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España España · Xanadú
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Voto de Orson_:
7
Voto de Orson_:
7
Drama. Romance A Sadie McKee la rechaza un delincuente que prefiere caer en brazos de una exuberante actriz. Sola y despechada, empieza a trabajar en un club nocturno, donde conoce a un millonario que se enamora de ella. Aunque acepta su propuesta de matrimonio, no es feliz debido al rechazo de su familia política que piensa que es una aventurera que se ha casado sólo por dinero. (FILMAFFINITY)
11 de diciembre de 2024 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Uno de esos dramas de los años 30 en los que una mujer joven de origen humilde debe reponerse a reveses amorosos, haciendo equilibrios, en los límites de la decencia, para conseguir salir adelante.

Tocando múltiples temas delicados como la infidelidad, la prostitución, el alcoholismo, los matrimonios de conveniencia, que podrían haber conformado un relato escabroso, lo que mantiene al conjunto alejado del folletín es la delicada dirección de Brown y el sólido guion en el que participó John Meehan, que ya había colaborado anteriormente con el realizador.

Michael Alderson (Franchot Tone), hijo menor de una familia de clase alta, regresa a casa después de varios años estudiando fuera hasta convertirse en abogado, y se reencuentra con Sadie (Joan Crawford), hija de la cocinera empleada por su familia, con la que mantenía muy buena relación cuando eran adolescentes. Juntos, rememoran las travesuras que hacían de chiquillos, ante el jolgorio del resto del personal del servicio.

Este comienzo con aires de “Sabrina” deja paso rápidamente al melodrama cuando Sadie explota delante de toda la familia al escuchar unos comentarios despectivos de Michael sobre su novio, Tommy Wallace (Gene Raymond), un chico proclive a meterse en problemas. Desde ese momento considera rota su relación con Michael, marchándose a Nueva York con Tommy, que la abandonará nada más llegar para irse de gira con Dolly Merrick (Esther Ralston), una cantante que está buscando un compañero para su show.

En ese momento complicado, lleno de amargura, tendrá que buscarse la vida para subsistir, contando únicamente con la ayuda de Opal (Jean Dixon), una chica a la que conoció en el hostal nada más llegar, y que se convierte en su mejor apoyo.

Clarence Brown toma todos estos factores propicios para hacer un dramón y consigue en cambio un melodrama sólido y emotivo, con múltiples lecturas. Con buen pulso narrativo y un tratamiento creíble de los personajes, demuestra talento además en la resolución de algunas escenas de forma magnífica sin necesidades de recurrir a los diálogos. Consigue que el tono se aleje de lo impostado, dotando de credibilidad a los acontecimientos. La forma en la que trata al personaje de Sadie, por ejemplo, destila cariño, sin cursilerías.

Se permite además la utilización de varios números musicales a lo largo del relato que no sólo no molestan, sino que acompañan convenientemente el desarrollo de la acción. El tema principal “All I do is dream of you”, interpretado por Tommy, suena hasta en tres ocasiones distintas, teniendo siempre un significado dependiendo de la ocasión argumental. Dicho tema se hizo célebre, siendo utilizado en otras películas como “Una noche en la ópera” (Sam Wood, 1935) o “Cantando bajo la lluvia” (Stanley Donen, 1952).

Joan Crawford lleva las riendas del relato con total aplomo, protagonista absoluta que en esa época aunaba una belleza felina con una presencia poderosa que llenaba la pantalla. No en vano, su filmografía está llena de personajes temperamentales, azotados por amores inconvenientes y desamores dolorosos que deben sortear constantemente infortunios, como en “Mildred Pierce” o “Flamingo road”, ambas de Michael Curtiz. En el resto del reparto se encuentran muchos nombres interesantes que rinden todos a gran nivel, Franchot Tone (el más flojo, en mi opinión), Gene Raymond, Leo G. Carroll, Esther Ralston, y especialmente Jean Dixon y el gran Edward Arnold, en un papel extrovertido diferente al que nos tiene acostumbrados.

Recordaba a Clarence Brown por las colaboraciones en dramas a mayor gloria de la Garbo, como Anna Christie (1930), Ana Karenina (1935) o María Walewska (1937), pero al acercarme a “Entre esposa y secretaria” (1936) y ahora a esta “Sadie McKee”, me he encontrado un director con una sensibilidad especial y un gran talento que merece mucho la pena seguir redescubriendo.
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