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antonio1004 rating:
8
antonio1004 rating:
8
7.6
47,091
Thriller. Mystery. Drama
A twisted parable for the Twitter age, Black Mirror taps into the collective unease about our modern world. The first episode is a political thriller in which fictional Prime Minister Michael Callow faces a huge and shocking dilemma when Princess Susannah, a much-loved member of the Royal Family, is kidnapped.
January 10, 2012
January 10, 2012
52 of 58 users found this review helpful
Los cinco primeros minutos de ‘The National Anthem’ (cuyo guión firma el propio Charlie Brooker, creador de Black Mirror) son toda una declaración de intenciones. No hemos visto nada igual, quizás ni estamos preparados, pero no podemos apartar la mirada de la pantalla. La cara de ese primer ministro británico lo dice todo, cada diálogo, cada nueva impresión, hasta su última reacción ante semejante petición terrorista.
¿Y ahora, qué?
Ahora, nosotros. Conforme aumentan las visitas del video en youtube, se produce una carrera contra el crono y la dignidad (la suya y la de todos) en la que las redes sociales demuestran que no se puede ocultar la verdad durante mucho tiempo. Ya nada es privado, todo es público e instantáneo, incluso lo más íntimo y desagradable de uno mismo, sobre todo eso. Presenciamos como la progresiva difusión del video, cual lección de ligar de Salvador Raya, deja al Primer Ministro contra la pared, la peculiar demanda a la que se ve sometido genera una expectante bola de nieve superior a la de cualquier tweet de Bisbal y Alejandro Sanz juntos.
¿Y ahora, qué?
Ahora, nosotros. Conforme aumentan las visitas del video en youtube, se produce una carrera contra el crono y la dignidad (la suya y la de todos) en la que las redes sociales demuestran que no se puede ocultar la verdad durante mucho tiempo. Ya nada es privado, todo es público e instantáneo, incluso lo más íntimo y desagradable de uno mismo, sobre todo eso. Presenciamos como la progresiva difusión del video, cual lección de ligar de Salvador Raya, deja al Primer Ministro contra la pared, la peculiar demanda a la que se ve sometido genera una expectante bola de nieve superior a la de cualquier tweet de Bisbal y Alejandro Sanz juntos.

Pero si esto funciona es porque la representación del teatrillo es ejemplar, esa realidad alternativa es creíble hasta el último detalle, parece la nuestra. En el fondo, lo es. Los secuestradores bien podrían ser Anonymous, y mientras en televisión se informa de lo que nos quieren y pueden contar, asistimos a la lucha de la prensa por la exclusiva, vemos al gabinete político tratando de ocultar la noticia, a las fuerzas especiales buscando a los culpables, la íntima reacción al acontecimiento en el matrimonio del Primer Ministro y hasta a la Casa Real haciendo acto de presencia. El impacto es total en apenas unas horas y los culpables no somos otros que nosotros, cómplices del trending topic, verdugos del share, pendientes de una pequeña pantalla que nos va a mostrar el límite que nunca debía cruzar. En lo que, si no se había convertido ya, se convertirá siempre que haya alguien del otro lado deseando verlo. O aunque no quiera y diga que ve los documentales de La 2.

Rory Kinnear
Se enciende la señal. Cuando entra el Primer Ministro caminando frente a la cámara me gustaría pensar que por su cabeza pasa aquella canción de Tachenko, y tarareara: “No tengo escapatoria y no es ningún pretexto. Por mucho que te digan por ahí, me gustas más que el resto.“
¿Y después, qué?
¿Y después, qué?
SPOILER ALERT: The rest of this review may contain important storyline details. View all
Spoiler:
Después, cerramos los ojos. Los volvemos a abrir con miedo, la conexión ha terminado pero la televisión sigue ahí. No deja de ser solo un montón de cables, no es consciente de sus actos, como tampoco nosotros lo seremos de sus consecuencias. Ahora si, buscamos el mando y la apagamos, pero las imágenes que hemos visto se quedaran en nuestra cabeza. Y aunque parezca que al día siguiente las hemos olvidado, nos habrán cambiado para siempre.
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