En tránsito
5,4
503
3 de agosto de 2022
3 de agosto de 2022
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nos encontramos con una producción escasita de medios y de ideas. Toda la ambientación da el pego pero con un aspecto de telefilm, algo artificial.
La dirección es correcta. Muy centrada en narrar la historia, con un buen ritmo pero con un lenguaje cinematográfico que no es para tirar cohetes, más propio de telenovela.
La historia es lo más atractivo de la película. Un campo de concentración dirigido por mujeres rusas que se ve obligado a recoger a soldados alemanes, una vez acabada la guerra, y a descubrir a varios criminales de guerra. Al parecer está basada en hechos reales, pero a mi jucio en la parte final no sólo desbarra, y se vuelve algo pringosa, sino que deja a las mujeres en muy mal lugar; como simples monas deseosas de copular a cualquier precio, como sea y con quién sea. Una Oda al furor uterino.
Los protagonistas están bien, convincentes en sus papeles. A destacar John Malkovich, especialmente contenido.
Reusmiendo: simplemente correcta, se ve sin grandes complicaciones.
La dirección es correcta. Muy centrada en narrar la historia, con un buen ritmo pero con un lenguaje cinematográfico que no es para tirar cohetes, más propio de telenovela.
La historia es lo más atractivo de la película. Un campo de concentración dirigido por mujeres rusas que se ve obligado a recoger a soldados alemanes, una vez acabada la guerra, y a descubrir a varios criminales de guerra. Al parecer está basada en hechos reales, pero a mi jucio en la parte final no sólo desbarra, y se vuelve algo pringosa, sino que deja a las mujeres en muy mal lugar; como simples monas deseosas de copular a cualquier precio, como sea y con quién sea. Una Oda al furor uterino.
Los protagonistas están bien, convincentes en sus papeles. A destacar John Malkovich, especialmente contenido.
Reusmiendo: simplemente correcta, se ve sin grandes complicaciones.
5 de enero de 2024
5 de enero de 2024
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El fisiólogo ruso Iván Pavlov descubrió que podía condicionar a los perros para que saliven ante estímulos como el sonido de una campana que hacía sonar siempre antes de darles de comer. Descubrió así los reflejos condicionados de su nombre.
El coronel soviético de igual apellido, Pavlov (Malkovich), pensó que podría detectar a los miembros de las SS camuflados entre los soldados alemanes de su campo de concentración haciéndoles intimar con las carceleras encargadas de su custodia. Descubrió un viejo refrán: "El hombre es fuego, la mujer estopa, llega el diablo y sopla".
La idea es buena y al parecer basada en hechos reales. El guion no. Tampoco es gran cosa la realización, lenta, con poca tensión, ritmo irregular, personajes apenas esbozados ...
Bien la atmósfera, gélida, azulada. Correctas interpretaciones con un Malkovich contenido para lo que es costumbre en él, o Farmiga en el papel de la doctora Natalia.
Bien la escena del baile de confraternización entre presos y guardianas, la curiosidad de unos y de otras, la música y el poder de la danza para olvidar venganzas y abrir corazones. El goce de vivir ... hambre atrasada.
Digna película.
El coronel soviético de igual apellido, Pavlov (Malkovich), pensó que podría detectar a los miembros de las SS camuflados entre los soldados alemanes de su campo de concentración haciéndoles intimar con las carceleras encargadas de su custodia. Descubrió un viejo refrán: "El hombre es fuego, la mujer estopa, llega el diablo y sopla".
La idea es buena y al parecer basada en hechos reales. El guion no. Tampoco es gran cosa la realización, lenta, con poca tensión, ritmo irregular, personajes apenas esbozados ...
Bien la atmósfera, gélida, azulada. Correctas interpretaciones con un Malkovich contenido para lo que es costumbre en él, o Farmiga en el papel de la doctora Natalia.
Bien la escena del baile de confraternización entre presos y guardianas, la curiosidad de unos y de otras, la música y el poder de la danza para olvidar venganzas y abrir corazones. El goce de vivir ... hambre atrasada.
Digna película.
24 de marzo de 2010
24 de marzo de 2010
6 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película regular, más bien pesada como un plomazo.
Trata sobre la posguerra de la II G.M. en una prisión rusa donde llevan a un montón de militares alemanes apresados. Lo curioso es que la prisión está regida por mujeres militares-soviéticas. Ellas y las del pueblo aledaño, en un momento dado y ante la necesidad y ganas que tienen de hombres, de semen, se revuelcan y aprietan con estos alemanes, olvidando que han sido nazis e imponiéndose en ellas la misericordia y las pulsiones sexuales, aunque sea con unos enemigos que ahora están vencidos y son los perdedores, pero que al fin y al cabo están de muy buen ver.
Trata sobre la posguerra de la II G.M. en una prisión rusa donde llevan a un montón de militares alemanes apresados. Lo curioso es que la prisión está regida por mujeres militares-soviéticas. Ellas y las del pueblo aledaño, en un momento dado y ante la necesidad y ganas que tienen de hombres, de semen, se revuelcan y aprietan con estos alemanes, olvidando que han sido nazis e imponiéndose en ellas la misericordia y las pulsiones sexuales, aunque sea con unos enemigos que ahora están vencidos y son los perdedores, pero que al fin y al cabo están de muy buen ver.
11 de julio de 2009
11 de julio de 2009
5 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película dura, díficil de digerir, donde los actores no parecen actores sino personajes reales.
Transcurre dentro de una atmósfera asfixiante dando escasas concesiones al espectador.
John Malkovich está sublime y Vera Farmiga adorable.
Transcurre dentro de una atmósfera asfixiante dando escasas concesiones al espectador.
John Malkovich está sublime y Vera Farmiga adorable.
28 de marzo de 2020
28 de marzo de 2020
1 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película interesante, sin ser una obra maestra, que empieza donde otras acaban (el final de la II Guerra Mundial) y que nos sitúa en un ámbito poco trillado en el llamémosle género bélico-carcelario: el de la vida de los prisioneros alemanes en los campos soviéticos después de la contienda (en total, contando también con militares de países aliados de Alemania, fueron unos tres millones de soldados, los últimos de los cuales fueron repatriados en 1955).
Nos encontramos en un campo de prisioneros soviético, custodiado por mujeres, al cual es enviado un nutrido grupo de prisioneros alemanes. Pero no estamos ante la típica cinta de crueldad y sadismo hacia los reclusos (tan habitual, por ejemplo, cuando la acción se centra en los campos de prisioneros japoneses), ni menos aún ante un film sobre fugas (como sería el caso de la huida de un soldado alemán narrada en la magnífica Hasta donde los pies me lleven, cinta dirigida en el 2001 por Hardi Martins), sino ante una película de relaciones humanas en dónde el odio inicial de las carceleras hacia “los nazis que matasteis a muestras familias” se va transformando a través del contacto diario.
No es pues una obra maniquea en ningún sentido: tanto en el bando soviético como en el germano encontramos personajes sin escrúpulos que quieren medrar a cualquier precio, pero sobre todo hombres y mujeres golpeados física y anímicamente por la guerra que sólo desean superar esa pesadilla y volver a casa de la forma más digna posible.
Especialmente emotiva es la secuencia del baile en dónde coinciden la orquesta formada por prisioneros alemanes y un grupo de civiles rusos. Salvando las distancias en el tiempo y en el espacio, podríamos encontrarle un cierto paralelismo al episodio de confraternización entre soldados alemanes, franceses y británicos durante la I Guerra Mundial, episodio estupendamente narrado en la cinta Joyeux Noel, de Christian Carion.
En fin, destacan, como no, las actuaciones de Vera Farmiga, en una mesurada y emotiva interpretación de la médica rusa del campo, y del casi siempre espléndido John Malkovich, bordando el papel de duro –que no cruel– coronel soviético que se erige como máximo responsable del campo.
Nos encontramos en un campo de prisioneros soviético, custodiado por mujeres, al cual es enviado un nutrido grupo de prisioneros alemanes. Pero no estamos ante la típica cinta de crueldad y sadismo hacia los reclusos (tan habitual, por ejemplo, cuando la acción se centra en los campos de prisioneros japoneses), ni menos aún ante un film sobre fugas (como sería el caso de la huida de un soldado alemán narrada en la magnífica Hasta donde los pies me lleven, cinta dirigida en el 2001 por Hardi Martins), sino ante una película de relaciones humanas en dónde el odio inicial de las carceleras hacia “los nazis que matasteis a muestras familias” se va transformando a través del contacto diario.
No es pues una obra maniquea en ningún sentido: tanto en el bando soviético como en el germano encontramos personajes sin escrúpulos que quieren medrar a cualquier precio, pero sobre todo hombres y mujeres golpeados física y anímicamente por la guerra que sólo desean superar esa pesadilla y volver a casa de la forma más digna posible.
Especialmente emotiva es la secuencia del baile en dónde coinciden la orquesta formada por prisioneros alemanes y un grupo de civiles rusos. Salvando las distancias en el tiempo y en el espacio, podríamos encontrarle un cierto paralelismo al episodio de confraternización entre soldados alemanes, franceses y británicos durante la I Guerra Mundial, episodio estupendamente narrado en la cinta Joyeux Noel, de Christian Carion.
En fin, destacan, como no, las actuaciones de Vera Farmiga, en una mesurada y emotiva interpretación de la médica rusa del campo, y del casi siempre espléndido John Malkovich, bordando el papel de duro –que no cruel– coronel soviético que se erige como máximo responsable del campo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Una película interesante, sin ser una obra maestra, que empieza donde otras acaban (el final de la II Guerra Mundial) y que nos sitúa en un ámbito poco trillado en el llamémosle género bélico-carcelario: el de la vida de los prisioneros alemanes en los campos soviéticos después de la contienda (en total, contando también con militares de países aliados de Alemania, fueron unos tres millones de soldados, los últimos de los cuales fueron repatriados en 1955).
Nos encontramos en un campo de prisioneros soviético, custodiado por mujeres, al cual es enviado un nutrido grupo de prisioneros alemanes. Pero no estamos ante la típica cinta de crueldad y sadismo hacia los reclusos (tan habitual, por ejemplo, cuando la acción se centra en los campos de prisioneros japoneses), ni menos aún ante un film sobre fugas (como sería el caso de la huida de un soldado alemán narrada en la magnífica Hasta donde los pies me lleven, cinta dirigida en el 2001 por Hardi Martins), sino ante una película de relaciones humanas en dónde el odio inicial de las carceleras hacia “los nazis que matasteis a muestras familias” se va transformando a través del contacto diario en un sentimiento de comprensión, compasión e incluso amor.
No es pues una obra maniquea en ningún sentido: en el bando soviético encontramos desde la más comprensiva y generosa de las mujeres a la guardiana sin escrúpulos que quiere medrar a costa de sus compañeras y que no duda en robar comida y colgarle el muerto a un prisionero; mientras que en el lado alemán tenemos también un poco de todo: crueles nazis que esconden su verdadera identidad bajo el aspecto de cándidos soldados; el militar que no tiene problemas en denunciar a sus compañeros esperando conseguir el pasaporte de regreso a casa y, por encima de todo, hombres derrotados pero con buenos sentimientos que sólo quieren sobrevivir de la forma más digna posible.
Especialmente emotiva es la secuencia del baile en dónde coinciden prisioneros alemanes y un grupo de viudas rusas. Salvando las distancias en el tiempo y en el espacio, podríamos encontrarle un cierto paralelismo al episodio de confraternización entre soldados alemanes, franceses y británicos durante la I Guerra Mundial, episodio estupendamente narrado en la cinta Joyeux Noel, de Christian Carion. Y es que al final lo que acaba imponiéndose, sobre todo entre los soldados de a pie hartos de dejarse la juventud y la vida en las trincheras (o en los barracones de prisioneros), son los sentimientos de humanidad, hermandad y solidaridad. En algunas ocasiones, al menos.
En fin, destacan, como no, las actuaciones de Vera Farmiga, en una mesurada y emotiva interpretación de la médica rusa del campo, y del casi siempre espléndido John Malkovich, bordando el papel de duro –que no cruel– coronel soviético que se erige como máximo responsable del campo.
Nos encontramos en un campo de prisioneros soviético, custodiado por mujeres, al cual es enviado un nutrido grupo de prisioneros alemanes. Pero no estamos ante la típica cinta de crueldad y sadismo hacia los reclusos (tan habitual, por ejemplo, cuando la acción se centra en los campos de prisioneros japoneses), ni menos aún ante un film sobre fugas (como sería el caso de la huida de un soldado alemán narrada en la magnífica Hasta donde los pies me lleven, cinta dirigida en el 2001 por Hardi Martins), sino ante una película de relaciones humanas en dónde el odio inicial de las carceleras hacia “los nazis que matasteis a muestras familias” se va transformando a través del contacto diario en un sentimiento de comprensión, compasión e incluso amor.
No es pues una obra maniquea en ningún sentido: en el bando soviético encontramos desde la más comprensiva y generosa de las mujeres a la guardiana sin escrúpulos que quiere medrar a costa de sus compañeras y que no duda en robar comida y colgarle el muerto a un prisionero; mientras que en el lado alemán tenemos también un poco de todo: crueles nazis que esconden su verdadera identidad bajo el aspecto de cándidos soldados; el militar que no tiene problemas en denunciar a sus compañeros esperando conseguir el pasaporte de regreso a casa y, por encima de todo, hombres derrotados pero con buenos sentimientos que sólo quieren sobrevivir de la forma más digna posible.
Especialmente emotiva es la secuencia del baile en dónde coinciden prisioneros alemanes y un grupo de viudas rusas. Salvando las distancias en el tiempo y en el espacio, podríamos encontrarle un cierto paralelismo al episodio de confraternización entre soldados alemanes, franceses y británicos durante la I Guerra Mundial, episodio estupendamente narrado en la cinta Joyeux Noel, de Christian Carion. Y es que al final lo que acaba imponiéndose, sobre todo entre los soldados de a pie hartos de dejarse la juventud y la vida en las trincheras (o en los barracones de prisioneros), son los sentimientos de humanidad, hermandad y solidaridad. En algunas ocasiones, al menos.
En fin, destacan, como no, las actuaciones de Vera Farmiga, en una mesurada y emotiva interpretación de la médica rusa del campo, y del casi siempre espléndido John Malkovich, bordando el papel de duro –que no cruel– coronel soviético que se erige como máximo responsable del campo.
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