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España España · Andalucía
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Voto de Connery:
6
Voto de Connery:
6
Ciencia ficción. Thriller Cuatro hombres trabajan en un garaje construyendo aparatos altamente complejos. En parte por accidente y en parte por su pericia, descubren un mecanismo dotado de poderes que les permite conseguir casi todo lo que quieran. Se trata de un hallazgo que podría cambiar el mundo, pero que pondrá a prueba las relaciones entre sus inventores... (FILMAFFINITY)
12 de abril de 2018 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hubo unos años en que abundaban las películas de bajo presupuesto y alto concepto. Se podían dividir en dos categorías: las que se creían más inteligentes de lo que de verdad eran, donde se encontraban la mayoría, y las contadas excepciones que, como Primer, revelaban a un auténtico genio en lugar de a un idiota disfrazado de superdotado. La ópera prima de Shane Carruth es una tesis doctoral sobre la mecánica cuántica y la paranoia, filmada con el presupuesto de un videoclip de segunda mano. Nacida en una era donde el cine indie coqueteaba con lo filosófico, representa una rara avis que no se limita a ser paja mental, sino que, a través de su complejidad, revela su verdadera genialidad.

A diferencia de otras propuestas de ciencia ficción que mastican la trama para el espectador, Carruth te lanza al agua sin salvavidas. El filme no te explica nada, te lo muestra. Tiene un problema importante y es que la película no enciende la chispa hasta que ya ha transcurrido la mitad del metraje. Hasta entonces, no solo es tediosa sino también compleja y difícil de seguir. El espectador se siente más como un intruso en un laboratorio que como parte de la narrativa. Pero es en ese desorden calculado donde reside su genio. La trama no avanza en una línea recta, sino que se ramifica y se duplica, construyendo una estructura dramática tan complicada como la máquina que se inventan sus protagonistas. Pero, una vez se afianza, podemos disfrutar de la historia de un invento que devora a sus creadores, y de una amistad que se desintegra a golpe de egos científicos.
David Sullivan
Shane Carruth, quien no solo dirige y escribe sino que también protagoniza, monta y edita, filma con un estilo austero y funcional que se adapta al espíritu de la película. No hay alardes técnicos ni artificios visuales. La dirección es seca, casi documental, como si estuviéramos viendo una grabación de un experimento real en un garaje. La fotografía, granulada y fría, parece sacada de un archivo de los 90. La música es un zumbido, un drone industrial que se cuela en la historia, no la decora. Aquí no hay espacio para la belleza, solo para la funcionalidad. Es tan cruda y minimalista en su ejecución como en su narrativa, y eso la hace aún más efectiva. En Primer, la sustancia es lo único que importa.

Primer es una película para cerebros insaciables que están cansados del blockbuster de usar y tirar. Es una obra que te pide un esfuerzo y te recompensa con la satisfacción de haber desentrañado un laberinto. A pesar de que la primera mitad es un camino de espinas, la segunda parte recompensa el sufrimiento con una trama adictiva y un thriller que te deja sin aliento. Es un plato para paladares exquisitos, un vino que no se toma con cualquier cosa, sino con una buena dosis de paciencia y una mente abierta. Es la prueba de que se puede hacer una película interesante con dos duros y una idea brillante.
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