Sin amor
2017 

7,0
6.082
24 de diciembre de 2017
24 de diciembre de 2017
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Andrei Zvyagintsev tiene un gran respaldo en su carrera, antes de esta película sus cuatro largometrajes habían recibido algún premio en los festivales de cine más prestigiosos del mundo.
Vozvrashchenie (El regreso, 2003) ganó el León de oro en Venecia, por su parte en Cannes, Konstantin Lavronenko protagonista de Izgnanie (El destierro, 2007) se llevó el premio a Mejor actuación, Elena (2011) el Premio especial del jurado de la sección “Un Certain Regard” y Leviafan (Leviatán, 2014) el de Mejor guion.
Con semejante panorama, las expectativas sobre su persona cada vez que sale a la luz que está trabajando en un nuevo proyecto no pueden ser mejores, lo mismo ocurrió este año con Nelyubov (Sin amor), filme con un título idóneo de acuerdo al arco argumental que construye, alrededor de un protagonista que está ausente, desaparece, sí, él es el protagonista.
Como pareciera no podía ser de otra forma cada vez que llega, Zvyagintsev en esta ocasión se alzó con el Premio del jurado (tercero en importancia) del Festival de Cannes. Acompañado como de costumbre por el escritor Oleg Negin en la confección del guion, con quien ha forjado una dupla maravillosa con relatos de gran fuerza e impacto emocional sin recurrir al exceso barato.
Vozvrashchenie (El regreso, 2003) ganó el León de oro en Venecia, por su parte en Cannes, Konstantin Lavronenko protagonista de Izgnanie (El destierro, 2007) se llevó el premio a Mejor actuación, Elena (2011) el Premio especial del jurado de la sección “Un Certain Regard” y Leviafan (Leviatán, 2014) el de Mejor guion.
Con semejante panorama, las expectativas sobre su persona cada vez que sale a la luz que está trabajando en un nuevo proyecto no pueden ser mejores, lo mismo ocurrió este año con Nelyubov (Sin amor), filme con un título idóneo de acuerdo al arco argumental que construye, alrededor de un protagonista que está ausente, desaparece, sí, él es el protagonista.
Como pareciera no podía ser de otra forma cada vez que llega, Zvyagintsev en esta ocasión se alzó con el Premio del jurado (tercero en importancia) del Festival de Cannes. Acompañado como de costumbre por el escritor Oleg Negin en la confección del guion, con quien ha forjado una dupla maravillosa con relatos de gran fuerza e impacto emocional sin recurrir al exceso barato.

Mikhail Krichman, director de fotografía, es otra de las personas recurrentes dentro del equipo de trabajo del laureado realizador, ambos consiguen acompañar de forma elegante la cámara consiguiendo secuencias que meten al espectador dentro del entresijo del relato. Todo encadenado fijamente por la editora Anna Mass, quien logra congeniar la propuesta visual y argumental expuesta.
Nelyubov se centra en Zhenya (Maryana Spivak) y Boris (Aleksey Rozin), pareja que ronda entre los 35 y 40 años de clase media que está a punto del divorcio, situación que se dificulta por la presencia de un hijo, Alyosha (Matvey Novikov), un chico de 12 años que la pasa fatal debido a la poca atención y el maltrato que recibe, en síntesis, ninguno de sus padres quiere hacerse cargo de él.
La asfixiante situación de este personaje es mostrada sin ningún tapujo, razón por la cual un día simplemente desaparece, quizá pensando que la vida se volverá más sencilla para sus progenitores, quienes sin perder tiempo, en medio de todo el engorroso proceso de divorcio y luego de búsqueda del hijo, están formando nuevas relaciones de parejas.
Nelyubov se centra en Zhenya (Maryana Spivak) y Boris (Aleksey Rozin), pareja que ronda entre los 35 y 40 años de clase media que está a punto del divorcio, situación que se dificulta por la presencia de un hijo, Alyosha (Matvey Novikov), un chico de 12 años que la pasa fatal debido a la poca atención y el maltrato que recibe, en síntesis, ninguno de sus padres quiere hacerse cargo de él.
La asfixiante situación de este personaje es mostrada sin ningún tapujo, razón por la cual un día simplemente desaparece, quizá pensando que la vida se volverá más sencilla para sus progenitores, quienes sin perder tiempo, en medio de todo el engorroso proceso de divorcio y luego de búsqueda del hijo, están formando nuevas relaciones de parejas.

Zvyagintsev muestra con encanto el rehacer sentimental de los protagonistas adultos, una intensa ilusión que se transporta a escenas sexuales cargadas de erotismo y satisfacción, un hechizo por dejar un pasado turbio que carcome, o bien, un futuro inestable. Para Zhenya es vivir un primer amor, según sus palabras, ¿o es esto solo una careta? Para Boris pareciera más un interés económico-laboral que otra cosa.
En medio de todo esto la ausencia de Alyosha les sigue persiguiendo, aunque nunca como uno esperaría que pase en un contexto normal. Él era un niño que incomodaba a sus padres, un peso con el que debían cargar, por eso al existir la separación ninguno quiere hacerse cargo. Pero al final, se arroja la luz de que él no era el problema, a fin de cuentas los padres siguen con su vida, con sus nuevas familias, e igual de infelices.
Infelicidad que no se muestra como el peso de la conciencia tras toda la situación acontecida, para nada, es simplemente que la felicidad que estos adultos buscaban no era algo real, era más una ilusión de alejarse de su presente, de su realidad. Ahí es donde Zvyagintsev se luce, porque logra manejar el sentir del espectador hacía esa mirada, y no la de que los papás están arrepentidos por haber sido malos padres, porque nunca lo estuvieron.
¿Por qué Alyosha desaparece? La respuesta es simple, únicamente vale leer el título de este largometraje para caer en cuenta, además de retomar su mirada tierna entristecida, con lágrimas, pocos minutos sobresalientes para el chico. ¿Dónde estuvo su libertad? ¿Cuál fue su salida? Zvyagintsev tan sutil como siempre, lo muestra de una forma tristemente hermosa, con el agua -elemento recurrente en su obra- como protagonista.
En medio de todo esto la ausencia de Alyosha les sigue persiguiendo, aunque nunca como uno esperaría que pase en un contexto normal. Él era un niño que incomodaba a sus padres, un peso con el que debían cargar, por eso al existir la separación ninguno quiere hacerse cargo. Pero al final, se arroja la luz de que él no era el problema, a fin de cuentas los padres siguen con su vida, con sus nuevas familias, e igual de infelices.
Infelicidad que no se muestra como el peso de la conciencia tras toda la situación acontecida, para nada, es simplemente que la felicidad que estos adultos buscaban no era algo real, era más una ilusión de alejarse de su presente, de su realidad. Ahí es donde Zvyagintsev se luce, porque logra manejar el sentir del espectador hacía esa mirada, y no la de que los papás están arrepentidos por haber sido malos padres, porque nunca lo estuvieron.
¿Por qué Alyosha desaparece? La respuesta es simple, únicamente vale leer el título de este largometraje para caer en cuenta, además de retomar su mirada tierna entristecida, con lágrimas, pocos minutos sobresalientes para el chico. ¿Dónde estuvo su libertad? ¿Cuál fue su salida? Zvyagintsev tan sutil como siempre, lo muestra de una forma tristemente hermosa, con el agua -elemento recurrente en su obra- como protagonista.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Más cine en:
http://www.krinegrafo.com/
https://www.facebook.com/1024CdC/
http://www.krinegrafo.com/2017/12/crfic-2017-loveless/
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5 de junio de 2020
5 de junio de 2020
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nada es lo que parece, esto no va de divorcios, niños desaparecidos, problemas psicoanalíticos ni de temperaturas extremas. Son puros pretextos. Es la desolación que siente Andrey Zvyagintsev a causa de un país que avanza a través del tiempo sostenido inoportunamente por los traumas de su pasado colectivo, su presente psicopático de sentimientos imposibles y su futuro venidero que es incapaz de sobrellavar los infortunios huraños de sus ayeres. Creo que nunca había sentido algo parecido ante un ejercicio cinematográfico, sufro con angustia y con tristeza los lamentos del director, en un escenario dónde nada se puede salvar ni expiar. Quizá, la apariencia de creer seguir vivo a través de algún eco profano, o de algún apego intrascendente o del sonido de una pantalla en dónde se relata una guerra próxima. Pero no es más que frío, mucho frío.
1 de febrero de 2018
1 de febrero de 2018
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dura, seca y poco complaciente para con el espectador es esta película co-producida entre Rusia, Francia, Alemania y Bélgica, todo un dramón donde la infelicidad es la reina de la función, sometiendo a los (pocos) personajes, a una vida frustrante, carente de verdadero amor, de cariño, de empatía para con el más desprotegido, que les necesita pero no le prestan apenas atención.
Radiografía de una pareja y su vástago, en medio del frío tanto climático como sentimental, que va calando en su alma hasta convertirles en meros fantasmas sin demasiados sentimientos positivos.
Despiadada en su concisa y clara narración, todo apunta a un camino sin retorno, que dejará marcados a la pareja protagonista que no obstante seguirán su camino, sin duda para caer en los mismos errores, egoísmos y comportamientos negativos.
Excelente puesta en escena, fría pero bella, buenas interpretaciones y un empaque técnico muy competente, hacen de este film un ejemplo de buen cine que, no obstante, resulta cortante y sombría a más no poder.
Radiografía de una pareja y su vástago, en medio del frío tanto climático como sentimental, que va calando en su alma hasta convertirles en meros fantasmas sin demasiados sentimientos positivos.
Despiadada en su concisa y clara narración, todo apunta a un camino sin retorno, que dejará marcados a la pareja protagonista que no obstante seguirán su camino, sin duda para caer en los mismos errores, egoísmos y comportamientos negativos.
Excelente puesta en escena, fría pero bella, buenas interpretaciones y un empaque técnico muy competente, hacen de este film un ejemplo de buen cine que, no obstante, resulta cortante y sombría a más no poder.

No, no es de las que gusta al gran público, entre otras cosas por su moroso ritmo, pero invita a la reflexión sobre, entre otros temas, a dónde nos lleva esta sociedad moderna.
https://filmsencajatonta.blogspot.com.es
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1 de septiembre de 2020
1 de septiembre de 2020
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay películas que retratan épocas, que reflejan sociedades y que, siguiendo este hilo, terminan analizando comportamientos y personalidades.
Según esto, podría decirse que Sin amor coloca unos personajes sobre un fondo social, actual y concreto, para observar sus movimientos.
Sin embargo, a poco avisado que el espectador sea, terminará por darse cuenta de que lo que Zvyagintsev trata de mostrarle no es un grupo de personajes moviéndose sobre fondo sombrío, sino de humanos enfrentados a sí mismos; de que, ambientes aparte, la adecuada lectura de esta historia se desliza fácilmente más allá de su contexto, yendo a parar a paisajes interiores, capaces de profundidades obscenas, y de que, por eso, tanto daría que esta historia rusa hubiera sido australiana, dominicana o castiza porque (salvedades culturales de por medio) todos, al fin y al cabo, estamos hechos de lo mismo, y puestos ante un mismo conflicto, reaccionaremos de forma parecida, porque así es nuestra naturaleza (¿alguien se acuerda del cuento de la rana y el escorpión?)
Según esto, podría decirse que Sin amor coloca unos personajes sobre un fondo social, actual y concreto, para observar sus movimientos.
Sin embargo, a poco avisado que el espectador sea, terminará por darse cuenta de que lo que Zvyagintsev trata de mostrarle no es un grupo de personajes moviéndose sobre fondo sombrío, sino de humanos enfrentados a sí mismos; de que, ambientes aparte, la adecuada lectura de esta historia se desliza fácilmente más allá de su contexto, yendo a parar a paisajes interiores, capaces de profundidades obscenas, y de que, por eso, tanto daría que esta historia rusa hubiera sido australiana, dominicana o castiza porque (salvedades culturales de por medio) todos, al fin y al cabo, estamos hechos de lo mismo, y puestos ante un mismo conflicto, reaccionaremos de forma parecida, porque así es nuestra naturaleza (¿alguien se acuerda del cuento de la rana y el escorpión?)

Así que Zvyagintsev, con el sigiloso silencio de un mirón que no puede dejar de mirar, nos habla de nuestro absurdo empeño por encontrar el círculo donde encaje nuestro cuadrado existencial, de los tortuosos caminos de miedo, indiferencia, dolor y egoísmo a que esto nos lleva y, por eso, no tiene piedad al contarnos cómo un chaval (presuntamente) inocente es tragado por el odio.
No trata de exhibir una sociedad en descomposición (descompuesta, ya), sino de acusarnos del tufo que vamos dejando por ahí mientras tratamos de sobrevivir creyendo que tenemos esa entelequia llamada felicidad en la punta de los dedos y, por si la cosa no hubiera quedado del todo clara, acaba con una secuencia metafórica (atención) que lo sintetiza todo: sí; vamos y venimos. Al menos, nos movemos pero, quizá, a donde vamos sea a ninguna parte.
EN RESUMEN: muy interesante. Abstenerse adictos a chucherías azucaradas.
No trata de exhibir una sociedad en descomposición (descompuesta, ya), sino de acusarnos del tufo que vamos dejando por ahí mientras tratamos de sobrevivir creyendo que tenemos esa entelequia llamada felicidad en la punta de los dedos y, por si la cosa no hubiera quedado del todo clara, acaba con una secuencia metafórica (atención) que lo sintetiza todo: sí; vamos y venimos. Al menos, nos movemos pero, quizá, a donde vamos sea a ninguna parte.
EN RESUMEN: muy interesante. Abstenerse adictos a chucherías azucaradas.
24 de noviembre de 2017
24 de noviembre de 2017
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La calidad visual, fotográfica y de la trama están a la altura de sus últimas películas. El guion esgrime de forma modélica una despiadada, enferma y decadente sociedad, que con naturalidad solapa las instituciones en una realidad casi natural en el film. La introducción de no solo la crítica al desmoronamiento de las complejas unidades familiares si no también de unas estructuras endogámicas y viciadas del poder de forma sutil inciden en esa oda a la desfachatez de la occidentalización de la sociedad rusa. Visualmente la austeridad musical incide en las tensiones narrativas, creando ese ambiente turbio, endémico y cruel. Además se une ese buen gusto en el plano lento, panorámico y natural, de colores fríos que subraya lo gélido de los sentimientos, asépticos en su mayoría, con esa pérdida de moralidad que traspasa la pantalla para insertarse bajo la piel del espectador. El trasvase de la glacial crueldad interpretativa de los personajes socava más el hermetismo sentimental y hace que el guion mantenga esa naturalidad en las circunstancias de la trama, impactando más si cabe en el espectador. Una obra de denuncia multicausal e interpretativa de una sociedad enferma.
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