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4 de abril de 2026
4 de abril de 2026
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nunca he sido muy fan de Torrente, la verdad. La primera película sí me gustó, me pareció divertida y creo que su parodia era lo suficientemente mordaz como para resultar original en aquel momento. Indudablemente creó un icono (el del propio personaje Torrente) que se convirtió pronto en un tópico en sí mismo, aunque fuera un tópico que retrataba lo más cutre y negativo del panorama patrio (o precisamente por eso triunfó, claro). Y crear ese icono no es sencillo, así que acertó con creces Santiago Segura al hacerlo. También era una película con buenos secundarios y, en general, un cuadro costumbrista de esa España rancia que siempre ha contribuido al humor más cuñadil (del que todos disfrutamos de vez en cuando, seamos sinceros). Ya la segunda es bastante peor, aunque contiene algunos buenos gags aún y un gran personaje, el del Cuco (interpretado por Gabino Diego). A partir de la tercera, la "factoría Torrente" se muestra totalmente agotada y se repiten clichés cada vez con menos gracia.

De esta sexta entrega no esperaba mucho más. Fui a verla con un grupo de amigos por aquello de que con este tipo de cine te ríes más en compañía. Nos decepcionó a todos por igual. La película es mala con ansia. El guion es flojísimo (en este caso la parodia da la vuelta de tuerca hasta convertir a Torrente en un aspirante a la presidencia del gobierno, que es un tema ya utilizado por muchos otros cómicos españoles y extranjeros); y los gags carecen por completo de la frescura de las primeras películas. Todo parecen chistes repetitivos y autoparódicos. Hasta el propio personaje parece físicamente agotado, sin gracia. De hecho, me extrañó mucho que Santiago Segura quisiera volver a Torrente, pues ya hacía bastantes años que parecía haber encontrado su target en un público muy distinto, con ese cine de "comedia blanca y familiar" que tan bien le está funcionando (a mí tampoco me gusta, pero es cierto que tiene tirón, sobre todo en ese público familiar e infantil). Durante toda la película me parece estar viendo a un actor (Segura) que no le apetece interpretar a un personaje por el que creo que siente tanto amor como odio. Es un impresión, lógicamente.

De todas formas, lo peor de la película (en general, de las últimas 4 películas de la saga) es que, en realidad, ni siquiera se puede considerar una historia narrativa. Más bien es una sucesión de sketches rodados con "amiguetes", utilizando una palabra que tanto le gusta a Santiago Segura. Y es que el tema de los cameos es lo que destroza totalmente a estas películas y las convierten en eso, en un montón de escenas anticinematográficas porque los famosos de turno no son actores realmente y su interpretación es tan mala (normal, ya digo que no son profesionales) que te acaba sacando a cada minuto del relato de la película, aunque este ya de por sí no fuera gran cosa. Y si son tres o cuatro cameos en la película, pues igual te pueden hacer hasta algo de gracia; pero es que en 'Torrente 6' prácticamente no hay escena o minuto en la que no haya algún cameo, como mínimo (en muchas escenas, varios). Eso rompe cualquier ritmo cinematográfico. Puede ser una película mala, pero si encima ni siquiera parece cine, sino un ensayo amateur de actores improvisados sin ninguna vis cómica o sin ningún interés en la actuación, pues el resultado roza lo bochornoso.
No hay mucho más que decir. ¿Me reí en algunos momentos de la película? Pues sí, por supuesto. Al final, siempre hay algún chiste que resulta gracioso, aunque todos versen sobre la misma escatología de siempre. ¿Me interesó la crítica política? En absoluto. Y no solo por su equidistancia, que eso me puede parecer bien, sino porque creo que eso también es un lastre para la película por su poca originalidad (ya hay muchos programas de humor que lo hacen, incluso mejor). Además, son chistes caducos casi al escucharlos por primera vez. Te da la sensación de que enseguida va a envejecer mal esta película porque si la ves dentro de un año será como ver un especial de Nochebuena de José Mota del año anterior: todo el humor político ya resulta pescado estropeado.
Le pongo un 2 por algún chiste más o menos afortunado y porque siempre es un placer ver a Gabino Diego, que no entiendo por qué se ha prodigado tan poco (o lo han prodigado tan poco) en la gran pantalla durante las últimas dos décadas.
No hay mucho más que decir. ¿Me reí en algunos momentos de la película? Pues sí, por supuesto. Al final, siempre hay algún chiste que resulta gracioso, aunque todos versen sobre la misma escatología de siempre. ¿Me interesó la crítica política? En absoluto. Y no solo por su equidistancia, que eso me puede parecer bien, sino porque creo que eso también es un lastre para la película por su poca originalidad (ya hay muchos programas de humor que lo hacen, incluso mejor). Además, son chistes caducos casi al escucharlos por primera vez. Te da la sensación de que enseguida va a envejecer mal esta película porque si la ves dentro de un año será como ver un especial de Nochebuena de José Mota del año anterior: todo el humor político ya resulta pescado estropeado.
Le pongo un 2 por algún chiste más o menos afortunado y porque siempre es un placer ver a Gabino Diego, que no entiendo por qué se ha prodigado tan poco (o lo han prodigado tan poco) en la gran pantalla durante las últimas dos décadas.
1 de abril de 2026
1 de abril de 2026
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Almodóvar vuelve a firmar un testimonio de metaficción cinematográfica como hiciera con la maravillosa 'Dolor y gloria' (con la que guarda muchísimos puntos comunes este último trabajo). 'Amarga navidad' más que una película es una confesión, un ejercicio terapéutico y autocrítico sobre el propio acto de la creación y la inspiración del cineasta. Si en 'Dolor y gloria' dibujaba una autobiografía en la que expresaba todos sus recuerdos, fobias y obsesiones al mismo tiempo que le declaraba su amor al cine, en 'Amarga navidad' se centra más en el proceso de escritura de un guion, sin olvidar también sus temas fetiche: el duelo por la muerte, la culpa por la ausencia hacia la figura materna, las enfermedades, la dependencia emocional y la mujer, por supuesto, siempre las mujeres como punto de referencia.
En 'Amarga navidad' Almodóvar se desdobla en Raúl Durán, personaje que encarna Leonardo Sbaraglia, mimetizado absolutamente en el Almodóvar que encarnó Antonio Banderas en 'Dolor y gloria' hasta el punto de conectar ambas películas de manera intrínseca en todo tipo de detalles: el propio personaje y sus gestos, pero también espacios, colores, vestuarios... Incluso hay una escena repetida al 100% entre el cineasta y su asistenta personal (aquí interpretada por Aitana Sánchez Gijón y en 'Dolor y gloria' por Nora Navas); misma escena, mismo diálogo. Son muchas las conexiones entre ambas películas, pero también hay guiños constantes a otros trabajos emblemáticos del director manchego, como 'La habitación de al lado' o 'Todo sobre mi madre', por ejemplo.
En 'Amarga navidad' Almodóvar se desdobla en Raúl Durán, personaje que encarna Leonardo Sbaraglia, mimetizado absolutamente en el Almodóvar que encarnó Antonio Banderas en 'Dolor y gloria' hasta el punto de conectar ambas películas de manera intrínseca en todo tipo de detalles: el propio personaje y sus gestos, pero también espacios, colores, vestuarios... Incluso hay una escena repetida al 100% entre el cineasta y su asistenta personal (aquí interpretada por Aitana Sánchez Gijón y en 'Dolor y gloria' por Nora Navas); misma escena, mismo diálogo. Son muchas las conexiones entre ambas películas, pero también hay guiños constantes a otros trabajos emblemáticos del director manchego, como 'La habitación de al lado' o 'Todo sobre mi madre', por ejemplo.

Bárbara Lennie
De hecho, esos guiños forman parte de la idea que quiere mostrar también Almodóvar en esta película: la de un director agotado en su inspiración que echa mano de recursos ya usados en otras obras suyas y que se dedica a aprovechar cualquier circunstancia vital o real para ir escribiendo un guion, aun teniendo que "vampirizar" sin permiso alguno los sentimientos de las personas que le rodean. Esa autocrítica está muy presente en la película, aunque es una autocrítica algo condescendiente consigo mismo, todo hay que decirlo. Almodóvar se castiga, sí, pero con cierta indulgencia.
La película se va desarrollando en dos planos, por tanto: el del escritor que va incorporando detalles a su historia y el del propio guion ficticio, en el que Almodóvar también se desdobla en otro personaje, el de Elsa, interpretado por Bárbara Lennie. Elsa, además, también está escribiendo un guion en el que utiliza a sus personajes queridos como inspiración (aquí asistimos al juego de las muñecas rusas que da lugar a eternos narradores). Pero es en esta construcción narrativa paralela donde creo que la película se atasca un poco, ya que ninguna de las dos historias parece arrancar nunca. No hay un motivo principal que despierte el interés en el espectador, sobre todo en la parte de Elsa. Asistimos a largas escenas en las que apenas pasan cosas y personajes que entran y salen sin mucha cohesión. Durante casi una hora y media me pregunto hacia dónde quiere ir Almodóvar o por qué se dedica a añadir pequeñas tramas sin mucho desarrollo en la parte de metaficción de Elsa, sin un punto sobre el que girar la historia, más allá de las excelentes interpretaciones de la propia Lennie, Victoria Luengo o Milena Smit, que están fantásticas, o algunos cameos clásicos del mundo Almodóvar. Aun así, algo falta...
La película se va desarrollando en dos planos, por tanto: el del escritor que va incorporando detalles a su historia y el del propio guion ficticio, en el que Almodóvar también se desdobla en otro personaje, el de Elsa, interpretado por Bárbara Lennie. Elsa, además, también está escribiendo un guion en el que utiliza a sus personajes queridos como inspiración (aquí asistimos al juego de las muñecas rusas que da lugar a eternos narradores). Pero es en esta construcción narrativa paralela donde creo que la película se atasca un poco, ya que ninguna de las dos historias parece arrancar nunca. No hay un motivo principal que despierte el interés en el espectador, sobre todo en la parte de Elsa. Asistimos a largas escenas en las que apenas pasan cosas y personajes que entran y salen sin mucha cohesión. Durante casi una hora y media me pregunto hacia dónde quiere ir Almodóvar o por qué se dedica a añadir pequeñas tramas sin mucho desarrollo en la parte de metaficción de Elsa, sin un punto sobre el que girar la historia, más allá de las excelentes interpretaciones de la propia Lennie, Victoria Luengo o Milena Smit, que están fantásticas, o algunos cameos clásicos del mundo Almodóvar. Aun así, algo falta...
Y, entonces, llega ese maravilloso desenlace que lo conecta todo, que le da el toque final de genialidad a la película.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Unos diálogos extraordinarios entre Sabaraglia/Almodóvar y Aitana Sánchez Gijón (que se adueña completamente de la película en esos últimos 15 minutos y demuestra que es una actriz que ha llegado a la madurez en un estado de gracia absoluto) suponen la guinda deslumbrante a un pastel que empezaba a resultar algo pesado. Ahí es donde se entiende todo lo anterior, donde el propio cineasta (ficticio y quizás también el real), a modo confesional, se mira al espejo y encuentra la inspiración, la genialidad, aunque sea a costa de cierta deshumanización. Las tramas aburridas, desdibujadas, poco originales y con poca cohesión del guion de Elsa cobran sentido en ese descubrimiento, en esa chispa inspiradora que lo cambia todo.
'Amarga navidad' es una película para fans de Almodóvar, para amantes de su cine, ya que encontrarán muchas referencias a títulos anteriores, muchos guiños y eso enriquece bastante el resultado final de esta película y lo que quiere expresar o confesar el cineasta con ella. Es una película sobre su propio cine y sobre sus propias obsesiones, inspiraciones, deseos, errores y renuncias a la hora de crear ese cine. Es una especie de parto doloroso en el que Almodóvar confiesa detalles que quizás nunca antes había hecho; detalles no siempre agradables. Es una película sobre la vampirización del creador y cómo utiliza, sin escrúpulos, la realidad para su obra, con o sin permiso. Ese epilogo final es bastante revelador en ese sentido y, sin duda, merece la pena llegar a él para entender y apreciar el ejercicio testimonial del director y, acaso, su petición de perdón.
'Amarga navidad' es una película para fans de Almodóvar, para amantes de su cine, ya que encontrarán muchas referencias a títulos anteriores, muchos guiños y eso enriquece bastante el resultado final de esta película y lo que quiere expresar o confesar el cineasta con ella. Es una película sobre su propio cine y sobre sus propias obsesiones, inspiraciones, deseos, errores y renuncias a la hora de crear ese cine. Es una especie de parto doloroso en el que Almodóvar confiesa detalles que quizás nunca antes había hecho; detalles no siempre agradables. Es una película sobre la vampirización del creador y cómo utiliza, sin escrúpulos, la realidad para su obra, con o sin permiso. Ese epilogo final es bastante revelador en ese sentido y, sin duda, merece la pena llegar a él para entender y apreciar el ejercicio testimonial del director y, acaso, su petición de perdón.
1 de abril de 2026
1 de abril de 2026
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Entretenidísima aventura épica en el espacio con todos los alicientes del cine de los 80: un peligro que amenaza al mundo, una misión suicida, buenos efectos especiales, grandes dosis de emoción, humor, amistad, heroísmo, drama y una pareja de protagonistas tremendamente carismáticos. Todo aderezado con el buen rollo de ese cine ochentero y una espectacular banda sonora.
Ni que decir tiene que me lo he pasado teta viéndola con todos estos ingredientes. Su amplio metraje (más de dos horas y media) no se me ha hecho pesado y uno se queda con ganas de ver más aventuras entre el divertido científico Grace (Ryan Gosling) y su entrañable amigo alienígena Rocky. A pesar de no ser demasiado original la idea de dos extraños que se unen para salvar el universo, funciona de maravilla en un guion previsible, es cierto, pero plagado de momentos divertidos y tiernos.
Me ha gustado igualmente la construcción narrativa que va completando el inquietante comienzo "in media res" con una serie de flashbacks que esconden alguna sorpresa también.
Ni que decir tiene que me lo he pasado teta viéndola con todos estos ingredientes. Su amplio metraje (más de dos horas y media) no se me ha hecho pesado y uno se queda con ganas de ver más aventuras entre el divertido científico Grace (Ryan Gosling) y su entrañable amigo alienígena Rocky. A pesar de no ser demasiado original la idea de dos extraños que se unen para salvar el universo, funciona de maravilla en un guion previsible, es cierto, pero plagado de momentos divertidos y tiernos.
Me ha gustado igualmente la construcción narrativa que va completando el inquietante comienzo "in media res" con una serie de flashbacks que esconden alguna sorpresa también.

Ryan Gosling
La pareja protagonista (humano y alien) hace las delicias del espectador con su bonita relación, cargada de buen rollo, mucho humor y algún momento emotivo que, lo reconozco, consigue arrancar la lagrimilla. Todo ciertamente esperable, eso cierto, ya que la película no innova demasiado en su desarrollo y son fáciles de adivinar sus giros; con todo, el desenlace es más que satisfactorio. Ryan Gosling está realmente encantador en este papel de científico, astronauta y héroe por accidente que encuentra la amistad con mayúsculas al otro lado de la galaxia. Su personaje me recuerda a otros grandes iconos de los 80 y le queda como un guante el traje de héroe a lo Harrison Ford o Bruce Willis de aquellos años. Es un gran actor y está sensacional en esta película.
'Proyecto Salvación' creo que ha venido para quedarse en ese privilegiado grupo de títulos épicos generacionales como 'Armaggedon', 'Marte', 'Apollo 13' o 'Stargate'. Tiene los ingredientes necesarios como para convertirse en un clásico del género inmediato. Ciertamente es una gran película de aventuras.
'Proyecto Salvación' creo que ha venido para quedarse en ese privilegiado grupo de títulos épicos generacionales como 'Armaggedon', 'Marte', 'Apollo 13' o 'Stargate'. Tiene los ingredientes necesarios como para convertirse en un clásico del género inmediato. Ciertamente es una gran película de aventuras.
1 de abril de 2026
1 de abril de 2026
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es una película tan extraña como fascinante. Basada en un hecho real: la creación de una sociedad religiosa que tuvo bastantes seguidores en EEUU en el siglo XVIII (los Shakers) guiados por una líder mesiánica (interpretada por Amanda Seyfried), que decía ser la segunda reencarnación de Jesucristo.
La película está narrada en flashback y en forma de evangelio por uno de los testigos y seguidores de esa organización religiosa que acabó formando una comunidad que se autoabastecía y que basaba su predicamento religioso en la castidad y el celibato. Su liturgia estaba formada por bailes, cánticos y gestos físicos de entrega ferviente, lo que utiliza la directora (Mona Fastvold) para convertir la película en un insólito musical.
Amanda Seyfried está absolutamente arrebatadora en el que es, sin duda, el mejor papel de su carrera. La ambientación histórica y fotográfica de la película es excelente. Quizás lo que menos me interesa es la propia historia religiosa en sí, pues no pasa de ser un relato mesiánico común de auge y caída de un líder religioso cuyos límites de autenticidad, locura y valores humanos quedan a la interpretación del espectador, aunque no hay grandes sorpresas en el retrato. No me llega a emocionar en casi ningún momento, sobre todo en su parte final en la que, se supone, debe producirse la catarsis de la pasión. Tiene momentos dramáticos, eso sí, aunque la película es tan extraña (casi extravagante diría) que hasta deja entrever algún rasgo de humor mezclado con tanto dramatismo.
La película está narrada en flashback y en forma de evangelio por uno de los testigos y seguidores de esa organización religiosa que acabó formando una comunidad que se autoabastecía y que basaba su predicamento religioso en la castidad y el celibato. Su liturgia estaba formada por bailes, cánticos y gestos físicos de entrega ferviente, lo que utiliza la directora (Mona Fastvold) para convertir la película en un insólito musical.
Amanda Seyfried está absolutamente arrebatadora en el que es, sin duda, el mejor papel de su carrera. La ambientación histórica y fotográfica de la película es excelente. Quizás lo que menos me interesa es la propia historia religiosa en sí, pues no pasa de ser un relato mesiánico común de auge y caída de un líder religioso cuyos límites de autenticidad, locura y valores humanos quedan a la interpretación del espectador, aunque no hay grandes sorpresas en el retrato. No me llega a emocionar en casi ningún momento, sobre todo en su parte final en la que, se supone, debe producirse la catarsis de la pasión. Tiene momentos dramáticos, eso sí, aunque la película es tan extraña (casi extravagante diría) que hasta deja entrever algún rasgo de humor mezclado con tanto dramatismo.

La película puede hacer reflexionar sobre temas serios como la necesidad humana de encontrar una esperanza y un sentido a la vida, el amor fraternal, el extremismo en la religión, el servilismo a una figura divinizada o el miedo de las sociedades tradicionales ante la aparición de comunidades que rompen ese molde común. Creo que el retrato de Ann Lee, a pesar de que pueda resultar complejo en algunos momentos, incluso contradictorio, no es ofensivo ni negativo. No es el retrato del fanatismo manipulador que hemos visto en otras historias similares; aunque tampoco es un retrato redentor, en mi opinión, de ahí su ambigüedad. Debe ser el espectador el que debata sobre ello porque esa parte reflexiva y ambigua es interesante.
Con todo, además de las interpretaciones (los otros actores importantes también están estupendos, sobre todo Lewis Pullman, que interpreta al hermano de Ann) lo que más me ha gustado de la película son los números musicales, basados en unas coreografías litúrgicas que resultan hipnóticas y con una banda sonora maravillosa que es difícil quitarte de la cabeza una vez que sales del cine. La música, por cierto, es de Daniel Blumberg, autor también de la BSO de 'The brutalist'. Esos temas musicales que mezclan el ritmo ritual de los rezos festivos y febriles de los Shakers con otras piezas mucho más sensibles me ha parecido una genialidad.
Con todo, además de las interpretaciones (los otros actores importantes también están estupendos, sobre todo Lewis Pullman, que interpreta al hermano de Ann) lo que más me ha gustado de la película son los números musicales, basados en unas coreografías litúrgicas que resultan hipnóticas y con una banda sonora maravillosa que es difícil quitarte de la cabeza una vez que sales del cine. La música, por cierto, es de Daniel Blumberg, autor también de la BSO de 'The brutalist'. Esos temas musicales que mezclan el ritmo ritual de los rezos festivos y febriles de los Shakers con otras piezas mucho más sensibles me ha parecido una genialidad.

Amanda Seyfried
Película de esas que se odia o se admira, no hay más. Yo siempre aplaudo este tipo de cine arriesgado. Reconozco que sin la parte musical, la película me habría gustado mucho menos y no se saldría demasiado del retrato o biopic convencional; pero esa parte musical del filme es lo que le da el plus de originalidad y calidad, ya que, como he dicho, en una banda sonora sensacional.
Película recomendada, aunque no es para todos los gustos, desde luego.
Película recomendada, aunque no es para todos los gustos, desde luego.
1 de abril de 2026
1 de abril de 2026
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estupenda sátira en torno al fracaso colectivo en la educación de los niños, desde todos sus pilares: los padres, el sistema educativo y la propia sociedad. Con una mordacidad tan ácida que ralla la mala leche, la película nos presenta el desatinado periplo de una pareja de clase media obsesionada con llevar a su hijo a un colegio privado ultrapijo, no por el crío en sí, sino por ellos mismos, por el ascenso social que eso va a suponer para el matrimonio, ya que piensan que les abrirá las puertas de un círculo social mucho más elitista. El niño tiene evidentes problemas, pero los padres parecen más ocupados en su deriva por pertenecer a ese chat de papás ricos que en saber por qué el niño pega a otros compañeros o les enseña sus partes pudendas en clase constantemente.
Marián Álvarez e Israel Elejalde están estupendos en los papeles de esos padres que, poco a poco, van agrandando una peligrosa bola plagada de medias verdades y mentiras enteras hasta conseguir formar parte de esa clase alta con la que sueñan. Juan Diego Botto también está fantástico en un rol tan odiable como divertido; debería prodigarse mucho más en la comedia porque le sale francamente bien.
Marián Álvarez e Israel Elejalde están estupendos en los papeles de esos padres que, poco a poco, van agrandando una peligrosa bola plagada de medias verdades y mentiras enteras hasta conseguir formar parte de esa clase alta con la que sueñan. Juan Diego Botto también está fantástico en un rol tan odiable como divertido; debería prodigarse mucho más en la comedia porque le sale francamente bien.

Borja Cobeaga, Juan Diego Botto, Israel Elejalde, Marián Álvarez, Natalia Reyes & Víctor García León
Los gags funcionan a la perfección y no dejan títere con cabeza; le atizan a todo el postureo rancio: los padres que siempre creen que sus hijos son especiales o superdotados (aunque sean objetivamente imbéciles o unos cafres), las apariencias, las falsas amistades, las relaciones familiares interesadas, la fidelidad, el trabajo, las fotos de las redes sociales... Para todo hay algún guiño humorístico en una película que se mueve de maravilla entre la comedia costumbrista y el humor más negro.
Con todo, la película creo que no cae nunca en la parodia, ni siquiera en su disparatado e hilarante final; puede y debe verse como un ejercicio tan mordaz como reflexivo, ya que, entres chiste y chiste, arroja sobre la mesa interesantes cuestiones sobre la sociedad que estamos creando de cara siempre a los demás; una sociedad artificial, asentada sobre la imagen, la apariencia y la marca cutre de imitación.
Con todo, la película creo que no cae nunca en la parodia, ni siquiera en su disparatado e hilarante final; puede y debe verse como un ejercicio tan mordaz como reflexivo, ya que, entres chiste y chiste, arroja sobre la mesa interesantes cuestiones sobre la sociedad que estamos creando de cara siempre a los demás; una sociedad artificial, asentada sobre la imagen, la apariencia y la marca cutre de imitación.
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