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Argentina Argentina · Buenos Aires
Críticas de Federico Furzan
Ordenadas por:
26 críticas
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6
9 de octubre de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Recuerdo cuando vi The Babysitter. Me divertí muchísimo. Disfruté los gags de gore y comedia. Y reconocí algo de inteligencia en la información de un guión completamente dependiente de la ubicación de sus espectadores en un ambiente virtual y plástico. Fue una noche de viernes en la que agradecí la existencia de una película que no me inundara de tensión, y me permitía disfrutar de algo banal.

Su secuela aparece de forma inesperada. Sí, sabíamos de su existencia. Pero Netflix utiliza los viernes como vehículos y de repente lanza una secuela que no sabíamos que merecíamos. The Babysitter: Killer Queen es una insulsa vuelta al pasado que depende completamente de la validación que hayamos otorgado a su primera entrega. Si de aquello quedó algo en el guión, y se descartó por depuración, aparece de forma renovada en la secuela que no es tan secuela. Quizás si me hubiese sentado a esperar mucho más del producto, la decepción hubiese sido mayor. Pero estamos hablando de un joven que parece ser la víctima de un culto satánico así como de los problemas típicos de la adolescencia. El “coming of age” nunca ha sido tan retorcido como se le retrata acá.

En The Babysitter: Killer Queen, Cole no logra que alguien crea lo que le ocurrió hace un par de años. Le atribuyen todo a una crisis emocional. Ni siquiera quien sobrevivió junto a él lo valida lo suficiente. Cole debe lidiar con la incredulidad de sus padres, un ambiente escolar que lo acusa de querer llamar la atención y un sentido de soledad generalizado que no es menos que deprimente. Pero un día Cole decide hacer caso a esa chica de la que está enamorado y que posiblemente lo entiende mejor que nadie, y así emprende un viaje de fin de semana. Pero el chico se lleva una sorpresa. Las intenciones de quienes le acompañan son otras. Nuevamente el joven se enfrenta a algo que no voy a revelar, y que definitivamente es el elemento sorpresivo que vale la pena: Cuando en tu secuela no puedes plantear algo mejor que lo original, ¿qué haces? La respuesta está ahí en The Babysitter: Killer Queen.

¿Me quería reír más? Sí. Pero tampoco puedo condenar un intento que se genera de la nada y que nuevamente acierta en el balance de horror y comedia que necesitamos en un viernes a la noche. La película nos plantea suficientes alegorías al pop culture como para asentir y reírnos un poco. Es violenta y exagerada. Y sí, nos regresa a quienes extrañábamos. Quizás haya demasiada dependencia en lo nuevo, que resulta ser poco desarrollado. Y el tiempo no se aprovecha muy bien. Pero nunca hay más errores que fallas. McG sabe cómo dosificar y depender de lo sustancioso. No es un director que comete errores con frecuencia. Y hasta podemos decir que aprende de aventuras inexplicables. Al menos mantuvo a su personaje principal; un Judah Lewis que estoy seguro que tiene una carrera no explotada por delante.

**** Originalmente publicada en https://cinelipsis.com/ ****
Federico Furzan
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8
9 de octubre de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Crecí en medio de leyendas y folklore.

Desde que era un chico, toda reunión tenía una especie de momento magno en el que las historias de horror aparecían y ahí venía el especialista que como un nerd había leído todo el material disponible, y había escuchado los cuentos de ancianos que alimentaban la imaginación de quien les escribe. Cuando ese contenido sobrepasaba los límites de la incredulidad y de alguna forma justificaba un horrible acto real, la sangre se me helaba. ¿Hasta qué punto era aceptable culpar a algo ficticio de un horrible acto? No tiene mucho que ver con lo que hoy escribo sobre Diablo Rojo PTY, pero es un elemento que añade sustancia al poder de un cuento, una leyenda que trasciende generaciones.

El filme Diablo Rojo PTY es una linda colección de esos testimonios en forma de película de horror. Debo admitir que no le tenía confianza a lo que supuestamente es una película pionera de Panamá en materia de género; es un país que no suele tener producciones de escala mayor.

Pero la pasé muy bien. Y aunque es imposible dejar de ver sus fallas, Diablo Rojo PTY es lo más notable del Salem Horror Fest que he visto hasta ahora. Me reí a carcajadas, me asusté con algunas imágenes, y recordé esas leyendas que alimentaban los cuentos de terror que contaba desde que era un chico.

Las leyendas se hacen realidad en Diablo Rojo PTY cuando un conductor de buses y su asistente se ven atrapados por un hechizo. El encuentro con una bruja, los policías que los detienen y empiezan a formar parte de la noche de terror, y un sacerdote inocente, pero con un pasado importante, serán los factores que disparan el final inminente para este grupo de hombres.

Diablo Rojo PTY es una película hecha con ganas. Su trama llega a ser tonta en ocasiones, pero forma parte del estilo elegido por Sol Moreno, su directora, para mantenerse al límite de lo posiblemente derivado del género. Se suma la necesidad de utilizar efectos especiales “prácticos” para tener una noche de horror como solo podíamos tener hace décadas. Adoptar la “vieja escuela” es arriesgado en la actualidad, pero a Moreno le funciona.

Y si creen que Diablo Rojo PTY es un splatterfest de comedia, creo que no me entendieron desde el principio. Es una película cuyo tratamiento es típico del cine “no serio” que desea entretener y asustar al mismo tiempo. Pero el contenido abordado habla de brujas y hechizos, con la madurez suficiente para entender que esto viene de libros no escritos, y de testimonios constantemente renovados para asustar al próximo chico, a la próxima generación. No se trata de una densa situación que nos hace reflexionar sobre los efectos morales de la historia, debido que ya los personajes tienen bastante de esto. Se trata de entender que detrás de toda leyenda o cuento, existe una moraleja relevante que a veces solo llega a evidenciarse a través de una sólida película de horror que poco a poco va levantando la mirada.

**** Originalmente publicada en https://cinelipsis.com/diablo-rojo-pty/ ****
Federico Furzan
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9
9 de octubre de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cualquier documental que no se plantee a sí mismo como un revelador elemento de un entorno es arriesgado en naturaleza. Alex Winter es un cineasta que esclarece con sus películas, y con lo que ha hecho en Showbiz Kids cambia un poco el estilo. No es una película que revele demasiado sobre el mundo que retrata, y mucho de lo que cuenta es una confirmación de algo que ya hemos visto antes. Pero con esta película, el cineasta cierra un ciclo en un medio mainstream y poco sensacionalista. Su planteamiento contiene las luces encendidas, el éxito, pero también contiene las luces apagadas y la tragedia que se ha traducido incontables veces en el trabajo infantil en Hollywood. Winter no utiliza a HBO como un medio de verdad, y tampoco genera polémica. Su película es solo una afirmación de una verdad que no solemos ver demasiado en este tipo de testimonios: a veces la realidad no es tan linda como parece.

La película nos lleva a varios ambientes, a varias décadas, y por supuesto a todos les da una voz solemne y que genera confianza. Estos chicos, con los que crecimos, y quienes protagonizaron películas en la gran pantalla, no son necesariamente tan felices como parecen. Showbiz Kids no es un aterrizaje generalizado que desmiente lo que imaginamos. Es solo una apertura hacia un submundo que simplemente no conocemos del todo. Sus vidas contenían las dificultades típicas, pero también las atípicas. Los padres que se querían enriquecer con el talento de sus chicos, la mentira de personalidades plásticas que las revistas y los talk shows querían perfilar como verdaderas, y la no aceptación del tiempo como causa de deterioro físico y mental. Showbiz Kids esclarece esto desde el punto de vista de quienes vivieron todo esto y de quienes lo sobrevivieron.

La vida de Henry Thomas (el mismísimo Elliot en E.T.) fue tan difícil como impactante en todo lo que quiso hacer después, Mara Wilson (Matilda) explica por qué su carrera fue tan corta, Milla Jovovich relata lo que vivió en su difícil período de adolescente, y Evan Rachel Wood realiza una poderosa declaración sobre la sexualidad en la industria. El testimonio de todos es una verdad tan contundente como un tren a toda velocidad. Pero insisto, Showbiz Kids no utiliza un sentido morboso de sensacionalismo. Es una película honesta y de gran poder. Una que depende mucho del espectador que debería entender quiénes son los chicos que sonríen, lloran y actúan en nuestras películas favoritas.

De todo esto me gusta indagar. Me gusta pensar en algo quizás polémico. Evan Rachel Wood algo cuenta en la película. Y es que creo que mucho se esconde en ese oscuro mundo de Hollywood, contratos, y explosivas sorpresas exitosas en forma de sonrisas y gestos infantiles. El abuso infantil es una realidad que no se suele asumir demasiado. Y ni siquiera hablo de abuso sexual. A veces ni siquiera tiene que llegar a algo tan monstruoso como eso. Creo que los padres a veces pueden llegar a ser los depredadores de estos inocentes seres que todavía no cuentan con la madurez suficiente para determinar lo que está bien y está mal, o lo que es aceptable o condenable. La película nos muestra un testimonio real de alguien que está buscando incursionar en el éxito infantil en Hollywood. No creo que sea el único que se vaya a dar cuenta de que hay algo mal en esa entrevista. Es como un guiño sospechoso de Winter que no nos muestra la verdad filtrada. Solamente nos muestra la versión clara de la misma.

**** Originalmente publicado en https://cinelipsis.com/ ****
Federico Furzan
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6
5 de octubre de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Creo que la fascinación de la sociedad actual con el true crime no es una coincidencia. Quienes de alguna forma crecimos con el género nos encontramos en un mar de nuevos descubrimientos por parte de los inocentes que poco contacto han tenido con los documentales, y al mismo tiempo nos topamos con unas plataformas que producen mucho más de lo que tenemos tiempo para ver. Así, el true crime se ha convertido en el placer culposo más importante de la era debido a que ya forma parte de la cultura actual. Sean películas o series, lo que antes era un lujo, ahora es algo diario.

Pero, ¿qué pasa cuando una fascinación se convierte en un estilo de vida que te lleva a explorar la capacidad investigativa? Michelle McNamara, una mujer común con esa extraña obsesión, empezó a documentar su pasión por los crímenes que conocía. Así se topó con un asesino cuyo patrón nadie había visto y por consiguiente nadie había atrapado. Esta es la base para el caso excepcional de una mujer que logró atrapar a un asesino en serie sin ser policía, con poco acceso a la información, y lo único que usó fue la fascinación con el caso que lamentablemente le costó su propia vida.

Tengo un extraño sentimiento al escribir esta reseña de I’ll be gone in the dark, la serie documental creada por Liz Garbus (a quien admiro fervorosamente) que narra lo ocurrido con el Golden State Killer y la mujer que lo atrapó, Michelle McNamara. Esperé mucho tiempo poder verla, y entender el viaje de McNamara, pero desde la perspectiva de un documental true crime y nada puede ser alejado de la realidad. La serie presenta un giro desde el inicio que si bien no afecta el retrato más importante de su tema, representa un cambio que podría resultar chocante para algunos, y para otros podría la causa del descarte.

I’ll be gone in the dark cuenta dos historias. Por un lado tenemos la historia del esfuerzo de decenas de personas por capturar a un monstruo que estuvo mucho tiempo suelto. La serie nos somete a la incontinencia de un enfermo mental que empezó de una manera y terminó con otra. Este hilo de crímenes, desafortunadamente demasiado largo, se mantuvo vigente y con variaciones por décadas. El método, las víctimas, y las consecuencias eran tan diferentes que nadie imaginó que podía tratarse siempre de la misma persona. Y por otro lado tenemos a Michelle McNamara, esposa y madre, y la heroína de este asunto. Michelle empezó como todos nosotros, siendo un conejillo de indias para un mundo poco explorado del conocedor que se convierte en experto, y que en última instancia se convierte en la responsable de capturar a quien estuvo tanto tiempo suelto. Michelle fue víctima de sí misma y de su travesía. Falleció mientras dormía poco tiempo antes de una resolución definitiva del caso.

I’ll be gone in the dark está resguardada en un estilo explícito de contar una historia demasiado personal y un true crime de características horribles. Enlazar una corriente con otra es prácticamente imposible y en el camino nos confundimos cuando la historia salta de un lado a otro. Creo que la víctima de esta elección es Michelle, con un legado importantísimo y una adaptación que se queda corta. Creo que lo más inteligente hubiese sido separar ambos troncales. A veces el tiempo y el apuro te obliga a hacer cosas indebidas. Y quizás alguien debió haber hecho con la serie lo que hizo Michelle con su libro: pedir tiempo para mejorar y sanar.

**** Originalmente publicada en https://cinelipsis.com/ ****
Federico Furzan
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7
5 de octubre de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las prácticas más absurdas que he visto en el cine, y no necesariamente en la era moderna, es cuando a una película se le acusa de ser peligrosa Vayan a Google, busquen “películas peligrosas” y se encontrarán varios argumentos para esta calificación. Si bien en algunos casos, el efecto es literal (pensemos en Jaws y su efecto en la industrial del turismo), en otros la consecuencia apunta a lo que sus espectadores pueden hacer después de ver la película.

Se trata de la misma discusión de cómo el arte puede ejercer influencia, y hasta dónde el mismo puede ser el disparador o la ayuda.

Yo no creo en eso. Creo que son excusas que arrojan algunos supuestos conocedores del tema para hacernos desviar la mirada del verdadero problema. ¿O es que ustedes creen que lo que ocurrió en Columbine fue un efecto directo de la música de Marilyn Manson?

Spree es una película que navega en un territorio de ficción extrema, pero nunca niega la realidad en la que se desenvuelve. Estamos hablando de un chico que quiere ser un influencer y no lo logra. Ha intentado todo y no puede ganar seguidores. Piensen en cuántas personas se encuentran en la misma situación hoy.

El salto que Spree da en su temática la ubica en el terreno del horror cuanto Kurt decide intentar algo no visto antes. Su última transmisión en una red social incluirá todo tipo de actos criminales. Así se inicia una frenética noche en la que cualquier cosa puede pasar con un psicópata en pleno proceso de salir de la cúpula que lo limita. Acá los límites no existen.

Cine peligroso. Una frase que no suele decirse a menos que hablemos de la película que está en boca de todo el mundo y que se atreve a hacer algo distinto. Joker es un magnífico ejemplo de una industria que no quiere abrir los ojos y divisar el verdadero problema.

Pensemos en Spree, la película que materializa los deseos de un joven modelado por nuestra actualidad, quien piensa que para ser el mejor debe hacer lo prohibido. Al menos quiere intentarlo. El suyo es un llamado de ayuda que nadie escucha. Quizás estoy otorgando un rasgo psicológico a Spree cuando es una película que no proyecta eso. Pero es imposible dejar de pensar en eso que hace Kurt, y sobre todo, en lo que sus seguidores hacen en el tercer acto de la película.

La película es un vehículo acelerado de tensión, sorpresas y mucha violencia. Muchos la catalogarán de show barato y poco lógico. Pero el valor que la película esconde detrás de esa fanfarria de orgullo apunta más hacia los límites que se borran en una sociedad tecnológicamente dominada. Es una película que no para y no termina de definir su final. En otra ocasión hubiésemos acusado al guión de estar incompleto. Pero esta vez no es así.

Spree es un “found footage” rotundo e inteligente que por medio de una actuación soberbia nos permite ver la concepción del asesino potencial que también es producto de una era en la que la influencia es un término peligroso.

**** Originalmente publicada en https://cinelipsis.com/ ****
Federico Furzan
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