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10
6 de noviembre de 2010
6 de noviembre de 2010
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Señores, Señoras, Damas, Caballeros,
el buen arte ha perdido todo el prestigio. Recuerden a Homero, el gran poeta, que para los griegos era poco menos que un dios. Había un escritor, ya a caballo de los siglos XIX y XX, que decía que una buena novela es aquella que tiene una responsabilidad para con la vida. Que si una novela no conecta de manera inextricable con eso que borbotea ahí fuera, que se siente, pero no se ve, no vale para nada. Henry James hablaba de la novela, pero supongo que estaría de acuerdo, si viviera hoy en día, que para el cine o la ficción en televisión, es más de lo mismo.
Y, señores, señoras, damas, caballeros, en estos días en que consumir cultura es un pasatiempo más, no importa mucho, no demasiado, como todo ahora, nada es demasiado importante, en estos días en los que uno se puede echar a temblar cuando oye el término "cultura" o "artista" lanzado al aire con un chirriante orgullo, desde una institución pública o una tertulia de la televisión, en estos días uno puede perder la fe.
Pues bien, llegan estas series de televisión (y quién creía que la televisión iba a dar algo bueno) llamadas The Sopranos, Mad Men, The Wire... hacen que nos olvidemos del cine y le dan algo de esperanza a un servidor. Vuelve la vida, la tensión entres naturalezas, y se acercan, señores, señoras, damas, caballeros, pueden oler ese aroma a sienes sudadas, rostros difíciles, calamitoso libre albedrío... Pero sobre todo, les digo, que lo que van a oler es respeto. Es responsabilidad. Es no confomarse con un esperpento amanerado, es no conformarse con un retrato maniqueo, ni con una visión superficial. Ahí está nuestro gran mal, o así lo cree el que escribe estas líneas. La superficialidad. Va ser ella lo que va a acabar con nosotros.
No es fácil. Ahondar en cada situación, en cada personaje, no es fácil. Pero no debemos rendirnos. La voluntad y el talento pueden hacerlo. "The Wire" lo ha hecho (otras lo han hecho también). Ergo, es posible.
Y es The Wire que recupera esa voluntad que me recuerda a los Dostoievski y compañía, cuando cortaban bisturí en mano la realidad de su mundo. Cada personaje un mundo, cada ciudad, un universo...
el buen arte ha perdido todo el prestigio. Recuerden a Homero, el gran poeta, que para los griegos era poco menos que un dios. Había un escritor, ya a caballo de los siglos XIX y XX, que decía que una buena novela es aquella que tiene una responsabilidad para con la vida. Que si una novela no conecta de manera inextricable con eso que borbotea ahí fuera, que se siente, pero no se ve, no vale para nada. Henry James hablaba de la novela, pero supongo que estaría de acuerdo, si viviera hoy en día, que para el cine o la ficción en televisión, es más de lo mismo.
Y, señores, señoras, damas, caballeros, en estos días en que consumir cultura es un pasatiempo más, no importa mucho, no demasiado, como todo ahora, nada es demasiado importante, en estos días en los que uno se puede echar a temblar cuando oye el término "cultura" o "artista" lanzado al aire con un chirriante orgullo, desde una institución pública o una tertulia de la televisión, en estos días uno puede perder la fe.
Pues bien, llegan estas series de televisión (y quién creía que la televisión iba a dar algo bueno) llamadas The Sopranos, Mad Men, The Wire... hacen que nos olvidemos del cine y le dan algo de esperanza a un servidor. Vuelve la vida, la tensión entres naturalezas, y se acercan, señores, señoras, damas, caballeros, pueden oler ese aroma a sienes sudadas, rostros difíciles, calamitoso libre albedrío... Pero sobre todo, les digo, que lo que van a oler es respeto. Es responsabilidad. Es no confomarse con un esperpento amanerado, es no conformarse con un retrato maniqueo, ni con una visión superficial. Ahí está nuestro gran mal, o así lo cree el que escribe estas líneas. La superficialidad. Va ser ella lo que va a acabar con nosotros.
No es fácil. Ahondar en cada situación, en cada personaje, no es fácil. Pero no debemos rendirnos. La voluntad y el talento pueden hacerlo. "The Wire" lo ha hecho (otras lo han hecho también). Ergo, es posible.
Y es The Wire que recupera esa voluntad que me recuerda a los Dostoievski y compañía, cuando cortaban bisturí en mano la realidad de su mundo. Cada personaje un mundo, cada ciudad, un universo...
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Seguiría aquí en el spoiler durante horas, pero quizás no es lo mejor. No es necesario apuntar personajes como Omar, que es ese negro que siempre sale de entre las sombras de algún callejón para imponer su personalísima moral con sus personalísimos métodos, o como McNulty, ese idealista, perdedor, egoísta, transgresor, alcohólico, y apenas llego si llego a penas. No, no es necesario.
Quizás lo mejor, señores, señoras, damas y caballeros, es que la vean. Sólo eso. Que cada uno descubra lo que tenga que descubrir, y de que algo van a encontrar un servidor está seguro, porque estás obras de arte son así, a ratos te carcomen por dentro, a ratos te hacen reír o llorar, y, cuando no te has dado ni cuenta, te descubren algo que no sabías. Algo que está muy profundo, muy olvidado, pero que es tan de cada uno como la vida misma.
Quizás lo mejor, señores, señoras, damas y caballeros, es que la vean. Sólo eso. Que cada uno descubra lo que tenga que descubrir, y de que algo van a encontrar un servidor está seguro, porque estás obras de arte son así, a ratos te carcomen por dentro, a ratos te hacen reír o llorar, y, cuando no te has dado ni cuenta, te descubren algo que no sabías. Algo que está muy profundo, muy olvidado, pero que es tan de cada uno como la vida misma.

7,3
10.801
9
21 de mayo de 2011
21 de mayo de 2011
0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
No hacen falta más que tres nombres. Quien no la haya visto, que la vea. Quién la haya visto, sabrá de qué estoy hablando. Sólo tres nombres:
1. Charlie Parker.
2. Clint Eastwood.
3. Forest Whitaker.
Un placer.
1. Charlie Parker.
2. Clint Eastwood.
3. Forest Whitaker.
Un placer.
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