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Voto de Hernando:
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6,6
37.059
Drama
Tras un aterrizaje de emergencia en medio del campo gracias al cual salvan la vida un centenar de pasajeros, el comandante Whip Whitaker (Denzel Washington), que pilotaba el avión, es considerado un héroe nacional. Sin embargo, cuando se pone en marcha la investigación para determinar las causas de la avería, se averigua que el capitán tenía exceso de alcohol en la sangre. (FILMAFFINITY)
17 de enero de 2013
17 de enero de 2013
25 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Flight” (2012), de Robert Zemeckis no acaba de despegar. “El Vuelo” del director de las archiconocidas “Regreso al Futuro” y “Forrest Gump” se estrella al poco de coger altura.
Tenía pensado comenzar así la crítica y hacer una crónica sobre el accidentado retorno de Zemeckis al cine “real”. A falta de comprobarlo, estoy seguro de que muchos habrán pensado igual, y es que, además de ser fácil, quedar estupendamente y ser lo que se vende, este juego de palabras se ajusta como anillo al dedo a la realidad.
El vuelo de Denzel Washington y Zemeckis comienza con un culo firme, dos buenos pechos, alcohol por doquier, y unos tiritos de farlopa. Entre el escote de la heroína y sus recuerdos familiares concluye el despegue con ritmo y con firmeza. Zemeckis se siente cómodo en el avión y rueda con soltura las turbulencias. Admito que tenía mis dudas pero la película promete, empiezo a disiparlas y a ver la luz de un entretenimiento de calidad. La película ya está en el aire surcando las nubes cuando llega el clímax real, la escena que da nombre y sentido al film; la única escena que permanecerá en la memoria del espectador durante el resto del día: el accidente aéreo, el aterrizaje forzoso. El acto heroico del alcohólico piloto es rodado con pulso, con nervio, con un montaje excitante y adrenalina. Sentimos al avión caer, sentimos cómo se disipan las brumas alcohólicas del protagonista, cómo toma el control ante un aterrado meapilas. Nos conmueve la épica de los actos de toda la tripulación y el sufrimiento de todo el pasaje. Llega el impacto. Los cuerpos y supervivientes son retirados con habilidad. Fin de la película. Han pasado 20 minutos. Aplaudamos ahora que estamos a tiempo. Hemos presenciado uno de los mejores accidente aéreos del cine, mucho más perfeccionado y pulido que el de “Naufrago” (Robert Zemeckis, 2000). Se nota que el director es piloto. Aplaudamos rápido que empieza un sobre extendido epílogo.
Tenía pensado comenzar así la crítica y hacer una crónica sobre el accidentado retorno de Zemeckis al cine “real”. A falta de comprobarlo, estoy seguro de que muchos habrán pensado igual, y es que, además de ser fácil, quedar estupendamente y ser lo que se vende, este juego de palabras se ajusta como anillo al dedo a la realidad.
El vuelo de Denzel Washington y Zemeckis comienza con un culo firme, dos buenos pechos, alcohol por doquier, y unos tiritos de farlopa. Entre el escote de la heroína y sus recuerdos familiares concluye el despegue con ritmo y con firmeza. Zemeckis se siente cómodo en el avión y rueda con soltura las turbulencias. Admito que tenía mis dudas pero la película promete, empiezo a disiparlas y a ver la luz de un entretenimiento de calidad. La película ya está en el aire surcando las nubes cuando llega el clímax real, la escena que da nombre y sentido al film; la única escena que permanecerá en la memoria del espectador durante el resto del día: el accidente aéreo, el aterrizaje forzoso. El acto heroico del alcohólico piloto es rodado con pulso, con nervio, con un montaje excitante y adrenalina. Sentimos al avión caer, sentimos cómo se disipan las brumas alcohólicas del protagonista, cómo toma el control ante un aterrado meapilas. Nos conmueve la épica de los actos de toda la tripulación y el sufrimiento de todo el pasaje. Llega el impacto. Los cuerpos y supervivientes son retirados con habilidad. Fin de la película. Han pasado 20 minutos. Aplaudamos ahora que estamos a tiempo. Hemos presenciado uno de los mejores accidente aéreos del cine, mucho más perfeccionado y pulido que el de “Naufrago” (Robert Zemeckis, 2000). Se nota que el director es piloto. Aplaudamos rápido que empieza un sobre extendido epílogo.

Nadine Velázquez & Tamara Tunie
Ya llega: “Alcohólicos Anónimos presentan, una americanada hecha película una película hecha en américa: ‘Vuelo a la redención’”. Dirán que trata sobre la ambigüedad moral, sobre el alcoholismo, sobre un personaje abandonado y perdido, naufragado en vodka, solo e incomprendido -como lo eran Forrest Gump, Michael J. Fox, Chuck Noland (en Naúfrago), o el héroe de Beowolf-; un ser aislado en busca de su alma gemela igual de perdida (Jennie, Cristopher Lloyd, o incluso una pelota llamada Wilson). Aquí las dos almas solitarias coincidirán en un momento dado pero su historia no es posible mientras Whit no abandone las mentiras. Chorradas. Eso podría ser cierto si no fuera por la emotiva, absolutamente moralista y complaciente redención final sacada de una reunión de A.A. para americanos y otros meapilas cristianos. ¿Qué ambigüedad moral afirma Zemeckis que le atrae cuando deja tan absolutamente clara su conformista moralina de libro?
Tras el accidente el resto de la cinta no es más que una prolongación excesiva de sus consecuencias. Una prolongación estirada más de la cuenta (dos horas y media es demasiado para lo que se nos narra) y con un guión que tan solo funciona por momentos en su intento por distender una historia que en manos del director no da para más. Pasará sin pena ni gloria, salvo cuando un agradable John Goodman repita su papel habitual sacándonos algunas sonrisas como ya hacía con el mismo personaje en la recién laureada Argo (Ben Affleck, 2012).
Tras el accidente el resto de la cinta no es más que una prolongación excesiva de sus consecuencias. Una prolongación estirada más de la cuenta (dos horas y media es demasiado para lo que se nos narra) y con un guión que tan solo funciona por momentos en su intento por distender una historia que en manos del director no da para más. Pasará sin pena ni gloria, salvo cuando un agradable John Goodman repita su papel habitual sacándonos algunas sonrisas como ya hacía con el mismo personaje en la recién laureada Argo (Ben Affleck, 2012).

Denzel Washington
Es una lástima, pero tras una carrera entera experimentando con la imagen –desde los falsos montajes documentales de Forrest Gump hasta los tres largometrajes de “captura de imagen” pasando por la mezcla realidad-animación de Roger Rabbit- lo único que muestra haber aprendido Robert Zemeckis en su esperado retorno a la imagen real tras 12 años de espera, es saber rodar una impactante escena sin que se note la digitalización, saber introducir pantallas dentro de pantallas con fluidez y un ligero sabor a óxido.
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