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Voto de Naroa Lopetegi:
7
Voto de Naroa Lopetegi:
7
Drama Nora entra en primaria y poco después descubre el acoso que sufre su hermano mayor, Abel. Nora se debate entre la necesidad de integrarse y su hermano, que le pide que guarde silencio. (FILMAFFINITY)
26 de febrero de 2022
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
ARGUMENTO
Nora llora con desconsuelo porque tiene pánico a su primer día en un nuevo colegio. Su hermano mayor, Abel, le promete que todo irá bien, y que estarán juntos en el recreo. Finalmente, ella consiente en soltarse del abrazo de su padre, y entra a la escuela. ¿Sabrá adaptarse?¿Será capaz su tato de facilitarle las cosas?

DESDE MI PUNTO DE VISTA
La escena inaugural de la película, la que nos sitúa ante la puerta del colegio, con el llanto desaforado de Nora, está rodado en primerísimo primer plano, con sequedad naturalista, sin artificios. Y la autora, en esos, sus primeros segundos como cineasta, hace una declaración de intenciones sobre lo que va a ofrecernos en su breve cinta de debut. La niña protagonista va a copar cada fotograma, su expresión facial es la que nos va a conducir en todo momento, y más que mostrárnosla sometida a un contexto, vamos a verla básicamenta a ella, y a aquellas circunstancias que sucedan en su más próxima cercanía, que tengan capacidad para invadir su espacio vital y alterar su ecosistema. Lo demás, queda fuera.
La composición de lugar que creíamos habernos hecho en la primera secuencia, la de una niña desamparada a la que su hermano tratará de sacar a flote, salta pronto por los aires. Ella, pese a su timidez cuasi autista, pronto da síntomas de ser capaz de amoldarse a su nueva realidad. Y él, lejos de ser un firme punto de anclaje, es objeto de humillantes vejaciones por parte de sus compañeros, en un bullying de alto voltaje. Nora trata entonces de cambiar las tornas, y ser ella quien le ayuda a él, pero sus intentos chocan con el rechazo de Abel, que teme que cualquier delación no sirva sino para empeorar su ya de por sí extrema posición.

Incapaz de soportar el sufrimiento de su tato, y pese a que ha hecho pronto un grupito de amigas y va poco a poco superando pruebas en clase de educación física que le pintan una sonrisa de satisfacción en la boca, Nora desoye las súplicas de Abel, y alerta a su padre del acoso que está teniendo lugar. Algo se rompe entonces entre los hermanos, y la trama experimenta un nuevo viraje que vuelve a dejar marchitas las expectativas que nos habíamos creado en la sala de butacas.
De ahí en adelanta, asistimos a sustantivas modificaciones en el estatus que trata de labrarse Abel, en la relación entre ella y él, en la consideración que siente la niña hacia su padre y hacia su hermano… Y cobra sentido el título de la película, eso de ‘pequeño mundo’, por el trasvase que se puede encontrar entre las cuitas de esos escolares belgas y la vida real, el mundo en que vivimos los adultos, los incoherentes comportamientos que exhibimos, el asombrosamente corto alcance de nuestra memoria, la demente afectación que tiene sobre nosotros la presión social… En poco más de una hora de metraje, esta niña que en ningún momento sobreactúa ni se ve sometida a excesos de patetismo en el guión nos interpela a quienes le vemos, y nos sonroja. Nos dice las verdades del barquero, aunque parezca que lo haga cándidamente, sin darse importancia.

Quizá mi sensibilidad, abierta en canal ante este fin de semana cinéfilo que he improvisado sin tenerlo previsto durante el desayuno del sábado, haya sobrevalorado las intenciones de la autora, y sus ambiciones. Pero salgo de la sala con la convicción de haber asistido a un tratado de geopolítica (esos pueblos oprimidos que no tiene empacho en oprimir cuando cambian las tornas, véase el apartheid instaurado por los nietos de los supervivientes de la shoa); veo el reflejo de cómo hondas convicciones que parecen sólidas como columnas pueden tambalearse bajo la presión social, amenazadas por el impacto del qué dirán, tambaleantes cuando perspectivas diferentes, y a menudo abyectas, nos crean dudas y desnudan nuestros teóricamente firmes principios; incluso opino que esta Laura Wandel a la que seguiré la pista se marca todo un tratado sobre las relaciones afectivas, sean de la índole que sean, incidiendo en cómo cuanta mayor sea la potencia y cercanía de la conexión, mayor también la virulencia de sus vaivenes, y la onda expansiva que pueden generar los desencuentros.

Los títulos de crédito, que emergen tras un nuevo giro de guión, esta vez en forma de abrazo, me parece que llegan en un momento muy preciso y pensado. Y su sequedad me hace darme cuenta de que no he escuchado una nota musical en todo el metraje. Y que, pese a esa total ausencia de elementos aditivos, mi conexión con la pantalla ha sido continua, y que eso ha sido posible merced al buen libreto, y gracias también a la portentosa actuación de una niña prodigio.

https://alliayeraquiahora.wordpress.com/2022/02/26/critica-de-cine-un-pequeno-mundo/
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