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Críticas de Piano y yo
Ordenadas por:
79 críticas
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10
15 de enero de 2011
21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Acabo de ver por 3ª vez en mi vida esta película, antes tenía 20, luego 30 y ahora tengo 40 años. Me sigue gustando mucho por los siguientes motivos, que son los mismos desde la primera vez que la ví:
1.- El comienzo espectacular, con el contraste entre los besos recibidos por el marido (Tony) y el amante (Mark), la mirada desafiante de ella hacia su marido en el desayuno.
2.- La imponente y larga escena en la que el marido convence al futuro ejecutor de su maquiavélico plan; Hitchcock parece gozar al mostrarnos lo fracasado que es el tal Swan.
3.- Lo impactante en el aspecto visual de las escenas del crimen, de la alteración de pruebas posterior y del juego de colores sobre la cara de ella en el juicio con la voz en off acusadora.
4.- La bromita de que se pare el reloj y no haya sincronización en los planes del cerebro y el ejecutor momentos antes de que suene el teléfono.
5.- Las caras y los siempre divertidos comentarios del detective John Williams.
6.- En general, como han dicho otras críticas, por la tremenda importancia que adquieren los objetos –llave, carta, medias, dinero-, y por desarrollarse toda la película en el salón de la casa.
7.- La gélida belleza de Grace Kelly, que además viste acorde con su estado de ánimo. Al comienzo estando con su amante va sexy –de rojo y con escote-; luego cuando van a irse fuera éste y su marido sigue estando muy arreglada y guapa, pero en plan más casero; el camisón le queda muy bien, -obvio-; y desde que la acusan pasa a vestir de forma realmente apagada y triste.
8.- El meticuloso guión, lo impactante de la frialdad de la actuación de Ray Milland en todo momento, -su cara en el taxi de vuelta a casa tras su primer fracaso inicial es la de un sádico-.
9.- Está en armonía la música de la película –música con ritmo y hasta pegadiza- con el hecho cómico de que sea el amante, más bien atontado, el que en el último momento da en el centro de la diana adivinándolo todo. En cierto modo, la película es una obra de teatro clásico y al mismo tiempo una comedia con un aire muy inglés.
Y 10.- Resiste perfectamente varios visionados.
Así que, corten esta crítica, y música maestro.
Nota: 10 sobre 10.
P.D. No me parece adecuado comparar películas de Hitchcock entre sí; especialmente con él cada una es un mundo con tantos detalles…
Piano y yo
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10
17 de julio de 2010
24 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Marilyn Monroe está más natural que nunca. Y tan bella y deseable como siempre, -Niágara, Con faldas y a lo loco, Vidas rebeldes y tantas otras-. Por Dios, qué mujer.
Laurence Olivier, que es un rey de un país imaginario y que vive rodeado de lujos, pero que nunca se ha enamorado, conoce a la cantante corista, Marilyn Monroe, la invita a cenar a su castillo y surge el amor entre ambos. El problema es que él no está muy acostumbrado a expresar sus sentimientos, pues se ha tomado muy en serio lo de dirigir los destinos del mundo, y está demasiado preocupado por si estalla la Revolución, por lo que ella en varios momentos de la película se sientre más atendida por el hijo del rey, un chavalillo de 16 años, que es el regente, y que pronto se convertirá en rey.
Y las 2 horas de la película consisten en ver a Marilyn haciendo gamberradas en el castillo, las cuales atraen la atención primero y más tarde excitan sobremanera a su rígido rey Laurence Olivier, aunque éste tenga que guardar las apariencias durante toda la película antes los centenares de sirvientes.
Pero eso sí, Marilyn llena completamente la película, con sus risitas, sus borracheras, -papel que siempre borda Marilyn el de chica que ahoga sus penas amorosas en alcohol, ver la prodigiosa Con faldas y a lo loco-, sus besazos, sus reverencias, sus contestaciones cuando la habla en idiomas que no conoce, sus conversaciones a solas diciéndose a sí misma -Ten cuidado, no te enamores-, sus despedidas -hasta 4 veces es invitada a abandonar el castillo, con lo cual el cuento de Cenicienta parece terminar-.
Y ¿qué decir del final de la película?: ¿la admitirá el rey finalmente como parte de su vida, o la abandonará tras el tórrido romance?. No soy yo quien se lo cuente, pues la película merece, sin duda, ser vista.
Además la música del violinista detrás de la puerta y la de la Iglesia de Notre Damme en la coronación de otro personaje de la película son también muy bonitas.
Puro humor balcánico, diferente al humor inglés, -así describe ella a su rey ante las amigas-; humor balcánico, que no volcánico, aunque la peli sea un volcán en erupción. Cuanta pasión. Y que bien. Simplemente perfecta.
Nota 10 de 10.
Piano y yo
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10
8 de diciembre de 2010
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muy divertida película, con un ritmo frenético, una historia divertida, el matrimonio de banqueros te hace reir continuamente, -él con buen corazón, pero harto de los dispendios económicos de su esposa y de la vaguería de su hijo Ray Milland, también genial-. Jean Arthur actúa muy bien como chica humilde que le cae la fortuna caída del cielo y consigue con su cara angelical que te enamores de ella. Guión francamente fantástico, con diálogos muy buenos y divertidos. Contiene escenas realmente geniales y largas, como la de la cafetería, con esa invasión de la gente, o como la de los vaivenes de la bolsa, provocados por la decisión de la chica humilde, que preguntada, por error, afirma que el cobre va a bajar, cuando ella no tiene ni idea de temas bursátiles.
Nada que criticar, es divertida hasta la escena final.
Gracias a Preston Surges y a Mitchell Leisen.
Nota 10 sobre 10.
Así que corten esta crítica, enciendan el televisor y música maestro.
Piano y yo
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10
16 de abril de 2010
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Está tan llena de luz, comicidad, diversión, locura y es tan sumamente rápida que uno, si volviese a nacer, tendría dudas de si querría ser tan feliz como Lemmon dando locos giros a su violonchelo mirando a Marilyn, o dando tumbos sobre la cama con unas maracas porque un millonario la ha pedido matrimonio a ELLA -es correcto así-, o si querría sentir tanto placer como el diabólico saxofonista Curtis, disfrazado de primera comunión, siendo resucitado al placer de los besos por una Marilyn Monroe totalmente embriagada por las colección de conchas del dueño de las gasolineras Shell Oil, o si querría darse la buena vida que se gastan Botines y/o demás gángsters ...
Además es la película que mejor retrata a Marilyn Monroe junto con Niágara y Vidas rebeldes. Explota su inocencia sexual en la escena inicial del tren, ya que Wilder consigue al rodearla de sus compañeras de la orquesta mujeres, la directora vieja, fea y amargada, el productor gordo y dormilón, y los dos mirones escondidos -Lemmon y Curtis-, que Marilyn destaque muchísimo más que por ejemplo rodeada de hombres vestida de rosa y cantando que los diamantes son los mejores amigos de una chica en Los caballeros las prefieren rubias.
Además la película tiene un poso de romanticismo totalmente auténtico y nos da una moraleja -ver spoiler-. En resumen, obra maestra, que se puede ver 100 veces seguidas, porque te hace soñar, no tiene un solo fallo y reluce como un cielo azul. Una de las cinco mejores comedias de la historia del cine, de las cuales al menos 4 son de Billy Wilder -Irma la dulce, Besame tonto, Uno dos tres, Ariane-.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Piano y yo
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9
17 de octubre de 2010
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película la ví hace 6 años, pero la historia es fácil de recordar. Reitero lo dicho en otras críticas, impacta por lo bien retratado que está el digamos Nueva York de todos los días, con esa mezcla de gentes de distintas clases sociales entre los usuarios del Metro, cosa que hoy es común en Madrid, pero que en el año de la película 1974, era propio de Nueva York y seguramente de pocos sitios más. Es cierto que tiene un aire setentero total, por recomendar otras 2 películas de la misma época con un aire parecido, diría a El diablo sobre ruedas de 1971 del taquillero Steven Spielberg, que comparte no sólo el tema de la persecución de un medio de transporte, sino la dualidad absoluta entre buenos y malos, y Las Noches rojas de Harlem también del 71, por el papel de policía ligón supermachote de Richard Roundtree, que se podría corresponder con el siempre machote Robert Shaw.
Aunque no parezca muy apetecible al principio, el caso es que mantiene la tensión hasta el final.
Walter Matthau, como siempre, perfecto en lo de engatusar con su palabrería a los secuestradores y también, de paso, a los espectadores.
Nota 9 de 10.
Hoy es 17 de Octubre de 2.010.
Piano y yo
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