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Críticas 27
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
8
1 de mayo de 2025
55 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me puse con El Eternauta esperando una serie postapocalíptica con acento argentino, algo distinto al típico producto anglosajón. Y vaya si lo es. No conocía el cómic original ni la historia de Oesterheld, así que he ido descubriendo todo sobre la marcha (gracias a otras críticas que leo por aquí). El contexto, el trasfondo político y el dolor que arrastra han hecho que la experiencia sea mucho más rica.

De todas maneras la serie funciona muy bien por sí sola: está cuidada, tiene grandes interpretaciones (Darín y Troncoso me han encantado, aunque el elenco es muy coral) y una ambientación que usa Buenos Aires con acierto, creando tensión sin necesidad de fuegos artificiales. Pero además tiene un mensaje que se nota que no está metido a presión.

No se parece a The Last of Us, ni a The Walking Dead, ni nada parecido... y eso es precisamente lo que más me ha gustado. No compite con ellas, juega en otra liga. Una serie diferente, absorbente y, sin duda, muy recomendable... y muy argentina.
21 de noviembre de 2025
46 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil
A ver, antes de que nadie se encienda: Anatomía de un instante es un señor thriller político, sólido como una roca, magníficamente interpretado e impecablemente realizado. Y, sobre todo, es una relectura fiel que respeta la inteligencia de Javier Cercas sin convertir su crónica en souvenir para turistas de la Transición. Es memoria en movimiento… aunque a veces parezca que no quiera mancharse los zapatos con el barro de la calle. Dicho esto, vamos al lío.

La serie entiende la tesis de Cercas mejor que muchos tertulianos: el heroísmo de la traición —Suárez, Gutiérrez-Mellado, Carrillo— como latido dramático. Pero tanta fidelidad también la limita: se aferra al libro como si fuera un flotador, y con esa mirada tan institucional uno empieza a preguntarse si en la Transición no pasaba absolutamente nada más fuera del Congreso y la Moncloa. ¿Ni una ventana abierta? ¿Ni un bar de barrio con opinión, suciedad y música de Los Chichos o Las Grecas? ¿Ni una mala bronca sindical?
La recreación histórica es tan pulcra que casi huele a desinfectante. Falta un poquito de alma Ken Loach: el asfalto, las colas, la ansiedad cotidiana, ese miedo de callejón que no sale en el BOE. A ratos asoma incluso un barniz hagiográfico que deja a algunos personajes brillando como si les hubieran pasado un paño de microfibra.

El ejemplo más claro es el tratamiento de la gran movilización tras los asesinatos de Atocha. Un acontecimiento que estremeció al país y que aquí se reduce a una secuencia funcional, sin el temblor emocional ni la profundidad visual que exigía. En 2025, con los recursos audiovisuales disponibles, uno espera algo más de rugido: un plano aéreo que te apriete el estómago, una banda sonora que te meta en la marea humana, un golpe sensorial que recuerde que aquello fue un antes y un después.

La condensación del contexto histórico se entiende, pero se nota el esfuerzo por meter demasiada materia prima en poco metraje. Hay momentos que parecen las fichas de estudio del guionista: debate constitucional, oposición democrática, tensiones internas… todo ello mencionado como quien pasa lista, sin profundizar ni abrir otras capas más allá de la crónica de Cercas. La serie, brillante en su fidelidad, evita contrastarla con otras miradas que habrían ensanchado —y ensuciado, en el mejor sentido— el relato.
Y aun así: serie muy recomendable. Mucho. Tiene cosas que decir, que recordar y que discutir. Y un pulso político que rara vez se ve en televisión en España. Es cine político en mayúsculas, y eso ya es medio triunfo ganado.

Por cierto, con el corazón y el alma habría querido cascarle un 10, pero la cabeza solo me deja ponerle un 7, muy bien puesto, eso sí.
18 de enero de 2026
40 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
La anterior se supone que hablaba de la familia y se quedó en una especie de culebrón familiar de horror apocalíptico. Esta entrega explora la naturaleza del mal y lo consigue, aunque no del modo que uno esperaría.

El mal aquí se reduce a lo mala que es la película: sangre, vísceras y toneladas de gore. El guión arrastra escenas inconexas y giros forzados, dejando claro que lo que define al mal es, básicamente, la mediocridad de esta entrega; todo termina convertido en un espectáculo de efectos chocantes y violencia gratuita que no transmite nada más que frustración.

La siguiente nos dicen que cerrarán la trilogía abordando la redención, pero aquí queda poco que redimir, porque no todo mal puede ser profundo ni todo horror tiene sentido, y el único mal que define la película es lo mala que resulta.
29 de enero de 2026
25 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es una historia sobre cuando se siente que el mundo no tiene un lugar para ti. John Davidson, a los quince años, se despertó en una Escocia que no entendía de diagnósticos, solo de etiquetas crueles. Un cuerpo que grita y se sacude sin pedirte permiso, mientras todos le juzgan como si fuera un loco o un maleducado. Es una historia real, de esas que duelen porque son auténticas, pero que Kirk Jones dirige con una mano tan humana que nunca te sientes manipulado.

Lo que hace que la película sea especial es que huye del drama barato o del sensacionalismo. No quiere que lloremos por John, quiere que lo entendamos, y Robert Aramayo hace un trabajo de esos que te dejan sin palabras; clava la dificultad física del Tourette sin caer nunca en la parodia, logrando que veas a la persona y su frustración por encima de sus espasmos y el resultado es pura empatía.

No todo es oscuridad y la peli se acuerda de figuras como Dottie, la enfermera que lo comprende sin juzgarlo, o Tommy el conserje, que le dan el oxígeno que su propia familia a veces no sabe cómo darle. Al final, Swear es un viaje que te da una lección sobre la empatía y la resiliencia, de esas pelis que te sientan bien porque te enseñan que, incluso cuando la sociedad te da la espalda, siempre hay una forma de hacerse oír y de ayudar a los que vienen detrás.
Una propuesta honesta, directa y, sobre todo, muy necesaria.
13 de mayo de 2025
31 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película de esas que recuerdan que el cine también puede conmover desde la dureza social. Como si el cine quinqui de los 80 hubiera mutado en una versión 2.0, aquí todo suena auténtico: las calles, los rostros, el dolor... y, ademas, muy bien realizada y dirigida por David Valero.

El resultado emociona y deja huella. Cine en mayúsculas: las interpretaciones son sólidas, la historia respira realismo y el uso del rap refuerza absolutamente todo por todos lados. Una cinta valiente que habla de culpables y víctimas sin trazar líneas claras.

Chimo y El Rubio tejen un conflicto silencioso de poder, donde víctima y verdugo parecen estar atrapados en un destino inalterable, pero relato propone un camino diferente. La película no se apoya en la sensiblería ni en giros fáciles, sino que busca una exploración cruda y honesta de la naturaleza humana.

Entre el resentimiento y la redención, se teje una trama que va más allá de la superficie y que cobra vida a través de los sobresalientes Christian Checa y Hugo Welzel. Un enfrentamiento entre presas y depredadores se transforma en una pregunta sobre el peso de nuestras elecciones y el impacto de nuestras heridas.
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