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España España · cordoba-granada-madrid
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Voto de clásico igual a moderno:
8
Voto de clásico igual a moderno:
8
Drama Nader (Peyman Moaadi) y Simin (Leila Hatami) son un matrimonio iraní con una hija. Simin quiere abandonar Irán en busca de una vida mejor, pero Nader desea quedarse para cuidar a su padre, que tiene Alzheimer. Ella le pide el divorcio y se muda a vivir con sus padres. Nader no tiene más remedio que contratar a una mujer que cuide a su padre. Una negligencia de la asistenta provoca un conflicto de grandes dimensiones. (FILMAFFINITY)
18 de octubre de 2011
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya en su anterior película, que vi por casualidad, me encontré con algo asombroso. El director, porque es una película de dirección pura, además de contar con un admirable guión, logra involucrar admirablemente al espectador en los problemas de la sociedad iraní a través de una historia particular.

El desarrollo de los personajes es complejo. Huye de la teatralización (muy común, por cierto, en el cine español -no hay más que ver la indigesta "La voz dormida") y de la presentación directa de la trama, para presentar a través de sucesivas escenas el conflicto entre los personajes, conflicto que acaba cerrándose en un círculo perfecto. La manera de hacerlo la expongo en spoliler.

La sucesión de escenas interiores (sólo hay una exterior, que existe por ser imprescindible para la historia) hacen que sientas una opresión extrema, opresión análoga a la que sufren todos los personajes de la película. Y ese es su triunfo: pese a la diversidad de puntos de vista que los personajes tienen respecto al Islam, todos viven encorsetados y abrumados por una sociedad que los machaca. Por esta razón no puedo entender que la cinta pasara la censura.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Se inicia la película con una escena que presenta un conflicto matrimonial. Los personajes exponen sus discrepancias al Juez. Aquí ya queda reflejado la diferente postura de los protagonistas principales. Ella ha claudicado y desea marcharse del país. Él decide quedarse: la excusa es la enfermedad de su padre; la razón de fondo, se niega en su fuero interno a dejar su país. Nos encontramos ya con la primera muesca que la sociedad iraní marca en la pareja. Si rompen, no es por falta de amor. El desarrollo subterráneo de esta idea esbozada al principio convierte a la película en una obra maestra de la elipisis. Una elipisis que se llena de sentido a través de la propia película. Lo que no nos dicen directamente los personajes, nos lo van sugiriendo las sucesivas escenas.

Posteriormente, la crisis matrimonial se desarrolla sacando a la madre de escena durante casi una hora. Sólo entra de nuevo para intentar apoyar al padre en el conflicto que se ha creado con la sirvienta. En ese ayudar vuelven a manifestarse los diferentes puntos de vista. Ella es realista y decide ser práctica. Acepta las reglas de una sociedad de la que se quiere alejar. Nader trata de solucionar el problema desde la mentira. Se queda en una sociedad de la que no acepta las reglas.
Ninguna de las posturas es reprochable. Ambos se aman y aman a su país. Tampoco la postura de los otros dos protagonistas es censurable. Son víctimas de su educación, al igual que Simín decide marcharse debido a la suya propia.

Sólo sobra el detalle de haber insinuado, en aras a mejorar la trama, que el marido de la sirvienta pudiera haber sido el causante del aborto. Eso sí es un truco de guión.

Por último, reseñar que, eso sí, en todas las sociedades pagan los mismos la ruptura de los padres. Admirable última escena.
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