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Spain Spain · Valladolid
bottadori rating:
4
Thriller. Drama Year 1981. In Gotham City, mentally-troubled Arthur Fleck (Joaquin Phoenix) works as a clown-for-hire and lives with his mother, Penny. Arthur, whose motivation in life is to make people laugh, wants to be a stand-up comedian, but he is ignored by society, and a series of tragic events will take him to see the world in a different way, full of anger and rage against everyone and everything.
Language of the review:
  • es
August 6, 2021
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¿Qué tiene que ver la historia mil veces contada del perdedor que se rebela contra el sistema con el Joker de los cómics DC? Nada. Y entonces, ¿por qué este protagonista en esta película?
Por el universo Batman de Nolan.

Para esta generación, el Joker es Ledger y el Joker fue creado por Nolan como personificación del CAOS. No del mal, sino del caos, es decir de lo opuesto al orden. El caos tiene una importancia fundamental en la filosofía materialista, porque todo surge del caos. Y en El caballero oscuro Nolan plantea no la derrota del mal por el bien, sino del caos por el orden. Es posible que las cabezas pensantes (suponemos que Scott Silver) de este nuevo Joker hayan tardado diez años en entenderlo, pero parece que al final lo pillaron. Y entonces les salieron ampollas.
Más Nolan: En la continuación, La leyenda renace, se desnuda la naturaleza de los populismos. Aparece el tirano que dice defender al pueblo, la revolución no espontánea, los juicios populares dirigidos por los psicóticos/psicópatas de Arkham… y, terrible pecado, la policía resulta ser la última defensa de las libertades. Más ampollas.
Y añadamos al cuadro que Batman era un héroe (y víctima) de clase muy alta…

Son tiempos en los que se reescribe hasta Blancanieves y todo esto tenía alguien que reescribirlo. Han venido los apóstoles Silver y Phillips a explicarnos que los psicóticos son víctimas del sistema que tienen derecho a matar, que los ricos, encarnados por Wayne padre, desprecian a los desfavorecidos y merecen la muerte, que la policía está contra la gente, que el desorden debe triunfar en la calle (bajo el símbolo del payaso y la risa) y que hay que rehabilitar al Joker y ascenderlo al olimpo de los héroes revolucionarios… y ni siquiera mata al padre de Batman. Ha vuelto el “orden” ideológicamente aceptable.
La primera paliza al Joker, cometida por adolescentes hispanos, no tiene consecuencias; pero en la segunda, los tres yuppies mueren. “Yo no lo lamento; tres capullos menos”. “¿Tiene gracia la muerte de tres jóvenes?: Sí”. No se andan con sutilezas para que nadie diga que no se les entiende todo. Da asco que los megamillonarios de Hollywood (en la producción, Todd Phillips y Bradley Cooper, que a lo mejor se quiere hacer perdonar sus trabajos con Eastwood) se erijan en portavoces de la “gente” y ofrezcan coartadas a la violencia. Dan el mismo asco los críticos que los aplauden (y que se escandalizan hasta el casto desmayo con El justiciero de la ciudad). Tiene gracia la alusión a la huelga de recogida de basuras con que se abre el film: podría pensarse que este guion se salvó precisamente por eso.
Puesto el argumento en el estercolero que merece, hay algo a destacar del film (que probablemente no se deba al “resacoso” Phillips) que es el diseño granguiñolesco de la personalidad psicótica. No creo que Phenix se merezca un oscar por hacer de sí mismo, pero sus huesos, sus arrugas, su pelo, sus movimientos desgarbados, sus muecas, sus dientes, el maquillaje y demás aditamentos de su personaje (incluida la manera de iluminarlo) son puro exceso teatral. Y como todo lo puro, se merece una mínima admiración.
bottadori
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