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España España · Almnedralejo
Críticas de Bruno
Ordenadas por:
10 críticas
1 2 >>
6
26 de diciembre de 2019
10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película toma algunos aciertos de la primera entrega de Jumanji. Sin embargo, el clima de aventura, suspense y acción del primer Jumanji se pierde, se apuesta por las bromas constantes, por el entretenimiento light y una sucesión de aventuras superficiales. La comedia a veces funciona. El reparto de actores da buena tinta de lo que se puede esperar. El guion y cómo se ha enfocado 'Jumanji: el siguiente nivel' cae en giros repetitivos, que sorprenden poco. Pese a todo, es una película familiar que entretiene (aunque es recomendable no mirar de reojo, ni de lejos, la cinta de Jumanji de 1995). En definitiva, este segundo round de Jumanji es una película que se nutre del universo de los videojuegos, más cómica, más predecible y de peor calidad.
Bruno
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8
27 de diciembre de 2019
4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película del gigante Warner, Joker, se ha convertido en el fenómeno fílmico del 2019. La obra audiovisual catalogada para mayores de dieciocho años más vista de la historia.

La apuesta de la productora Marvel toma las riendas de El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008). Esta segunda parte de la trilogía del Batman de Christian Bale, con las claquetas directorales de Nolan, volvió a darle dignidad al personaje, que había sufrido deslices importantes, desenfoques ciclópeos, como el Batman paparruchero de Tim Burton, en que el magnífico Jack Nicholson vistió el traje del villano (sucumbiendo a los ceros, a la pasta).

En El caballero oscuro, Batman se enfrenta a su archienemigo más particular, redondo y original. Al, tremendamente hijo de puta, Joker. Fue encarnado por el actor Heath Andrew Ledger, que se salió. La pantalla se le quedó pequeña. Llevó al personaje a un registro inalcanzable, inigualable, con una maestría actoral impresionante. Borró la frontera entre el actor y el personaje.

El australiano dibujó al personaje con los exactos matices, con esa dualidad bamboleante entre psicótico siniestro y bromista áspero de humor negro. Un papelón que le valió, supongo que por unanimidad, el Óscar al Mejor Actor Secundario (2009). Su fama, como la de las grandes leyendas del rock que se fueron prematuramente, se elevó como las olas de un tsunami tras su expiración a los veintiocho años por sobredosis de "medicamentos" (según la versión "oficial"). La tragedia le sumó repercusión e interés a la secuela que se estrenaría semanas después. La malaventura se convirtió en la mejor campaña de márquetin.

Todo los revuelos, sumado a la importancia de la factoría multimillonaria de Batman, provocó que se planteara una precuela del Joker, donde el pintarrajeado estrafalario fuera el único protagonista. La dirección recaló en las manos de Todd Phillips. Por los motivos que fueran, el elegido para interpretarlo fue Joaquin Phoenix. Un actor, que para mí, particularmente, lleva muy bien los thrillers y la ciencia-ficción (realizó un trabajo impresionante en la futurista y sentimental Her), y que, a priori, el papel de loco-cómico estaba lejos de sus registros, de parecerse al Joker de Ledger.

Pero en el Joker, el universo Batman y el imaginario de cómic de Marvel desaparecen casi por completo. No es una película saturada de acción, carreras de coches inverosímiles, estallidos, sobresaltos cósmicos y efectos especiales. En El caballero oscuro, el Joker de Ledger es un genial loco. Un líder astuto, carismático. Sin embargo, en el Joker de Phoenix es un personaje imbuido en sí mismo, deprimido, triste, inseguro, narcotizado, angustiado, desequilibrado.

La película es un itinerario en primera persona por inacabables desdichas. Un eterno primer plano de Arthur Fleck, un don nadie de barrio marginal de Gotham City. Somos espectadores, por tanto, de su vida de cloaca y de los bajos fondos, de sus idas y venidas, del desamparo de una persona con problemas mentales que malvive y sobrevive con su madre incapacitada y enajenada. Y tras las cortinas de la miseria de su día a día, pared con pared, la sociedad que le da la espalda, que lo margina, mientras aparecen en la televisión imágenes en color de otras vidas, de los triunfadores de su ciudad, ricos y todopoderosos que reciben los aplausos y parabienes, que hacen sangrante el contraste entre la realidad de Fleck y la de los que flotan en el show business, el éxito, la política.

Descubrimos y penetramos en el Joker antes de ser Joker. Desenmascaramos al fracasado payaso de poca monta que mendigaba míseras actuaciones. Es evidente, que la película va más allá de la encorsetada etiqueta del antihéroe, porque encontramos profundas reflexiones, lecturas subversivas. La desigualdad, el tabú de los problemas mentales, cómo la sociedad dual de ricos y pobres entablilla a los pobres a la marginación y al abandono..., provoca el colapso de Arthur Fleck, el descenso a la locura y a la liberación. Así nace el Joker, el antihéroe agitante que defiende la revolución del caos.

De ahí, que los espectadores hayan aplaudido las venganzas, los ajustes de cuenta, los tiros, que el payaso se tome la ley por su mano. Una venganza que tiene una lectura social; el levantamiento del más grande de los oprimidos. Porque si la sociedad te deja defenestrado, te arrincona, la única salida que ves abierta es la rebelión. Un rebelión que no busca un objetivo. Una rebelión incendiaria que a ojos del espectador está justificada. La antirrevolución. La insurgencia que pugna por dejar la ciudad en llamas.

Es una película lograda. Yo, particularmente, después de rumiarla, no la considero una obra maestra. La crítica la ha inflado y le ha impregnado una trascendencia de la que carece, porque como le ocurre a tantas películas, a tantas novelas, a tantas canciones, se ha convertido en un motivo viral. En estos casos, habitualmente, se suele perder el norte de la crítica y suele confundirse éxito con calidad. Si bien, es una muy buena película que merece ser vista. No faltan los mares de tintas que apuntan a que J. Phoenix se llevará el máximo galardón dorado, la estatuilla del caballero que aguarda con una espada, de calle, por su interpretación.

Como apunte final, me gustaría destacar un último acierto: la banda sonora. Una track-list que funciona por contraste. Canciones guitarreras y jazzeras, melódicas, alegres y vitalistas, que aparecen en las situaciones más crudas, en escenas, visualmente hablando, de hipotermia e infarto. Curiosamente, encaja a la perfección. Se nota que el tipo que ha estado agazapado con los temas posee un gusto musical curtido.

BS
https://lanuberojalibre.blogspot.com/2019/12/la-revolucion-del-caos.html
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Bruno
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9
16 de diciembre de 2017
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace unos años ―demasiados, a decir verdad― vio la luz una película que sale del pasteleo hollywoodiense actual, Máscara (Mask), basada en hechos reales. Me impresionó muchísimo cuando la vi por primera vez cuando tenía trece o catorce años ―casi la misma edad que presenta el protagonista―. La película te pone en la piel de un adolescente que sufre displasia craneodiafisaria, una extraña enfermedad que hace que los huesos del cráneo crezcan desproporcionadamente y que da lugar a que el sujeto presente una cabeza agigantada y deformada. Y para mal de males, "Rocky", sufre continuos dolores de cabeza. Pero el tipo tiene una personalidad encantadora, es inteligentísimo, desaforadamente enrollado, con los sueños, las esperanzas y las expectativas típicas de cualquier adolescente.

No me gustaría revelar mucho más de esta fantástica película, pero no puedo dejar en el tintero que el tipo vive solo con su madre ―interpretada por Cher―, en una ambiente un tanto desequilibrado ―que no deprimente― en donde se fusionan moteros, alcohol y un controlado desenfreno.

En Máscara encontramos una verosimilitud muy lograda, con brotes viscerales, vivazes. Retrasmite la cara A y la cara B, muestra las idiosincrasias y las durezas de un adolescente que tiene que aprender a vivir con una careto monstruoso en los ambientes, a veces soez y cruel, del instituto. No hay connivencia; "Rocky" sufrirá los estragos, pero también vivirá momentos dulces.

Una película fantástica que te hace más humano.

http://lanuberojalibre.blogspot.com.es/2017/12/trescomendaciones-iv.html
Bruno
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10
3 de febrero de 2017
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
No siempre ocurre. A veces, simplemente, un vistazo relámpago, escasos segundos de una magnífica y adecuada banda sonora introductoria son suficientes argumentos para entrever la calidad de una película. Lo aclara todo. En ellos se encuentran la habilidad y la destreza.

Clint Eastwood es un tipo que arriesga, apuesta por películas valientes, guiones elaborados, aunque no siempre resulten al final en la pantalla. Million Dólar Baby (2004) es imposible que entrara en los dominios del fracaso. Si echamos una ojeada al reparto de actores, esa posibilidad no existía. Ni se baraja. Nos encontramos con el omnipresente Morgan Freeman, secundario de lujo, uniéndose a la grandeza y maestría de Hilary Swank, todo un portento, como ya demostró en sus inicios con Boys don’t cry (1999). A ellos, se suma un actor que no necesita presentación, Clint Eastwood, que tiene la mirada de tipo duro patentada. Saca de nuevo uno de sus personajes prototipos; duro y seco, arrogante, directo y honesto, corazón de añico y fuego. Anillo al dedo. El papel lo realiza, lo viste y lo lleva como nadie. Hecho a medida. Además, por si fuera poco, Eastwood tiene la destreza y suficiencia para manejar la dirección y las labores de producción. Sabe lo que quiere y puede.

Sinopsis:
Hilary Swank interpreta a Maggie Fitzgerald, una apasionada del boxeo que decide enfundarse los guantes, a sus 31 años, para darle cuerda a su pasión y seguir la estela de su sueño. Nunca es tarde. Una luchadora en todas las reglas. Acaba encontrando refugio y cobijo, un lugar de entrenamiento, en un gimnasio un tanto abandonado, regentado por Frankie Dunn (Clint Eastwood) y mantenido por Red, apodado Scrap (Morgan Freeman). Frankie es un anciano, carismático y huraño entrenador de boxeo, con poco encanto en las primeras distancias cortas, pero con mil golpes por enseñar y otros mil consejos para dar y regalar y ganar un combate, con un océano de boxeo dentro de su cráneo. Red, un hombre sosegado y entero, bondad y humildad, subcampeón largos años atrás en el campeonato mundial. Ahora ni tan siquiera recubre el papel de vieja gloria, lleva una existencia sin aspavientos, modesta, austera. Trabaja paciente en el mantenimiento y cuidado del gimnasio. Se convertirá en el punto de unión entre su torrente viejo amigo Frankie y la incansable y perseverante Maggie. Y no me quiero olvidar de Danger / Peligro, un personaje entrañable, interpretado con agilidad y entereza por Jay Baruchel.

Los tres comparten un profundo vínculo. No se trata solo de boxeo. Los tres suben descalzos sus propios caminos pedregosos. Tres personas que soportan a su manera el desgaste, el fango. El boxeo, en la película es la evasión, la magia, la salida. Lo entienden como un arte donde nada es casual, con su particular técnica, con la necesaria destreza y cabeza, puestas en la escena. No es pelea simplemente, es respeto, dosis de sacrificio, arrojo sin medida. La consecuencia de una condición, una forma de ser.

El boxeo es la excusa. La orfandad y la soledad van mano a mano con la derrota y la frustración. Los golpes imparables de la vida se convierten también en protagonistas. La película, un magistral melodrama, nos ofrece una interesante reflexión sobre las escasas oportunidades que ofrece la vida para abordarla y sobre las derechas intratables que esta a veces nos devuelve para dejarnos, irremediablemente fundidos, K.O.

Bruno

[Publicado 30th April 2015 por La Nube Roja:
http://lanuberojalibre.blogspot.com.es/2015/04/million-dolar-baby.html]
Bruno
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8
15 de abril de 2017
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película convence, es un film redondo. Atrapa. La historia de una venganza que se realiza a fuego lento. Antonio de la Torre de nuevo interpreta a un personaje tímido, acechado, con timbres oscuros, con ciertas sombras, ciertos claroscuros, y fondo, a deshora, indescifrable. El largometraje va creciendo y sorprendiendo conforme pasan los minutos. El guion, la trama, fluye con acierto. Una película elaborada donde nada queda al azar. Raúl Arévalo dirigió con acierto una historia cinco estrellas.
Bruno
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