillantemente su grandeza, tanto las de los profesionales como la de los usuarios, incluidas las que señalan que es algo lenta. Lentitud o fuego lento, depende como se mire. Eso sí, con algo más de brío, aunque sólo sea en momentos puntuales, posiblemente hubiera ganado algo.
Mujeres con un talento fuera de lo normal, con personalidad y con una gran sensibilidad, tanto el de la directora como el de las dos actrices protagonistas. No hay mejor feminismo ni más incontestable que ese. La mayoría de las críticas que he leído describen acertada y brillantemente su grandeza, tanto las de los profesionales como la de los usuarios, incluidas las que señalan que es algo lenta. Lentitud o fuego lento, depende como se mire. Eso sí, con algo más de brío, aunque sólo sea en momentos puntuales, posiblemente hubiera ganado algo.
El cine francés atraviesa un excelente momento, que rara es la semana que no se estrena una película digna de verse.
25 de enero de 2020
25 de enero de 2020
92 de 141 usuarios han encontrado esta crítica útil
La trama se desarrolla en el S XVIII, casi en su totalidad por cuatro actrices. Los personajes principales son Marianne y Héloïse, interpretados por Noémie Merlant y Adèle Haenel respectivamente. Marianne es una pintora que viaja sola a una isla (lo cual es llamativo para la época en que se desarrolla la historia), porque fue contratada para hacer el retrato de Héloïse, quien no desea ser pintada. La razón de su rechazo es que la pintura será enviada a un hombre rico que no la conoce, con quién su madre la obliga a casarse para mejorar su situación económica.
Voy a intentar explicar porqué no me gustó esta película tan elogiada. Los ambientes en que se desarrolla, tanto el natural, una playa solitaria con un mar agresivo, como los interiores (tres habitaciones de una casa que parece abandonada), no son nada acogedores, sino mas bien hostiles. Los personajes viven en un clima de opresión, rechazo y falta de afecto mutuo. No debería ser así entre Marianne y Héloïse, que se enamoraron rápidamente, pero salvo en las escenas de sexo la relación entre ambas parece distante. Salvo ocasiones excepcionales nadie saluda ni dice gracias. Paradójicamente, el trato que recibe la criada no es cálido pero sí demasiado familiar para las costumbres de la época.
Voy a intentar explicar porqué no me gustó esta película tan elogiada. Los ambientes en que se desarrolla, tanto el natural, una playa solitaria con un mar agresivo, como los interiores (tres habitaciones de una casa que parece abandonada), no son nada acogedores, sino mas bien hostiles. Los personajes viven en un clima de opresión, rechazo y falta de afecto mutuo. No debería ser así entre Marianne y Héloïse, que se enamoraron rápidamente, pero salvo en las escenas de sexo la relación entre ambas parece distante. Salvo ocasiones excepcionales nadie saluda ni dice gracias. Paradójicamente, el trato que recibe la criada no es cálido pero sí demasiado familiar para las costumbres de la época.

El desarrollo del film es absurdamente lento, con silencios prolongados y vacuos. En la vida real hay silencios muy expresivos* y los silencios bien concebidos técnicamente pueden constituir parte del lenguaje cinemátográfico, pero en esta película solamente contribuyen a que sea tediosa **.
Es muy difícil que los elementos de pintura que llevaba Marianne en una caja de madera, le hayan sido útiles luego de haberse caido la caja al mar y haber estado flotando durante un rato.
Espero que entre tantos premios y nominaciones asignados a esta realización, no se le adjudique alguna distinción por el vestuario, puesto que las protagonistas vistieron casi siempre la misma indumentaria.
De toda la película rescato el canto coral a capella y con percusión de palmas, que en un momento ejecuta un grupo de mujeres, aunque según un crítico la composición musical fue hecha en época posterior a la correspondiente a la película, por lo tanto su inclusión es anacrónica. Me gustó también el Verano de Las cuatro Estaciones de Vivaldi como telón final, por su potencia descriptiva y su belleza armónica.
Es muy difícil que los elementos de pintura que llevaba Marianne en una caja de madera, le hayan sido útiles luego de haberse caido la caja al mar y haber estado flotando durante un rato.
Espero que entre tantos premios y nominaciones asignados a esta realización, no se le adjudique alguna distinción por el vestuario, puesto que las protagonistas vistieron casi siempre la misma indumentaria.
De toda la película rescato el canto coral a capella y con percusión de palmas, que en un momento ejecuta un grupo de mujeres, aunque según un crítico la composición musical fue hecha en época posterior a la correspondiente a la película, por lo tanto su inclusión es anacrónica. Me gustó también el Verano de Las cuatro Estaciones de Vivaldi como telón final, por su potencia descriptiva y su belleza armónica.

Finalmente, tanto por el argumento como por su ejecución fílmica, no pude empatizar con los personajes ni con las protagonistas de esta película. Hubiera preferido no verla.
* "en el Sahara ... ni siquiera un silencio se parece a otro silencio" (Saint Exupery, Carta a un Rehén)
** La película Test, Ispytaniye (Alexander Kott, 2014) es un ejemplo de cómo sin diálogos y casi sin banda sonora, se puede hacer una película maravillosamente expresiva
* "en el Sahara ... ni siquiera un silencio se parece a otro silencio" (Saint Exupery, Carta a un Rehén)
** La película Test, Ispytaniye (Alexander Kott, 2014) es un ejemplo de cómo sin diálogos y casi sin banda sonora, se puede hacer una película maravillosamente expresiva
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La secuencia en la que la criada se realiza un aborto es abominable: sobre la cama en la que se lleva a cabo la práctica, se muestra que yace un bebé y juega una niña. ¿Se quiso acaso mostrar la contraposición entre la vida y la muerte, con la aparición de los niños y la muerte del nonato?.
Y el mal gusto continúa ... por la noche Marianne y Héloïse despìertan a la criada, que se está reponiendo de su intervención, para que asuma la posición que tuvo durante el aborto, mientras que Héloïse imita el accionar de la abortista y Marianne pinta la escena. ¿Qué se quiso expresar con la casi ridiculización de un suceso tan sensible y su materialización en un cuadro?.
Y el mal gusto continúa ... por la noche Marianne y Héloïse despìertan a la criada, que se está reponiendo de su intervención, para que asuma la posición que tuvo durante el aborto, mientras que Héloïse imita el accionar de la abortista y Marianne pinta la escena. ¿Qué se quiso expresar con la casi ridiculización de un suceso tan sensible y su materialización en un cuadro?.
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