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Argentina Argentina · Buenos Aires
Críticas de Charly Barny
Ordenadas por:
152 críticas
1 2 3 4 10 20 31 >>
9
5 de enero de 2019
52 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin lugar a dudas, Clint Eastwood es el gran sucesor del cine de John Ford, y aunque él mismo haya dedicado su obra más galardonada, Los Imperdonables, a sus más importantes maestros, el italiano Sergio Leone y el norteamericano Donald Siegel, esa impronta de cine clásico que ha acompañado toda su obra, tiene sus raíces en la obra fundacional de Ford.
La Mula es una vuelta a ese cine. Una narración clásica sin fisuras, con una introducción, un desarrollo en capítulos, y un gran final, que protagonizan el propio Eastwood y un sexteto de grandes actores (Bradley Cooper, Andy Garcia y Laurence Fishburne) y actrices (Taissa Farmiga, Diane Weist y Alison Eastwood) que le dan apoyo a su actuación, de hecho, una de las más conmovedoras de toda su larga vida como actor.
No obstante, pese al clasicismo del relato, no es el relato lo que atrapa al espectador sino las múltiples derivaciones y reflexiones que provoca el mismo film. Eastwood interpreta a un floricultor octogenario, veterano de la guerra de Corea, que después de haber conseguido cultivar la flor más bella, al cabo de unos años, su vivero cae en la quiebra como consecuencia de la disminución de la demanda de flores naturales. Como consecuencia de ello, comienza a usar su camioneta para realizar fletes que terminan transformándolo en una mula de la droga.
Sería una pena quedarnos en la superficie del relato porque el mismo da lugar a diversas interpretaciones. En primer lugar, Earl Stone, el personaje que interpreta Eastwood es un hombre que ha trabajado toda su vida y ha desarrollado una pasión: la floricultura. Así como una flor se cultiva, florece y marchita muere, de la misma manera transcurrirá la vida de este hombre, como la cualquier otro hombre. Earl Stone, se encuentra en el ocaso de su vida. Su vida de floricultor ha terminado simplemente por una cuestión de mercado.
Eso que parece una actividad común no es tan simple. Earl es un trabajador independiente. No forma parte de una relación laboral de dependencia que tenga un destino jubilatorio. Por el contrario, su trabajo se desarrolla dentro del marco de un proceso económico general que debe interpretar correctamente y donde la tecnología y la moda imponen con rigurosidad la necesidad de un cambio permanente, siendo la velocidad de dicho cambio el factor que complica la cuestión al sustituir gustos y tendencia con rapidez, pero sobretodo, generando el riego de la cesantía de mano de obra humana reemplazada por tecnología y robotización. En otras palabras, provocando desempleo del ser humano.
El film de Eastwood, basado en un buen guión de carácter periodístico escrito por Sam Doniv, con suma inteligencia elude la descripción de procesos laborales pero muestra las consecuencias de sus cambios. Su personaje abatido por la realidad, desocupado busca trabajo y solo encuentra el de una mula. Es decir, el trabajo de un chofer que primero intuye y después corrobora, manejará para la mafia: será un transportista de droga.
Así el film avanza viaje por viaje de la mula, por un lado, detallando la involucración del personaje en un mundo que le es ajeno, que lo vuelve un marginal y un delincuente, un fuera de la ley cuya nueva actividad, a medida que va ganando la confianza de sus nuevos patrones, lo ayuda cada vez mejor a ganarse la vida. Por otro lado, describiendo a través de pequeños detalles la marginalidad creciente, una situación económica que genera menos puestos de trabajo legales incrementando la demanda de mano de obra ilegal. Una cruel paradoja.
Parábola sobre la precariedad del trabajo, el film se transforma en la descripción del ocaso de una vida laboral. No obstante ello, la visión optimista de Eastwood, nos deja un gusto agridulce. Su personaje es un hombre sufrido, un luchador que cree en sí mismo, se adapta a los cambios, y sigue adelante aunque la sociedad lo margine, lo juzgue, lo culpe y no entienda que este hombre es uno de aquellos que no solo se ha hecho a sí mismo sino también es producto de las circunstancias que ha vivido.
Otra vez el gran Clint llega al límite de la tragedia a través de la angustia. Su nuevo personaje es un anciano inmerso en una sociedad en cambio permanente. Film emparentado con Gran Torino, su película de 2009, encuentra en Sam Doniv un opuesto de aquel Walt Kowalski, un hombre dispuesto a hacer justicia por mano propia. Por el contrario, Doniv es un trabajador que queda fuera de la ley porque necesita trabajar, no encuentra un trabajo legal, y termina por someterse a la ley, por más dura que ella sea. En ambos personajes y como en toda su extraordinaria filmografía, su personaje vuelve a ser un solitario al que le cuesta mucho mantener una familia, y que dentro o fuera de la ley siempre busca un sentido de justicia y reconciliación.
Charly Barny
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5
8 de mayo de 2019
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mientras se ve El Hijo, cuesta mucho desprenderse del recuerdo que uno guarda de El Bebé de Rosemary de Román Polanski, una obra maestra del terror gótico moderno en el cine. Posiblemente inspirado en aquel clásico y basado en un guión de Leonel D´Agostino sobre una historia de Guillermo Martínez, el film deja verse como una historia de suspenso, bien contada pero no exenta de ambigüedad, altibajos en su ritmo, y sobretodo trampas argumentales.
El film posee todos los elementos del género. Una casa con un altillo tenebroso que obra de atelier de Lorenzo. Una pareja deseosa de tener un hijo. Un esposo pintor de cuadros que luce algo alterado. Una esposa extranjera que se mantiene distante y cuando se embaraza se escuda en un ama de leche de aspecto sombrío. Un matrimonio amigo que padece de infertilidad, que se muestra esquivo y hasta parece envidiar la dicha ajena.
No obstante ello, el film comienza bajo la apariencia de un matrimonio enamorado. Lorenzo y Sigrid parecen tener una vida apacible. Su mujer es noruega y la ha conocido en un viaje. Desean tener un hijo. Cuando Sigrid se embaraza, la convivencia parece volverse un paraíso. Pero cuando la criatura nace, sorpresivamente, estalla el infierno.
¿Quién se ha vuelto loco en la pareja? ¿Por qué la vida de ambos parece desestabilizarse? ¿Dónde ha quedado el amor que la pareja se profesa al principio de la película? ¿Cuándo han comenzado a temerse uno al otro? ¿Qué tiene ese niño que desestabiliza la vida de sus padres?
Schindel toma como centro de la historia al personaje de Lorenzo. Toda la película girará en su torno. El personaje espera con ansiedad el nacimiento de su hijo, pero cuando esto acontece, la conducta de Lorenzo comienza a mostrarse con ciertos desequilibrios emocionales que no son ajenos a la pretensión de su esposa de no dejarlo ver a su hijo. La mezquindad de Sigrid parece volverlo alterarlo al borde de la misma locura.
El film se vuelve hermético y casi no brinda explicación alguna. Fuera de toda lógica, la trama se sostiene en función del golpe de efecto y el film parece transitar una montaña rusa de sentimientos encontrados. Cada escena esta correctamente desarrollada. Es valida por si misma. Pero cuando el espectador intenta conectar el todo, se encuentra con que al rompecabezas que le entrega Schindel le faltan algunas fichas. El film, entonces, se vuelve arbitrario, carente de lógica, y por ende, de interés.
Podría decirse que Schindel solo busca provocar y desafiar, evitando en todo momento evitar la pasividad de quien está sentado en la butaca. Incluso agrega un doble final, lo cual no solo vuelve loco a sus personajes sino también al espectador, que se siente igual o más perdido que el propio director que con suma astucia pareciera dejar abierta una puerta abierta para tener la posibilidad de filmar una segunda parte.
Charly Barny
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5
17 de septiembre de 2018
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película de Tobal responde a un subgénero dentro del film de suspenso: las películas de juicio. Hay obras maestras en la historia de cine a la que “Acusada” le hace su pequeño homenaje. Si recordamos Testigo de Cargo (1957) de Billy Wilder debemos encontrar uno de los mejores ejemplos. Tampoco debemos olvidar Doce Hombres en Pugna (del mismo año), Matar un Ruiseñor (1962), Será Justicia (1982), Cuestión de Honor (1992), y tantas otras donde el cine americano lleva una delantera absoluta aunque los italianos también se lucieron con Sacco y Vanzetti de Giuliano Montaldo, los iraníes con La Separación de Ashgar Farhadi, los israelíes con El Divorcio de Viviane Ansalem y recientemente los franceses con Custodia Compartida de Xavier Legrand.
El mayor logro de Tobal es hacer una película entretenida. No es un mérito menor. El film se deja ver de principio hasta final aunque claramente se sospecha cual va a ser el veredicto del tribunal desde el inicio mismo de la película. Hay un argumento bien trabajado desde la cuestión del género. Un episodio confuso durante el cual muere una joven en una fiesta casera donde abundan el alcohol y las drogas que forma parte esencial del misterio del relato. Pero la cuestión es que la muerte no es ni accidental ni natural. La joven dueña de casa muere asesinada a cuchilladas. Lo cual transforma a la película en un clásico ¿Who Done It?, o sea, ¿Quién lo hizo?
Hasta acá todo bien. Film prolijo, legible, que mantiene bien el suspenso, con actuaciones correctas, los actores protagónicos convencidos de sus papeles, pero que no agrega nada más que una experiencia a un director debutante.
Aunque la película no tenga otras pretensiones que las de proveer un buen entretenimiento al espectador y abrirle la puerta grande a su protagonista principal, no obstante no podemos obviar que está colmada de los clichés de siempre del cine argentino. La previsibilidad de los acontecimientos, la pintura estereotipada de los personajes, la ambientación de los espacios, describen un estilo de vida acomodado. La acusada del título, como todas las demás que participan de la fiesta negra, es una chica de la alta sociedad argentina. La descripción de esa clase responde a cada uno de los estereotipos que fija el cine argentino, a la cual, por definición, la considera corrupta, ladrona, perezosa, escandalosa, entregadora y cipaya, transformando involuntariamente a la película en una crítica impiadosa y torpe, que al tirar por elevación, la hace responsable de todos los males que afectan al país, un país destrozado de pies a cabeza desde hace muchos años dándose el lujo de encabezar todos los rankings negativos con que se mide a un país en el mundo.
Tal vez no ha sido la intención ni de los guionistas ni del director hacer una semblanza sobre la Argentina. Sin embargo, lo más interesante de la película resulta la visón que transmite de una sociedad corrupta que alcanza a todos sus estamentos, donde la incapacidad para determinar una responsabilidad es imposible, donde la labor de la justicia no alcanza nunca sus objetivos, donde el crimen queda siempre impune, donde nadie labura y la creación de riqueza brilla por su ausencia, donde la riqueza circula de unos a otros pero no se reproduce, en la cual los nuevos ricos hacen plata a costilla de lo demás sin generar riqueza alguna.
Es paradigmático en el film que el personaje de Sbaraglia, el padre de la familia cuya hija es la acusada del título del film, es un niño bien de la sociedad que ha formado una familia heredando todo lo que ni siquiera ha hecho su padre sino sus abuelos. Y lo peor es que el juicio que se lleva contra su hija, terminará dilapidando en manos de los abogados defensores toda una fortuna donde la creación de riqueza brilla por su ausencia. Casa donde viven, fin de semana y campos heredados solo servirán para pagar un juicio que posiblemente nunca llegue a la verdad. Y es que la verdad ni la justicia importan. Solo importa la absolución del personaje. El qué dirán, la mancha del apellido, la situación traumática vivida por la adolescente parecen solo cuestiones secundarias.
El mundo está lleno de buenas intenciones. La película también. Lali Espósito se luce haciendo todos los mohines necesarios como para que su actuación parezca realmente una actuación. Sbaraglia opera y cumple. Inés Esteves pasa intrascendente con sus gestos de niña llorona. Los que salvan sus papeles son sin duda Daniel Fanego como el abogado defensor, y Gerardo Romano como el fiscal. Los rubros técnicos son sólidos. Tanto la fotografía como la banda musical aportan tanto a los climas de la película como al porvenir grisáceo que les espera a los protagonistas. En síntesis, una visión deprimente de una corrupción que atraviesa desde lo más alto a lo más bajo, la sociedad entera.
Charly Barny
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8
1 de octubre de 2018
10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película está basada en el libro Memorias del Calabozo de Mauricio Rosencof y Eleuterio Gonzalez Huidobro que escribieron basándose en hechos reales de carácter histórico que protagonizaron junto a José Mujica desde 1972 a 1984 en Uruguay durante la dictadura militar que gobernó aquel país durante esa época.
El film es un dechado de perfección narrativa, de una rigurosidad pocas veces vista en la filmografía del Rio de la Plata. Es notable su puesta en escena, donde la tragedia ocurrida tiene características de una odisea de supervivencia en un marco de encierro entre 4 paredes de diferentes tamaños y lugares que es donde permanecieron arrestados y desaparecidos la mayor parte del tiempo los sobrevivientes de esta hecho político.
Es elogiable la pericia del director uruguayo (Mal Día para Pescar, 2009; Mr. Kaplan, 2014) para encarar esta obra sin caer en el lugar común ni en el panfleto político urdiendo una trama donde con algunos flashbacks explica el porqué de las detenciones ubicando al espectador en el tiempo y en los sucesos ocurridos para concentrarse en esa odisea de supervivencia que vivieron los tres dirigentes tupamaros recalcando la violación permanente de derechos humanos que como detenidos políticos fueron víctimas.
La pericia del director es indudable. Basado en un excelente guión propio, pareciera encontrar algunos antecedentes y fuentes de inspiración en Hunger del inglés Steve Mc Queen en lo referente al enfoque político (la película en su introducción y desarrollo resulta tan directa como ésta), y en algunas otras como Fuga de Alcatraz de Don Siegel (en su rigurosidad formal), o la famosa Expreso de Medianoche de Alan Parker, en su relación con la violación de derechos humanos en Turquía. No obstante ello, la película es una obra absolutamente propia y personal que sin duda dejará huella en la cinematografía del Rio de la Plata.
Hacia el final, Brechner pareciera tomarse algunas licencias. Las escenas de la liberación de los detenidos corriendo en busca de sus familiares, como así también la escena donde musicaliza con la versión de Silvia Perez Cruz de Puente Sobre Aguas Turbulentas de Simon and Garfunkel son de un lirismo total que evocan una historia que se vuelve una epopeya.
Un film notable, un verdadero canto a la libertad y un recordatorio de una injusticia social y política de un gobierno usurpador del Estado que dejó de lado la ley para hacer justicia por su propia cuenta maltratando o haciendo desaparecer a quienes infringían la ley o pensaban diferente.
Otro de los puntos fuertes del film son sus actuaciones. Tanto Antonio de la Torre como José Mujica (que años atrás alcanzara democráticamente la presidencia de Uruguay), Alfonso Tort como Eleuterio Fernández Huidobro (Ministro de Defensa Nacional durante las presidencias de Mujica y Tabaré Vazquez) y el Chino Darín como Mauricio Rosencof (Director de Cultura de la Municipalidad de Montevideo) están notables y creíbles en sus actuaciones aportando otro aspecto de importancia a la calidad del film.
Charly Barny
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9
14 de diciembre de 2018
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con tres cortometrajes en su haber, debuta en el largo Marcelo Martinessi con Las Herederas, un film de una madurez, una rigurosidad técnica y una historia que entusiasma. Los resultados obtenidos fueron inmediatamente reconocidos en el último Festival de Berlín desarrollado en febrero pasado. La película se alzó con el premio Alfred Bauer al mejor film.
Chiquita y Chela son sus protagonistas principales. Ellas han sido amigas durante toda su vida y se intuye mantienen una relación lésbica. Viven juntas en una antigua casa familiar. La edad se les ha vuelto encima, al igual que los costos de mantener una casa que necesita reparaciones urgentes. El dinero no alcanza. La cuestión hace crisis cuando el Estado las embarga. Para saldar la deuda, Chiquita decide entregarse e ir a la cárcel. Chela queda sola. Algo tendrá que hacer para poder sobrevivir.
Metáfora sobre las dificultades que plantea la vida, Las Herederas, no solo muestra un caso de una familia venida a menos, sino también el empobrecimiento general de todo un país. En la descripción de esas dos soledades, no solo hay miedo, sino también desesperación. Esas dos mujeres han sido criadas en otra época, su educación clásica, seguramente religiosa, solo las ha preparado para ser esposas y madres. El destino les ha deparado otra cosa: soledad, paso del tiempo, carencia de aceptación de los cambios.
No obstante, entre ellas existe un espíritu solidario que las enaltece. Chiquita es la más fuerte de las dos y es la que toma las iniciativas. Chela, más etérea, ama el arte y su afición es la pintura. Cuando el Estado las demanda por falta de pago de una deuda, Chiquita es la que decide ir a la cárcel y saldar la cuenta. Chela siente culpabilidad pero sabe que para sobrevivir tendrá que tomar medidas drásticas. Ante semejante sacrificio de su pareja, decide ocultarle las penurias que la realidad y la soledad le están exigiendo. La relación entre ellas ya no volverá a ser la misma porque ellas ya no serán las mismas.
En la casa hay un auto que todavía funciona. Chela toma una decisión. Comienza a ofrecerlo como remise. Es decir, Chela se vuelve remisera de señoras de la alta sociedad de Asunción que se reúnen para tomar el té y jugar a las cartas. Así descubre que existe otro mundo más allá de su casa donde ella puede ocupar un lugar diferente.
La aparición de Angy, una mujer joven y liberada, como cliente de su servicio de remise, transforma a Chela en otra persona. Chela comienza a emprender un cambio, a valorarse, a perder el miedo, libera sus intimas represiones, valora el logro de alcanzar un objetivo, siente la satisfacción de poder comunicarse con el resto del mundo, elevando su autovaloración de saberse capaz. Chela eleva su autoestima.
Resultará también una mujer sorprendida a la que se le ha abierto un nuevo mundo, la capacidad de sentir mínimamente aunque solo sea el gusto de un cigarrillo, un paseo en auto con Angy, el disfrute de un día en el campo. Comienza a percibir que entre tanta soledad puede haber una compañía.
Hay en el film una permanente dualidad. Por un lado, parejas de mujeres que desarrollan sus vidas en forma independiente de los hombres a los que parecen ignorar. Por otro, una necesidad de salir del encierro, de asumirse tal cual uno es, mostrarse y actuar de acuerdo a las propias convicciones. El film muestra en detalle este proceso. El salir de un lugar que aparenta comodidad implica necesidad de generar un cambio personal, algo así como una pequeña revolución que nos saca de nosotros mismos, de nuestra intimidad y nos coloca desnudos frente al mundo diciéndonos “sin miedo, sé tú mismo”.
Estamos ante un film de autor. Martinessi escribió un guión que más tarde llevó a la pantalla con resultados excelentes. Sus herederas no recibirán una fortuna sino una posibilidad de cambio. Ese retrato de dos mujeres que parecen haberse detenido en el tiempo pero están al borde de una verdadera revolución hubiera sido imposible sin la colaboración de esas dos actrices descomunales que son Ana Brum y Margarita Irun. De hecho, la señora Brum también se hizo acreedora del Oso de Plata a la Mejor Actriz en el último Festival de Cine de Berlín en Febrero 2018.
Charly Barny
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