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La ciudad sin ley

Western Después de veinte años como sheriff, manteniendo la ley y el orden en una ciudad del estado de Texas, Frank Patch descubre que los caciques de la zona quieren destituirlo para poner en su lugar a un sheriff más manejable. Película dirigida por Don Siegel y Robert Totten, bajo el seudónimo Alan Smithee. (FILMAFFINITY)
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7
6 de abril de 2021
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una estación de ferrocarril "En el calor de la noche" (Jewison, 1967). Todo el mundo suda en Cottonwood Sprigns (Texas). Incluso quienes disponen de ventiladores. Estamos a comienzos del siglo XX, hay luz eléctrica y se ve algún automóvil por las calles. El sheriff Frank Pach (Widmark) hace su ronda nocturna a caballo cuando alguien le dispara oculto desde una ventana. Repele el ataque y cae mortalmente herido Luke Mills (Lydon), borracho, mal esposo y peor amante.
Nadie sabe el motivo concreto de la agresión pero todos la comprenden. Se trata del odio profundo que los vecinos sienten hacia su sheriff. Odio y reproche que hunde sus raíces en veinte años de coexistencia que permiten a Frank conocer las miserias más íntimas de sus paisanos que se saben juzgados por él. Odio y reproche al "vaquero fanfarrón con las pistolas humeantes" que ha limpiado de bandidos la ciudad pero que ahora puede dificultar su modernización, como sostienen las "bienpensantes" autoridades y ampliamos en la zona spoiler.
Película intensa y emocionante, pero con un guion un tanto deshilvanado que abre muchos temas sin dar una explicación satisfactoria a todos ello. Se puede entender el odio que concita Frank en algunos casos, pero no en todo el pueblo. En una cinta donde los personajes tienen caracteres tan acusados es necesario penetrar más en muchos de ellos o bien dejarlos sencillamente en segundo plano. Es lo que sucede especialmente con las mujeres que aquí se tratan con cierta superficialidad, como ocurre con la viuda Glory, la joven Hilda, la prostituta de Luke o incluso la misma Claire. Se nota que la dirección ha ido de mano en mano, que sobre la marcha se ha cambiado de idea y que falta por tanto unidad de criterio.
Técnicamente la obra está muy lograda, lo mismo que las interpretaciones donde Widmark es el amo y señor de la función.
Entre los secundarios merece destacarse al Dr. Adams (Taylor), cliente habitual del saloon donde atiende a Luke tomándole el pulso para certificar su gravedad que confirma la inmediata llegada del viático que trae un sacerdote católico acompañado de una extraña vieja. Luego veremos a Doc como perrillo faldero de las "autoridades" que lo envían para hacer un reconocimiento profesional a las pupilas de Claire, que le advierte "asegúrate de no contagiarlas tú". Cuando al concluir la inspección la madame pregunte por sus honorarios profesionales responderá lacónico: "La casa invita".
Una buena película, intensa, emocionante, poco conocida, tal vez un poco desordenada, pero que merece la pena ver con detenimiento.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El sheriff Frank sabe que su tiempo ya ha pasado, pero tampoco quiere poner las cosas fáciles a una ciudad acobardada. Son muy significativas las repetidas escenas con las gallinas por las calles. Como no pueden echarlo las autoridades, recurren al comisario del Condado, también en deuda con él, que pone el dedo en la llaga cuando les dice: "Frank es su conciencia y ustedes le tienen miedo".
Sabe el sheriff que está "Solo ante el peligro" (Zinnnemann, 1952), y que apenas cuenta con el apoyo de las dos personas que lo acompañan cuando precipitadamente contrae matrimonio con su vieja amiga la madame del saloon, Claire Quintana (Horne), el fiel Dan (McGreevey) y su amiga Hilda (Carr). Como sabe también el destino que le espera cuando unos instantes después atraviese la calle para ir al funeral de Luke.
Por cierto, llama la atención la existencia en el pueblo de una iglesia protestante donde se casa Frank y otra católica donde se celebran dos funerales.
9
4 de noviembre de 2015
5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me parece un western realmente bueno y apenas conocido . Richard Widmark no hay plano que no salga y ello le añade un valor extra al film.Es cierto que hay muchas muertes de hecho el cura no da a basto pero aquí hay tipos duros esto no es un juego de niños , a mas de uno entre los que me encuentro nos dan ganas de echarle una mano porque está realmente solo .El final que obviamente no voy a desvelar es como es porque la vida nadie dijo que fuera justa . Hay historias que quizás se podrian haber desarrollado más como la del amor entre los jóvenes pero se perdona . No faltan prostitutas tiroteos whisky bellos paisajes y un pueblo aliado en contra de nuestro héroe , es la eterna lucha entre el bien y el mal Pero quién gana? Descúbranlo viéndola ...
8
24 de marzo de 2023 4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Magnífica película, estupendo guión, gran interpretación del estupendo actor Richard Widmark, estupendísimo actor... Toda una relación onírica de esta película con la de Zinneman: solo ante el peligro, esta también excelente película... En realidad parece una copia de aquella pero con diferente final y diferente estructura temática. En este al final muero el Sheriff, seguramente porque era su destino, nada mágico sucede, las miserias humanas gobiernan la vida de las gentes...
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La historia es sencilla, un Sheriff de los de toda la vida, ligero de gatillo y poco dado a hacer la pelota a los que mandan (gran error, según quién dice qué) es considerado un peligro por la nueva corporación municipal... Él no quiere irse, no quiere esencialmente por dos razones: le ofrecieron el puesto por todo el tiempo que quisiese y cree que su ley del revolver es justa, sirve para lo que sirve y cumple con su función.
Además vive enamorado de una mujer con la que se casa antes de morir...
La corporación quiere otras cosas... otras cosas de otras cosas... intentan que abandone, pero resiste. Es su ley, la honestidad, la valía, el arraigo...
6
28 de setiembre de 2021 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pausado, metódico, arriesgado, violento, intrigante, inteligente y cruento western en el que un veterano sheriff, descubre que los caciques de la zona quieren destituirlo para poner en su lugar a otro más manejable.

Don Siegel y Robert Totten, apuestan por una incursión en un relato de intereses e intrigas personales con notables dosis de suspense y acción armada.

Cuenta con un tratamiento serio y estilizado de la imagen, con el que sus responsables, logra desarrollar una trama atractiva y emocionante.

La selección del reparto está a la altura del relato y cada uno de los diferentes personajes, presenta claros aspectos definitorios, que hacen comprender e intuir el desarrollo de algunas situaciones.

La presencia y experimentada labor interpretativa en el western por parte de Richard Widmark, hace que la historia cobre fuerza y sentido en muchos aspectos.

Las limitadas experiencias personales de sus protagonistas en el mundo del revolver, hace que cada movimiento estratégico y decisión, se conviertan en una potente lección de vida y supervivencia.

La ciudad sin ley, queda como una metódico y perturbador western de intrigas personales, que deja huella en el recuerdo.
Jon
6
25 de febrero de 2026 Sé el primero en valorar esta crítica
En el salvaje oeste, los hombres que impusieron la ley en esos territorios inhóspitos, a base de empuñar armas y derramar sangre, se convirtieron en tótems reverenciados y temidos a partes iguales.

Eso ha ocurrido en el pueblo de Cottonwood Springs, en Texas, en el que el sheriff Frank Patch (Richard Widnark), tras treinta años en el cargo, se considera por encima del bien y del mal, e impone su criterio, la mayoría de las veces de forma violenta.

El que fuera un bastión fundamental para el crecimiento de la localidad en sus inicios, es ahora una molestia para los empresarios y personalidades del pueblo. Sus formas rudas y autoritarias chocan de pleno con la visión de progreso que quieren implantar para modernizarse.

Comparten además un secreto del pasado, con un asesinato por medio, que ha ido acrecentando la desconfianza entre todos con el paso del tiempo.

Cuando Patch mate a un conocido vecino, por un asunto de celos, aunque sea en defensa propia, la junta del ayuntamiento decidirá que es el momento de relevarlo, y dar paso a una nueva generación em el cargo. Pero la propuesta sólo obtendrá una reacción beligerante por parte del sheriff, enfrentándose solo al mundo, al que considera en su contra.

El veterano Richard Wudmark encarna, con convicción e intensidad, al protagonista, llevando sobre sus hombros el peso del relato de forma admirable. Un actor con un rostro y una sonrisa peculiares, capaz de transmitir en el mismo personaje sentimientos de justicia y también cometer acciones crueles, dotándolos de una complejidad como pocos.

De hecho, ninguno de los asesinatos en los que se ve envuelto se pueden atribuir a su responsabilidad, pero pierde la razón luego en hechos recriminables en el trato diario con sus conciudadanos. A veces, fuera de tono, otras, directamente violento y repudiable, y siempre testarudo y gruñón.

Tras varias décadas en el cargo, el trabajo le ha pasado factura, convirtiéndolo en una persona desconfiada, irascible y sin capacidad de autocrítica Ni siquiera la llegada del sheriffl Lou (John Saxon), mexicano al que ayudó años atrás para conseguir el puesto, le hará entrar en razón, cavando más su fosa, en su propio pueblo.

Frank Patch representa al hombre de ideas arcaicas, hábitos desfasados, y conducta tosca, que comienza a sentirse desubicado por la llegada de nuevos tiempos, con los que no congenia. Su figura autoritaria y nada razonable choca con la imagen de modernidad que desean instalar en el pueblo, representado por ese automóvil que asusta a los caballos a su paso, hasta detenerse frente al ayuntamiento.

Western de gran carga psicológica, rostros sudorosos, primeros planos asfixiantes, y personajes sibilinos. Siegel siempre estuvo más próximo al espagueti western de Leone que a los clásicos de Ford o Hawks.

Una película de las que, con una trama aparentemente simple y lineal, te mantienen pegado al sillón con los ojos fijos en la pantalla. La gran mayoría de escenas están bien resueltas, con algunas realmente interesantes, por lo que es de extrañar que Siegel se refugiara en el anonimato, para no ver su nombre relacionado. Seguramente, como ha sucedido con muchos directores, estaría asociado con el montaje final y la eliminación o alteración de escenas.

Ese mismo año, Burt Kennedy rodaría “Un hombre impone la ley”, en la que otro sheriff entrado en años (Robert Mitchum) intenta ser apartado de su cargo porque los políticos abogan por un cumplimiento de la ley más laxo. Temen que el escrupuloso sheriff amedrente la llegada de forasteros que hagan crecer la población, necesaria para su expansión. Pero Kennedy adopta un tono más melancólico y más relajado, y se apoya además en la presencia de Geroge Kennedy para crear un vínculo de amistad que aporta notas de humor. Nada que ver con este desgarrador “Death of a gunfighter”.
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