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Críticas 255
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
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24 de septiembre de 2009
13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kaze no naka no kodomo (Niños en el viento) es un paso adelante en la carrera de Shimizu, una sensible -que no sensiblera- mirada al universo de la infancia que logra capturar hasta el más mínimo detalle de verdad de sus personajes y facturar, con ello, una obra minúscula y, sin embargo, grandiosamente humana.

De nuevo se trata el tema de la marginación del individuo, enfrentado a una serie de acontecimientos que ponen en entredicho su rectitud moral, cuando lo que se está haciendo realmente es desnudar la hipocresía y la ingratitud de los que no saben ver más allá de las apariencias. Una historia sencilla y dolorosa a pesar de lo anecdótico de su planteamiento, en la que sobresale la enorme sensación de veracidad de esos chavales condenados a una injusta ausencia paterna.

En el proceso, Shimizu depura su estilo y lo refina, reduciéndolo a lo esencial: el fluir del relato a base de gestos mínimos descubre que la elegancia de la sencillez es el camino más rápido hacia la máxima pureza expresiva. Esta pureza, grabada en fotogramas de una plácida belleza, es lo que hace del cine del japonés una experiencia tan gratificante y nutritiva.

Tan necesaria.
19 de agosto de 2007
22 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante aunque finalmente decepcionante segunda incursión de Anderson en el terreno del fantástico y el terror tras la escalofriante e irregular Session 9. Aquí un refinado y algo relamido ejercicio de género encubre una parábola (más moralista de lo que debiera) sobre la culpa y cómo esta nos consume hasta niveles inimaginables. El director dosifica bien el suspense y logra secuencias realmente inquietantes (pienso en ese perverso trayecto por la Ruta 666), pero a veces descubre demasiado las cartas, consiguiendo en último término rebajar el impacto de la sorpresa final, que ya no es tal, sino un previsible (y lógico) giro dramático que dota de sentido a la historia. Su mejor baza está en la asombrosa y acojonante interpretación del esquelético Christian Bale, creíble en su desesperada búsqueda de respuestas. Pero claro, Anderson no es Polanski, y, pese a las similitudes, El maquinista dista mucho de ese clásico paranoico que es El quimérico inquilino.

Lo mejor: un asombroso Christian Bale.
Lo peor: mucha moralina.
19 de agosto de 2007
18 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Escribe Antonio Weinrichter que Romero es el autor que mejor explota el mito que él mismo ha creado, los zombis. Y tiene razón. No nos vamos a engañar: su mano se muestra más dubitativa tras la cámara que la de otros bisoños seguidores (Zach Snyder) y su última creación no presenta el poderío narrativo, la imaginación y la fuerza arrolladora de Amanecer de los muertos, pero por el contrario nos pone en bandeja un discurso pesimista que va más allá del ñam-ñam de los muertos y que supone el lógico y conveniente desarrollo al resto de títulos de la saga. De hecho, en el último (El día de los muertos, con toda seguridad el que hacía más hincapié en el aspecto sociológico y humanista de la historia) aparecía un zombie encadenado al que los vivos intentaban educar, dominar y someter.

En esta nueva entrega todo ha avanzado: los zombis persisten y son mayoría, pero están expulsados de las fronteras que los separan de los seres humanos, o si están dentro del sistema sólo es para cumplir una vergonzosa función social: divertir a la gente de a pie, ofrecer su cuerpo al pan y circo del día día, volver al divertimento romano y servir como esclavos a los señores bajo cuyo yugo (no) viven. Pero aquí viene la novedad: bajo ese misma sociedad utópica creada al margen de los infectados se ha erigido otra, la de los pordioseros y demás gente de baja estofa que malviven a los pies de los ricos pero sin temer al peligro de los muertos (que serían a su vez los de extrema pobreza). Es aquí donde queda patente el fascismo de las nuevas sociedades (¿la nuestra?), en la que “los de arriba” limpian la escoria sin mancharse las manos, mientras los basureros humanos no reciben nada por hacer el trabajo difícil y salvarles el culo.
Lo dicho, cine combativo y con mensaje sin salir de la serie B... y con sus buenas dosis de sangre y casquería, que para eso hablamos de Romero. Un buen plato de carne poco hecha para amantes de las parábolas políticas, el cine post-apocalíptico y el gore con cerebro.

Lo mejor: reencontrarse con un Romero reivindicativo y en plena forma.
Lo peor: el ritmo se resiente de vez en cuando.
17 de octubre de 2007
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ciertamente no es de las mejores de Keaton, pero su vigencia cómica y cinematográfica sigue siendo incontestable. A modo de balance: engancha con un prólogo dramático y oscuro, cautiva con ese surrealista trayecto en tren que serviría de ensayo a la superior The General, arranca carcajadas purísimas con su entrada, triunfal, en la mismísima boca del lobo, pero luego baja el pie del acelerador y se relaja en exceso, rozando incluso cierto estado de ánimo parecido al aburrimiento. Su tramo final, sin embargo, vuelve a reconciliarnos con un cineasta enorme que, en unos tiempos en los que el cine aún daba sus primeros pasos, supo innovar, inventar y maravillar sin perder en ningún momento la capacidad de hacer reír al espectador. En este caso, además, con un sentido del humor por momentos negrísimo y un ensamblaje técnico (toda la odisea en el río y la montaña) sencillamente portentoso. Lo dicho: un mago, un titán de este noble y menospreciado género que es la comedia.

Lo mejor: los líos de Keaton en la casa de la familia rival.
Lo peor: una arritmia central grave y lo previsible del desenlace.
18 de agosto de 2007
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vincenzo Natali se ha creado, con sólo dos películas en su haber, un discurso propio en el que el hombre moderno aparece atrapado entre “realidades” cuadriculadas que lo presionan, asfixian y hacen volar sus fantasías escapistas que podrán materializarse o no, pero que siempre constituirán un metafórico y sufriente proceso de autoanálisis cuya meta final es la salvación absoluta: tanto en Cube como en Cypher, un mundo en el que las lacras humanas (mentira e hipocresía fundamentalmente) no tienen cabida.

En la segunda y muy estimulante fantasía futurista del canadiense, Natali no sólo confirma su sello personal creando un frío diseño de producción en el que pasillos de blanco cegador e infinitos huecos de ascensor desdoblados en trampas mortales marcan las distancias de un universo tan deshumanizado como peligroso, sino que aprovecha el notable guión de Brian King para vehicular una idea que concuerda muy bien con su propia ideario pesimista en torno al ser humano de hoy: las falacias gobiernan nuestra existencia, somos como piezas movidas por una mano invisible con fines que ni siquiera conocemos.
Lástima que todo lo que tiene de preciso y acertado dicho guión lo tenga también de copión, porque la originalidad brilla por su ausencia cuando se roban a destajo ideas de dos clásicos intocables como Plan Diabólico o Desafío Total. De ahí la imposibilidad de elevar la puntuación al notable: aunque brillante y entretenida, Cypher no llega a suponer un paso evolutivo en el género, sino más bien una confirmación de varios de sus temas más conocidos (las corporaciones secretas, los hombres sin identidad...). Eso sí, se puede disfrutar mucho con su trama enrevesada pero comprensible y sus numerosas secuencias de impacto (el lavado cerebral en la conferencia), aunque en algunas de ellas los efectos especiales canten un poquito (cuestión de presupuesto, imagino).

Lo mejor: el primer lavado cerebral.
Lo peor: algunos tópicos.
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