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China China · Qingoco
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Voto de Txarly:
6
Voto de Txarly:
6
Fantástico. Terror. Acción En un mundo en guerra, en el que cohabitan hombres y vampiros, el caso de Blade es extraordinario: es un vampiro que no se alimenta de sangre humana y que, además, pretende acabar con la raza de "seres superiores" que mordieron a su madre cuando estaba embarazada. (FILMAFFINITY)
30 de octubre de 2025 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de que Iron Man vendiera juguetes, existía Blade. Y nadie lo vio venir. Bueno, nosotros sí. Los que leíamos cómics cuando había que pedirlos por correo o rebuscar en una caja húmeda de gasolinera. Nosotros sabíamos que un cazavampiros negro y con gafas de sol podía petarlo en taquilla. Porque esto es Marvel, colega, y hasta nuestros héroes de tercera tienen más carisma que todo el puto catálogo de DC después de Batman.

Y ahí estaba Wesley Snipes, con su abrigo de cuero, su katana y su cara de “acabo de cobrar en efectivo”.
No actuaba: desfilaba. Cada plano suyo era un meme prematuro, un “no me toques los colmillos, chaval”, un festival de hostias y sangre que aún huele a Windows 98.

La película no es perfecta. Lo sabemos.Tiene ese ritmo noventero en el que todo parece moverse como si alguien estuviera a punto de abrir el Winamp. Stephen Dorff hace de villano techno-pijo que parece haber salido de una rave de Ibiza con problemas de autoestima. Y el guion tiene momentos que podrían haber sido escritos por un adolescente con resaca y un VHS de Buffy Cazavampiros entre las piernas.
Wesley Snipes & Stephen Dorff
Pero da igual. Porque Blade no vino a hablar. Vino a reventar. Y Marvel, que venía comiendo tierra con cada adaptación, de pronto encontró la tecla: acción + estilo + violencia + un actor que no pide permiso.

El público respondió.
Stan Lee parpadeó.
Y los de DC se quedaron mirándose los trajes, pensando si era momento de revivir a Aquaman o rezar por un reboot.

¿Que la peli es hortera? Claro. ¿Que abusa del filtro azul y los clubes industriales? Por supuesto. Pero también tiene una cosa que casi ninguna adaptación de cómic tenía en 1998: autoestima. Blade entra en la discoteca, la gente baila, la sangre cae del techo, y tú piensas: “Vale. Esto no es Batman & Robin. Aquí no hay pezones en los trajes ni chistes de Mr. Freeze.” Esto va en serio.

¿Y sabéis qué es lo mejor? Sin Blade no habría MCU. Así de claro. Sin este festival de cuero, pólvora y frases lapidarias como “Alguna vez has intentado abrirte paso entre una horda de vampiros con el IVA al 21%”, no habría habido X-Men. Ni Spider-Man. Ni Kevin Feige con sus PowerPoints de Fase 4. Blade fue el experimento que salió bien. El motor oxidado que arrancó el coche.
Wesley Snipes & N'Bushe Wright
Y sí, vale, el final tiene la credibilidad de un videoclip de David Guetta, pero no importa. Cuando Blade dice “Algún hijo de puta siempre quiere patinar cuesta arriba”, tú te levantas. Aplaudes. Y aceptas que estás ante la mejor película de vampiros hecha por gente que no se ha leído Drácula.
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