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Peter Gabriel 77 rating:
8
Drama. Romance In Naples, where prostitutes can pay their rent, Angela is sentenced to a year in the workhouse when she tries to steal(while streetwalking) to pay for medicine for her dying mother. She escapes and is hidden by a circus, where she's a natural talent and meets Gino, a painter. When she breaks her ankle in a fall, her career ends. What can she and Gino do? He wants to go to Naples, but the law may still be looking for her, and Gino ... [+]
Language of the review:
  • es
January 2, 2010
11 of 13 users found this review helpful
Otra dosis de cine mudo en vena, que últimamente me está deparando incontables alegrías. Esa pureza, ese lenguaje visual tan extremo, tan desnudo, ese filo punzante que tiene el mejor cine mudo puede llegar a ser algo muy adictivo. En esta ocasión le ha tocado a esta Street Angel de Frank Borzage, quien también hace poco me deparó otra perita en dulce con El Séptimo Cielo, ligerísimamente superior a ésta, quizás. Una lástima que con la llegada del sonoro Borzage no acabara de encontrar su sitio, a tenor de lo visto hasta ahora, aunque siguiera facturando obras estimables como Adiós A Las Armas o Fueros Humanos. Pero nada como esa dupla inicial, bajo mi punto de vista. Ambas dos protagonizadas por Janet Gaynor, un rostro preñado de una dulzura y un candor irresistibles, y que recibió el Oscar ese año por su trabajo en las susodichas y en Amanecer de Murnau, y Charles Farrell, un galán de una raza extinta, con un carisma entrañable e ingenuo. Ambos dos conformaron una pareja sencillamente perfecta para estas pequeñas delicatessen de Borzage, obras de un romanticismo tan acaramelado como delicioso, de una candidez irresistible, tratando las miserias y la vida de los suburbios de la época con una mirada optimista donde el final feliz, en tantas ocasiones incómodo, es tan natural como necesario. Todo ello engalanado con unos decorados fastuosos que lo zambullen a uno de lleno en esos barrios de miseria pero sin excesivas espinas, con una escenografía cuidadísima, lírica, bucólica. Y la religión, que metía su embarazosa pezuña más de la cuenta en El Séptimo Cielo, apenas asoma aquí por debajo de la puerta, gracias a Bon Scott. En fin, qué fácil resulta creer en el poder del amor despues de embucharse artefactos como estos.
Peter Gabriel 77
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