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Gerardo HC Corssen rating:
5
Gerardo HC Corssen rating:
5
5.7
2,386
Thriller. Horror. Mystery. Comedy
Moments after surviving an all-out attack from the Le Domas family, Grace (Samara Weaving) discovers she’s reached the next level of the nightmarish game — and this time with her estranged sister Faith (Kathryn Newton) at her side. Grace has one chance to survive, keep her sister alive, and claim the High Seat of the Council that controls the world. Four rival families are hunting her for the throne, and whoever wins rules it all.
March 30, 2026
March 30, 2026
21 of 24 users found this review helpful
Una armadura de guion se reconoce cuando un personaje, héroe o villano, sobrevive o se salva convenientemente, traicionando las propias reglas que la película había establecido. Ready or Not 2: Here I Come abusa de ese recurso.
El arranque es prometedor. Expande el universo de la primera entrega, lo nutre con nuevas capas, la élite y las corporaciones que lo controlan todo, una mirada cínica al poder, y parece entender qué hacía especial a Ready or Not. Pero, al adoptar la lógica típica de las secuelas de ir a lo grande, también empieza a desdibujar sus propias reglas.
Desde la primera cacería se percibe el problema (y si nos vamos atrás en el tiempo, desde la película Abigail de los mismos directores). Un ataque que debería sentirse peligroso se alarga más de lo necesario. Algo que debería producir tensión, solo es un recurso para permitir que los personajes salgan ilesos en beneficio de la diversión. El riesgo deja de ser real, algo que no sucedía en la primera a pesar de sus absurdos. Y no es un caso aislado: en enfrentamientos posteriores, como el de los mellizos contra las hermanas, la resolución es tan absurda como incoherente, no porque sea exagerada, sino porque rompe la lógica interna.
El arranque es prometedor. Expande el universo de la primera entrega, lo nutre con nuevas capas, la élite y las corporaciones que lo controlan todo, una mirada cínica al poder, y parece entender qué hacía especial a Ready or Not. Pero, al adoptar la lógica típica de las secuelas de ir a lo grande, también empieza a desdibujar sus propias reglas.
Desde la primera cacería se percibe el problema (y si nos vamos atrás en el tiempo, desde la película Abigail de los mismos directores). Un ataque que debería sentirse peligroso se alarga más de lo necesario. Algo que debería producir tensión, solo es un recurso para permitir que los personajes salgan ilesos en beneficio de la diversión. El riesgo deja de ser real, algo que no sucedía en la primera a pesar de sus absurdos. Y no es un caso aislado: en enfrentamientos posteriores, como el de los mellizos contra las hermanas, la resolución es tan absurda como incoherente, no porque sea exagerada, sino porque rompe la lógica interna.

Samara Weaving & Kathryn Newton
Esto resulta especialmente frustrante porque la primera película sí entendía ese equilibrio. Su absurdo funcionaba porque estaba contenido dentro de reglas claras. Grace (Samara Weaving) sufría, se desgastaba y estaba en peligro constante. Cada escena implicaba una pregunta: ¿cómo va a salir de esta? Aquí no. La protagonista deja de sentirse vulnerable y con ello desaparecen los stakes.
El problema se extiende a los personajes. En la original, la familia, por más repelente que fuera, o quizá gracias a ello, tenía una identidad clara y una lógica interna que la hacía fascinante. Aquí, en cambio, los personajes son intercambiables. Las relaciones se fuerzan, los conflictos no se desarrollan, y las motivaciones se sacrifican en favor del espectáculo.
Reitero, el problema es la falta de coherencia, no el sinsentido. Películas como las de Yorgos Lanthimos, como Bugonia, o la primera parte, funcionan precisamente porque su absurdo obedece a reglas propias. Aquí no: las reglas se rompen cuando conviene. La narrativa se pliega al gore, a la burla de estos personajes poderosos y a la necesidad de escalar hacia un tercer acto que, aunque en papel suena ingenioso, termina siendo un desfile de excesos sin peso.
El problema se extiende a los personajes. En la original, la familia, por más repelente que fuera, o quizá gracias a ello, tenía una identidad clara y una lógica interna que la hacía fascinante. Aquí, en cambio, los personajes son intercambiables. Las relaciones se fuerzan, los conflictos no se desarrollan, y las motivaciones se sacrifican en favor del espectáculo.
Reitero, el problema es la falta de coherencia, no el sinsentido. Películas como las de Yorgos Lanthimos, como Bugonia, o la primera parte, funcionan precisamente porque su absurdo obedece a reglas propias. Aquí no: las reglas se rompen cuando conviene. La narrativa se pliega al gore, a la burla de estos personajes poderosos y a la necesidad de escalar hacia un tercer acto que, aunque en papel suena ingenioso, termina siendo un desfile de excesos sin peso.

Y es una lástima, porque la primera mitad apuntaba a algo más interesante. Ese worldbuilding con la secta, el control de las élites y la maquinaria detrás del poder tenía potencial para profundizar. Pero la película abandona esa línea para entregarse a explosiones sangrientas que ya no sorprenden ni impactan, precisamente porque el riesgo ha desaparecido.
Al final, la decepción viene de que traiciona lo que hacía funcionar ese absurdo en la primera entrega. Sin riesgo, sin personajes que importen, sin reglas claras, el espectáculo se vuelve hueco. Y eso, para una saga que se sostenía en el equilibrio entre caos y coherencia, es perderlo casi todo.
Al final, la decepción viene de que traiciona lo que hacía funcionar ese absurdo en la primera entrega. Sin riesgo, sin personajes que importen, sin reglas claras, el espectáculo se vuelve hueco. Y eso, para una saga que se sostenía en el equilibrio entre caos y coherencia, es perderlo casi todo.
SPOILER ALERT: The rest of this review may contain important storyline details. View all
Spoiler:
Un ejemplo del sinsentido: Grace sabe lo ruines que son sus captores y prefiere arriesgar, en el último acto, a que peleen por el anillo y alguna de esas sanguijuelas se quede con él, por el mero afán de verlos pelear y ver explosiones de sangre, que tomar una decisión responsable.
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