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8,5
14.922
10
12 de agosto de 2013
12 de agosto de 2013
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
- Hola, quiero suicidarme.
- Vale, pero si quieres hacerlo en mi casa quiero que conozcas una historia..
- Cojonuda,.. y ya que me voy a rajar la barriga te cuento yo una que mola más...
El acabose...
He visto decenas de películas de samurais, pero ninguna con tanta esencia.
He visto luchas de espada más allá de Orión, pero ninguna como la que he visto en Harakiri.
He visto guiones grandes,...este es marciano.
He visto a Mizoguchi, a Kurosawa...
He visto a Leone y Tarantino con 20 años tomando un mojito mientras veían a Kobayashi enfocar primeros planos.
He visto encuadres perfectos, planos de otro tiempo.
He visto luz en la oscuridad, y briznas de hierba bailar al compás del viento...he visto a Malick.
He visto el honor, la angustia y el desasosiego en un pedazo de celuloide.
He visto el amor, la muerte y la venganza en estado puro.
He visto sentimiento y respeto a las tradiciones.
He visto plasmado en imágenes al verdadero Samurai. Sentado frente a mí, cara a cara. Y me he acojonado.
- Vale, pero si quieres hacerlo en mi casa quiero que conozcas una historia..
- Cojonuda,.. y ya que me voy a rajar la barriga te cuento yo una que mola más...
El acabose...
He visto decenas de películas de samurais, pero ninguna con tanta esencia.
He visto luchas de espada más allá de Orión, pero ninguna como la que he visto en Harakiri.
He visto guiones grandes,...este es marciano.
He visto a Mizoguchi, a Kurosawa...
He visto a Leone y Tarantino con 20 años tomando un mojito mientras veían a Kobayashi enfocar primeros planos.
He visto encuadres perfectos, planos de otro tiempo.
He visto luz en la oscuridad, y briznas de hierba bailar al compás del viento...he visto a Malick.
He visto el honor, la angustia y el desasosiego en un pedazo de celuloide.
He visto el amor, la muerte y la venganza en estado puro.
He visto sentimiento y respeto a las tradiciones.
He visto plasmado en imágenes al verdadero Samurai. Sentado frente a mí, cara a cara. Y me he acojonado.

8,3
95.252
10
26 de noviembre de 2007
26 de noviembre de 2007
18 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nostalgia (definición de Wikipedia): "describe un anhelo del pasado, a menudo idealizado y poco realista.
La nostalgia es referida comúnmente no como una enfermedad ni un campo del estudio, sino como un sentimiento que cualquier persona normal puede tener. La nostalgia se puede asociar a menudo con una memoria cariñosa de niñez, una persona, un cierto juego o un objeto personal estimado."
Esta película tendrían que exigirla en la asignatura de educación para la ciudadanía, en ética, en religión, incluso en clase de matemáticas. Deberían ponerla en los recreos, en las iglesias, en los descansos de los partidos de fútbol, en los parques, a la hora del bocata en el curro, en el metro…
Debería existir un canal monotemático, tigretones con cromos de Toto y Alfredo y pizzas Giancaldo…
Impresionante.
Un maravilloso viaje a la infancia, a los recuerdos más entrañables, a la verdadera amistad, al primer amor…a la vida. El conmovido homenaje a una época dura y cruel, llena de dificultades, pero repleta de esperanza.
Las interpretaciones,(sobre todo Noriet), la dirección, y la banda sonora de Morricone son sencillamente antológicas. El magnífico desarrollo de la historia y sus personajes, esas inolvidables secuencias de la iglesia donde se proyectaban aquellas películas “sin besos” y el hermosísimo final, homenaje al cine y su maravillosa historia, sitúan con merecimiento a Cinema Paradiso en lo más alto del olimpo cinematográfico.
La nostalgia es referida comúnmente no como una enfermedad ni un campo del estudio, sino como un sentimiento que cualquier persona normal puede tener. La nostalgia se puede asociar a menudo con una memoria cariñosa de niñez, una persona, un cierto juego o un objeto personal estimado."
Esta película tendrían que exigirla en la asignatura de educación para la ciudadanía, en ética, en religión, incluso en clase de matemáticas. Deberían ponerla en los recreos, en las iglesias, en los descansos de los partidos de fútbol, en los parques, a la hora del bocata en el curro, en el metro…
Debería existir un canal monotemático, tigretones con cromos de Toto y Alfredo y pizzas Giancaldo…
Impresionante.
Un maravilloso viaje a la infancia, a los recuerdos más entrañables, a la verdadera amistad, al primer amor…a la vida. El conmovido homenaje a una época dura y cruel, llena de dificultades, pero repleta de esperanza.
Las interpretaciones,(sobre todo Noriet), la dirección, y la banda sonora de Morricone son sencillamente antológicas. El magnífico desarrollo de la historia y sus personajes, esas inolvidables secuencias de la iglesia donde se proyectaban aquellas películas “sin besos” y el hermosísimo final, homenaje al cine y su maravillosa historia, sitúan con merecimiento a Cinema Paradiso en lo más alto del olimpo cinematográfico.

3,2
178
1
2 de abril de 2008
2 de abril de 2008
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las mayores diarreas fílmicas de la historia. Impresionante: De mala que es da risa..., o pena.... o las dos cosas.
La vi como solo se pueden ver estas mierdas: Tirado en el sofá, con una resaca tan atroz que no tenía ni ganas de apretar otro número en el mando a distancia. Por eso y por el par de buenas razones de la tal Jenya Lano.
Tres completos anormales (lo del Baldwin es literal) se juntan para secuestrar a un pibón del 15 y forzarla a rodar una película porno. Lo de forzarla es un decir, porque a la tía le acaba gustando más que a un tonto un lápiz.
No se quien es este tal Mark L.Lester pero él, sus guionistas y los "visionarios" productores, pueden meterse este descomunal bodrio por el ojete.com.
La vi como solo se pueden ver estas mierdas: Tirado en el sofá, con una resaca tan atroz que no tenía ni ganas de apretar otro número en el mando a distancia. Por eso y por el par de buenas razones de la tal Jenya Lano.
Tres completos anormales (lo del Baldwin es literal) se juntan para secuestrar a un pibón del 15 y forzarla a rodar una película porno. Lo de forzarla es un decir, porque a la tía le acaba gustando más que a un tonto un lápiz.
No se quien es este tal Mark L.Lester pero él, sus guionistas y los "visionarios" productores, pueden meterse este descomunal bodrio por el ojete.com.

8,1
21.425
10
19 de noviembre de 2010
19 de noviembre de 2010
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si uno desea reírse con ganas, no tiene más que poner en su DVD películas hilarantes como "La vida de Brian", "El jovencito Frankenstein", o "El guateque". Películas con las que es fácil acabar con dolor de barriga y la mandíbula desencajada.
Si lo que se desea es un humor negro, crítico y mordaz, lo idóneo es buscar una comedia de costumbres. Se introduce en el aparato algo de Allen o los hermanos Coen y la tarde está resuelta.
Si lo que alguien busca es una comedia desenfrenada y delirante, repleta de personajes absurdos y exagerados, que le haga un guiño a la censura de la época, y que la caricaturice de manera sutil, no tiene falta de ir muy lejos.
Luis García Berlanga era un puto genio. Uno de esos elegidos para la gloria cinematográfica. Alguien capaz de soltarte a la cara un plano secuencia de 20 minutos en una casa atestada de gente rara, sirviéndose únicamente de sus dotes cinéfilas y de unos diálogos absurdos e hilarantes.
"- Yo soy dentista, no puedo firmar una defunción
- ¿Si alguien se muere en su consulta, que es lo que hace?
- Llamo al forense"
El mismo que es capaz de convertir un desfile de pascua en un descojone padre, con mil y un personajes inolvidables y extrañamente familiares.
"- Pero señores, estamos pasando ante un sepelio y no han parado de tocar la música.!!
- Señor, les hemos hecho el saludo militar
- Ah, vale!, si han hecho el saludo militar... Vamos, vamos, sigan tocando. Alegría!!
Berlanga pertenece a esa generación de realizadores inmortales, temibles con la cámara, pero que te mataban si los leías entre líneas. Aquellos que convertían una historia cruel en un cuento de hadas.
"Plácido" es una cinta repleta de tristeza, de desmoralización, y de personajes que rozan el esperpento.
Hipocresía, doble moral, desfachatez supina. Un puñado de personajes miserables en el incomparable marco de la postguerra española.
Todo ello aderezado con un guión antológico, sucesión incansable de situaciones inverosímiles. Una historia de infelicidad, bañada con la más grande de las sonrisas.
Todo en "Plácido" es muy grande, pero el final roza la perfección absoluta. Casi hora y media con la mandíbula hecha trizas, para soltarte un directo al estómago, ese sitio que los boxeadores buscan para dejar sin aliento al rival, y que Berlanga consigue en forma de villancico demoledor, una guinda maravillosa, y que recuerda al espectador, por si se le había olvidado, en que época y situación está rodada esta obra maestra.
“En este mundo no hay caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá”
De haber nacido en Italia, se hubiera codeado con los grandes realizadores neorrealistas. De haberlo hecho en Norte América, estaría sentado en la misma mesa que los Billy Wilder, Capra y compañía.
Pero Berlanga es español, nuestro, único e irrepetible.
Si lo que se desea es un humor negro, crítico y mordaz, lo idóneo es buscar una comedia de costumbres. Se introduce en el aparato algo de Allen o los hermanos Coen y la tarde está resuelta.
Si lo que alguien busca es una comedia desenfrenada y delirante, repleta de personajes absurdos y exagerados, que le haga un guiño a la censura de la época, y que la caricaturice de manera sutil, no tiene falta de ir muy lejos.
Luis García Berlanga era un puto genio. Uno de esos elegidos para la gloria cinematográfica. Alguien capaz de soltarte a la cara un plano secuencia de 20 minutos en una casa atestada de gente rara, sirviéndose únicamente de sus dotes cinéfilas y de unos diálogos absurdos e hilarantes.
"- Yo soy dentista, no puedo firmar una defunción
- ¿Si alguien se muere en su consulta, que es lo que hace?
- Llamo al forense"
El mismo que es capaz de convertir un desfile de pascua en un descojone padre, con mil y un personajes inolvidables y extrañamente familiares.
"- Pero señores, estamos pasando ante un sepelio y no han parado de tocar la música.!!
- Señor, les hemos hecho el saludo militar
- Ah, vale!, si han hecho el saludo militar... Vamos, vamos, sigan tocando. Alegría!!
Berlanga pertenece a esa generación de realizadores inmortales, temibles con la cámara, pero que te mataban si los leías entre líneas. Aquellos que convertían una historia cruel en un cuento de hadas.
"Plácido" es una cinta repleta de tristeza, de desmoralización, y de personajes que rozan el esperpento.
Hipocresía, doble moral, desfachatez supina. Un puñado de personajes miserables en el incomparable marco de la postguerra española.
Todo ello aderezado con un guión antológico, sucesión incansable de situaciones inverosímiles. Una historia de infelicidad, bañada con la más grande de las sonrisas.
Todo en "Plácido" es muy grande, pero el final roza la perfección absoluta. Casi hora y media con la mandíbula hecha trizas, para soltarte un directo al estómago, ese sitio que los boxeadores buscan para dejar sin aliento al rival, y que Berlanga consigue en forma de villancico demoledor, una guinda maravillosa, y que recuerda al espectador, por si se le había olvidado, en que época y situación está rodada esta obra maestra.
“En este mundo no hay caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá”
De haber nacido en Italia, se hubiera codeado con los grandes realizadores neorrealistas. De haberlo hecho en Norte América, estaría sentado en la misma mesa que los Billy Wilder, Capra y compañía.
Pero Berlanga es español, nuestro, único e irrepetible.

6,2
25.041
9
29 de octubre de 2008
29 de octubre de 2008
16 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pocas veces se ha visto en el mundo del cine un director con tantas pelotas como Matteo Garrone en "Gomorra". Hacer cine de denuncia es algo bastante habitual en los tiempos que corren, coger un tema candente y mostrarlo en una pantalla esta de moda, aunque muy pocos se atreven a mostrarlo todo con pelos y señales.
Existen películas basadas en mafias brasileñas, rusas y sicilianas, cintas que convierten en héroes a narcotraficantes y asesinos sin escrúpulos y que nos muestran el lado "fashion" de las organizaciones criminales. Los chavales cubren las paredes de sus habitaciones y las carpetas del instituto con fotografías de Tony Montana y Vito Corleone junto a las de sus ídolos futbolísticos y chicas cañón. El cine ha convertido a la mafia en un paraíso de excesos y de poder, en un sueño alcanzable y en una salida accesible a personas sin posibilidades culturales y económicas.
Garrone nos baja de la nube con una película valiente, con una visión alarmante de los bajos fondos napolitanos y desmitificando todos y cada uno de los valores mafiosos. Los protagonistas de Gomorra no viven en un sueño, lo hacen en una pesadilla sin salida, no hay posibilidad de despertarse de ella. Se trata de un bucle cerrado en el que las víctimas se convierten en verdugos, y estos en inocentes peones de un sistema brutal e insostenible.
El director italiano no se queda a medias, con una narración a modo de documental, y a través de cuatro historias diferentes, nos sumerge dentro de las telarañas que teje la camorra para lograr sus fines. Cuatro mundos paralelos pero unidos por la despiadada línea que forman los intereses políticos, económicos y sociales de una zona hundida en la más absoluta miseria.
El realismo de la narración es sobrecogedor y es muy difícil sacarse de la cabeza lo que esta cinta nos muestra. Es curioso pero cuanto más tiempo transcurre desde su visionado más te hace pensar en ella. Y es que no estamos acostumbrados a que se contemplen de una forma tan veraz todos los entresijos de una organización tan compleja y de la que son esclavos miles de personas.
Sería conveniente que el ínclito Berlusconi le echara un vistazo a esta película. De poco iba a servir, estoy seguro, pero al menos le haría revolverse un poco en su propia mierda.
Garrone da una lección de cine comprometido, un puñetazo al estómago del sistema que deja grogui y sin aliento al espectador.
Una película como la copa de un pino. Imprescindible.
Existen películas basadas en mafias brasileñas, rusas y sicilianas, cintas que convierten en héroes a narcotraficantes y asesinos sin escrúpulos y que nos muestran el lado "fashion" de las organizaciones criminales. Los chavales cubren las paredes de sus habitaciones y las carpetas del instituto con fotografías de Tony Montana y Vito Corleone junto a las de sus ídolos futbolísticos y chicas cañón. El cine ha convertido a la mafia en un paraíso de excesos y de poder, en un sueño alcanzable y en una salida accesible a personas sin posibilidades culturales y económicas.
Garrone nos baja de la nube con una película valiente, con una visión alarmante de los bajos fondos napolitanos y desmitificando todos y cada uno de los valores mafiosos. Los protagonistas de Gomorra no viven en un sueño, lo hacen en una pesadilla sin salida, no hay posibilidad de despertarse de ella. Se trata de un bucle cerrado en el que las víctimas se convierten en verdugos, y estos en inocentes peones de un sistema brutal e insostenible.
El director italiano no se queda a medias, con una narración a modo de documental, y a través de cuatro historias diferentes, nos sumerge dentro de las telarañas que teje la camorra para lograr sus fines. Cuatro mundos paralelos pero unidos por la despiadada línea que forman los intereses políticos, económicos y sociales de una zona hundida en la más absoluta miseria.
El realismo de la narración es sobrecogedor y es muy difícil sacarse de la cabeza lo que esta cinta nos muestra. Es curioso pero cuanto más tiempo transcurre desde su visionado más te hace pensar en ella. Y es que no estamos acostumbrados a que se contemplen de una forma tan veraz todos los entresijos de una organización tan compleja y de la que son esclavos miles de personas.
Sería conveniente que el ínclito Berlusconi le echara un vistazo a esta película. De poco iba a servir, estoy seguro, pero al menos le haría revolverse un poco en su propia mierda.
Garrone da una lección de cine comprometido, un puñetazo al estómago del sistema que deja grogui y sin aliento al espectador.
Una película como la copa de un pino. Imprescindible.
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