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Críticas 702
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
9
28 de noviembre de 2009
111 de 120 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dicen los puristas que “La jungla de asfalto” no es una peli de cine negro en el sentido estricto de la palabra. Pero si partimos de la base que el cine negro es un estilo fundamentalmente visual en el que (y ahora me pongo en plan poético) la lluvia nocturna barniza el asfalto bajo la tenue luz de las farolas y de los anuncios de neón de hoteluchos y garitos de mala muerte, no se me ocurre mejor botón de muestra que la peli de Huston para iniciar a cualquier cinéfilo neófito en el sombrío, sórdido y claustrofóbico microcosmos de este peculiar y genuino género del cine americano.

En cualquier caso -sea o no una peli de cine negro- lo que tengo muy claro es que “La jungla de asfalto” es una auténtica e incontestable obra maestra. Y no solo porque la firma uno de los mejores cineastas de Hollywood, sino porque muy pocas veces podremos gozar de un ejercicio narrativo tan impecable y de una galería de perdedores (el rudo Dix, el pérfido Emmerich, el meticuloso Doc, el solidario Gus, el ambicioso Cobby…) tan acojonante.
En fin, solo añadiré que me avergüenza no haberla visto hasta hoy y que agregarla a mi currículum cinéfilo ha sido una de las mayores satisfacciones que ha podido darme esta página desde que ingresé en ella. Y no exagero.
4 de abril de 2009
160 de 219 usuarios han encontrado esta crítica útil
Miedo no, pavor me daba acometer una peli como esta. Uno de esos totems del séptimo arte que sirven, entre otras cosas, para separar el grano de la paja. Para distinguir entre gafapastas de solvencia contrastada y frikicinéfilos de tres al cuarto. Para corroborar, en definitiva, si mindundis como un servidor están o no preparados para dar ese ‘salto’ que sí han conseguido efectuar otros compañeros de FA. Un ‘salto’ similar al que consigue dar Johannes en “La palabra” y que yo, visto lo visto, no he conseguido perpetrar todavía.

Aún así, considero que me es lícito sostener -sin temor a blasfemar- que pese a tener chicha, muuucha chicha, la peli de Dreyer no ha llegado a impactarme como esperaba. Es muy posible que todo ello se deba a que jamás he leído a Kierkegaard o bien a que mis ocasionales gafas de pasta necesiten una nueva graduación de forma urgente e inmediata, pero os aseguro que, en ningún caso, mi desencanto con esta peli ha sido una cuestión de fe. O tal vez sí. Me explico.
Cay Kristiansen & Henrik Malberg
Tenia fe en que “La palabra” provocara en mi intelecto un brainstorming de reflexiones filosófico-religiosas imposibles de contener. Tenia fe en que mi capacidad emocional se viera vapuleada por un implacable bombardeo de sensaciones y sentimientos metafísicos de abstrusa dilucidación. Tenia fe en que mi espiritualidad se viera desbordada por un éxtasis místico de irreversibles consecuencias. Pero no. No ha sido así. Resulta obvio que mis creencias cinéfilas no deben ser lo suficientemente fervientes y poderosas como para lograr percibir y gozar de todos y cada uno de los pormenores de esta obra maestra. Lo lamento.

Porque sí, la peli posee una factura impecable (iluminación, movimientos de cámara, puesta en escena), una dirección vigorosa y un ritmo narrativo deliberadamente exasperante, pero todo lo demás (el discurso filosófico-religioso) se me antoja demasiado altivo, demasiado endiosado, demasiado sublimado. Parece como si todos esos personajes debatieran sus convicciones y sus dudas en el limbo, profilácticamente resguardados de cualquier tipo de amenaza terrenal o prosaica. Exceptuando el café. Eso sí. Jamás había visto una peli en la que los protagonistas tomaran tanto café. En cualquier caso, como bien dice Amor Perro resulta casi surrealista imaginar como pudieron haber sido las pausas de un rodaje tan excelso. Y es que comerse un bocadillo de mortadela, abrocharse los pantalones o hurgarse la nariz al lado de un Dreyer mirándote de reojo debe ser un pelín incómodo ¿no?.
22 de junio de 2009
115 de 130 usuarios han encontrado esta crítica útil
El problema de leer críticas como las de jastarloa antes de confeccionar la tuya es que todos los argumentos que habías esbozado previamente se van al carajo. Sí, al carajo. Y se van al carajo porque toda esa valiosísima documentación que te aporta el colega altera y ‘contamina’ irreversiblemente tu percepción personal. Aún así, intentaré hacer ‘oídos sordos’ a todo lo que ahora sé y procuraré comentar la peli de Brass de la forma más ecuánime y objetiva posible. Limitándome a teclear mis propias sensaciones. Sin más.

Empezaré diciendo, pues, que “Calígula” no es una peli erótica. Y no lo es porque su contenido carnal no se manifiesta a través de imágenes sugestivas, sensuales, sino a través de imágenes incuestionablemente pornográficas. No discuto que probablemente la idea de Brass era confeccionar una peli mucho más suave, hermosa quizás, pero la versión extendida que yo he visto (tres horas, casi) deja bien patente que la peli es pornográfica. Con argumento, pero pornográfica. El amplio catálogo de prácticas sexuales que la peli de Brass muestra de forma explícita (masturbaciones, felaciones, cunnilingus, orgías, relaciones lésbicas, homosexuales, sadomasoquistas...) es, a todas luces, concluyente. Su carácter abiertamente sicalíptico, sin embargo, no me disgusta. En absoluto. No me disgusta porque tras ese potente fundamento lascivo y obsceno “Calígula” mantiene indemne un espíritu grotesco y teatral que casa muy bien con la propia leyenda de este personaje (enorme McDowell, por cierto) y que me recuerda, inevitablemente, el pollo que montó Pasolini con “Salò...”. Pero, claro, como Pasolini es un artista y Brass, un salido…
Malcolm McDowell
En fin, si te gusta el cine de romanos y no te importa ver -entre conspiración y conspiración- alguna que otra bacanal, no te la pierdas. Disfrutarás.

-Niños, ¿Qué estais viendo?
-Una porno, mamá.
-¿Una porno?
-Sí, pero de romanos. Y con argumento.
-Ah, entonces vale.
24 de mayo de 2007
129 de 159 usuarios han encontrado esta crítica útil
Incomprensiblemente subvalorada en el momento de su estreno, “Groundhog day” va por el camino, a día de hoy, de convertirse en un clásico de la comedia norteamericana. Me siento orgulloso de pertenecer a esa cada vez más numerosa legión de incondicionales de esta película que hubiera podido firmar Sturges, Wilder o el mismísimo Capra y que, como los grandes vinos, envejecerá con solera y dignidad hasta codearse sin complejos con otras obras maestras de antaño como “Las tres noches de Eva”, “El apartamento” o “¡ Qué bello es vivir !”. Tiempo al tiempo.

Resulta por lo menos curioso hasta que punto un patético trailer o una promoción chapucera pueden convertirse en un arma de doble filo. Me explicaré:

He visto por primera vez “Groundhog day” casi 15 años después de su estreno. Increíble, pero cierto.

¿ Hasta qué punto nos afecta el marketing, la presión mediática, el “bombo y platillo”, las ( antiguas ) avalanchas en las colas de los cines ?. Personalmente ( y por fortuna ) muy poco. Soy profundamente reacio a consumir cine palomitero y las grandes superproducciones construídas a base de talonario me la traen floja. Francamente, si alguna vez me he dejado llevar por “el ímpetu de la manada” el resultado ha sido irremediablemente nefasto. En cambio, las recomendaciones más personales, francas y sensatas, me han conducido indefectiblemente a beneficiarme de auténticos “pecios” cinematográficos, tesoros con demasiada frecuencia ocultos entre toneladas y toneladas de bazofia. En este caso, el inefable boca a boca ha seguido su curso y, como casi siempre, ha funcionado con parsimoniosa eficacia. Ya lo dice el refrán: “lo bueno siempre se hace esperar”. Gracias Txarly, gracias Grandine, por revelarme obras como la que nos ocupa. Sin vuestro poder de convicción nunca habría llegado hasta ella.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Por lo demás, poco más a añadir a las extraordinarias críticas de JFH, Amor perro y vircenguetorix. “Groundhog day” constituye una “rara avis” cuyas credenciales la asocian inicialmente a la siempre defenestrada “comedia romántica”, género habitualmente emparentado a productos de marcado carácter gazmoño, tontorrón o supérfluo. Craso error si ello lo pretendemos atribuir a “Groundhog day”. La película de Ramis es en realidad una comedia inteligente, endiabladamente divertida y, por si fuera poco, rebosante de referencias para todos los gustos: éticas ( la evolución desde el egoísmo más recalcitrante al altruismo más loable ), metafísicas ( el dúo inmortalidad - eternidad ), literarias ( ¿ Quién no rememora al Mr. Scrooge de “Cuento de Navidad” de Charles Dickens en la figura de Phil ), cinéfilas ( Bill Murray reencarnando una singular versión de James Stewart en “¡ Qué bello es vivir !” ) e incluso mitológicas ( el castigo de Sísifo ). ¿ Qué más añadir ?..., ¿ Un guión que roza la cuadratura del círculo ?, ¿ Unas interpretraciones de Oscar sin Oscar ?, ¿ el “deja vu” llevado al paroxismo ?, ¿ una pesadilla descojonante ?...
Bill Murray
En fín, una película sin desperdicio. Véanla…, una…, dos…, tres veces. Yo pienso hacerlo.

Por cierto, esta película es de 9 para arriba, pero no se lo digais a quién no merezca verla. Yo prometo subirle la nota la próxima vez que la vea.
24 de noviembre de 2007
121 de 145 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las premisas ineludibles que, a mi entender, debe cumplir a rajatabla cualquier peli merecedora de un 10 es que pueda revisarse con cierta periodicidad sin perder un ápice de personalidad o duende. Eso, en mi pueblo, lo denominamos magia. Y, para mi, “Casablanca” la tiene a espuertas.

Tal vez por ser un mitómano confeso, tal vez porque me dejo seducir con facilidad... qué sé yo... el caso es que la peli de Curtiz es de aquellas que me quita el aliento, que me hace soñar y que me transporta a un escenario tan legendario y embriagador como la mismísima corte del Rey Arturo para experimentar como si fuera en carne propia una amarga historia de amor con guarnición bélica incluída. ¿Exagerado? ¿ridículo?. Más de uno esbozará un cínico retozo o gemirá compulsivamente como una hiena. Me la suda, listillos. Prefiero regocijarme revolcándome como un lechón en el barro viendo “Casablanca” que entrar en trance con "Largo domingo de noviazgo" o "Lost in translation". Dios me libre.
Sydney Greenstreet, Humphrey Bogart
El affaire entre Rick e Ilsa nunca dejará de ser grande por mucha inverosimilitud o topismo que se le adjudique. “Casablanca” es excepcional y sublime precisamente por la esencia ecuménica de su ADN. Vaya, que es tan universal, popular y tremenda como una buena paella. En lo que respecta a hábitos conductuales, probablemente ninguno de nosotros actuaría como lo hace Rick pero, joder, no me digáis que no flipáis con su portentosa exhibición de huevos de plomo (...perdón, de aplomo). De las que crean escuela. Yo, de mayor, quiero ser como Bogey.

Por cierto, calificar a Humphrey de paleto resulta tan disparatado como tomar un autorretrato de Camilo Sesto por un Picasso.
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