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Críticas 241
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
9
4 de diciembre de 2016
292 de 337 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paterson (Adam Drive) vive en la ciudad de Paterson, New Jersey, es un gran aficionado a la poesía de William Carlos Williams, un poeta que vivió también en la ciudad de Paterson. Su vida es rutinaria, se despierta cada día sin necesidad de despertador, da un beso a su mujer, Laura (Golshifteh Farahani), desayuna cereales, trabaja conduciendo un autobús en el que escucha las conversaciones de los pasajeros, regresa a casa para cenar, saca a pasear a su perro, y termina la jornada tomando una cerveza en el mismo bar todas las noches. Además de eso, en sus ratos libres, Paterson escribe poemas en su libreta.

No puedo ser objetivo con Jim Jarmusch. Me enamoré de sus películas desde la primera que vi (“Mystery train”) y cada vez que veo una película suya salgo convencido de que él es el director que yo querría ser si me dedicara a hacer películas. Las ha hecho muy buenas, buenas, regulares y malas (como casi todos), pero su sello particular siempre está ahí. Un sello que entronca conmigo, lo cual siempre me reconforta. Si además sucede como en esta ocasión, que el nivel de la película es muy alto, la fiesta es completa. “Paterson” está entres las tres o cuatro películas de Jarmusch que más me han gustado, y eso es mucho decir. Pero, insisto, no soy objetivo, pues hablo del director que yo sería. Es decir, de algún modo, hablo de mí mismo, y uno nunca es objetivo consigo mismo.
“Paterson” es un canto a la poesía y a la vida. No a la poesía académica, grandilocuente o elitista, sino a la lírica, la belleza, la poesía que se encierra en las cosas cotidianas, aquella que solo quienes tienen alma de poeta pueden percibir. A la pureza de las cosas. Más que eso: a mirar las cosas con pureza. Con la actitud poética adecuada, tu mujer puede ser una princesa, un rutinario viaje en autobús puede convertirse en una maravillosa aventura, los versos torpes de una niña pueden ser un primoroso poema. Lo que para unos puede ser feo, aburrido o lánguido, alguien como Paterson lo encuentra interesante, armónico, bello, con la belleza de la sencillez y la ilusión de la ingenuidad.

Paterson ama a Laura, una mujer infantil, voluble, soñadora, que se pasa el día diseñando cosas en blanco y negro, pintando, inventando recetas, que tan pronto quiere montar un negocio de cupcakes como ser cantante de country. Dominante, habladora, impredecible, sacaría de quicio a casi cualquier hombre, pero a Paterson no. El la ama, la idolatra, la apoya incondicionalmente en sus caprichos por absurdos que sean.
Golshifteh Farahani & Adam Driver
Jarmusch derrocha todo su talento retratando una semana de la rutinaria vida de Paterson con un prodigioso buen gusto cinematográfico, mostrándonos al Paterson externo y sus cotidianos quehaceres y al interno, con sus pensamientos, los versos que se le van ocurriendo, sus sensaciones, de modo que el espectador no tiene el más mínimo problema en empatizar con el personaje. Uno se siente Paterson desde el principio hasta el final. Incluso algunos, después de salir del cine.

La repetida rutina diaria de Paterson no es un problema para él. Despertar cada día al lado de su amada es una bendición, no un problema. Conducir cada día el autobús no es un problema sino una oportunidad de escuchar nuevas e interesantes conversaciones. Volver a casa o ir cada noche al bar son siempre situaciones abiertas a la sorpresa. Y por si esto fuera poco, Paterson no solo disfruta de su coreografiada vida, sino que tiene algo más, algo muy importante, su libreta.

Con su bolígrafo y su libreta, las limitaciones de su mundo cuadriculado desaparecen. La vida no es un cúmulo de obligaciones sino una fuente inagotable de inspiración, desde una simple caja de cerillas hasta la más grande historia de amor, las posibilidades son inabarcables. Solo hay algo mejor que un cuaderno lleno de poemas: uno en blanco, con todos los poemas posibles por ser escritos.

Jarmusch pone a la ciudad de Paterson en el mapa y la glorifica durante toda la película. No solamente está presente William Carlos Williams en el film, sino que también se mencionan continuamente otras personalidades gloriosas de la ciudad, como el también poeta Allen Ginsberg, el actor Lou Costello o el boxeador Rubin “Hurricane” Carter.

Hay que decir también que para que el personaje de Paterson nos llegue tanto hay que valorar el magnífico trabajo del actor que lo encarna. Adam Driver se sale en esta interpretación. Creo que Jim Jarmusch no solo ha dado a luz una gran película, sino también un gran actor. Bueno, dos. Porque Goldshifteh Farahani también se luce. La iraní deslumbra y si tiene más actuaciones de este nivel pronto aprenderemos todos a escribir bien su nombre.

“Paterson” ha sido una inyección de vitaminas para mi sensibilidad. No me ha defraudado, con lo fácil que hubiera sido, ya que llevo varios meses esperando verla. Tiene varias escenas memorables que me costará olvidar, y tuve en todo momento la sensación de estar viendo una película extraordinaria con envoltorio de película sencilla. Una película vestida de normal que cuando se desnuda te deja totalmente boquiabierto de tanta belleza.

Y es que esta película es una carta de amor a la vida. Paterson no usa smartphones ni ordenadores, escribe a mano, prefiere el contacto físico al virtual, es un enamorado de las cosas simples y es feliz simplemente con tener al lado a Laura, como el poeta Petrarca. Si, definitivamente Jarmusch, con su habitual estilo minimalista, nos regala una carta de amor a la vida, un disparo de utopía humana repleto de sensibilidad artística que nos recuerda que la vida debería ser algo de lo que disfrutar cada minuto.

Gracias maestro, has vuelto a hacer la película que yo haría.

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19 de mayo de 2014
398 de 647 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Snowpiercer” es una película de entretenimiento. Y entretener, entretiene. Y ya. Creo que es lo único bueno que puedo decir de ella, porque por lo demás, me ha decepcionado bastante. Fui a verla porque me pareció interesante la sinopsis, tenía curiosidad por ver cómo se desarrollaba esa historia cuyo planteamiento me parecía todo un reto. Pero como digo, salí muy decepcionado. Todo muy anodino y previsible.

Y es que para hacer una buena película no basta con una buena idea de argumento y mucho dinero para producirla. Se necesita talento para desarrollar esa idea de partida, para convertirla en una obra de calidad. En este caso, el desarrollo hace aguas por todas partes. No es convincente, no es creíble, y a medida que va transcurriendo la historia cada vez lo va siendo menos. De acuerdo que es ciencia-ficción, pero hasta la ciencia-ficción tiene que tener un mínimo de credibilidad para que el espectador pueda meterse en la pantalla.

Los personajes son como sacados de un comic. Con todos los clichés posibles. El héroe de los pobres, que se rebela contra la injusticia. Valiente y generoso. Los poderosos, que tienen un ejército tremendo para defenderles, al mando de un malo malísimo, vil y traidor. El amigo del bueno, que muere, claro. El sicario, el brazo armado del malo, que es frío y despiadado. Vamos, lo nunca visto. Seguro que no adivináis quién gana.
Son personajes sin alma, sin interés alguno para el espectador. Te da igual lo que les pase porque no te los crees. La violencia no impresiona, las escenas sangrientas se hacen monótonas, hay mil cosas que no tienen sentido, el que se supone que es el bueno es un soso que no cae bien, y el final es lamentable. Es que cada vez que lo recuerdo me da vergüenza. Intenta que el final sea emocionante, que nos haga pensar en lo que es el mundo y la condición humana, e intenta decir que aún hay esperanza para el ser humano, que podemos empezar de nuevo. Intenta. Lo que consigue es el esperpento.

Los actores no me convencieron, ninguno de ellos. Tilda Swinton es la menos mala. Como mínimo, su papel lo cumple bien (tampoco daba para mucho). Una de mis debilidades, John Hurt, totalmente desaprovechado. Song Kang Ho, que cuando ví que salía pensé que se animaría la cosa, nada, petardazo. Chris Evans, como de costumbre, ineptitud interpretativa total. Y Ed Harris ya hace mucho tiempo que dejó de decirme nada, es un actor que cada vez que le veo me parece que trabaja peor que en su anterior película.
La parte técnica de la película es la única que no puedo criticar. La verdad es que la fotografía es de una calidad asombrosa, y que los efectos visuales son magníficos. Lo malo es que a mí con eso no me alcanza. Quiero que me cuenten algo que me haga sentir cosas, y con esta película lo único que sentí es que me tomaban por tonto.

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SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Se supone que en el exterior la temperatura es bajísima. De hecho, a un rebelde le obligan a tener un brazo fuera durante siete minutos y se le congela. El tren tarda un año en dar una vuelta completa a su recorrido, un año con esas temperaturas, se supone que las vías deberían tener acumulado tanto hielo y nieve que descarrilaría, pero que va.

En las escenas exteriores se ve el tren uniforme, con todos los vagones iguales, pero por dentro no es así. Unos vagones parecen enanos y estrechos y otros casi parecen palacios, incluso hay algunos que tienen dos pisos y hay una gran escalera para subir.

Hay una pelea de hachas en las que los malo apagan las luces porque llevan cascos con visión nocturna. Pero en lugar de cargarse a los buenos, solo matan a dos o tres, hasta que uno llega con antorchas, y entonces los buenos ya ganan a los malos, porque es mucho más fácil luchar con un hacha en una mano y una antorcha en la otra que llevando un casco con visión nocturna.
El principal asesino de los malos muere porque le ahogan y le clavan un cuchillo en un costado. Pero al cabo de unos minutos resucita vuelve por allí a pegar tiros, no se sabe porqué.

En los vagones de los ricos hay peluquería, restaurantes, un aquarium, discotecas, colegio, invernadero, montones de vagones con distintos ambientes, pero no hay dormitorios. No sabemos donde vive toda esa gente. Posiblemente no necesiten dormir.

Tampoco se sabe qué pasa con las ropas. Llevan 17 años en el tren… con la misma ropa? O tal vez hay un vagón donde se fabrica ropa y no nos lo han mostrado, podría ser.

La hija del coreano que sabe abrir las puertas ultramodernas juntando dos cables es vidente. Antes de abrir las puertas sabe lo que hay al otro lado. Así por las buenas, porque si, porque le ha parecido bien a los guionistas.

Hay un tiroteo en el que se rompen varios cristales del tren. Afuera la temperatura es extremadamente baja. No pasa nada, dentro del tren no sienten frío ni con los cristales agujereados.

Cuando el bueno encuentra al coreano que sabe abrir las puertas ultramodernas juntando dos cables, resulta que el coreano solo sabe hablar coreano. Menos mal que hay un walki-talki traductor y hablando a través de él se comunican. Pero solo al principio, luego ya no hace falta, ya hablan normalmente y se entienden, uno en coreano y otro en inglés, sin walki-talki ni nada.

Los rebeldes pasan por el vagón discoteca que está petado de gente bailando. Pasan por allí, ensangrentados, con sus ropas viejas, armados, y la gente sigue a su bola, bailando, como si nada. Debe ser que están acostumbrados.

Otro vagón es un restaurante de sushi en el que se sirve sushi pero solo dos veces al año. Lo que no se sabe es qué hacen los otros 363 días del año.

Los pasajeros de los vagones de cola son parásitos. No trabajan, simplemente están ahí encerrados. Se les da de comer para nada. Siendo tan malos como son los que mandan, no entiendo porqué les mantienen si no les sirven para nada, y además son un peligro potencial.

El los vagones de ricos hay carne. Pero no hay vagones con animales, no se sabe donde los crían, no se sabe de donde sacan la carne. El pescado sí, se supone que del acuario. Pero la carne… no se, igual hay un vagón-granja que no sale.

Cuando empieza el ataque rebelde, el bueno se da cuenta (porque es muy listo) de que los soldados no tienen balas. Entonces les atacan y les ganan. Pero un poco más adelante, resulta que los siguientes soldados tienen balas a tutiplén. ¿Tiene lógica que los soldados que vigilan a los únicos posibles peligros del tren no tengan balas, y los de los vagones de los ricos sí las tengan?

Al final el tren explota y solo hay dos supervivientes. La niña coreana y el niño negro. Salen del tren tan tranquilos, han perdido a sus padres pero les da igual. Entonces ven que hay un oso polar que les está mirando.

¿Os dais cuenta del tipo de película que he tenido que soportar?
5 de abril de 2018
97 de 106 usuarios han encontrado esta crítica útil
El 2 de Marzo de 1953, Josef Stalin recibe un disco grabado esa misma noche exclusivamente para él, que contiene una nota. Tras leerla, sufre un infarto cerebral y cae desplomado en su despacho. Nadie se atreve a entrar hasta la mañana siguiente. Una vez descubierto, y sin que nadie se atreva a tocar el cuerpo, los más destacados miembros del Partido Comunista se reúnen a su alrededor para decidir qué hacer. Aún no ha muerto, pero resulta que los mejores médicos del país han sido asesinados o exiliados, por lo que los médicos que llegan para tratarle no son demasiado competentes. Tras su inevitable muerte, los miembros del Politburó comienzan a mover sus piezas para intentar hacerse con el poder vacante.

Armando Ianucci dirige esta sátira política que resulta ser la adaptación de un cómic francés de Fabien Nury y Thierry Robin. El film se inicia en la última noche de la vida de Stalin, y en las primeras escenas se nos muestra la oscura realidad de aquellos tiempos. El miedo a decir algo inapropiado sobre Stalin, las detenciones y ejecuciones que ordenaba, y el modo en que sus más cercanos miembros del gobierno le adulan y le temen. El dictador quiere la grabación de un concierto que ya ha terminado, y como no se ha grabado, el concierto vuelve a ejecutarse, con otro director y con espectadores cogidos de la calle. Llevamos diez minutos de película, ya nos hemos reído y tenemos la sensación de estar ante una película de Berlanga a la rusa.
Ianucci nos relata estos sucesos históricos en modo de comedia negra, y es un gran acierto, puesto que los hechos que narra son terribles pero al mismo tiempo tan disparatados que son mucho más fáciles de digerir si nos los tomamos a risa. Pero lo hace utilizando el humor en su justa medida, para que el film no caiga en el esperpento. Los hechos son evidentemente ridiculizados (aunque habría que ver si la realidad no superó la ficción) pero tratados con un humor contenido a la vez que sostenido, por lo que te ríes pero al mismo tiempo tomas conciencia de lo que debieron ser aquellos días en la Union Soviética.

El humor negro es especialmente despiadado y mordaz cuando aborda las ejecuciones y las torturas de la época, lo cual parecería a simple vista pasarse de la raya, pero el director logra que no tengamos esa sensación, y sí más bien la de que ridiculiza un gobierno caprichoso y tiránico.

El excelente guión (no conozco el cómic, así que no puedo decir si está más o menos bien adaptado) se basa en unos diálogos chisposos y rápidos apoyados por el movimiento de cámara que le otorga aún más ritmo a la película. El humor a veces subyacente y otras más explícito (muy inglés siempre) hace que el espectador no llegue a tener nunca claro hasta qué punto lo que se le cuenta fue real, y hasta qué punto llega la caricatura de los hechos y los personajes. Poco importa, la película es a un tiempo didáctica y desternillante.
Para que no haya dudas, en la cena de Stalin con sus colaboradores al principio de la película, el director nos muestra un cartel con los nombres de todos, así les identificamos desde el principio. Son Lavrenti Beria (Simon Russell Beal), mano derecha de Stalin (y georgiano como él) e implacable ejecutor de las purgas que se llevaban a cabo en la postguerra soviética, Nikita Kruschev (Steve Buscemi) que acabaría siendo presidente de la Unión Soviética, Georgy Malenkov (Jeffrey Tambor) que era el sucesor formal de Stalin, aunque poco espabilado y un tanto blando, era carne de cañón para que no le permitieran serlo, y Vyacheslav Molotov (Michael Palin), sí el del cóctel, que estaba en la lista de sacrificados políticos y al que salvó la repentina muerte de Stalin.

La película se centra básicamente en las interacciones de estos cuatros personajes, sus maquinaciones y manipulaciones, sus idas y venidas, sus alianzas y desacuerdos, todos ellos buscando dentro de las directrices del Partido Comunista, su beneficio personal, lo que da lugar a situaciones tan cómicas como la que se produce cuando el dictador agonizando señala un cuadro en el que se ve una pastora dando el biberón a un cordero, y cada uno de ellos intenta interpretar en ese gesto una cosa diferente, en una de las escenas más desternillantes de la película.

Las interpretaciones son muy buenas. Inevitablemente exageradas pero nunca sobreactuadas. Mi adorado Michael Palin me hace reir aunque no diga nada, solo con verle ya me hace gracia (en la escena de las votaciones del Comité es el Palin de los Monty Python en estado puro), pero destacan sobre todos el siempre brillante Steve Buscemi y Simon Russell Beal en el papel menos amable que el del resto del reparto.

En cuanto a los puntos negativos, a mi juicio el final es un tanto confuso, no por lo que pasa, sino por el tono que adquiere. Me dio la sensación de que la película se cerraba de un modo más dramático y menos humorístico de lo que había sido el resto del film, lo que te deja una sensación de ligero desconcierto. Por otra parte, me dió la impresión de que no se tratan adecuadamente los personajes de los hijos de Stalin, Svetlana (Andrea Riseborough) y Vasily (Rupert Friend), aunque tampoco podría asegurarlo.

Resumiendo, para quien les interese el tema es una película absolutamente recomendable siempre y cuando tengan sentido del humor y sepan que están viendo una parodia. Ianucci nos brinda una obra en la que a través de unos diálogos eléctricos e inteligentes, una puesta en escena sencilla, un humor negro y fino, indispensable para lubricar la terrible realidad que nos relata, y unos intérpretes muy dotados para las escenas que rozan la teatralidad, se logra un retrato tan demoledor como tronchante de Stalin y los que le rodeaban.

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23 de marzo de 2014
99 de 120 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es una comedia de Wes Anderson. Que no es lo mismo que una comedia cualquiera. Es una película con sello de autor, que no podría ser de ningún otro. Personalmente, diría que es una comedia de sonrisa más que de risas. Pero es divertida a rabiar. Quizá no sea de carcajadas (para mí no lo es) pero es muy divertida, entretenida, de sonrisa casi perenne.

Estamos ante un espectáculo. Algo que mantiene a los sentidos ocupados durante todo el metraje. Es un espectáculo sensorial, una fiesta de colores, música e imágenes vertiginosas. Como digo, puro espectáculo.

Basada en los libros de Stefan Zweig, se nota en la manera de exponer el escenario en que se desarrolla la película. La Europa de los años 30 tantas veces retratada por Zweig con tanta destreza es el paisaje en el que sitúa Anderson a los personajes de su historia. La Europa de aquella época, tan misteriosa como hermosa, con sus hoteles lujosos, sus delicadas pastelerías, aquellos perfumes franceses, esos trenes de vapor que podían ser asaltados en cualquier momento por la policía alemana…
Tony Revolori
“El Gran Hotel Budapest” nos retrotrae inevitablemente al cine de animación, a las maquetas, a los decorados rimbombantes. Parece una película de dibujos animados interpretada por personas. Recuerda bastante al cine de Charlot o Buster Keaton, pero esta vez en color. Qué digo en color, el una borrachera de colores. No sabemos como serían aquellas películas de cine mudo si se hubieran hecho con los medios actuales, pero supongo que se parecerían bastante a ésta.

Como en los dibujos animados, aquí también se desdramatizan las situaciones por muy graves que parezcan. La segunda guerra mundial tratada de un modo trivial, desprovista de cualquier atisbo de circunspección. La guerra, la muerte, en esta película se ven con una sonrisa, nada impresiona. Si alguien tira un gatito por la ventana y lo estampa contra el suelo de la calle, no produce ningún mal sentimiento, al contrario, mueve a la risa. Todo lo malo que pasa lo vemos con ojos infantiles, como cuando ves dibujos animados donde todo es reversible. Como en los sueños, donde todo lo malo que pasa se puede solucionar solo con despertarte. Como en los juegos, que por mal que acaben, siempre puedes volver a empezar.
Ralph Fiennes
Wes Anderson vuelve a hacer una película con su habitual fórmula. Tiene derecho a hacerlo y además lo hace muy bien. Nos vuelve a introducir en su mundo preciosista, y vuelve a poner los aspectos formales muy por encima del fondo. En su afán por impresionar, se recrea tanto en la estética exterior que pierde de vista la esencia de la narración. Esto hace que la película sea una delicia para los sentidos pero que no alimente el alma. Los personajes carecen de profundidad porque están al servicio de lo principal, que es la parte visual. Esto es habitual en las películas de Anderson, aunque debo decir que en esta ocasión los personajes dejan trascender una cierta ternura, y hay un tono general melancólico en la película respecto a aquella vieja Europa.

Esta profunda sensación de melancolía viene producida en parte por la música. Una vez más, para mi gozo, la música vuelve a correr a cargo de Alexandre Desplat (últimamente siempre está presente en las películas que veo) y su intervención engrandece la película. El elemento musical funciona a la perfección en la película y corrobora mi impresión de que Desplat es un genio en eso de añadir música a las imágenes.

Y si la música es exquisitamente bella, la parte visual no va a la zaga. Los habituales ejercicios estéticos de Wes Anderson se superan más aún si cabe en este film. Deslumbran esos colores del hotel, rojo intensísimo, violetas, rosas. Esas imágenes de los Alpes nevados donde el blanco y los tonos azulados del anochecer componen un cuadro admirable. Y no son sólo los colores, claro, son los fantásticos movimientos de cámara y la excelente utilización del encuadre, es la multitud de cuidadísimos detalles y el ostentoso diseño de producción lo que hace que, todo junto, componga una maravillosa coreografía estética que no está al alcance de cualquiera y que es imposible no admirar.

El reparto es grandioso, aunque también forma parte de la pretenciosidad de Anderson, ya que hay algunos grandes actores que aparecen casi testimonialmente y que apenas sirven para engordar la lista de grandes nombres de intérpretes de la película, como por ejemplo Bill Murray, que apenas aparece durante unos segundos. El resto, junto a los dos protagonistas (Fiennes y Revolori), grandes nombres como F. Murray Abraham, Adrien Brody, Edward Norton, Harvey Keitel (irreconocible), Jude Law, Willem Dafoe o Jeff Goldblum. Como veis, todo en esta película es exceso y derroche.

De todas las películas que he visto de Wes Anderson, me quedo con ésta. Me lo he pasado bien, y, a estas alturas, empiezo a admirar sus virtudes y a soportar sus defectos. Sin duda vuelve a ser excesivamente excéntrico y camina moviéndose peligrosamente entre la genialidad y la patochada, pero, a mi juicio, esta vez gana la parte buena.
29 de septiembre de 2016
81 de 100 usuarios han encontrado esta crítica útil
El conocido actor Raúl Arévalo debuta como director, y lo hace con una contundencia sorprendente, creando un thriller con sabor a la España de los años 80 pese a estar ambientada en la actualidad, forjando un film seco, incómodo y brutal, que anuncia a un director que seguro que dará mucho que hablar.

“Tarde para la ira” no va entrando poco a poco, lo hace desde la primera secuencia. La escena inicial es una inyección que hace que entres en la película de golpe, sin calentar. Una bofetada de cine para que no desvíes la vista de la pantalla durante el resto del metraje. El atraco, la detención, unos títulos de crédito muy tarantinianos, y ya estás totalmente entregado a todo lo que va a venir a continuación.

Tras la bofetada inicial, Arévalo va poniendo las piezas delante del espectador, una por una. El bar, Ana, José, el padre en el hospital, una pulsera, la cárcel… y no deja que el público enlace todas las piezas de la trama hasta la mitad de la película, cuando todo gira hacia una dirección espeluznante y sin retorno.
Raúl Arévalo
Durante esa primera mitad, no puedo evitar recordar el cine quinqui de los años 80 por ese retrato del Madrid suburbial y esa jerga tan característica. Pero en la segunda parte de la película es el espíritu de Sam Peckinpah quien toma las riendas de la película, la cosa se pone seria, y uno no da crédito a que lo que está viendo en la pantalla sea obra de un director español novel.

Hay un gran trabajo en la construcción de los personajes. Habitantes de los barrios más desfavorecidos de Madrid, perdedores que viven más en la taberna que en casa, fracasados de la vida que buscan la gloria sobre el tapete ganando una ronda de cubatas al mus. Complejos seres que acumulan derrotas y sed de venganza, personas a quienes la vida ha mimado poco y cuyo destino parece estar escrito.

Las interpretaciones de estos personajes son todas excelentes, pero por supuesto uno se queda fascinado por la mirada helada de Antonio de la Torre, quien compone un personaje taciturno e inolvidable que va desarrollándose y evolucionando en cada escena, a medida que avanza la película. De la Torre demuestra un poderío interpretativo inconmensurable, con una contención y frialdad que no cualquiera lograría transmitir. Grandioso.
Raúl Arévalo
A su lado, Luis Callejo vuelve a demostrar que es uno de los actores españoles en mejor forma, y Ruth Díaz poniendo de manifiesto que es una actriz que debería ser tenida mucho más en cuenta. Y no puedo evitar mencionar la corta pero inolvidable aparición de Manolo Solo, que en los diez minutos que aparece se cuela en la memoria del espectador para siempre. Muy grande.

Arévalo gusta de los planos secuencia y nos deleita con varias escenas apabullantes de cámara en mano combinadas con un montón de primeros planos rodados con elegancia y una sabiduría impropia de un novato. Todo ello aderezado con una magnífica ambientación y una música muy flamenca, muy de barrio, para evocar, una vez más, ese cine español de hace treinta años en el que los protagonistas eran chavales macarrillas destinados a morir en algún atraco o por sobredosis.

Todo funciona bien en esta película. Los personajes turbadores, la trama perfecta que combina el thriller con el drama intenso, el fondo en el que se plantea el sentido que tiene la venganza, y donde acaba ésta y empieza el ensañamiento. La tristeza que desprenden la vida rota de José por lo que le pasó hace ocho años, la vida rota de Curro tras pasar por la cárcel y su dolor por no poder retomar lo que dejó, la vida rota de Ana confundida entre amores equivocados y una juventud que ya se le ha escapado en vano. Vidas rotas, y las que faltan por romperse.

Excelente película. Inesperada sorpresa. No sobra ni falta nada. No hay una escena superflua ni un momento prescindible. Es dura, arriesgada y precisa. Es tensa, arrebatadora y desoladora. Estoy seguro de que dentro de unos años presumiré de haberla visto de estreno.

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