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Gambia Gambia · Galiza
Críticas de ibán
Ordenadas por:
31 críticas
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9
17 de febrero de 2007
129 de 139 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante experimento el que acometió el director al plantear una historia que tanto tentaba la búsqueda de la fabulación futurista, regodeándose en los efectos especiales más avanzados que su época le hubiese permitido, a través de un lenguaje cinematográfico abandonado cuatro décadas atrás. Seguro que nos recordará a Stroheim esta narración que cabalga sobre fotogramas fijos genialmente escogidos, pero éste no deja de ser un aspecto, aunque lleno de intención en Marker, meramente técnico. Para mí, puestos a buscarle un referente entre los clásicos, está mucho más cerca del Murnau de Amanecer. Porque, más que ninguna otra cosa, la Jetée es una de las historias de amor más bonitas y mejor contadas que conozco.

Agradecerle a 12 monos el uso de la misma idea argumental, gracias a ello se ha rescatado este tesoro de la filmografía francesa para muchos de nosotros. Citado este punto de partida no encuentro relación alguna entre las dos obras. Mientras que en la película de Gilliam el viaje en el tiempo y por tanto la “historia de ciencia ficción” sirve como justificación y argumento central, aquí no es más que otra de las múltiples facetas. Si no por encima, a la misma altura están la historia de amor, la elección del lenguaje, la combinación de música y fotografía...Ya sé que es un tópico alabar las virtudes del original frente a la banalidad de la versión reciente (sobre todo si ésta es yanqui), pero en este caso es tan obvio que cualquier comparación resulta imposible.

Desconozco si estoy en lo cierto, pero me atrevo a decir que esconde hallazgos posteriormente aplicados por otros directores: la estética de algunos personajes de Delicatessen, la utilización de la voz en off que Lars Von Trier emplea en Europa...

Sólo añadir que al terminar el visionado he vuelto a ponerla otras dos veces. La recomiendo encarecidamente. No digo que se trate de una obra maestra pero, inusual en las formas y limpia de todo lo accesorio (no llega a media hora), es una experiencia que merece la pena. Realizando una analogía con la literatura; si, por ejemplo, Orson Welles representase al teatro y Ford a la narrativa, sin duda aquí estamos ante uno de los mejores poemas de la historia del cine.
ibán
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10
27 de enero de 2007
65 de 80 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al repasar el cine europeo a partir de la década de los 50, siempre me he sentido más interesado por el cine francés, sus ideas y sus formas, que por el cine italiano. Por contra, sin que sepa muy bien por qué, al final disfruto más del segundo que del primero. De alguna manera es como si siempre me decepcionaran los filmes franceses, quizás por lo ambicioso de sus planteamientos, y los italianos me sorprendieran positivamente, con un ideario mucho más factible.

Bueno, pues por fin he visto la película francesa que colmó todas mis (muchas) expectativas. La mama y la puta es un compendio de lo que se supone representa el cine francés: improvisación, cinefilia, naturalidad, realismo, franqueza y, por supuesto, un punto snob, que resultaría repugnante de encontrárselo por la calle, pero que no queda mal en la pantalla.

Comienza con dos horas de gran película arriesgándose a desmoronarse en algunos desajustes de la trama, para pasar a una auténtica obra maestra en el último tramo. A lo largo de estos largos sesenta minutos, el dolor muestra su cara más dura y todos los matices del principio devienen en el desmoronamiento de los personajes. Arriesgada en el planteamiento, consigue salvar los escollos de una trama complicada que fácilmente hubiese caído en el absurdo o la comedia de enredo, sosteniéndose en el guión más logrado que he visto jamás, con una profundidad digna del mismísimo Bergman. El estudio psicológico del ser humano en la sociedad actual demuestra la inteligencia de Eustache, que de forma transversal recorre todos los aspectos de la personalidad de cada individuo para verterlos en la omnipresente obsesión sexual de todos ellos.

Me queda una duda/deseo, ¿cómo sería esta película si la hubiese protagonizado el joven L.M. Panero de El Desencanto?
ibán
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8
26 de mayo de 2007
47 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil
Romper una lanza a favor de Tropical Malady que, quizás no sea la mejor película del año que algunos han querido encontrar, pero que tampoco merece ser tomada como una cinta aburrida sin sentido ni contenido. No es justo sentenciarla como típica película asiática de ritmo lento, está muy lejos de encajar dentro de ese arquetipo que los occidentales hemos asignado a gran parte del cine asiático. Si bien la ausencia de diálogos es evidentemente, la simbología, la potencia de las imágenes, la dota de una densidad que no debería aburrir, o puede que sí, que todo es subjetivo y más desde el punto de vista europeo. Pero el ritmo no sólo lo marca el mayor o menor número de palabras por minuto, o de cambios de plano; de la misma manera que en una canción no depende de la cantidad de notas por segundo. No se come y digiere igual de rápido un entrecot que unas palomitas, sin que por ello lo primero sea menos nutritivo o placentero (tampoco digo que lo segundo sea peor, me encantan las palomitas).

Centrándonos en la película, el director la divide en dos partes ya no claramente diferenciadas, sino directamente separadas, donde en mi opinión, la búsqueda de nexos pasa por la ingesta previa de sustancias ilegales. Apichatpong demuestra una gran osadía narrativa con esta desestructuración y sus hallazgos formales, situándose en la vanguardia del lenguaje cinematográfico a la altura de grandes nombres del cine actual, como Claire Denis o Hou Hsiao-Hsien.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
ibán
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8
25 de febrero de 2008
38 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
A la sombra de Ozu, del inmenso Mizoguchi y por supuesto de Kurosawa, persiste la figura de este inconmensurable director. Kobayashi tiene varias películas entre las primeras 20 de japón (hablo de los ránkings de Filmaffinity), pero siempre con un número de votaciones bajísimo, sólo supera los 100 en un caso, mientras que Ozú o Mizoguchi pasan fácilmente de los 1000 y Kurosawa incluso de los 10000.

Poseedor de una estilo limpio y elegante, la espectacularidad de sus películas no la alcanzaron nunca los dos primeros (no digo tampoco que lo intentaran, Ozú de hecho probablemente lo evitase). El tercero, Kurosawa, sólo lo logró 20 años despúes, en la década de los 80 con Ran y Kagemusha. Es pues en los aspectos técnicos un superdotado avanzado a sus tiempos, una especie de Bella Tarr japonés de los 60.

Si técnicamente destacó, en la narrativa no lo hizo menos. Su estilo es ameno, lejano a la quietud del cine asiático, espectacular a veces. Sus películas de bellos paisajes, de planos estudiados mil veces, bien las podría firmar Houston, por poner un ejemplo.

Defensor de valores morales como el amor, la familia, el honor. Amante de la historia y la tradición, en su caso japonesas; su cine creo que tiene todo lo necesario para llegar al gran público. Es un cine que “se entiende” y que entretiene, en este aspecto estaría en la línea de las películas más conocidas de Kurosawa o John Ford.

En resumen, que desconozco los motivos que mantienen a este director en círculos reducidos cuando debería ser un “best seller” del cine japonés, como lo son Huston y Ford en el estadounidense. No sé si se trata de prejuicios frente al cine asiático o si simplemente se debe a desconocimiento, pero creo que mucha gente se está perdiendo una filmografía de la que seguro disfrutaría.

Y, como hay que hablar de la película, decir que han puesto en la coctelera un combinado dramático a base de amor eterno, sueños frustrados y abusos de poder servidos en un siglo de traiciones y tradiciones milenarias. Vamos que están todos los argumentos para componer la gran historia que efectivamente acabamos viendo.
ibán
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8
11 de febrero de 2010
37 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
Escribo este comentario más como respuesta a las críticas que he leído que por que realmente tenga ganas de hablar sobre la película. Old Joy me ha gustado pero deja un poso que la comodidad hace más deseable no remover, mejor si se pierde entre otros más agradables. Por otra parte tras leer, no sólo en esta página si no en general en toda la red, las críticas de los usuarios, no puedo menos que intentar poner sobre aviso a posibles futuros espectadores. NO tiene NADA que ver con “Entre copas”. Nada salvo que todo lo que alcancemos a comprender sea que dos viejos amigos van viajando en un coche. Igual hasta habrá, yo no lo he leído pero probablemente exista, alguno que diga que es una mezcla entre la primera y “Brokebak Mountain”. En absoluto, eso como mucho haría referencia a la puesta en escena, a la forma, nunca al fondo. Antes estaría más cerca de” Una historia Verdadera” pero renunciando a su optimismo. Quizás sea algo así como “Una historia verdadera” pero rodado por Nobuhiro Suwa.

Tampoco encuentro ese homoerotismo tan recurrido. Que dos personajes este cerca sin saber que decirse no significa necesariamente que estén deseando follar. A lo mejor no se les ocurre nada. O, peor, todo lo que se les ocurre es demasiado hiriente. ¿Quién no se ha visto obligado a estar enfrente a alguien sin saber/tener que decirle…? y eso no implica que se lo esté imaginando desnudo en una piscina de barro.

Esta es una película que nos habla de la victoria de la sociedad sobre el individuo. Lo hace de una forma inteligente y pesimista, aunque sesgada por su inevitable ideología “progre”. Ideología que se convierte en un personaje más de la película, enriqueciéndola y eludiendo el panfletarismo de forma admirable.

Dos amigos que sienten un afecto de años suficientemente intenso como para no atreverse a manifestar reproches, pero que al mismo tiempo detestan lo que el otro representa:
Uno, que se ha mantenido “fiel” a lo que soñaban de adolescentes, se ve hundido, aislado, rechazado por la sociedad en la que de ninguna manera puede evitar vivir. Y su amigo es uno de esos del otro lado, uno de esos que lo margina.
El otro, ha cambiado y ha adaptado su vida a lo que la “gente bien” espera. Una postura más cómoda que le permite disfrutar de una vida de familia y comunidad, pero que no significa nada más que las migajas regaladas al converso. Y la presencia del primero sólo sirve para eso, para recordarle que se ha rendido por unas migajas. Quizás esas migajas supiesen mejor si él desapareciera.

No sé vosotros, pero yo he sentido cosas parecidas con más de un amigo de juventud y me ha dolido la película.
ibán
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