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Críticas 3.713
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
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24 de marzo de 2009
110 de 143 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace algún tiempo, tuve en terapia holística a una muchacha que me trajeron con un alto grado de depresión, bajo el supuesto de haber sido "victima de reiteradas violaciones por su propio padre".

En un ejercicio de anamnesis, la joven describió lo que ocurría en cada acercamiento de su progenitor… y al final, procurando no revictimizarla, pudimos "concluir" que nunca hubo violación y tan solo fueron "leves actos de irrespeto" a los que se veía impulsado su padre por la soledad y el rechazo que recibía de su dura esposa. Hubo entonces catarsis y la joven se quitó pronto ese gran peso moral que la impedía aceptar a otro hombre.

Hago referencia a esta experiencia, para dejar constancia de que, lo que se expone en, <<LA CALUMNIA>>, es perfectamente viable. Algunas personas pueden autoengañarse cuando, por falta de discernimiento, malinterpretan o exageran lo ocurrido, y así como es bien cierto que hay tantas y tan dolorosas víctimas de los más atroces abusos y violaciones, también hay que admitir que hay unos cuantos menores mitómanos, manipuladores y con capacidad de sostener una mentira hasta las peores consecuencias. ¿Qué pretenden con ésto? Defender intereses muy particulares; evitar un presunto castigo... o quedar bien con alguien que representa mucho para ellos.
La obra de Lillian Hellman, “The Children’s Hour” (1934), escritora de relevante aporte en películas como, “The Little Foxes”, “The Chase" o “Julia”, entre otras, ha sido llevada al cine, en segunda ocasión, por el calificado director, William Wyler, quien readapta una historia que, el oprobioso código Hays, había transformado en otra cosa cuando la hizo con el título, “These Three”, en 1936.

La historia nos habla de dos emprendedoras y agradables mujeres: Karen Wright y Martha Dobie, quienes han fundado una exitosa escuela para niñas. Se graduaron juntas y ahora sostienen una gran amistad que les permite trabajar con armonía... y sobrellevar las incomodidades que alguna empleada asiduamente les produce. Karen es la novia del médico Joe Cardin, y están próximos a casarse cuando una de sus alumnas, Mary Tilford, queriendo escapar de la escuela donde se han descubierto sus continuas mentiras, y para quedar bien con su rígida abuela, decide contar con morbosos añadidos, algunas cosas que escuchó y que, sabe, comprometen la dignidad de las dos damas que dirigen el colegio.
Lo que, Wyler, recrea con gran eficacia, es el efecto que la intolerancia genera cuando se obstaculiza el libre desarrollo de la personalidad y cuando una sociedad hipócrita se ensaña con aquellos que, por alguna diferencia, se salen del marco de lo convencional.

<<LA CALUMNIA>>, es una valiente apología sobre el derecho a la autodeterminación, la cual fue mal acogida en su momento por el conservadurismo de la época... y ahora, quizás resulte un poco rezagada por las libertades, supuestamente, alcanzadas en nuestra cultura.

Un brillante reparto que incluye a, Audrey Hepburn, Shirley MacLaine, Fay Bainter y Miriam Hopkins, recrea un drama que impacta y que sacude con fuerza nuestros más rezagados prejuicios frente a los sentimientos y derechos de los demás.

Titulo para Latinoamérica: LA MENTIRA INFAME
21 de octubre de 2009
66 de 75 usuarios han encontrado esta crítica útil
“El hombre sabio sube a la montaña y desde allí contempla a la gente… Luego desciende y convive con la gente”. (Anthony de Mello)

Resulta “casi milagroso” que, en una película que no pudo acabarse; a la que le faltaron numerosas escenas para que Buñuel desembuchara y aclarase todo lo que quería decir; y que concluye de manera forzada y decididamente abrupta, uno pueda encontrar tanta riqueza narrativa y un alegato, en definitiva, coherente.

Los estilitas eran famosos anacoretas que, asumiendo una “total renuncia del mundo”, vivían en lo alto de una columna. Se alimentaban con lechuga y agua que les traían algunos de sus devotos, y llevaban una vida de extraño aislamiento de un mundo al que consideraban impuro y pecador. Hubo muchos de ellos, sobre todo en el oriente, a lo largo de varios siglos, y uno de los más conocidos fue San Simón, en cuya historia se ha basado el director, Luis Buñuel, para demostrar la vana experiencia de esa suerte de aislamiento al que llaman, santidad.
Así, lo que vemos en este agudo filme, es a un hombre barbudo y sucio, subido a una columna, y rodeado por un simulacro de ring protector, desde el cual lucha, solo, contra las tentaciones del mundo. Tiene un grupo de adeptos que lo proveen de su escaso alimento, y a ellos predica, y con ellos ora cada tanto, para cumplir con su “sagrada misión”. Entre tanto, el diablo, metido en el precioso cuerpo de la actriz, Silvia Pinal, decide tentarlo de las más diversas formas, para convencerlo de que no renuncie al mundo.

Nuestro “santo” comete, entonces, varios errores de procedimiento que pueden leerse en su proceso: 1. Al subirse a la columna (quizás para sentirse más cerca del cielo) expuesta al aire libre y a la vista de todos, se muestra superior y con esto denota arrogancia en su pretendida humildad. 2. La columna se convierte en símbolo de un gran falo porque, al negar la sexualidad y reprimirla, ésta se convierte en un poderoso y urgente reclamo difícil de vencer. De ahí las agradables y provocativas visiones que constantemente tiene. San Agustín decía algo así: “Si Dios no juzgara nuestras acciones sino nuestros pensamientos, yo mismo estaría ya condenado”. 3. No se lucha contra el mundo huyendo de él, sino aprendiendo a verlo y a tramitarlo como se debe. La fortaleza se demuestra al tener de frente la ocasión de pecar y conseguir resistirla. En la huida suele haber más debilidad que fuerza moral.
Creo que hubiera preferido a, Manuel “Loco” Valdez, en el rol que hizo Claudio Brook. Pero en cambio, Silvia Pinal, me resulta bastante convincente jugando, como la Dietrich, a demostrar que el diablo es una mujer.

La vida se hace plena cuando te mezclas entre la gente. El hombre es un ser sociable, porque es con el otro que se salva o es con el otro que se condena.
23 de enero de 2009
51 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los años 20' del pasado siglo, le concedieron la gloria a ese gran director, actor y creador de gags, nacido como Joseph Francis Keaton, pero, quien se hiciera conocer como, Buster Keaton, porque desde niño fue una Maravilla. Desde su corto, “Out West” (1918), hasta “The Cameraman” (1928), su obra cinematográfica está colmada de los más grandes y significativos logros que haya podido alcanzar un comediante de la Edad de Oro.

<<SHERLOCK JR.>>, es otra de sus obras maestras. Escrita por, Jean C. Havez, Clyde Bruckman y Joseph A. Mitchell, lo que se nos cuenta es la historia de un joven proyeccionista, aspirante a detective, quien es víctima de las trapacerías y acechanzas de un rival que quiere sacarlo del camino de la chica que ambos pretenden. Cuando sus intrigas logran que, el inocente enamorado sea visto como un delincuente por la familia de su novia, éste se marcha a cumplir con sus obligaciones laborales y mientras proyecta una película, curiosamente titulada, “Corazones y Perlas”, su cuerpo somnoliento se desdobla... y su espíritu entra en el filme para asumir el rol de ese detective que añora ser y que, ahora, tendrá como antagonistas a los causantes de su tristeza. Lo que sigue, tuvo que haber inspirado a Ian Fleming -el creador de James Bond-, pues, da cuenta de unos gags sorprendentes y elaborados de manera milimétrica hasta lograr la perfección. Hasta, Woody Allen, se sintió inspirado por Keaton, pues, bien se sabe de las evidentes semejanzas que, “La Rosa Púrpura del Cairo”, sostiene con “Sherlock Jr.”
Onírica y fascinante, poética y enormemente divertida, esta película de Keaton sería una de las favoritas del movimiento surrealista, el cual encontró en ella una vena condescendiente con el camino que ellos seguirían para promover la libertad de pensamiento.

Éste es uno de los cuatro largometrajes que Keaton dirigiera solo (en los restantes trabaja en codirección) y en él se muestra con toda la propiedad de un gran maestro: ingenioso, original, preciso... y dueño de una vena humorística que, por desgracia, no sería debidamente reconocida hasta cuando su carrera se hallaba ya en el más completo declive.

Pero, eso no le quita mérito alguno, como tampoco se lo restó a, Vincent van Gogh, el no haber vendido ni un solo cuadro mientras estuvo vivo.

Buster Keaton, es uno de los inmortales y, <<SHERLOCK JR.>>, es una joya de 100 quilates.
8 de diciembre de 2009
52 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
Éste es un western trágico… y hubiese sido muy eficaz como una tragedia-western. Se convirtió en un filme impersonal porque, sin el beneplácito de su director John Huston, los productores –Lancaster como principal sugerente– decidieron cortar un buen trecho de su metraje y sacrificaron escenas que preservaban el sentido de alegato contra la discriminación, el fanatismo y la segregación racial, dando lugar a una historia ambigua que podría interpretarse como "un llamado al extermino de los indios para que la paz pueda llegar al fin" (¿?)

Tan sólo resulta esperanzador el hecho de que se anuncie boda de integración racial, pero, el tijeretazo que se le da al interesante personaje de Portugal, tira por la borda las intenciones del director de dejar sembrado un firme propósito unificador con respeto por la diferencia.

Contra todo -sumado el crítico accidente que padeció, Audrey Hepburn, el cual le costó la pérdida del hijo que llevaba en su vientre-, el filme mantiene un alto interés porque preserva personajes muy bien orientados en su estructura psicológica, dándole al espectador la argumentación necesaria que explica el comportamiento extraño o “malvado” de cada uno.
Burt Lancaster & Audrey Hepburn
En el guion, sólidamente escrito por, Ben Maddow y Alan Le May, los hechos y emociones que carga en su psique cada personaje, resultan accesibles a nuestra capacidad de razonamiento, y así es como entendemos el afán de venganza de ese onírico e intrigante personaje que resulta Abe Kelsey; comprendemos el miedo que induce al acto extremo a Mathilda Zachary; podemos explicarnos el exacerbado odio que Cash siente hacia los indios; validamos el afán de rescate que tiene el jefe Kiowa… y hasta entendemos el intenso y profundo sentimiento que, Ben y Rachel, se cuidan –sin lograrlo- de mantener en reserva.

<<UNFORGIVEN>> (los títulos en español no atinan a su verdadero sentido), alude a aquellos seres que no encuentran el perdón, pero, que bien lo merecen cuando se llega a comprender sus más hondas motivaciones. "Comprenderlo todo es perdonarlo todo", diría el filósofo Nietzsche.

El reparto, nos deja también plenamente satisfechos porque se mueve con la fuerza que reclama un drama de alto calibre y los nombres son de estrellas del más alto profesionalismo. Particularmente me atraen: Joseph Wiseman, interpretando a Kelsey, el fanático religioso; Lilian Gish, la abnegada y valerosa madre; y Charles Bickford, como el patriarca Zeb Rawlins, dispuesto a la verdad contra todas las consecuencias. Todos ellos resultan dignos de los mayores aplausos… y por supuesto, Audrey Hepburn, una vez más, resulta fascinante.
Doug McClure & Burt Lancaster
Como obra cinematográfica, <<UNFORGIVEN>>, tenía madera para alcanzar la cima artística... ¡lástima que, la injerencia de los productores, con tanta frecuencia resulte en detrimento de grandes realizaciones.

Título para Latinoamérica: LO QUE NO SE PERDONA
14 de septiembre de 2012
48 de 48 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Los viejos siempre serán jóvenes para aprender una buena lección”, dice Corifeo en la tragedia “Agamenón” del dramaturgo griego Esquilo (525-456 a. de C.). Y bien podría ser que, de esta frase, parta la obra del también dramaturgo y guionista inglés, Terence Rattigan, a quien algunos quizás recuerden por sus posteriores créditos en títulos importantes como “Mesas separadas”, “El príncipe y la corista” o “Adiós, Mr. Chips” (1969), entre otros.

Mientras transcurre la película “LA VERSIÓN BROWNING” (título alusivo a la traducción que, de la tragedia de Esquilo, hizo el poeta y también dramaturgo Robert Browning, la cual tendrá un importante significado en la historia), me preguntaba si además de la versión en latín, útil para las clases del profesor Andrew Crocker-Harris, habría otra relación dada la relevancia que el “Agamenón” adquiere en este esplendoroso y conmovedor drama en el que, Rattigan, de nuevo nos seduce y embarga con esos pulcros, elegantes y bien construidos diálogos.

Y tras haber releído esta pequeña tragedia que habla de las atrocidades cometidas por el miedo y de los crímenes que se asumen luego por lo que se cree es justicia, compruebo que, además de que contiene -con una ligera variante- la frase consignada por el alumno Taplow en su libro de regalo: “Dios, desde la distancia, mira con complacencia al buen maestro” (que en la obra es “La divinidad mira con complacencia al que gobierna con dulzura”), también puede deducirse una suerte de comparativo entre la manera violenta de dirimir los asuntos afectivos en épocas remotas, y la manera conciliatoria y civilizada como pueden llegar a resolverse en la cultura del siglo XX.

En este particular, el filme dirigido con maestría por Anthony Asquith, redondea en el personaje del profesor, a punto de retirarse por estar aquejado de una delicada enfermedad, una figura que conmueve e impacta con su humildad ante la crítica, su temperancia ante el engaño, y con esa solvencia intelectual que lo hace firme y riguroso, pero no excluyente de valiosos sentimientos ni de aprecio por sus alumnos.

Imposible perderse la perfecta interiorización que con su rival, el también profesor Frank Hunter, sostiene el profesor Crocker-Harris -llamado por el rector como “El Himmler del quinto inferior” (¿por qué se afectaría tanto con estas palabras?). Y en general, el filme desborda un entendimiento humano de primera línea que, seguramente, nos aleccionará por viejos que ahora estemos.

Memorable la interpretación de Michael Redgrave (merecido ganador en el festival de Cannes), quien consigue extraer el alma de su personaje para fusionarla con la suya. Necesario tomar en cuenta aquella frase que él mismo olvidó mantener en práctica: “Se enseña más con buen humor que con excesiva formalidad”. Nuestro reconocimiento también a Jean Kent, Nigel Patrick y Wilfrid Hyde-White, con cuya presencia se redondea un filme brillantemente actuado, y desde cualquier punto de vista, realizado con la mano de un maestro.
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