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Voto de Quatermain80:
8
Voto de Quatermain80:
8
7,5
2.166
23 de octubre de 2011
23 de octubre de 2011
15 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Excelente obra de Berri que en mi opinión debe analizarse unitariamente, ya que su división en dos partes sólo se debió a razones comerciales, y en ningún caso narrativas. De hecho, la historia gana enteros cuanto menor es el tiempo que el espectador deja pasar entre los visionados de ambas.
Así pues, comento aquí la totalidad del filme, que en todo momento fluye, no como el manantial en torno al que gira la película, y que sirve como eje a partir del cual se nos muestran la vida en el campo provenzal, una historia de ambición y ruindad, una implacable venganza, y una no menos terrible tragedia familiar. Abundando en esto último, y teniendo en cuenta toda la obra, es precisamente el tono trágico (con reminiscencias griegas) el que predomina, y de ahí que la película resulte tan clásica y universal, dado que su "lenguaje" no puede sino resultarnos familiar.
La primera parte, además de acercarnos al entorno y meternos en ambiente, pivota partiendo del enfrentamiento de dos personajes antagónicos pero con un objetivo común, que es el enriquecimiento. En realidad, tanto Jean como Ugolin encarnan dos caras de la misma moneda; ambos son lo que hoy denominaríamos emprendedores, pero cada uno a su manera. Mientras que Jean representa la modernidad, el conocimiento y la honestidad, Ugolin es deshonesto, vil e inculto, pero estas grandes diferencias no impiden ciertas coincidencias, pues ambos son tenaces, arriesgados, capaces de sacar adelante grandes proyectos, ya se basen en claveles o conejos. Durante la primera parte los demás personajes sirven como apoyo de los dos protagonistas, asumiendo roles consecuentes con los comportamientos de estos; así, la familia de Jean es toda entrega y amor hacia el proyecto, mientras que César se nos muestra como un hábil intrigante, asumiendo el papel de un consejero malvado, que estimula lo peor del carácter de su sobrino Ugolin.
La segunda parte, en la que ha transcurrido el tiempo, ve crecer la importancia de Manon, pero una vez más su venganza servirá no para poner punto final al drama, sino para darle una vuelta de tuerca más, que es lo que permite que podamos considerar el filme bajo la óptica de las tragedias familiares clásicas. Hasta tal punto esto es así, que al final sentimos pena por el miserable Ugolín, perdidamente enamorado de quien jamás le amará, y también miramos con otros ojos a su tío César, que experimentará íntimamente la magnitud de una tragedia que creía ajena, pero que en realidad le es propia.
Continúa en spoiler, sin revelar detalles.
Así pues, comento aquí la totalidad del filme, que en todo momento fluye, no como el manantial en torno al que gira la película, y que sirve como eje a partir del cual se nos muestran la vida en el campo provenzal, una historia de ambición y ruindad, una implacable venganza, y una no menos terrible tragedia familiar. Abundando en esto último, y teniendo en cuenta toda la obra, es precisamente el tono trágico (con reminiscencias griegas) el que predomina, y de ahí que la película resulte tan clásica y universal, dado que su "lenguaje" no puede sino resultarnos familiar.
La primera parte, además de acercarnos al entorno y meternos en ambiente, pivota partiendo del enfrentamiento de dos personajes antagónicos pero con un objetivo común, que es el enriquecimiento. En realidad, tanto Jean como Ugolin encarnan dos caras de la misma moneda; ambos son lo que hoy denominaríamos emprendedores, pero cada uno a su manera. Mientras que Jean representa la modernidad, el conocimiento y la honestidad, Ugolin es deshonesto, vil e inculto, pero estas grandes diferencias no impiden ciertas coincidencias, pues ambos son tenaces, arriesgados, capaces de sacar adelante grandes proyectos, ya se basen en claveles o conejos. Durante la primera parte los demás personajes sirven como apoyo de los dos protagonistas, asumiendo roles consecuentes con los comportamientos de estos; así, la familia de Jean es toda entrega y amor hacia el proyecto, mientras que César se nos muestra como un hábil intrigante, asumiendo el papel de un consejero malvado, que estimula lo peor del carácter de su sobrino Ugolin.
La segunda parte, en la que ha transcurrido el tiempo, ve crecer la importancia de Manon, pero una vez más su venganza servirá no para poner punto final al drama, sino para darle una vuelta de tuerca más, que es lo que permite que podamos considerar el filme bajo la óptica de las tragedias familiares clásicas. Hasta tal punto esto es así, que al final sentimos pena por el miserable Ugolín, perdidamente enamorado de quien jamás le amará, y también miramos con otros ojos a su tío César, que experimentará íntimamente la magnitud de una tragedia que creía ajena, pero que en realidad le es propia.
Continúa en spoiler, sin revelar detalles.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Aparte del argumento principal, la película, como todas las que aspiran al clasicismo, es el retrato de todo un mundo, en este caso ligado a la tierra, al paciente, esforzado y pocas veces recompensado trabajo del campo. El filme recrea eficazmente las angustias campesinas ante la falta de agua, las mil argucias que se necesitan para sacar adelante los cultivos, y al tiempo nos muestra una amplia galería de personajes muy creíbles, todos ellos marcados por las inercias y costumbres propias de los pueblos, con su característica desconfianza hacia las novedades, y esa proliferación de rumores malintencionados o desdeñosos hacia el extraño o el diferente. Casi todos los secundarios participan de estos rasgos, y de ahí que la joven Manon se vengue también de ellos, aunque sólo sea por su silencio culpable.
Además de una excelente historia, el filme cuenta con una estupenda realización, que sabe aprovechar la belleza del paisaje, integrando en él a los personajes no por capricho, sino con fines dramáticos, que es como debe hacerse. La fotografía, que capta el paso de las estaciones y el transcurso del día, es más que correcta, recogiendo la luminosidad propia de estas tierras provenzales, cercanas al Mediterráneo. A ello se añade un soberbio guión, tanto en diálogos como en desarrollo dramático, una música emotiva, y unas interpretaciones fabulosas, destacando el veterano Montand (con un "sprint" final inolvidable) y Daniel Auteuil, absolutamente fantástico en su papel de Ugolín.
En su día fue un gran éxito comercial, que rescató al cine francés de cierta decadencia incipiente, y hoy aparece como una de las mejores obras de la década de los 80.
Además de una excelente historia, el filme cuenta con una estupenda realización, que sabe aprovechar la belleza del paisaje, integrando en él a los personajes no por capricho, sino con fines dramáticos, que es como debe hacerse. La fotografía, que capta el paso de las estaciones y el transcurso del día, es más que correcta, recogiendo la luminosidad propia de estas tierras provenzales, cercanas al Mediterráneo. A ello se añade un soberbio guión, tanto en diálogos como en desarrollo dramático, una música emotiva, y unas interpretaciones fabulosas, destacando el veterano Montand (con un "sprint" final inolvidable) y Daniel Auteuil, absolutamente fantástico en su papel de Ugolín.
En su día fue un gran éxito comercial, que rescató al cine francés de cierta decadencia incipiente, y hoy aparece como una de las mejores obras de la década de los 80.
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20195,2
33
- Jouni Kalervo Havukainen
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