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Críticas 1.200
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
6
17 de octubre de 2025
506 de 584 usuarios han encontrado esta crítica útil
Guillermo del Toro soñó toda su vida con filmar Frankenstein, y ese sueño se ha hecho realidad en una película que desborda ambición, virtuosismo visual y una desmedida necesidad de explicarlo todo. El resultado es, paradójicamente, un film tan hermoso como agotador: un canto gótico a la melancolía y a la soledad del monstruo, pero también una obra que, al intentar ser definitiva, acaba por masticar en exceso su propio mito.

La versión de Del Toro parte de la estructura original de Mary Shelley —la expedición al Ártico, la narración en retrospectiva, el juego de espejos entre creador y criatura—, pero la traduce al lenguaje de la grandilocuencia moderna. Donde Shelley escribía con economía y sugerencia, el director mexicano filma con saturación sensorial: nieve, sangre, relámpagos y lágrimas conviven en un universo visual de una belleza abrumadora. La fotografía de Dan Laustsen, el vestuario de época y los decorados victorianos alcanzan cotas de puro espectáculo pictórico, mientras la partitura de Alexandre Desplat, de un lirismo casi operístico, invade cada escena con emoción programada. Todo está diseñado para conmover. Quizá demasiado.
Oscar Isaac
El problema no reside en la forma —que es impecable— sino en la dosificación. Frankenstein parece un intento consciente de “darlo todo” al espectador de Netflix: cada sentimiento se subraya con diálogo, cada dilema moral se verbaliza. Donde el terror y la filosofía del texto original nacían del vacío, aquí hay sobreexplicación. Del Toro sustituye la ambigüedad por el énfasis, la metáfora por el subrayado, y en su afán de humanizar a la criatura, la carga de palabras hasta volverla transparente.

Jacob Elordi ofrece una interpretación intensa, delicada, más un ángel caído que un engendro. Oscar Isaac, como Victor, combina brillantez y desequilibrio en un registro que oscila entre la pasión científica y la locura mesiánica. Sin embargo, ambos quedan atrapados por un guion que insiste en aclarar sus emociones. Todo se explica: la culpa, la pérdida, el amor, el rechazo. No hay misterio. Es la paradoja de un film que busca la poesía en la literalidad.
Oscar Isaac
La dirección de Del Toro es majestuosa en su control del tempo —capaz de pasar del melodrama al horror con fluidez—, pero sufre de una deriva hacia el exceso. A mitad del metraje, el ritmo se vuelve ceremonioso, y los silencios, más que elocuentes, se sienten calculados. La ópera visual que propone es indudablemente grandiosa, pero carece de la tensión y el extrañamiento que hacían perturbadoras las versiones de James Whale o incluso la febril adaptación de Kenneth Branagh (1994).

Donde aquellas películas eran góticas en su contención, Frankenstein es gótica en su exuberancia: un poema visual que ilumina cada sombra, un cuento de horror contado con tanta ternura que casi se disculpa por existir. Su mirada es compasiva, pero su narrativa, sobrecargada.

En definitiva, la película confirma que Guillermo del Toro ama a los monstruos más que a los misterios. Su Frankenstein es un prodigio formal, una sinfonía de nieve y lágrimas que emociona a la vista y adormece al intelecto. El monstruo aquí no busca vivir: busca ser comprendido. Y en ese gesto, tan hermoso como excesivo, la película revela tanto su humanidad… como sus límites.
8 de octubre de 2022
183 de 200 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mantícora trata un tema tabú en la sociedad, y reflexiona sobre la necesidad de ser amado que todo el mundo experimenta, incluidos los monstruos. Perturba y emociona.

Cuarto film del director Carlos Vermut, el film es impecable en la construcción de sus personajes, sus diálogos y en su progresión dramática. Con un tono naturalista y unas interpretaciones notables, Vermut hace avanzar su trama sin prisa, dejando que el espectador se posicione. El film plantea una love story que choca contra el rechazo social de las oscuras perversiones de la mente humana. Esa aproximación a un tema tabú en nuestra sociedad, conecta de alguna manera el film con Tras el Cristal (1986) de Agustí Villaronga.

Ahí es donde Mantícora es dura. El monstruo es humano. Lucha por no ser monstruo, quiere ser amado y necesita amar. El espectador se incomoda ante su imposibilidad por empatizar con el protagonista, cuando en el fondo entiende su sufrimiento. El film tensa la cuerda al máximo sin romperla, y consigue momentos muy incómodos, a la vez que verosímiles y coherentes con toda la trama.
La película plantea un molesto dilema moral al espectador (por qué condenar a alguien que no ha hecho nada malo en el mundo real) aprovechando la supuesta libertad que ofrece la realidad virtual. Pero más allá de posicionamientos morales, es un film honesto, notable y confirma (por si alguien tenía alguna duda) la filmografía de Carlos Vermut como una de las más estimulantes del cine español actual.
21 de agosto de 2025
130 de 145 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mike Flanagan arriesga al adaptar el breve relato de Stephen King en tres actos narrados al revés, un artificio que convierte la película en un viaje de desconcierto progresivo hacia lo íntimo. El arranque es casi un thriller distópico, el segundo acto se despliega en una coreografía vitalista que celebra la alegría de estar vivos, y el cierre nos lleva a la infancia de Chuck, donde lo insignificante adquiere un peso decisivo.

Ese vaivén tonal puede parecer, según quién mire, un hallazgo o una trampa. Quien entre en el juego encontrará imágenes inolvidables: el apagón del cielo, el baile colectivo que explota como un canto a la vida, la idea whitmaniana de contener multitudes convertida en cine. Quien no, se topará con un exceso de monólogos, un subrayado constante del mensaje y una voz en off que explica lo que ya estaba claro.

Lo interesante es que la película se mueve en esa frontera: nunca acaba de ser un drama convencional ni un ejercicio de cine experimental. Es un híbrido que abraza la cursilería con la misma convicción con la que plantea preguntas filosóficas sobre la muerte, la memoria y el sentido de vivir. Ahí reside su polarización: puede parecer un milagro o un sermón disfrazado de cuento fantástico.
Al final, The Life of Chuck habla de lo efímero y lo esencial con una ingenuidad deliberada. Para unos será un gesto honesto y revitalizante, para otros una impostura sentimental. En cualquier caso, es una obra que invita a la discusión y que, en tiempos de fórmulas gastadas, ya es mucho.
24 de noviembre de 2021
56 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Páramo practica el relato atmosférico, el terror cocido a fuego lento, pero no despega.

Ambientada en el siglo XIX, localización sombría con un diseño de producción muy cuidado. Una magnífica fotografía y brillantes interpretaciones (a destacar el niño Asier Flores). Con una paleta de colores muy marcada y un ritmo pausado, el film desprovecha un arranque prometedor, que va perdiendo interés conforme avanza la trama.

O le sobra metraje o le faltan ideas. El resultado es que se hace predecible, lenta y reiterativa, sobretodo en su tramo final.
Mi amigo robot
España2023
7,0
11.705
Animación
9
25 de octubre de 2023
51 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pablo Berger, responsable de maravillas como Abracadabra (2017), Blancanieves (2012) o Torremolinos 73 (2003), plasma su amor por el cine y su buen hacer en esta obra maestra que es Robot Dreams, adaptando el cómic homónimo de Sara varón.

Una película de animación que nada tiene que envidiar a Pixar, en tanto funciona como propuesta colorista y entretenida para público infantil sin renunciar a capas adultas o referencias cinéfilas que enriquecen la propuesta.

Decía Hitchcock que las películas deberían poder seguirse sin los diálogos, y el film juega fuerte en este sentido. 90 minutos de animación simple sin diálogos y puesta en escena funcional, que se centra en presentarnos en encuentro/desencuentro entre un perro y un robot.

El film ignora cuestiones accesorias (porqué solo hay animales?, que tipo de vida llevan? Trabajan? Por qué los robots son autoconscientes? etc…) para centrarse en la emoción. La relación entre el perro y el robot, ilustra temas como la soledad, la amistad, el amor, el azar o la fragilidad de las relaciones.
Uno de los grandes aciertos de la película es situar la acción en ese gran plató en el imaginario popular que es la ciudad de Nueva York (su director vivió allá 10 años), concretamente en los años 80. Agregando una capa de encanto vintage y referencias a la cultura pop que le vienen muy bien a robot Dreams. Mención aparte es la cuidadísima selección musical (magistral la utilización recurrente del September de Earth Wind and Fire!).

El film plantea una cuidadosa ambigüedad de género a sus personajes, lo cual universaliza mucho más su mensaje sobre el amor y las relaciones. Sin ser totalmente comedia, conserva en todo momento un tono vitalista y consigue tocar la fibra al espectador.

Estamos ante uno de los mejores films de animación de los últimos tiempos, que ojalá tenga un buen recorrido comercial. Bravo!
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Final magistral a lo La La land sobre lo que pudo ser y no fue con el recurso de la pantalla partida.
Es una delicia, inteligente y emotiva
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