Adam - recuerdos de una guerra
19 de septiembre de 2012
19 de septiembre de 2012
24 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Volvió Paul Schrader. Autor del ensayo ‘El estilo trascendental en el cine (Ozu, Bresson, Dreyer), guionista excepcional de ‘Taxi driver’, director de la notable ‘Affliction’, por citar las que son, para mí, sus tres grandes contribuciones al arte del pasado siglo.
Volvió y lo hizo con un personaje singular, genial y trastornado, al más puro estilo de Yukio Mishima, su Mishima. Adam comparte con el excéntrico escritor japonés una imaginación desbordante y torturada y una marcada tendencia al mesianismo desquiciado. Dos personajes mentalmente enfermos y magnéticos, abocados a la locura como escape radical de un mundo irrespirable.
‘Adam Resurrected’ tiene algo de la curiosa y fallida ‘Canino’, de Giorgos Lanthimos –aunque la película del griego es posterior a la de Schrader. También hay algo de ‘La pasajera’ (Andrzej Munk, Witold Lesiewicz) en el ambiente nocturno de los campos y en el afilado ladrido de los perros.
El Holocausto es, en esta cinta, introspectivo. Se intuye la devastación global por la devastación interior del personaje. Las localizaciones son precisas y acertadas: la casa del inicio, el cabaret, el salón del comandante Klein, el hospital. El hospital merece comentario aparte: situado en medio del desierto, con líneas claras, funcionales; todo en él parece horizontal salvo la sinuosa Gina Grey, enfermera jefe del lugar. La intensidad de la luz, dentro y fuera del manicomio, contrasta con la tiniebla del campo de concentración.
Advierto en ese manicomio cierto ambiente ‘Sílení’ (Jan Svankmajer, 2005). La atmósfera es distinta, pero los personajes centrales respectivos (el marqués de Sade y Adam) crean un vínculo especial entre médicos y enfermos. En ambas cintas intuimos una realidad deformada por la mirada del protagonista, un protagonista ambiguo, a caballo entre el genio y la locura –el tópico aparece en los dos casos.
Jeff Goldblum está espectacular en un papel, el de Adam Stein, que le viene como anillo al dedo. Un papel arriesgado, histriónico y profundo, que no carece de matices. Consigue ser creíble como perro y como mago; es atrayente, áspero y simpático, al borde de la farsa. Somatiza y se provoca enfermedades, lee el pensamiento. Pero su don no es suficiente para rescatar al mundo. El antagonista, Klein (Willem Dafoe) no es un nazi de una pieza –el nazismo es en él más una inercia que una ideología–. La base de la cinta es triangular: judío-perro-nazi. El perro es el cemento que mantiene unido el edificio.
La película, no obstante, es irregular. Alterna escenas excelentes (la visión de la chimenea crematoria, con el aullido de fondo, produce escalofríos) y escenas deslucidas (entre otras, la visita al yerno). Extrañamente, su principal defecto es de guión. Un personaje como Adam no debería perder su cualidad de enigma, pero Schrader decide tratarlo como si fuera un acertijo simple. La acción decisiva, el exorcismo, resuelve la ecuación y cierra la película. Se pierde, en cierto modo, la fascinación caótica del personaje –que ya era extraño y fascinante mucho antes de entrar en el campo de exterminio.
Volvió Schrader, sí. Con su querencia por lo insano (veo a Cronenberg en lo morboso y en las somatizaciones del protagonista). Optó por balizar el laberinto en vez de entrar en él con ansias de perderse –como lo hubiera hecho David Lynch. Volvió y nos ha dejado a medias, entre lo convincente y lo ridículo. Plantó en la zarza ardiente a un nazi. Un nazi desplazando a Dios de su elemento.
Un Dios que o bien no está presente o no se digna a contestar. Quién sabe.
[Texto publicado en cinemaadhoc.info]
Volvió y lo hizo con un personaje singular, genial y trastornado, al más puro estilo de Yukio Mishima, su Mishima. Adam comparte con el excéntrico escritor japonés una imaginación desbordante y torturada y una marcada tendencia al mesianismo desquiciado. Dos personajes mentalmente enfermos y magnéticos, abocados a la locura como escape radical de un mundo irrespirable.
‘Adam Resurrected’ tiene algo de la curiosa y fallida ‘Canino’, de Giorgos Lanthimos –aunque la película del griego es posterior a la de Schrader. También hay algo de ‘La pasajera’ (Andrzej Munk, Witold Lesiewicz) en el ambiente nocturno de los campos y en el afilado ladrido de los perros.
El Holocausto es, en esta cinta, introspectivo. Se intuye la devastación global por la devastación interior del personaje. Las localizaciones son precisas y acertadas: la casa del inicio, el cabaret, el salón del comandante Klein, el hospital. El hospital merece comentario aparte: situado en medio del desierto, con líneas claras, funcionales; todo en él parece horizontal salvo la sinuosa Gina Grey, enfermera jefe del lugar. La intensidad de la luz, dentro y fuera del manicomio, contrasta con la tiniebla del campo de concentración.
Advierto en ese manicomio cierto ambiente ‘Sílení’ (Jan Svankmajer, 2005). La atmósfera es distinta, pero los personajes centrales respectivos (el marqués de Sade y Adam) crean un vínculo especial entre médicos y enfermos. En ambas cintas intuimos una realidad deformada por la mirada del protagonista, un protagonista ambiguo, a caballo entre el genio y la locura –el tópico aparece en los dos casos.
Jeff Goldblum está espectacular en un papel, el de Adam Stein, que le viene como anillo al dedo. Un papel arriesgado, histriónico y profundo, que no carece de matices. Consigue ser creíble como perro y como mago; es atrayente, áspero y simpático, al borde de la farsa. Somatiza y se provoca enfermedades, lee el pensamiento. Pero su don no es suficiente para rescatar al mundo. El antagonista, Klein (Willem Dafoe) no es un nazi de una pieza –el nazismo es en él más una inercia que una ideología–. La base de la cinta es triangular: judío-perro-nazi. El perro es el cemento que mantiene unido el edificio.
La película, no obstante, es irregular. Alterna escenas excelentes (la visión de la chimenea crematoria, con el aullido de fondo, produce escalofríos) y escenas deslucidas (entre otras, la visita al yerno). Extrañamente, su principal defecto es de guión. Un personaje como Adam no debería perder su cualidad de enigma, pero Schrader decide tratarlo como si fuera un acertijo simple. La acción decisiva, el exorcismo, resuelve la ecuación y cierra la película. Se pierde, en cierto modo, la fascinación caótica del personaje –que ya era extraño y fascinante mucho antes de entrar en el campo de exterminio.
Volvió Schrader, sí. Con su querencia por lo insano (veo a Cronenberg en lo morboso y en las somatizaciones del protagonista). Optó por balizar el laberinto en vez de entrar en él con ansias de perderse –como lo hubiera hecho David Lynch. Volvió y nos ha dejado a medias, entre lo convincente y lo ridículo. Plantó en la zarza ardiente a un nazi. Un nazi desplazando a Dios de su elemento.
Un Dios que o bien no está presente o no se digna a contestar. Quién sabe.
[Texto publicado en cinemaadhoc.info]
4 de julio de 2009
4 de julio de 2009
25 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estamos ante una coproducción Alemania//USA/Israel, que adapta una novela de Yoram Kaniuk (no tengo el gusto), que dirige Paul Schrader y que nos cuenta la historia de un judío, payaso de circo/cabaret entre 1926 y 1961, primero como reputado maestro de ceremonias/clown en un circo/cabaret de Berlín en el que asistimos al auge del nazismo, luego su detención y deportación a un campo de concentración donde tras ser separado de su familia es obligado por el jefe del campo a comportarse como su perro (literalmente) como venganza por una broma sufrida como “voluntario de entre el público” por parte del payaso en los albores del movimiento nazi y luego su estancia en un centro sito en Israel especializado en tratamiento psiquiátrico para supervivientes de campos de concentración.
Jeff Goldblum en el papel del payaso y Willem Defoe en el del sádico y odioso nazi realizan un trabajo en el que se les nota a todas luces muy comprometidos (estamos hablando de dos grandes actores) y la historia así contada no se la puede negar un cierto atractivo, PERO (así en mayúsculas), para el que esto suscribe, aunque fiel seguidor y admirador de Paul Schrader y de sus, hasta ahora, inteligentes simbologismos y por mucho que he puesto de mi parte por comulgar con la historia y la manera de contármela, me es del todo imposible defenderla, por lo que para no extenderme y a falta de alguna otra reseña que me ilumine y me haga ver la enjundia e interés que pueda contener, debo de reconocer que me ha parecido un insufrible y farragoso castañazo, que además me ha dejado exhausto tratando de encontrar algún solido argumento con el que recomendar su visionado..
Jeff Goldblum en el papel del payaso y Willem Defoe en el del sádico y odioso nazi realizan un trabajo en el que se les nota a todas luces muy comprometidos (estamos hablando de dos grandes actores) y la historia así contada no se la puede negar un cierto atractivo, PERO (así en mayúsculas), para el que esto suscribe, aunque fiel seguidor y admirador de Paul Schrader y de sus, hasta ahora, inteligentes simbologismos y por mucho que he puesto de mi parte por comulgar con la historia y la manera de contármela, me es del todo imposible defenderla, por lo que para no extenderme y a falta de alguna otra reseña que me ilumine y me haga ver la enjundia e interés que pueda contener, debo de reconocer que me ha parecido un insufrible y farragoso castañazo, que además me ha dejado exhausto tratando de encontrar algún solido argumento con el que recomendar su visionado..
25 de agosto de 2009
25 de agosto de 2009
15 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alucinógeno regreso de Paul Schrader.
Ha pasado de puntillas, y desde luego no es para menos. De hecho, yo me enteré porque mimosín la dedicó unas líneas por aquí hace un tiempo.
Y bueno, estamos ante la que es probablemente la película más anticomercial, marciana y enferma de este hombre. Dudo que jamás vuelva a descolgarse con un Hardcore, un Posibilidad de Escape o un Aflicción, a mi entender sus tres películas absolutamente imprescindibles, pero recupera la oscuridad y el desasosiego desaparecidos en mediocridades como Forever Mine o Desenfocado.
La película flirtea a veces con la tomadura de pelo, no nos engañemos, pero transmite inquietud, y tiene un extraño poder de fascinación que hace de su visionado una experiencia única. Conté con el lastre de toparme con los subtítulos más deplorables que he visto en mi vida, y no pude exprimir el limón al máximo, pero tengo ganas de revisarla como David Roach manda.
Y The Fly, lo mejor de largo de la función, cuaja una de las actuaciones más intensas de la década, todo dolor, todo desgarro.
Qué actor más sangrantemente desaprovechado, por favor.
Ha pasado de puntillas, y desde luego no es para menos. De hecho, yo me enteré porque mimosín la dedicó unas líneas por aquí hace un tiempo.
Y bueno, estamos ante la que es probablemente la película más anticomercial, marciana y enferma de este hombre. Dudo que jamás vuelva a descolgarse con un Hardcore, un Posibilidad de Escape o un Aflicción, a mi entender sus tres películas absolutamente imprescindibles, pero recupera la oscuridad y el desasosiego desaparecidos en mediocridades como Forever Mine o Desenfocado.
La película flirtea a veces con la tomadura de pelo, no nos engañemos, pero transmite inquietud, y tiene un extraño poder de fascinación que hace de su visionado una experiencia única. Conté con el lastre de toparme con los subtítulos más deplorables que he visto en mi vida, y no pude exprimir el limón al máximo, pero tengo ganas de revisarla como David Roach manda.
Y The Fly, lo mejor de largo de la función, cuaja una de las actuaciones más intensas de la década, todo dolor, todo desgarro.
Qué actor más sangrantemente desaprovechado, por favor.
27 de octubre de 2012
27 de octubre de 2012
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paul Schrader tiene una filmografía tan interesante como irregular, y Adam resucitado es una muestra más de ello, película llena de atrevimiento y búsqueda de lo trascendental que puede gustar o no, pero esquiva a toda costa el abismo de la indiferencia. El otrora guionista de Taxi Driver o Toro Salvaje (Martin Scorsese, 1976 i 1980) se pone una vez más detrás de las cámaras para dirigir un atípico drama que compagina la tragedia de los campos de concentración nazis con una historia más actual, secuelas y cicatrices de aquel episodio traumático. En él, Jeff Goldblum encarna a un director circense en la Alemania de los años cuarenta que, junto con su familia, es apresado por los nazis. Éste será, entonces, el encargado de entretener a un general nazi (Willem Dafoe) en una humillante y demencial situación de la que dependerá su vida.
Mira por el retrovisor Schrader para relatar unos hechos mil veces contados desde una óptica que de tan original es casi inverosímil, y que habla de desdicha y redención con una peculiar retórica. No caben en Adam resucitado el comportamiento racional y el pensamiento lógico, todo es desagradable, anormal y pérfido, y pretende transmitir horror con lenguaje propio obviando sus aptitudes dramáticas y relegándolas a la Historia per se, algo a lo que por desgracia, culpa de la continua reiteración, es fácil que deje frío. El director prefiere aquí inclinarse hacia lo retorcido, proyectando situaciones que extrañan más que conmueven, escudándose en la idea del trauma como algo grotesco y olivándose de traumatizar también al espectador, al que sólo así podría justificar la sarta de imágenes a menudo ridículas que expone. Hombres y niños can, fuegos fatuos, Adanes y demás simbología religiosa pretende, por otro lado, dotar de profundidad y sentido metafórico a la obra, pero no; nada de eso maquilla una película que aspira más que consigue y transmite mucho menos de lo que quisiera, sólo histrionismo y la certeza de siempre: el nazismo ha sido lo más cerca que ha estado la humanidad del infierno en la Tierra. Fuera de eso todo es más ruido que nueves y la entregada actuación de un Jeff Goldblum irreprochable.
Así es que Adam resucitado prosigue la estela de Un lugar donde quedarse (Paolo Sorrentino, 2010) –aun siendo anterior a ésta– para desmarcarse del habitual retrato del nazismo o postnazismo, tan crudo y tan racional, adentrándose en los pantanosos terrenos de lo onírico, surreal, o simplemente irreverente, y perdiéndose en ellos, atrapado e incapaz de emocionar.
[Tupeli.es]
Mira por el retrovisor Schrader para relatar unos hechos mil veces contados desde una óptica que de tan original es casi inverosímil, y que habla de desdicha y redención con una peculiar retórica. No caben en Adam resucitado el comportamiento racional y el pensamiento lógico, todo es desagradable, anormal y pérfido, y pretende transmitir horror con lenguaje propio obviando sus aptitudes dramáticas y relegándolas a la Historia per se, algo a lo que por desgracia, culpa de la continua reiteración, es fácil que deje frío. El director prefiere aquí inclinarse hacia lo retorcido, proyectando situaciones que extrañan más que conmueven, escudándose en la idea del trauma como algo grotesco y olivándose de traumatizar también al espectador, al que sólo así podría justificar la sarta de imágenes a menudo ridículas que expone. Hombres y niños can, fuegos fatuos, Adanes y demás simbología religiosa pretende, por otro lado, dotar de profundidad y sentido metafórico a la obra, pero no; nada de eso maquilla una película que aspira más que consigue y transmite mucho menos de lo que quisiera, sólo histrionismo y la certeza de siempre: el nazismo ha sido lo más cerca que ha estado la humanidad del infierno en la Tierra. Fuera de eso todo es más ruido que nueves y la entregada actuación de un Jeff Goldblum irreprochable.
Así es que Adam resucitado prosigue la estela de Un lugar donde quedarse (Paolo Sorrentino, 2010) –aun siendo anterior a ésta– para desmarcarse del habitual retrato del nazismo o postnazismo, tan crudo y tan racional, adentrándose en los pantanosos terrenos de lo onírico, surreal, o simplemente irreverente, y perdiéndose en ellos, atrapado e incapaz de emocionar.
[Tupeli.es]
26 de agosto de 2016
26 de agosto de 2016
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando uno se dispone a ver una película de Paul Schrader debe estar preparado para cualquier cosa. No se trata de un simple director con un estilo propio, sino que se siente cómodo sumergiéndose en el lado más oscuro del ser humano en todas sus vertientes. Así que, cuando Schrader toca un tema de por si oscuro como fue el holocausto judío, uno tiende a esperar un trabajo de los personajes cuanto menos enfermizo, focalizado en el trauma y la miseria.
En esta ocasión el personaje de Adam Stein (Jeff Goldblum) se presenta como un tipo amable y extraordinariamente positivo que se gana la vida entreteniendo al público con sus espectáculos de variedades. Hasta que la guerra y su condición de judío le arrebatan su humanidad y acaba convertido literalmente en el perro de un comandante nazi, incluso subordinado a la presencia del pastor alemán que comparte la jaula con él... Comentar que con su interpretación de Adam, Jeff Goldblum alcanzó probablemente las mayores cotas en su carrera como actor.
La película fue estructurada a base de flashbacks, intercalando la estancia de Adam en el psiquiátrico durante los años 60 con su periodo como prisionero en un campo de exterminio. Y para reflejar esa dicotomía entre la luz y la oscuridad Schrader recurrió al juego cromático. El blanco y negro (con una fotografía oscura y espectral) se utilizó para narrar los años de Adam como prisionero, y un color mucho más nítido y esterilizado retrató su estancia en el psiquiátrico. El hecho de que dicha institución estuviera situada en pleno desierto no fue casual, la potente iluminación y la claridad de líneas se contraponían así a la oscuridad del campo nazi. Era la amplitud de espacios frente a la claustrofobia del campo de exterminio.
Quizás al final lo que queda tras este film es una disección del ser humano y la tortura como arte. Una tortura que alcanzó la sublimación al conseguir que la víctima se torture a si misma y a los que le rodean. La desintegración del ser humano y el hundimiento del hombre bueno y afable focalizado en la figura de Adam Stein es el objetivo último. Nos deja un claro mensaje de desesperanza pero también de redención cuando el pequeño David se cruza en su camino dándole la oportunidad de recuperar lo que le arrebataron.
En definitiva: Recomendar ‘Adam resucitado’ no es tarea sencilla ya que probablemente fue una de las incursiones cinematográficas más enfermizas e incómodas de Paul Schrader. Pero el trabajo magistral que realizó Jeff Goldblum, el cuidado montaje, la esmerada puesta en escena y el minucioso retrato que nos ofreció acerca del ser humano son motivos más que suficientes para darle una oportunidad.
-Lo mejor: Jeff Goldblum en una de las mejores interpretaciones de su carrera, quizás la mejor.
-Lo peor: La carga psicológica de la película es quizás excesiva, puede llegar a incomodar.
-Más en: www.cineycine.com
En esta ocasión el personaje de Adam Stein (Jeff Goldblum) se presenta como un tipo amable y extraordinariamente positivo que se gana la vida entreteniendo al público con sus espectáculos de variedades. Hasta que la guerra y su condición de judío le arrebatan su humanidad y acaba convertido literalmente en el perro de un comandante nazi, incluso subordinado a la presencia del pastor alemán que comparte la jaula con él... Comentar que con su interpretación de Adam, Jeff Goldblum alcanzó probablemente las mayores cotas en su carrera como actor.
La película fue estructurada a base de flashbacks, intercalando la estancia de Adam en el psiquiátrico durante los años 60 con su periodo como prisionero en un campo de exterminio. Y para reflejar esa dicotomía entre la luz y la oscuridad Schrader recurrió al juego cromático. El blanco y negro (con una fotografía oscura y espectral) se utilizó para narrar los años de Adam como prisionero, y un color mucho más nítido y esterilizado retrató su estancia en el psiquiátrico. El hecho de que dicha institución estuviera situada en pleno desierto no fue casual, la potente iluminación y la claridad de líneas se contraponían así a la oscuridad del campo nazi. Era la amplitud de espacios frente a la claustrofobia del campo de exterminio.
Quizás al final lo que queda tras este film es una disección del ser humano y la tortura como arte. Una tortura que alcanzó la sublimación al conseguir que la víctima se torture a si misma y a los que le rodean. La desintegración del ser humano y el hundimiento del hombre bueno y afable focalizado en la figura de Adam Stein es el objetivo último. Nos deja un claro mensaje de desesperanza pero también de redención cuando el pequeño David se cruza en su camino dándole la oportunidad de recuperar lo que le arrebataron.
En definitiva: Recomendar ‘Adam resucitado’ no es tarea sencilla ya que probablemente fue una de las incursiones cinematográficas más enfermizas e incómodas de Paul Schrader. Pero el trabajo magistral que realizó Jeff Goldblum, el cuidado montaje, la esmerada puesta en escena y el minucioso retrato que nos ofreció acerca del ser humano son motivos más que suficientes para darle una oportunidad.
-Lo mejor: Jeff Goldblum en una de las mejores interpretaciones de su carrera, quizás la mejor.
-Lo peor: La carga psicológica de la película es quizás excesiva, puede llegar a incomodar.
-Más en: www.cineycine.com
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