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Russia Russia · Stalingrado
Ferdydurke rating:
10
Language of the review:
  • es
September 17, 2023
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Vergüenza. La historia del siglo. Divinidades.
Érase una vez un extraño no tan lejano país en el que se hacían esmeradas enjundiosas versiones de las máximas expresiones de su cultura para que sus gentes disfrutaran/aprendieran de ello, todo lo cual quedó ya muy lejos, obvio, ahora sería innecesario, vivimos tiempos mejores, estamos a otras cosas mucho más importantes, por ejemplo, a marchas forzadas asimilando (tragando) la nueva religión que viene con fuerzas renovadas de fuera extranjera y que todo lo abrillanta como la plata, doctrina, homilía, catequesis, traga, devora, no deja títere con cabeza, cree, reza, ora, obedece, coma.
Banda sonora por momentos espantosa. Frases castizas como pura gloria.
Plencia. Ad hoc. Caridad y estómago. Luteranos. Cría cuervos. Embusteros y tontos. Zascandiles y zopencos.
Los días felices.
Obra cumbre melodramática crítica llena de sublime poesía popular y preñada de personajes más grandes que la vida y la muerte es trasladada a la tele con magnificencia discreta modesta, rica en texturas pulcras, y gran fidelidad al texto original.
Galdós no juzga, compadece, se ríe, satiriza, se apiada, pero sobre todo lo que hace es recrear la lengua coloquial abismal hablada de las clases bajas (y medias) en su argot o jerga con prodigiosa habilidad y jocunda humanidad y tremenda inteligencia.
Obra llena de humor, sarcasmo, visión crítica, empaquetada/embutida en el artefacto/artificio narrativo convencional del folletín colosal, la letra sin sangre entra.
Nadie es culpable ni inocente (del todo), todos son desastrosamente humanos demasiado humanos, aunque, claro, los hay más sinvergüenzas o candorosos.
Fortunata es la gran protagonista, la fuerza brava pura de la naturaleza del pueblo, tan honrada y sincera como despiadada y egoísta, de buen corazón y arpía, tan generosa como terca, tan espabilada como completamente idiota, no ha lugar a la filosofía práctica, se deja llevar por lo que más brilla.
Jacinta es la mosquita muerta, la pasiva agresiva, la buena lista, la santa bendita, la Winona Ryder de La edad de la inocencia.
Juan es el zángano, el tábano, el mosquito, el cerdo, el caradura, el jeta, el inútil, el vago, el simpático, el parásito, el juguete diabólico, el instrumento de las pasiones femeninas, el consolador o satisfyer, vademécum, se aprovecha tanto de ellas como ellas disfrutan de él, de su simpleza egocéntrica masculina que tanto les gusta, de su insustancialidad y vacío, se tragan sus infinitas mentiras a posta, a sabiendas, con ganas, van a lo que más pinta o pita, a lo gordo, grosso modo, no les importa el fondo, su alma eviscerada, no la miran, su nada, la ignoran, en su pecado (disfrute) de cuerpo presente está/llevan su penitencia, que él las toree a su antojo como a vacas de tan golosas mansas, ya que esta obra, en verdad, se trata, muy sobre todo, de eso, de las mujeres y sus manejos, de sus penas y alegrías o derroteros, ellas son las que en las sombras o como mar de fondo aquí más mandan y discurren, se dan gusto, juegan, ofrecen y padecen, sufren y gozan, ordenan, se dan pisto, o solo hay que ver a Doña Lupe o a la rata eclesiástica Guillermina para comprobarlo, tías pasteleras (muy bien la López, exagerada), esas dos titanas mueven los hilos, hacen de su capa un sayo, dirigen o moldean con mano de hierro los destinos de todos, el mundo a su antojo, hacen su santa, tiene todo el poder omnímodo que les otorga su inteligencia práctica y su tremenda voluntad, su privilegiada clarividencia y capacidad de tormento.
Realismo histérico por momentos (se entrevera sabiamente con la ironía y la chanza, la psicología con el chascarrillo, el pensamiento con la calaverada, bagatelas para una exhibición verbal como pocas) en el que se cruzan la política y los sucesos históricos, pero solo como contexto, no es lo importante ni mucho menos, sí la intrahistoria, el retrato de un tiempo y un pueblo, de un sentimiento y un modo, de una forma de decir sobre todo.
Camus es un humilde y hábil eficaz artesano que es terriblemente fiel al material original, nada arriesga, se pliega, cede, deja, es un canal de trasmisión de la materia prima excelsa, no se toca.
De acuerdo, solo un pero, a veces la música chirría, melosa y almibarada y recurrente y sensiblera, más en los primeros capítulos, aturde, pesa, trivializa, amansa las fieras y, claro, el tono es medio, manso, no se alza la voz ni se la juegan.
SPOILER ALERT: The rest of this review may contain important storyline details. View all
Ferdydurke
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